La
clave es no desarmarnos de ideas, no errar
(Versiones
Taquigráficas-Consejo de Estado)
Compañero
Fidel; Compañero Raúl; Compañero Alarcón; Compañeros diputados e
invitados:
Quiero señalar
tres cuestiones:
Primera: El
derecho internacional que el presidente Bush se empeña en ignorar, reconoce, sin
embargo, el derecho de Cuba a escoger su propio sistema político. Escoger
nuestro propio sistema político es un derecho que los cubanos tenemos y que el
derecho internacional reconoce. La Carta de las Naciones Unidas plantea "el
respeto al principio de la igualdad de derechos" —sea grande, chiquito, pobre o
rico— "y al de la libre determinación de los pueblos".
Los Pactos
Internacionales de Derechos Humanos señalan: "Todos los pueblos tienen el
derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente
su condición política" —escogen su sistema— "y proveen asimismo su desarrollo
económico, social y cultural." Lo recordamos en este momento en que hablamos de
consagrar en nuestra Constitución, todavía con más fuerza, estos
principios.
Incluso, la
Carta de la Organización de Estados Americanos, organización que conocemos bien
y cuya historia nuestro pueblo conoce, plantea lo siguiente: "Todo Estado tiene
derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y
social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no
intervenir en los asuntos de otro Estado". Eso plantea la Carta de la OEA que
Estados Unidos firmó y que le obligaba a respetar, al triunfo de la Revolución
Cubana, el sistema político, económico y social que nuestro país
decidiera.
En estos días
han estado hablando con sentido irónico, sin dejar, sin embargo, de reconocer la
contundencia de las manifestaciones populares que ha habido en nuestro país, sin
precedentes en la historia de nuestro país y de esta región; han estado hablando
de que nos proponemos declarar el socialismo intocable —lo ponen entre comillas.
No se atreven a ir más lejos, pero hay un tono de insinuación en la frase. Sin
embargo, Estados Unidos acaba de imponer en la propia Organización de Estados
Americanos, que el sistema del pluripartidismo y el capitalismo como sistema en
América Latina es intocable.
Ellos han
declarado para el resto de América Latina como intocable el sistema que han
impuesto, neoliberal y de pluripartidismo, para dividir a los pueblos y
dominarlos mejor, en una reciente Carta Democrática Interamericana que se ha
aprobado en la OEA. En esa Carta se proclama que si algún país de América Latina
violara, se saliera de ese sistema, lo expulsarían y lo sancionarían. ¿Por qué
tendríamos nosotros menos derechos de declarar intocable, intangible, o como nos
parezca, nuestro sistema político, con el apoyo de más del 99% de nuestra
población, en las plazas y con las firmas expresas de nuestros ciudadanos? Ese
es un primer tema.
El derecho
internacional está de nuestra parte, el pueblo cubano tiene el derecho a hacer
en Cuba lo que considere, y el gobierno de Estados Unidos tiene el deber de
respetar lo que los cubanos decidamos hacer, en virtud y con el apoyo de
nuestros ciudadanos, incluidos nuestros niños.
Segunda: Que
los cubanos de hoy, de los que esta Asamblea es parte importante, después de lo
que hemos vivido en Cuba, después de lo que hemos visto en el mundo y de lo que
vemos cada día, no tendríamos perdón si nos dejamos embaucar un día o si nos
rindiéramos a las presiones de Bush o de otro presidente de Estados Unidos, no
tendríamos perdón ante la historia y ante nuestros
hijos.
Dos condiciones
ha dicho el presidente Bush que pone a Cuba para perdonarnos la
vida:
A) Ha dicho
—hemos leído aquí sus discursos, han sido analizados, nuestro pueblo los conoce—
que abandonemos el sistema político que nos ha hecho libres e independientes por
primera vez en nuestra historia. ¡Bien ingenuos seríamos nosotros si lo
hiciéramos!
¿Por qué
nosotros tendríamos que hacerles fáciles las cosas a Bush y a la mafia de Miami,
su aliada? ¿Por qué deberíamos permitirle aquí formar el partido que pedirá la
invasión yanki primero, y la anexión de Cuba después? ¿Por qué deberíamos
permitirle armar aquí el partido y la prensa que obedezca a sus intereses y que
se financie con su dinero? ¡Esa es la clave!
Nosotros
ganamos esta guerra, nosotros somos los vencedores, nosotros hemos resistido más
de 40 años de agresiones y ellos no pudieron repetir la historia de principios
del siglo XX en 1959; no han podido, y nosotros tenemos el poder, y lo tenemos
en virtud del apoyo popular y de la admiración del mundo, que crece, incluso,
dentro de los propios Estados Unidos.
Seríamos
ingenuos si un día cediéramos la prerrogativa, que el derecho internacional nos
reconoce y que la historia ha puesto en nuestras manos, en virtud de nuestra
resistencia heroica y de haber resistido agresiones y bloqueo, a las presiones o
al engatusamiento del vecino poderoso.
La mafia de
Miami ha quedado fuera del tiempo histórico de nuestra Patria, le ha pasado por
encima la rueda de nuestra historia. La historia está de nuestro lado, la
opinión pública internacional está de nuestro lado.
¿Por qué
pluripartidismo en Cuba si no existe en Estados Unidos y colapsó ya en América
Latina? ¿Por qué hacerlo ahora cuando ya nadie cree en eso en el mundo, cuando
el sistema de partidos políticos está desprestigiado, cuando los políticos hacen
campañas electorales diciendo que no forman parte de los partidos? Varios
partidos con iguales programas, nula libertad para cumplir en el gobierno lo que
prometieron en la campaña electoral, varios partidos que generalmente reciben
dinero de los mismos intereses locales y extranjeros a los que después pagarán
el favor. Diferentes partidos, pero no diferentes alternativas, no diferentes y
reales alternativas. Ninguno puede decir que no pagará la deuda, ninguno puede
decir que revisará alguna privatización corrupta, que intentará rescatar las
riquezas nacionales. ¡No pueden!, subordinados a los intereses foráneos, a los
organismos financieros internacionales.
¿Por qué
debemos formar en Cuba otra vez los partidos que ya en Cuba una vez no
resolvieron nada? Esa es la clave de este momento y es lo que está en juego en
la decisión que esta Asamblea tomará con el apoyo del pueblo, diga lo que diga
nuestro adversario.
Bush recaudó
193 millones de dólares, ¡ciento noventa y tres millones de dólares!, y gastó
186 millones, hasta que lo designaron —¡lo designaron!— Presidente en Estados
Unidos. ¿Ese es el ejemplo que nos ofrece a nosotros? ¿Esa es la autoridad moral
con la que puede presentarse a dictarles cátedra de democracia a los cubanos?
¡Hay que ser serios y hay que comprender que los cubanos tenemos cultura
política y tenemos conocimiento de lo que está pasando en el mundo y de lo que
es la realidad de nuestro país!
B) El otro
requisito que nos pone es instalar el capitalismo en Cuba y abrir paso a las
transnacionales norteamericanas y a la mafia batistiana que, según la Ley
Helms-Burton —aquí no se puede olvidar que diga lo que diga Bush, hasta que no
se derogue la Ley Helms-Burton esa es la política norteamericana hacia Cuba—, el
bloqueo no se puede levantar hasta que, una vez destruida la Revolución, se le
hayan devuelto las propiedades a la mafia batistiana, e incluso, la ciudadanía
cubana a los miembros de la mafia que se hicieron ciudadanos norteamericanos al
llegar a Estados Unidos. Eso es lo que dice la Ley Helms-Burton, y que se
nombraría un interventor otra vez, y que después que estuvieran disueltas las
instituciones de la Revolución y devueltas las propiedades, se levantaría el
bloqueo. Eso es lo que dice la Ley Helms-Burton, y vale recordarlo, porque más
allá de lo que diga Bush esa es la política
norteamericana.
¿Por qué
deberíamos instalar en Cuba el capitalismo, que ya sabemos que no resolvió nada
en Cuba? ¿Por qué deberíamos instalar en Cuba un modelo de capitalismo
subdesarrollado, que es el que tocaría en este país, dependiente de Estados
Unidos?, si ese modelo es el que ha sumido a América Latina en una miseria
creciente y en una desigualdad vergonzante. ¿Por qué debemos hacer a Cuba
capitalista si con el capitalismo en América Latina la mitad de la población
está viviendo en este momento en una pobreza creciente y desoladora? ¡Bien
ingenuos seríamos nosotros si nos creemos el sueño de que el capitalismo hará de
Cuba un país desarrollado!, si nos creemos el cuento de que va a dar riqueza y
seguridad a cada familia. ¡Cuentos, patrañas, embustes, maraña del enemigo!,
canto de sirena que no llegaría nunca a un país pobre del Tercer Mundo, al que
le espera prácticamente la anexión a Estados Unidos si un día derrotaran a la
Revolución e instalaran en Cuba un modelo de capitalismo que ya nuestro pueblo
conoció bien.
Tercera:
Expresar a la Asamblea que el acto de hoy es trascendente y necesario; pero no
solo por consagrarlo en la Constitución preservaremos el Socialismo en Cuba. De
hecho, el Socialismo llegó a Cuba antes que la actual Constitución. El
Socialismo llegó a Cuba en los fusiles de los milicianos que combatieron por
defender el Socialismo en Cuba en las arenas de Playa Girón; en las leyes
revolucionarias, que otros compañeros, con testimonios realmente inolvidables,
han dicho aquí de lo que ha significado para sus vidas, para sus familias, para
su pueblo.
La clave aquí
es no desarmarnos de ideas, no errar. La clave aquí y la respuesta que esta
Asamblea da hoy es qué haremos nosotros cuando la generación que hizo la
Revolución y la comanda hoy, la generación de Fidel, de Raúl, ya no esté entre
nosotros; cuando no esté el magisterio de Fidel, la vista larga, que ve donde
los demás no vemos todavía, el instinto, la habilidad y la ética, el rigor y la
experiencia, la flexibilidad en lo que puede ser flexible y la firmeza
inconmovible en los principios; cuando ya no esté Raúl para recorrer el país
proclamando: ¡Sí, se puede!, en medio de la parálisis, el estupor lógico por la
caída de algunos y la traición de otros. ¡Esa es la
clave!
El enemigo
apuesta, dice, a la solución de que las generaciones futuras no tendrán la
firmeza, no tendrán la presencia de ánimo y no tendrán el compromiso con estos
ideales que ha tenido la generación incorruptible que ellos no han podido
derrotar y que ha levantado a un pueblo entero a una lucha que ha concitado la
admiración internacional. Esa es su ilusión, y ahí está la
clave.
Lo que hacemos
hoy, el acto que hoy hacemos, la discusión y el voto que tendremos, expresa una
aspiración hacia el futuro, cumple un mandato del pueblo, es una fuente de
legitimidad incuestionable, es un acto imprescindible en este momento, pero no
lo es todo.
Vale recordar
que la Unión Soviética fue disuelta, aunque el 75% de la población había apoyado
en un referendo su no disolución apenas unos meses antes de que esto se
consumara.
La clave
futura, en mi opinión, estará en que mantengamos la unidad para que no se
repitan las divisiones y el desaliento del Zanjón, que ya una vez nuestro pueblo
y nuestros antecesores sufrieron. No basta haber luchado mucho, hay que tener la
firmeza y la presencia de ánimo en el momento decisivo. Por eso vencimos en
Angola, tras 15 años de guerra gloriosa, porque no falló a la hora decisiva
nuestra determinación, nuestro valor, y pudimos lograrlo, tras largos años.
Otros han luchado mucho y han sido derrotados en un momento de
flaqueza.
No permitir que
nos destruyan el Partido, en mi opinión es clave. La disolución del Partido
Revolucionario Cubano fue decisiva para convertir a Cuba en una virtual colonia
yanki. Un partido austero y ejemplar, sencillo y profundamente ligado al pueblo
será una garantía. Un partido cuyos miembros pueden mirar con la vista al frente
al pueblo que admira en ellos a los que solo tienen el privilegio de poder
sacrificarse más que los demás. Un partido que no da prebendas, que no da
privilegios, que no da coimas, que no da regalos. Un partido que solo da derecho
a ser ejemplo y a exigir estar en la primera fila. Es una garantía hacia el
futuro que no nos destruyan nuestro Partido y que nosotros no lo pongamos en ese
peligro con errores, y que preservemos la autoridad que el Partido ha tenido
tras largos años de lucha.
No permitir que
nos desarmen el ejército popular, con millones de combatientes, que hemos
construido y que ha podido librar batallas tan heroicas y admiradas hoy, como la
lucha contra el apartheid, a miles de kilómetros de nuestra Patria. No por gusto
la Ley Helms-Burton plantea que en un escenario de destrucción de la Revolución
"Estados Unidos ayudará a preparar a las fuerzas armadas cubanas para que
desempeñen un papel adecuado en una democracia", dice la Ley. Sería otra vez el
desarme del Ejército Libertador, que tan caro costó a los cubanos de la guerra
de 1895; lo sustituirían otra vez por la Guardia Rural y por una policía
represiva y corrupta, dependiente de los dictados de Estados
Unidos.
No perder el
dominio de nuestra economía. No perder la capacidad de decidir qué se hace en
este país, que somos nosotros el único país de América Latina que puede decir
hoy que decide lo que se hace en este país en materia económica, en materia
política y económica.
¿Comercio con
las transnacionales? Sí, y con toda seriedad y muy bien. ¿Inversión extranjera?
Sí, y bajo nuestro control, como ha ocurrido, donde nos interese y nos convenga.
¿Dictados del Fondo Monetario Internacional, de la Reserva Federal de Estados
Unidos, como en otros países? ¡Jamás! Se acabarían entonces la salud y la
educación para todos, la cultura y los programas sociales, las garantías para
los ancianos y los derechos de las mujeres. Se acabaría lo más importante, la
atribución insustituible de nosotros mismos decidir. Se acabaría todo eso. Al
día siguiente llegarían aquí unos expertos a decirnos que recortáramos los
gastos sociales, que renunciáramos a las escuelas, a la ilusión de darle aquí
hospitales y médicos a todos, desempleo para los médicos de la familia,
desempleo para el cuarto millón de educadores, que hoy tienen todos un aula y a
los que la Revolución encontró en el momento de su triunfo sin aulas, en un país
con millones de analfabetos, como aquí se dijo.
No darles
espacio en nuestra prensa. ¿Por qué tenemos que permitirles aquí la prensa,
pagada por ellos, que pida la anexión e intoxique otra vez a nuestros niños y
jóvenes con la mentira de que Estados Unidos nos ha liberado? ¿Hay espacio en la
prensa internacional para decir la verdad sobre Cuba? ¿Se puede decir la verdad
en la prensa controlada por la mafia en Miami? Bueno, si derrotan a la
Revolución harán en la prensa lo que quieran; pero mientras la Revolución esté
triunfante como está hoy, la prensa es para defender a la Revolución, y es del
pueblo, como ha sido (Aplausos prolongados).
Les duele una
prensa objetiva, que dice la verdad, que informa, y una prensa revolucionaria.
No existe prensa en el mundo que no obedezca a algunos intereses, y la nuestra,
al interés sagrado de responder al pueblo que detenta el poder aquí y que
defiende a la Revolución, y, por lo tanto, seríamos ingenuos si les aceptáramos
sus reglas de juego. El tablero del juego aquí lo ponemos nosotros, que para eso
hemos puesto los muertos que costó la Revolución.
Por último, en
este glosario rápido de lo que modestamente considero prioridades en nuestra
lucha heroica, tenemos que preservar nuestra cultura nacional, humanista y
liberadora.
Oímos el
análisis esclarecedor de Abel hoy en la mañana. Fidel ha dicho: "Sin cultura no
hay libertad posible"; lo ha dicho Fidel, "Sin cultura no hay libertad posible".
"¿Qué es Patria si no una cultura propia?", ha dicho Fidel en el diálogo con
nuestros creadores y artistas.
En fin,
considero que no ceder, no hacer concesiones, ahora que hemos conquistado la
victoria y la hemos defendido por décadas, es el mandato del pueblo, es lo que
significan esos más de 8 millones de votos llegados a esta Asamblea desde todos
los rincones de Cuba y del mundo. Y ahora lo vamos a elevar a precepto
constitucional.
No caer en
ingenuidades, no creer en las mentiras y los dogmas, en los que ni ellos mismos
creen ya, pero no tienen el valor para reconocerlo. Y no es fanatismo, es
realismo.
No odiamos al
pueblo norteamericano, más de una vez se ha dicho; no odiamos al pueblo
norteamericano, no lo hacemos responsable de nuestros sufrimientos, del bloqueo
contra Cuba. No confundimos tampoco a la mayoría de los cubanos que viven en
Estados Unidos con la mafia minoritaria y poderosa que hay en Miami.
Consideramos que el bloqueo también afecta los derechos de esos cubanos, les
impide las relaciones con sus familias en Cuba. No los confundimos con esa
mafia. El enemigo intenta tergiversar nuestra realidad, los esfuerzos que
nuestro gobierno ha hecho para propiciar el contacto de esos cubanos con el país
y con su familia. Y creo que de alguna manera nuestra lucha es también a favor
de esa mayoría silenciosa que emigró o que nació allí y en cuyo nombre la mafia
pide más bloqueo y más agresiones.
Finalmente,
quisiera dejar consignado, a nombre de los trabajadores del MINREX, de nuestros
diplomáticos, que están en este momento en el exterior, que nuestro pueblo no
tendrá razones para avergonzarse de sus diplomáticos. Los diplomáticos
revolucionarios cubanos jamás negociarán bajo presión, amenaza o agresión, como
han pedido aquí a esta Asamblea consagrar en nuestra Constitución las
organizaciones de masas. Jamás acallarán su voz, jamás dejarán de hablar por los
pobres, jamás dejarán de ser antiimperialistas, incluso, si un día hubiera
relaciones más o menos normales entre Cuba y Estados Unidos, pero hubiera
imperialismo.
Muchas
gracias.
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