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Compañeros que presiden el debate;
Delegadas y delegados al festival;
Compañeras y compañeros;
Jóvenes venezolanos, anfitriones de esta fiesta
maravillosa;
Compatriotas cubanos, que representan dignamente a la
juventud de nuestro país en el festival (Aplausos):
Con un sano y profundo sentimiento de envidia por ser
solo invitados y no poder ser ya delegados, hemos
seguido con mucha atención, en Cuba y en otros países,
el desarrollo de este evento, que profundiza y
fortalece la tradición de la celebración de los
festivales mundiales, donde los estudiantes de todo el
mundo, la juventud progresista, revolucionaria, debate
sobre los problemas del mundo, sobre los caminos para
su solución.
De modo especial, sentimos un particular orgullo de
poder asistir a este festival en esta tierra de
libertadores, en la tierra de Bolívar, en la tierra del
Comandante Hugo Chávez (Aplausos y exclamaciones de:
“¡Viva Chávez!”), en la tierra a cuyo pueblo la América
Latina debe su independencia del colonialismo; el
pueblo que cruzó los Andes, que batalló a lo largo y
ancho de la geografía inmensa de nuestra América para
parir un ramo de repúblicas independientes, pero aún no
unidas en un haz de naciones, como era el sueño del
Libertador y de José Martí.
El tema al que nos han invitado se titula ”América
Latina abre el debate, la estrategia de la lucha
antiimperialista”. Sobre ese tema modestamente queremos
ofrecerles algunos puntos de vista, una aproximación al
debate, una provocación a los participantes, jóvenes en
su inmensa mayoría, que nos acompañan en la tarde de
hoy.
Hay ocho ideas claves que queremos apuntar:
Primera.- Como dijera el compañero Fidel hace unos días
a la delegación cubana que se preparaba para venir al
festival, creemos que América Latina es hoy el
escenario decisivo en el enfrentamiento al imperialismo
a nivel mundial (Aplausos).
Eso no fue así en otro momento; pero hoy, pese a que
las fuerzas revolucionarias, progresistas, democráticas
enfrentan al imperialismo en todo el mundo, en América
Latina la coyuntura histórica, la suma de un grupo de
peculiaridades del momento histórico, del devenir
histórico en nuestra región, hacen que hoy lo que
ocurre en América Latina tenga una repercusión decisiva
en la lucha contra el imperialismo a nivel mundial. Por
tanto, este debate, al que ustedes nos invitan, es un
debate que está en el centro del presente y el futuro
no solo de América Latina, sino del mundo.
Quiero hacer una primera aclaración dicho esto: Creemos
que la lucha contra el imperialismo no es la lucha
contra el pueblo de Estados Unidos (Aplausos), víctima
también de las políticas imperiales y aliado potencial
de la lucha a nivel mundial contra el imperialismo.
Aquí en el público debe haber jóvenes norteamericanos
representantes de lo mejor de la juventud de ese país
(Aplausos) y en ningún caso deben sentir que nuestras
palabras, necesariamente duras y francas, van enfiladas
a culpar o a responsabilizar al pueblo de Estados
Unidos.
Recordamos bien que el pueblo de Estados Unidos, en más
de un 80%, apoyó el regreso del niño Elián González a
Cuba; sin su apoyo no habría regresado ese niño, junto
a su familia y a su padre, Juan Miguel González, que se
encuentra aquí hoy invitado entre nosotros (Aplausos).
En particular, recordamos que más del 90% de la
población afronorteamericana apoyó la batalla de
nuestro pueblo, y de todas las personas honestas y
decentes en el mundo, por el regreso del niño Elián
González a Cuba.
El pueblo norteamericano, pese a la campaña de
tergiversación, pese a la nube de mentiras que se
abatió sobre la causa de nuestros cinco jóvenes héroes,
luchadores antiterroristas, todo norteamericano honesto
que ha conocido de la infame prisión a que se les ha
sometido hasta hoy, se ha sumado a la lucha por el
regreso de esos cinco jóvenes. Y hoy es un momento para
agradecerles también, no solo a todos los que están
aquí, sino de manera particular, al pueblo y la
juventud norteamericana.
De manera que creemos que la lucha contra el
imperialismo es la lucha contra el gobierno imperial de
Estados Unidos y contra sus aliados a escala mundial,
porque el gobierno de Estados Unidos es el líder de las
fuerzas reaccionarias que están enquistadas en nuestros
países, núcleos reaccionarios, oligárquicos, aliados
menores del imperialismo, que necesitan su poderío
militar y su agresividad para mantener sus privilegios,
y es también el líder de todos los sectores que a nivel
mundial se benefician del actual orden de exclusión, de
explotación y de opresión que se ha impuesto a nuestros
pueblos. Esa es una primera consideración.
El escenario clave, desde nuestro punto de vista, de la
batalla contra el imperialismo es la América Latina. El
festival se da en el centro de esa batalla y creemos
que esa batalla no es contra el pueblo de Estados
Unidos, sino contra el gobierno reaccionario que ha
intentado imponer una dictadura fascista a nivel
mundial, ha desatado guerras de rapiña, ha mentido, ha
escamoteado la verdad y ha usado su poderío inmenso
para imponerle al resto de los pueblos sus intereses,
una verdadera dictadura.
Segunda idea que queremos exponer ante ustedes. Creemos
que no podemos pecar de ingenuidad y creer que la lucha
antimperialista en América Latina es fácil o es tarea
de pocos esfuerzos. Debemos reconocer, en particular
los jóvenes, que tendrán muchos más años y, por tanto,
muchas más responsabilidades en esa batalla, que
durante más de un siglo el imperialismo norteamericano
en esta región logró construir, y sobre todo después de
la desaparición de la Unión Soviética, después de la
desaparición del campo socialista, después de la enorme
ola reaccionaria contra las ideas progresistas y de
izquierda, a lo largo de más de un siglo logró
construir un sistema de dominación sobre la América
Latina; la lucha antimperialista en América Latina hoy
pasa por desmontar y derrotar un sistema de dominación
que ya está implantado, que no pugna por implantarse,
sino que ya lo está.
¿Cuál es la situación que heredan los jóvenes que están
aquí sentados hoy y millones como ustedes en nuestra
región?
Primero, el imperialismo logró imponer como un dogma en
esta región un sistema político, que en Venezuela fue
el Pacto de Punto Fijo; un sistema político excluyente,
diseñado para la alternancia inofensiva de grupos
distintos de una misma oligarquía local; un sistema
político corrupto y corruptor, basado en el dinero,
basado en la mentira, en la compra del voto, en el uso
del dinero para decidir el resultado, con altísimos
niveles de no registro electoral.
Millones de latinoamericanos no están registrados, no
son electores legales. En Venezuela, antes del
referendo fueron 5 millones los que recibieron la
cédula electoral; en Bolivia, es más de la mitad de la
población con derecho a votar no está en ninguna lista,
no tiene cédula, y en lugares donde deben votar 7
millones, votan 2 millones; donde deben votar 15
millones, votan 4.
Un sistema en el que no existe la rendición de cuenta a
los electores; en fin, un sistema político que no
obedece a las necesidades de las mayorías, que no
obedece a las necesidades del pueblo, que no se basa en
el principio de que no puede haber democracia si no hay
justicia social y no hay igualdad de oportunidades; que
no es justicia y no es igualdad, aunque esté plasmado
en el papel, en la Constitución y en las leyes, si en
la vida real no se tiene acceso real a esos derechos,
que empiezan por el acceso a la educación; un sistema
político que no tiene para nada en cuenta a casi 50
millones de latinoamericanos que son analfabetos, a los
cientos de millones que son analfabetos funcionales.
Por tanto, como parte de su esquema de dominación, el
imperialismo ha logrado implantar un sistema político
que es útil a su dominación, porque divide a las
sociedades, las fragmenta, las divide, les impide a los
pueblos hacer su voluntad.
Claro, en medio de ese sistema, y a pesar de ese
sistema, triunfaron en Venezuela las fuerzas populares,
lideradas por el carisma, que por la capacidad de
conductor de pueblos, de líder, del presidente Hugo
Chávez (Aplausos); pero no debemos aceptar el dogma del
sistema político impuesto, sistema político de
lentejuelas, de apariencias, pero cuyo contenido
profundamente clasista y excluyente está diseñado para
favorecer el acceso a una minoría privilegiada,
dependiente y defensora de los intereses de Estados
Unidos.
Segundo factor de ese sistema de dominación: el
imperialismo logró implantar un grupo de instituciones
e instrumentos legales que facilitan su control y que
facilitan la exclusión de los que se salgan de las
reglas de juego. La Organización de Estados Americanos,
la Carta Democrática Interamericana, el Area de Libre
Comercio para las Américas, los procesos donde el
gobierno de Estados Unidos certifica “la buena conducta
“de los gobiernos de América Latina y les niega el
acceso a financiamientos o ayudas para castigarlos, la
llamada cooperación en la lucha contra el terrorismo y
el narcotráfico, todos son instrumentos que permiten el
dominio, permiten la imposición de los intereses
norteamericanos. No debemos subestimar la capacidad del
imperialismo en la región para enfrentarse a nuestra
lucha.
Tercer factor de ese sistema de dominación: altos
niveles de dependencia económica de América Latina con
Estados Unidos.
El 56% de la inversión en América Latina es
norteamericana, el 43% de lo que América Latina compra
en el exterior lo compra en Estados Unidos, el 55% de
lo que América Latina exporta lo exporta a Estados
Unidos. Por tanto, hay niveles de dependencia
económica, herramientas para negarle a un país el
acceso al mercado, la concesión de un crédito, la
ejecución de una inversión, que presionan a los
gobiernos que se dejan presionar.
Claro, ahí tenemos, bueno, a la Revolución Cubana, que
ha sido castigada por no rendirse, que ha resistido 45
años y sigue enhiesta sin aceptar las presiones
(Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Cuba libre!”). Eso
ha llevado a nuestro pueblo a tener que resistir el
bloqueo, las agresiones, los ataques terroristas, más
de 600 planes para asesinar a Fidel, las campañas
mediáticas pagadas por el imperio.
La Revolución Bolivariana resiste y derrota al imperio
y no se pliega a sus presiones; pero otros no han
podido, han claudicado, no han podido resistir la
presión del imperio, sus medidas económicas, dado estos
niveles de dependencia.
En cuarto lugar —he señalado tres factores de ese
esquema de dominación yanki sobre la región—: el
sistema político implantado en nuestros países, que nos
fragmenta, nos divide, impide que luchemos unidos por
las prioridades nacionales.
He citado las herramientas del sistema interamericano:
la OEA, el ALCA, la Carta Democrática Interamericana.
Tercero, he citado la alta dependencia económica, y el
cuarto factor que identifica a ese sistema de
dominación hegemónico del imperialismo en América
Latina es que Estados Unidos ha logrado con éxito
sabotear e impedir a lo largo de más de 100 años una
genuina construcción de la unidad latinoamericana y
caribeña.
Mientras que en Europa avanzó la Unión Europea,
mientras que en Africa avanza la Unión Africana,
mientras que en el sudeste asiático avanzó la
organización de los países del sudeste de Asia, en
América Latina no ha podido avanzar una genuina
integración latinoamericana, porque Estados Unidos se
las ha ingeniado siempre para estimular guerras entre
países, conflictos fronterizos, divisiones, hacer
fracasar esos intentos; y los latinoamericanos y
caribeños, que somos 33 países miembros de Naciones
Unidas, con 550 millones de habitantes y 2 millones de
millones de Producto Interno Bruto, todavía andamos
desunidos, solo comienzan a darse pasos iniciales y a
veces esos pasos se han dado sobre la idea equivocada
de que el libre comercio es integración.
La integración hay que proclamarla bajo los principios
de la Alternativa Bolivariana de las Américas y
defenderla con las palabras y los hechos como la ha
estado defendiendo el presidente Chávez (Aplausos).
Estos cuatro rasgos, estos cuatro factores identifican
que ya el imperialismo tiene en América Latina un
esquema de dominación consolidado; pero, bueno,
entonces, ¿qué hay que hacer, llorar? No, pelear
(Aplausos). No debe haber espacio al desaliento, ¡no
debe haber espacio al desaliento!, porque –y esta es la
tercera idea que les quiero trasladar— creemos que
también hay oportunidades y factores positivos. Los voy
a enumerar.
Primero: existe una tradición revolucionaria,
liberadora, un pensamiento antimperialista, una prédica
de los fundadores de nuestra independencia hacia la
integración, un pensamiento social avanzado en América
Latina, realmente, de los más ricos en el universo;
existe una tradición, el pensamiento de Bolívar, de
José Martí, el pensamiento del Che Guevara (Aplausos),
la práctica de los movimientos progresistas, de la
izquierda. Existe una tradición, tenemos fuentes en las
cuales beber, raíces sobre las cuales empinarnos.
No somos los pueblos de América Latina pueblos sin
historia, pueblos sin héroes, pueblos sin glorias en
las que afirmarse para ganar las glorias propias. Somos
una generación de latinoamericanos y caribeños que
venimos de una tradición gloriosa, que se reencarna, se
reactualiza y se convierte en nuevo estímulo para las
luchas de hoy.
Ese es un primer factor: No somos pueblos condenados a
no poder cumplir el sueño histórico y la meta de los
fundadores.
Segundo: Está a nuestro favor que América Latina está
enfrentando la peor crisis económica y social de su
historia y esa crisis fomenta el espíritu de rebeldía
de los pueblos, contribuye a crear conciencia,
contribuye a hacer más fuerte y activa la movilización
popular, y, por tanto, la crisis, que es terrible, que
la sufren cientos de millones de latinoamericanos, sin
embargo, fomenta al mismo tiempo la rebeldía, el
espíritu de movilización; alienta a las masas populares
a salir a las calles a defender sus derechos, a
defender que otro mundo mejor es posible, y eso
constituye una oportunidad para la lucha
antimperialista en América Latina.
¿Cuál es el cuadro de América Latina? Y entiendo bien
que esta reunión y este festival no son para describir
la situación, sino para discutir cómo transformarla,
cómo cambiarla, cómo derrotar la adversidad, cómo
derrotar la apatía, cómo movilizar, cómo creer en que
sí podemos, en que sí se puede conquistar un mundo
mejor para nuestros hijos. Pero hay que detenerse en la
realidad brevemente para apuntar que en América Latina
la pobreza no disminuye, sino crece; que casi la mitad
de la población latinoamericana —224 millones, según la
CEPAL— vive por debajo de la línea de pobreza; 96
millones de latinoamericanos viven en la indigencia, y
todas estas cifras ustedes saben que son conservadoras,
la realidad siempre es mucho más grave que lo que dan
las estadísticas.
La mitad de la población latinoamericana vive
trabajando en empleos informales, sin sindicatos, sin
protección social, sin seguridad social, sin ningún
tipo de garantía laboral; la mitad. De cada 10 nuevos
empleos que se crean en América Latina siete son en el
sector informal de la economía, que quiere decir más
explotación todavía que la del sector formal.
Ochenta millones de latinoamericanos no tienen servicio
de agua potable; 127 millones de latinoamericanos viven
en condiciones de insalubridad.
Esa es la realidad de América Latina. América Latina es
la región más desigual del mundo, donde el 10% más rico
recibe el 40% del ingreso total. Es peor la situación
que cuando el Che Guevara dio su vida generosa frente a
aquel grupo de hombres dispuestos a transformar esa
realidad. Hoy es peor en el sentido de las condiciones
de vida, de la exclusión, de la pobreza; sin embargo,
es mejor en el ánimo y el compromiso de las nuevas
generaciones de latinoamericanos de no dejar caer
aquella bandera, de seguir luchando por transformar esa
realidad, y a eso contribuye este festival que ustedes
organizan con madurez, seriedad y entrega.
La deuda externa es hoy una de las principales
herramientas del poder imperial sobre América Latina.
Se cumplen en estos días 20 años de que Fidel
encabezara su batalla contra la deuda externa.
Por estos días del año 1985, cuando se celebraba el
Festival Mundial de la Juventud en Moscú, en una Unión
Soviética que no parecía que algún día iba a
desaparecer, en aquel mundo bipolar que, por supuesto,
tenía problemas, dificultades; pero peor es el de hoy,
que es un mundo unipolar, donde emergió una única
superpotencia con todo su poderío militar, tecnológico,
económico, mediático; en aquellos días precisos del
festival, en La Habana se daban reuniones diarias donde
Fidel, en un magisterio y una prédica constantes,
llamaba al reconocimiento de que aquella deuda era
impagable, de que aquella deuda era dogal sobre el
cuello de los pueblos de América Latina.
¿Qué pasó en estos 20 años? En agosto de 1985, cuando
Fidel hablaba en La Habana contra la deuda externa como
mecanismo de expoliación, la deuda de los 33 países de
América Latina y el Caribe era de 300 000 millones de
dólares; ahora es de 780 000 millones, más del doble
que en aquel momento, y en estos años se ha pagado casi
seis veces lo que se debía en aquel momento: 1,8
millones de millones, casi 2 millones de millones de
dólares se han pagado. ¿Cómo es posible que usted pague
casi seis veces lo que debía y deba al final de los 20
años el doble de lo que debía al principio? Por ese
mecanismo infernal.
¿Por qué hay pobreza en América Latina? ¿Por qué no hay
escuelas? ¿Por qué no hay agua potable? ¿Por qué no hay
viviendas? ¿Por qué no hay empleo digno? ¿Por qué no
hay derecho a la alimentación? ¿Por qué no hay
asistencia médica gratuita y universal? ¿Por qué no hay
una vida decorosa para la mayoría de la población
latinoamericana? (Aplausos.)
Se mueren casi 40 niños menores de 5 años en América
Latina por cada 1 000 nacidos vivos. ¡Vergüenza! Y todo
eso tiene también un subregistro enorme de los que
mueren y no se saben sus nombres. Hay más de 50
millones de analfabetos, ya lo hablamos. Esa es la
crisis, y la crisis hoy engendra más movilización
popular, más resistencia social, más organización, más
lucha, y, por tanto, de alguna manera se convierte en
un estímulo a la lucha contra el imperialismo y su
dominación en la región.
Ese es un segundo factor. El primero —dije—, nuestra
tradición histórica, nuestro pensamiento
revolucionario, antimperialista; segundo, la actual
situación.
Tercera oportunidad, y rasgo positivo que vemos: la
crisis de credibilidad en que se ha sumido el
neoliberalismo. Ya ni los defensores acérrimos
defienden al neoliberalismo en América Latina; aquellos
que decían que el Estado estorbaba, que lo que había
era que privatizar hasta los parques y los cementerios;
los que privatizaron y vendieron las empresas públicas,
resultado del esfuerzo y el sacrificio de generaciones,
patrimonio del pueblo, y las vendieron muchas veces en
medio de operaciones fraudulentas, cobrando coimas
escandalosas por debajo de la mesa; ni siquiera los que
defendieron la idea de que el Estado no debía ocuparse
ni de la educación, ni de la salud, ni de la igualdad,
que lo que debía imperar eran las leyes salvajes del
mercado, esos ya no lo dicen, se esconden, no tienen el
valor de defender sus ideas en público.
El neoliberalismo ha caído en crisis en el debate
teórico, en la práctica de los pueblos; los
neoliberales tienen que prometer que no van a ser
neoliberales, aunque después lo sean cuando lleguen al
gobierno, para escamotearles la verdad a las masas.
Se ha superado el momento inicial de lógico estupor, el
desconcierto que se abatió sobre los pueblos en América
Latina, sobre las fuerzas de izquierda después de la
desintegración de la Unión Soviética, después de la
desaparición del campo socialista, cuando se proclamó
por los voceros imperiales que había llegado el fin de
la historia, que el socialismo estaba muerto, que lo
que duraba era eso, 70 años, y que ya no tenía sentido
ni siquiera debatir el tema; cuando se proclamó que era
el capitalismo, el imperialismo, el neoliberalismo el
fin de la historia.
Ya pasaron esos momentos, han pasado 14 años nada más
desde que el imperialismo proclamó su victoria y ya
estamos otra vez los pueblos luchando, con más
optimismo y más esperanza que nunca en la victoria, y
la Revolución Cubana siguió allí proclamándose
socialista, y no renunció a los principios (Aplausos).
Aquí hay sentados hoy jóvenes de China, de Viet Nam, de
Laos, de Corea, en cuyos países también se construye,
con sus peculiaridades, sus características, el
socialismo, y se defiende el socialismo como bandera.
Hoy el presidente Chávez nos convoca a discutir, a
construir y a defender el socialismo del siglo XXI. Las
banderas flamean otra vez (Aplausos).
Se les podría repetir a aquellos enterradores del
socialismo que proclamaron su victoria cuando con dolor
vimos la desintegración de la Unión Soviética, cuando
vimos aquellos acontecimientos trágicos que trajeron al
mundo hasta aquí; a aquellos que proclamaron victoria,
nos condenaron a muerte y dijeron que nos quedaban unos
días, se les podría repetir aquello de que “los muertos
que vos matasteis gozan de buena salud”, y estamos aquí
defendiendo nuestras ideas y defendiendo que el
socialismo es la opción (Aplausos).
Hay, por tanto, una crisis profunda de credibilidad del
neoliberalismo que se convierte en una oportunidad para
nuestra lucha.
He dicho tres cosas positivas: la tradición histórica
de nuestro pensamiento, la crisis profunda que hay en
América Latina, la crisis del neoliberalismo como
doctrina.
En cuarto lugar, creo que es una oportunidad y un
elemento positivo, la resistencia victoriosa de la
Revolución Cubana; la consolidación victoriosa de la
Revolución Bolivariana y su profundización (Aplausos);
el surgimiento de fuerzas populares y partidos de
izquierda con opciones de triunfo en varios países de
América Latina; la renovada capacidad de movilización
de los pueblos de América Latina que han derribado a
gobiernos corruptos, neoliberales y traidores en
nuestra región.
Un quinto elemento positivo que vemos es el tradicional
sentido de independencia de los países caribeños, 14 de
los cuales forman la Comunidad del Caribe, CARICOM,
algunos de cuyos delegados están aquí entre nosotros,
países pequeños pero con un gran sentido de la dignidad
nacional, un gran sentido de la independencia, que no
se han prestado jamás para atacar a la Venezuela
bolivariana o a la Cuba socialista, que han constituido
un valladar ante los intentos imperiales, incluso en la
OEA. Ese sentimiento de independencia de los países
caribeños, junto al surgimiento de una nueva
correlación de fuerzas en América Latina, con el
triunfo de gobiernos progresistas y de izquierda en
varios países, ha cambiado la correlación de fuerzas en
la región y nos ha dado ejemplos recientes, como el
hecho de que Estados Unidos no haya logrado imponer sus
intereses, incluso en foros que domina tanto como la
OEA, donde no pudo imponer una condena a Cuba el año
pasado, donde no pudo este año imponer sus maniobras
contra la Revolución Bolivariana.
La correlación de fuerzas ha cambiado, los antiguos
aliados neoliberales del imperialismo están a la
desbandada, surgen fuerzas nuevas, nuevos liderazgos.
Todo eso en medio de una ola de movilización popular y
de resistencia ante los efectos de la crisis y de la
profundización del neoliberalismo en la región.
Estos son cinco aspectos que creemos positivos, que
contrarrestan los elementos negativos que señalé antes
y que, desde nuestro punto de vista, constituyen
soportes a la lucha antimperialista.
Por tanto, ¿es viable la lucha? ¿Se puede derrotar al
imperialismo a nivel mundial? Sí, si se le derrota en
nuestra región. ¿Y eso es posible? Sí es posible. ¿Es
fácil? No, no es fácil, pero es posible (Alguien
exclama: “¡Sí se puede!”). ¡Sí, se puede, sí se puede!
(Aplausos y exclamaciones de: “¡Sí se puede!”)
¡Sí se puede! Se puede si lo intentamos todos juntos,
si nos unimos, si luchamos con desprendimiento y
honestidad por estos objetivos que superan realmente
cualquier otro que nuestra generación se haya
planteado.
Cuarta idea clave. La lucha contra el imperialismo es
especialmente decisiva en el terreno de las ideas. La
movilización popular, el activismo político hay que
sustentarlo en la batalla y el triunfo en el terreno de
las ideas, y el terreno de las ideas implica no la
repetición de una consigna vacía, sino el análisis para
llegar a la verdad y contribuir a difundirla.
Desde nuestro punto de vista, ¿cuáles son un grupo de
elementos para integrar un programa de lucha contra el
imperialismo? Voy a nombrar algunos.
Primero, creemos que hay que cuestionar, en el debate
de las ideas, al capitalismo como sistema y al culto al
individualismo, el consumismo y el egoísmo como los
estímulos que hacen moverse a los seres humanos. No se
puede intentar derrotar al imperialismo aceptando al
capitalismo como sistema (Aplausos).
Hay que reivindicar al socialismo como sistema,
adaptado, es cierto, a las condiciones, a las
características de cada país, sin calco ni copia, sin
repetición mimética, con creación, dada las condiciones
distintas de cada país.
Hay que reivindicar los principios de solidaridad, de
cooperación, como expresión de un nuevo tipo de
relación dentro de las naciones y entre las naciones.
La idea de que el hombre solo pueda moverse por los
sentimientos del egoísmo, por los sentimientos del
consumo, choca con nuestra visión de que el hombre se
puede mover por sentimientos de mucho mayor altruismo.
No fue por dinero que 350 000 combatientes voluntarios
cubanos fueron a Africa a derrotar al apartheid, fueron
creyendo en las ideas (Aplausos).
Hay ejemplos de que es la solidaridad y la cooperación
el camino.
Cientos de miles de latinoamericanos y caribeños que
preservarán o recuperarán la visión —ver, ese don
preciado— en los próximos 12 meses, a través de la
Misión Milagro, demuestran las potencialidades de la
integración (Aplausos), bajo los principios del ALBA;
integración solidaria, bajo los principios de la
Alternativa Bolivariana para las Américas, bajo esos
principios proclamados por el presidente Chávez. Ese es
el camino, el camino de la cooperación.
Nuestro país ha dado pruebas modestas también, y quizás
está mal que hable de ese ejemplo, pero es tan puro que
no debería dejar de decirse. Se han graduado en Cuba, a
lo largo de más de cuatro décadas, 43 000 jóvenes de
120 países, y estudian hoy becados en nuestro país,
casi 17 000 jóvenes de más de 100 países (Aplausos).
El país agredido, bloqueado, hostigado tiene a decenas
de miles de sus hijos trabajando en otras tierras, y el
imperio, que puede lanzar un ataque nuclear, no puede
mandar 20 000 médicos a salvar vidas en otras tierras
(Aplausos). Son otros principios los que deben mover a
las hombres (Corean consignas).
Por tanto, ¿por qué luchar? Primero, hay que cuestionar
el capitalismo como sistema; hay que cuestionar la idea
de que es el egoísmo, el estímulo, en el debate de las
ideas. No se puede, repito, enfrentar y derrotar al
imperialismo creyendo que el capitalismo es el sistema.
Hay que comprender, claro, que la construcción del
socialismo es un proceso histórico, que no es un
plumazo de un día para otro; no es un dogma, no es un
corsé, pero es la meta (Aplausos).
Segundo —es nuestra opinión respetuosa, es nuestra
opinión la que voy a decir ahora, respetuosa, por
supuesto, de puntos de vista distintos y abierta al
debate—, creemos que hay que cuestionar a la democracia
burguesa y al pluripartidismo como el modelo dogmático,
el único modelo de democracia existente.
Creemos que hay que proclamar claramente:
– Que no puede haber democracia sin justicia social.
– Que no hay libertad posible si no es sobre la base
del disfrute de la educación y la cultura.
– Que un analfabeto no es realmente libre.
– Que no hay disfrute real de los derechos humanos si
no hay igualdad y equidad.
– Que los pobres y los ricos no tendrán jamás igual
derecho en la vida real, aunque estén proclamados…
Bueno, se nos suma el Vicepresidente de la República
Bolivariana de Venezuela (Aplausos y exclamaciones de:
“¡Alerta, alerta, alerta que camina la espada de
Bolívar por América Latina!”).
Se incorpora con nosotros José Vicente Rangel,
vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela
(Aplausos), joven combatiente por la justicia y contra
el imperialismo por varias décadas.
José Vicente, te recibimos en calidad de maestro, pero
también de compañero de trinchera juvenil, y te
expresamos nuestro orgullo de compartir estos días con
el presidente Chávez y contigo (Exclamaciones de: “¡Se
oye, se siente, Rangel está presente!”).
Creo que para los hombres y mujeres de tu generación,
el festival es de alguna manera un premio y es un
tributo también a los que cayeron sin ver este día, a
los que lucharon con ustedes y no pudieron ver esta
hora (Aplausos).
Decía que en el debate de las ideas, en la lucha contra
el imperialismo hay que proclamar con valor que los
pobres y los ricos no tendrán jamás igual derecho en la
vida real, aunque estén proclamados y reconocidos en el
papel. Que no puede haber democracia si no hay justicia
social. Que no puede haber libertad si no es sobre la
base del disfrute de la cultura y la educación. En
Estados Unidos cuesta ser elegido senador al menos 8
millones de dólares.
¿Puede un pobre desempleado sin vivienda, puede uno de
esos 40 millones de norteamericanos que no tienen ni
siquiera acceso a la salud ser senador? Según la
Constitución y las leyes, sí; según el papel, sí; pero
según la vida real, no.
¿Puede un pobre analfabeto de América Latina
convertirse en un diputado, en un parlamento de América
Latina? No.
Únicamente en el triunfo de una revolución, únicamente
en el triunfo de un proceso popular que ponga por fin a
los de abajo de siempre, a los excluidos de siempre en
el control de los destinos de su país, como ha pasado
aquí en la Venezuela Bolivariana (Aplausos).
Los pobres tienen ahora en Venezuela opciones reales;
pero, ¿podían los pobres en la democracia del Pacto de
Punto Fijo? No podían.
¿Pueden en las sociedades donde la mitad no está
inscrita para votar y de la mitad que está inscrito
participa otra mitad y participa apenas el 20% de la
población? No se puede, porque hace falta dinero,
porque hace falta maquinaria, privilegios que no están
al alcance de las mayorías pobres (Exclamaciones de:
“¡Viva el socialismo!”)
Tercero, creemos que hay que reivindicar el derecho de
los pueblos a su libre determinación, hay que defender
el derecho de cada pueblo a escoger su sistema
político, sus instituciones, sus leyes.
Hay que proclamar la idea de que no existe un modelo
único, un dogma, y que cada pueblo tiene que tener el
derecho que le consagra el Derecho Internacional y la
Carta de las Naciones Unidas a ejercer su libre
determinación.
No puede venir nadie de afuera a certificar en mi país,
no puede venir nadie de afuera a proclamar en mi país
lo que es potestad exclusiva de los hijos de mi país.
Ese es el principio que nosotros hemos defendido en
Cuba (Aplausos), y no hemos quebrado nuestra bandera,
no hemos aceptado las presiones, y nos hemos enfrentado
a las campañas de mentiras y no hemos entrado en el
juego de, para ser políticamente correctos, hacer
cambios cosméticos que nos hagan adaptarnos a las
reglas de juego que el imperio quiere proclamar.
Defendemos nuestro derecho, como reconocemos el de los
demás, y no decimos que nuestro modelo es la receta.
Ese es el nuestro, el que nosotros nos dimos, fruto de
un genuino proceso histórico, democrático, de alto
costo en vidas de los mejores hijos de nuestro pueblo,
y es el que nos ha permitido enfrentar la agresión
feroz del imperio. No lo exportamos, pero reclamamos y
reivindicamos el derecho de cada pueblo a construir su
sistema.
Cuarto.- Tenemos que rescatar las banderas de la
democracia y los derechos humanos. El imperialismo se
apropió de ellos de manera hipócrita y las ha
convertido en armas contra los pueblos, utilizando su
dominio mediático, utilizando su capacidad de presionar
a los países.
Hay que decirlo con todas las letras: el imperialismo
es la mayor fuerza antidemocrática y violadora de los
derechos humanos en el mundo (Aplausos y exclamaciones
de: “¡Abajo el imperialismo!”)
Debemos recordar que el imperialismo viola sus propias
reglas, que impone a los demás, cuando le conviene.
Recordemos que organizó el golpe de Estado contra el
presidente Allende, que había sido elegido según las
reglas del sistema.
Recordemos que no invocó la Carta Democrática
Interamericana cuando el golpe de Estado contra la
Revolución Bolivariana; hicieron silencio, se
agazaparon a ver si podían triunfar y afirmarse
aquellas fuerzas, que fueron barridas después por la
movilización del pueblo bolivariano (Aplausos).
No hay que caer en la ingenuidad de aceptarle al
imperialismo sus reglas de juego, porque él las viola,
y por eso apoyó, organizó, financió y armó a las
dictaduras militares en América Latina, que
desaparecieron y asesinaron a cientos de miles de
latinoamericanos.
El imperialismo no se equivoca nunca en identificar a
su enemigo y atacarlo, y nosotros no debemos
equivocarnos nunca, y, como decía el Che, no se le
puede dar ni un tantico así (Muestra). Por tanto,
reivindicar el derecho a la libre determinación de los
pueblos constituye hoy un elemento esencial de la
batalla contra el imperialismo en América Latina en el
terreno de las ideas.
Quinto.- Hay que enfrentar al neoliberalismo y al
unipolarismo; hay que defender un nuevo orden económico
y político internacional (Aplausos); hay que defender
la democracia no solo dentro de los países, sino en las
relaciones entre los países; hay que defender la
democratización de las relaciones internacionales.
Se vive hoy el intento de imponer una dictadura a nivel
planetario que amenaza con agredir a 60 ó más países, a
los que se ha llamado “oscuros rincones del mundo” por
el presidente Bush.
El actual orden mundial impide el derecho al desarrollo
a más de 130 países, independientemente de lo que esos
países hagan por desarrollarse.
Un sistema económico basado en la expoliación de
nuestros países, basado en un comercio donde cada vez
compramos más caro lo que tenemos que comprar y
vendemos más barato lo que tenemos que vender; un
sistema de comercio internacional injusto, donde
nuestros países no tienen acceso a los mercados, no
tienen acceso a las tecnologías, no tienen acceso a los
flujos financieros, donde las instituciones
internacionales funcionan para imponerles reglas a los
pobres que no imponen a los países ricos y
desarrollados. En ese sistema nuestros países no se
pueden desarrollar. Hay que defender la necesidad de
democratizar las relaciones internacionales. Hay que
reivindicar una genuina integración latinoamericana y
caribeña, alternativa al modelo de subordinación que
estableció Estados Unidos.
Hay que reconocer la necesidad —como ha proclamado el
presidente Chávez—, ahora o nunca, de construir una
genuina unión latinoamericana y caribeña, algunas de
cuyas instituciones comienzan a nacer con éxito, como
la Alternativa Bolivariana para las Américas, como
Petroamérica, como Petroandina, como Petrocaribe,
gérmenes de una futura integración genuinamente
latinoamericana y caribeña.
Ahora, quinta idea. En el plano de la lucha política y
de la movilización popular, creemos que la primera
prioridad hoy de la lucha antimperialista en América
Latina es defender a la Revolución Bolivariana
(Aplausos), que es hoy patrimonio estratégico de todos
los que en América Latina luchan contra el imperialismo
y por un mundo mejor.
La derrota de la Revolución Bolivariana significaría
cien años de retroceso en nuestras luchas, ardería la
región de América Latina y el Caribe si el imperio
invadiera a la Venezuela bolivariana; pero el imperio
acechante, taimado, acumula fuerza, elabora planes,
engorda ambiciones en la idea de derrotar a la
Revolución Bolivariana.
La Revolución Bolivariana es hoy un pedazo donde hemos
triunfado y es trampolín para seguir impulsando la
lucha en América Latina. Su defensa es hoy la principal
prioridad para todas las fuerzas democráticas,
revolucionarias, progresistas, de izquierda,
antimperialistas, de América Latina y del mundo
(Aplausos).
Lo decimos desde el agradecimiento profundo y desde el
conocimiento de cuánto vale la solidaridad
internacional, porque durante décadas la Revolución
Cubana, y, sobre todo, en los últimos 15 años, solo
pudo alimentarse de la fe y de la pasión de sus hijos,
de la solidaridad de los pueblos y de las fuerzas
progresistas en el mundo.
Agradecemos la solidaridad que hemos recibido en
nuestra lucha; pero no tenemos duda de que en este
momento —y nosotros seguiremos resistiendo hasta
derrotar el bloqueo y la subversión contra Cuba— el
Festival ha de ser tribuna para hacer el más ferviente
llamado a redoblar los esfuerzos solidarios con la
Revolución Bolivariana, con el pueblo noble y generoso
de Venezuela, con el presidente Hugo Chávez, con el
gobierno bolivariano que él encabeza y con la obra
transformadora y creativa que ellos han hecho nacer en
esta tierra (Aplausos). Esa es la principal prioridad.
En segundo lugar, identificamos como otra prioridad
impulsar la Alternativa Bolivariana para las Américas y
derrocar definitivamente al ALCA y a todas las otras
fórmulas que de alguna manera son el ALCA disimulado,
fabricado como un rompecabezas, a pedazos: los tratados
de libre comercio entreguistas que Estados Unidos ha
ido imponiendo a otros países, que le permiten
construir una red que de alguna manera sustituya el
ALCA que no han podido imponer.
Hay que oponerse a los mecanismos de dominación
imperial en la región, esa es una tercera prioridad.
Hay que volar en pedazos a la OEA. ¿Por qué hay que
aceptar que la OEA es el foro de integración de América
Latina y el Caribe? (Aplausos.)
Hay que fundar una organización latinoamericana y
caribeña de Estados. En esa sí Cuba entraría, en una
independiente, no en la otra mangoneada por Estados
Unidos (Aplausos y exclamaciones), aunque es verdad que
la OEA de hoy es también territorio de enfrentamiento y
espacio de lucha —como dije ahorita—; no es la OEA que
dócilmente aceptó separar a Cuba a principios de los
años sesenta, es la OEA donde el otro día el gobierno
de Estados Unidos no pudo imponer sus designios
tenebrosos contra la Revolución Bolivariana y sus
mecanismos de seguimiento. Pero, de todas maneras, esa
no es la organización que quería crear Bolívar en el
Congreso Anfictiónico, esa no es la encarnación del
sueño de Bolívar y Martí; esa es la América de Monroe,
no la de Bolívar y Martí, y la OEA no puede ser jamás
el foro que los latinoamericanos y caribeños acepten
como el mecanismo de integración y discusión de sus
problemas.
Hay que oponerse a la Carta Democrática Interamericana,
instrumento de injerencia e intervención que no fue,
sin embargo, invocada cuando se dio el golpe contra la
Revolución Bolivariana.
La cuarta prioridad es oponerse a las bases militares
norteamericanas en América Latina y el Caribe
(Aplausos), hay que denunciar y enfrentarse a los
planes agresivos del imperio.
¿Contra quién van enfilados los planes militares de
Estados Unidos hoy en la región? ¿Contra quién van
enfilados los soldados norteamericanos? ¿Contra quién
se elaboran planes? ¿Quién es el enemigo? ¿Quién va a
agredir desde América Latina a Estados Unidos? ¿Contra
quién se preparan soldados, se crean nuevas bases? Son
planes enfilados contra la Revolución Bolivariana,
contra Cuba, contra todo país que ose desafiar el poder
del imperio y afectar sus intereses, esa es la verdad
que está aquí en el fondo de esta discusión.
En quinto lugar, hay que reclamar la abolición de la
deuda externa que hemos ya pagado seis veces en los
últimos 20 años. Hay que reclamar nuestro derecho a
recibir condiciones favorables de financiamiento.
¿De dónde puede salir el dinero para nuestros países?
Se gastan un millón de millones por año en gastos
militares, 500 000 de esos millones los gasta solo
Estados Unidos; se gasta un millón de millones en
publicidad comercial; se gastan 300 000 millones en
subsidiar las producciones agrícolas de los países
ricos; nos cobran 100 000 millones de dólares anuales
en aranceles para permitir que nuestros productos
entren a sus mercados. Ahí está el dinero, y en el que
se fuga debido a un sistema financiero internacional
caótico, que ha convertido la economía y las finanzas
internacionales en un casino de juego; ahí está el
dinero. Que los países desarrollados cumplan sus
compromisos, que ya de por sí eran bastante bajos y
modestos, con la ayuda oficial al desarrollo. Hay
dinero, lo tienen los ricos, lo malgastan, lo
malgastan, lo botan en exceso de consumismo, en
derroche innecesario, mientras 1 000 millones de
personas en el mundo son analfabetos, 900 millones
pasan hambre y 2 000 millones no han conocido jamás la
electricidad.
Sí hay dinero, lo que no hay es voluntad política para
permitirles a nuestros pobres el acceso a una vida
decorosa y digna.
Hay que reivindicar la soberanía de nuestros pueblos
sobre los recursos naturales; hay que defender nuestro
derecho a un uso sostenible de esos recursos, que
respete y proteja el medio ambiente, frente al derroche
y la expoliación de las transnacionales. Esta es la
sexta prioridad.
¿Por qué hay que aceptar, si un gobierno progresista
llega al gobierno, una privatización fraudulenta que se
hizo antes? ¿Por qué no se puede rescatar la riqueza
del pueblo? La Revolución Bolivariana acaba de subir
los impuestos a las compañías, su derecho legítimo; ha
establecido el control del Estado sobre el uso de los
recursos. Los recursos naturales son patrimonio de los
pueblos (Aplausos).
Amenazan con el castigo al que intente revisar algo de
lo pactado anteriormente, aunque haya sido lesivo a los
intereses del país. Bajo ese criterio nosotros
tendríamos que aceptar la base naval norteamericana en
Guantánamo, porque un gobierno cubano, maniatado, sin
voluntad, títere, aceptó firmar un papel con un
gobierno de Estados Unidos. Todavía el gobierno de
Estados Unidos nos manda el cheque de 4 000 dólares
anuales de pago por los 117 kilómetros cuadrados. Por
supuesto que no lo aceptamos, guardamos el cheque en un
cajón hasta el día que recuperemos nuestro territorio e
icemos allí nuestra bandera (Aplausos y exclamaciones).
Luchar contra el imperialismo en América Latina hoy es
señalar claramente la responsabilidad de Estados
Unidos, que consume la cuarta parte del combustible que
se emplea en el mundo. De cada cuatro barriles que se
consumen diariamente, uno se consume en Estados Unidos,
y hay que decir, claramente, que ellos y el Norte
derrochador tienen la responsabilidad en el alza de los
precios del petróleo.
Hay que señalarle la verdad y no hay que aceptar su
discurso demagógico, y hay que, por otro lado, trabajar
en construir alternativas de suministro energético a
nuestros países que hagan sostenible la actual
situación, por eso apoyar Petroamérica, apoyar
Petroandina, apoyar Petrocaribe, iniciativa generosa,
sin paralelo en la historia del mundo, es hoy
enfrentarse, en el terreno de las ideas y de la lucha
política, al imperialismo.
Hay que oponerse a la aplicación de los programas del
Fondo Monetario Internacional (Aplausos). Los pueblos
tienen derecho a rebelarse contra los programas que
intentan llevarle más miseria, más exclusión, más
hambre, más desempleo. Es legítima la movilización
popular y la lucha contra los programas de ajuste del
Fondo.
Sexta idea, tenemos que luchar por difundir nuestra
verdad, y este es un tema clave.
Fidel dedicó hace unos días una parte importante de su
encuentro con los jóvenes cubanos que venían a Caracas
a discutir este tema, les decía que había que buscar
constantemente la verdad y divulgarla, porque el
enemigo ha escamoteado la verdad, ha presentado los
hechos como le convienen. Hay que ayudar a los pueblos
a encontrar la verdad, para liberarse del yugo. Hay que
librar y ganar —decía Fidel— la batalla de la verdad.
Hay que luchar contra el poder mediático del
imperialismo, hay que hacerlo con creatividad, con
tesón, con pasión, convencidos de que tenemos la razón,
y es clave en este sentido el nacimiento de Telesur, el
surgimiento de sitios alternativos como Rebelión y
otros (Aplausos), que constituyen nuevos espacios para
la voz de los pueblos.
Ahora bien, y esta es la séptima idea, la lucha
antimperialista en América Latina hoy, ¿qué es? Es la
lucha de las fuerzas revolucionarias y progresistas por
alcanzar el poder. Hay que llegar al poder, desde allí
es desde donde se puede realmente lanzar la obra de
transformación posterior; no es llegar al poder como
fin, como meta, es llegar al poder para convertirlo en
instrumento de transformación revolucionaria, como
instrumento para provocar el cambio profundo que
necesitan las sociedades de América Latina; y la lucha
antimperialista es también, si no se ha llegado al
poder, la lucha y la movilización popular contra las
guerras de rapiña, contra el neoliberalismo, contra la
explotación.
El hecho de que se fracase en el intento de llegar al
poder no quiere decir que se renuncie a la lucha. Es la
movilización constante, es el sacar fuerzas nuevas,
lecciones de los fracasos y volver a empezar y volver a
empezar.
Pero debe estar claro que es desde el poder desde donde
el pueblo puede hacer lo que ahora se está haciendo en
Venezuela, lo que se hizo en la Revolución Cubana. Es
el pueblo en el poder el que entrega la tierra a los
campesinos, el que hace la reforma agraria, el que
enseña al analfabeto a leer, el que provee educación y
acceso a la salud, el que protege y proclama los
derechos de la mujer y la niñez.
Es el pueblo en el poder el objetivo, y no en el poder
como meta, como fin en sí mismo, sino en el poder para
convertirlo en instrumento de cambio y transformación;
porque si mantenerse en el poder se convierte en meta y
no en medio para desarrollar la lucha a favor de los
pueblos, entonces se corre el riesgo de pactar con el
imperio a cambio de mantenerse en el poder, de ceder en
los programas, de ceder en las metas, de renunciar a
las ideas que antes se defendieron a cambio de
mantenerse en el poder.
Hay que llegar al poder y, con el apoyo del pueblo,
desde allí iniciar la transformación, que enfrentará
inevitablemente al imperio y a sus aliados, pero que
generará más apoyo del pueblo.
Eso es lo que ha ocurrido en Venezuela, genuino proceso
de transformación popular, revolucionario y
democrático; pero hay que saber que la ejecución de ese
programa a favor de los intereses nacionales llevará,
sin duda, al enfrentamiento con la reacción del imperio
y sus aliados.
Ahora bien, las vías para llegar al poder: ¿Pueden ser
las elecciones una vía? Sí, lo reconocemos, si las
condiciones, como ocurrió en Venezuela, lo permitieron;
lo que no aceptamos es la idea de que los pueblos solo
pueden ir por el camino de las elecciones en su lucha
para llegar al poder (Aplausos), y en ese sentido la
Revolución Cubana reivindica el derecho de los pueblos
a todas las formas de lucha revolucionaria y a la
movilización popular contra el neoliberalismo, contra
la explotación y el subdesarrollo (Aplausos).
Lo decimos con la autoridad de un pueblo que hizo una
revolución armada; un pueblo en el que menos de 300
guerrilleros derrotaron a un ejército de 10 000 hombres
en una ofensiva militar, apoyados y armados por Estados
Unidos, y al final de una guerra intensa, en la que se
combatió cada día, 80 000 soldados de una tiranía
sangrienta apoyada por Estados Unidos no pudieron
derrotar al Ejército Rebelde, que eran menos de 5 000
combatientes con apoyo popular.
Esa es nuestra experiencia, no la exportamos, no
llamamos a imitarla, comprendemos los cambios en la
situación mundial; pero reivindicamos el derecho de
cada pueblo a todas las formas de lucha para llegar al
poder, como el enemigo usa todas las formas a su
alcance para derribar a los gobiernos democráticos que
no se le subordinan, para enfrentar la lucha de los
pueblos por la democracia y el desarrollo.
Por tanto, la llegada del pueblo al poder entraña un
reto: hay que romper con el sistema hegemónico de
dominación imperial o se termina pactando con él o
derrotado por él. No se puede hacer una revolución sin
afectar los intereses de las estructuras oligárquicas
nacionales, que son aliadas del imperialismo y lo
necesitan como garante de sus privilegios.
Un proceso revolucionario antimperialista chocará
inevitablemente con el imperialismo; el imperialismo no
entrega su poder pacíficamente. Por eso recuerdo otra
vez al Che: ni un tantico así se le puede conceder. Esa
es la lección.
Por eso la Revolución Bolivariana se hace más legítima
ante su pueblo cuanto más se prepara para defenderse y
genera más apoyo y más compromiso de su pueblo, que ha
saboreado ya la miel de la victoria y de lo que
significa gobernar y regir de manera independiente los
destinos de su país.
Ahora, octava idea, a nivel global creemos que es
imprescindible defender el derecho de los pueblos a la
paz, pero a una paz digna y con justicia. La Revolución
Cubana no entiende la paz como el cercenarles a los
pueblos el derecho a usar las armas para defender su
libre determinación o para defenderse de la agresión
(Aplausos), porque si no a nuestra preparación para
defendernos de una agresión se le llama terrorismo, y
se le llamará un día terrorismo al uso del pueblo
venezolano de las armas para defender a su Patria.
Reivindicamos y apoyamos su derecho a armar a su
pueblo: ¡Un pueblo armado, unido y alerta, jamás podrá
ser derrotado! (Aplausos y exclamaciones.)
Finalmente cabría preguntarse: ¿Es una quimera esto que
planteamos? ¿Son ideas descabelladas, de locos que
sueñan sin comprender que la realidad es imposible de
transformar? Creemos que no, y lo creemos desde la
convicción de haber visto que sueños que parecían
imposibles fueron alcanzados y superados.
Parecía imposible derrotar al poderoso y bravo ejército
español en América Latina y los llaneros venezolanos,
al mando de Bolívar, los pueblos de Nuestra América lo
hicieron.
Parecía imposible llegar en el yate Granma a Cuba, un
pequeño yate de recreo para 17 pasajeros, donde
vinieron 82 hombres con sus armamentos, y llegaron.
Parecía imposible derrotar al ejército armado por
Estados Unidos en Cuba, y fue derrotado.
Parecía imposible que la Revolución Cubana se
mantuviera después de la desaparición de la Unión
Soviética, que nos había permitido protegernos del
bloqueo y la agresión, y aquí estamos más optimistas,
más seguros y más fuertes que nunca (Aplausos).
Parecía imposible que aquel joven exmilitar que había
encabezado un alzamiento revolucionario de oficiales
honestos y comprometidos como él, un 4 de febrero,
aquí, en Venezuela; cuando después de dos años de
cárcel llegara a Cuba, parecía imposible y lejana la
posibilidad de que un día fuera el líder de una
revolución triunfante, el líder del proceso de
integración de América Latina y el Caribe, como es hoy
Chávez (Aplausos).
Parecía imposible que se pudieran alfabetizar en
Venezuela un millón y medio de analfabetos y ya hoy
saben leer y escribir y muchos de ellos siguen sus
cursos para terminar el sexto grado (Aplausos).
Parecía imposible que el apartheid pudiera ser
derrotado, era ejército poderoso, apoyado por Estados
Unidos y las principales potencias occidentales, y
allá, a 10 000 kilómetros de nuestra patria, decenas de
miles de combatientes cubanos, que en un momento
llegaron a ser 55 000, junto a soldados angolanos,
junto a guerrilleros namibios, hicieron posible la
victoria de Cuito Cuanavale, el avance por el suroeste
de Angola, y el régimen del apartheid tuvo que sentarse
a negociar, tuvo que pactar su derrota, y Angola se
preservó y Namibia fue libre e independiente. Aquí
tiene que haber delegados namibios que saben que la
sangre de nuestros combatientes derramada allí no fue
sangre derramada en vano (Aplausos), que vieron un día
izada su bandera.
Y Mandela fue libre cuando parecía que moriría en
prisión.
Y parecía imposible que el niño Elián González
regresara a Cuba, y regresó; y parecía imposible que
nuestros cinco jóvenes héroes regresaran a nuestra
patria, y pensamos que un día regresarán y quizás un
día vendrán a un festival mundial de la juventud,
invitados por ustedes (Aplausos y exclamaciones de:
“¡Cuba va!” y “¡Ellos volverán!”).
No creemos, por tanto, que son quimeras inalcanzables,
sueños imposibles. Nuestros sueños de hoy serán las
realidades de mañana, si batallamos por ellos, si
tenemos la presencia de ánimo, la convicción, la
entrega, el compromiso; si reconocemos que esta es la
hora de luchar, la hora de marchar unidos como la Plata
en las raíces de los Andes, como decía José Martí. Si
lo hacemos, alcanzaremos la victoria, construiremos en
América Latina y el Caribe una confederación de pueblos
libres y unidos que jugará un papel en la construcción
de un mundo mejor.
Hoy la Revolución Bolivariana alumbra ese camino; la
Revolución Cubana sigue siendo bastión de resistencia y
dignidad.
Puedo asegurar aquí, a nombre de nuestro pueblo, que
allá en nuestra pequeña isla, sueña, combate, funda y
trabaja cada día, que nuestra resistencia no va a ser
derrotada. Que la Revolución Cubana no podrá ser
derrotada (Aplausos)
El imperialismo apuesta su victoria a la idea de que
cuando la generación que hizo la Revolución y que
encabeza Fidel no esté, cuando no esté Fidel, cuando no
esté Raúl, el segundo jefe de nuestra Revolución
(Aplausos); cuando no estén los hombres y mujeres que
hicieron posible aquello que parecía un milagro, las
nuevas generaciones no tendrán la fortaleza de ánimo,
no tendrán la convicción y la pasión de sus padres para
defender la Revolución. Pero la presencia en Venezuela
de miles de nuestros jóvenes, que nacieron cuando la
Revolución estaba hecha y había sido protegida de sus
primeros ataques y que están aquí hoy como médicos
internacionalistas, como entrenadores deportivos, como
profesores, son la prueba de los valores que esa
Revolución ha sembrado en nosotros (Aplausos).
Cuando vemos a los jóvenes venezolanos en las calles,
cuando vemos a las muchachas y muchachos venezolanos en
las calles, solidarios, recibiendo a lo mejor de la
juventud progresista mundial, aumentamos nuestra
convicción y hacemos más fuerte nuestra esperanza de
que nosotros tenemos la razón, de que la vamos a hacer
valer, de que nosotros construiremos un mundo mejor que
sí es posible.
¡Hasta la victoria siempre!
¡Venceremos!
(Ovación)
(Minrex)
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