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Excelencias:
Hablo a nombre de Cuba, el país que sufre el bloqueo más
largo y cruel de la historia; el pequeño país insurrecto, al
que amenazan con “un cambio de régimen”, al que no perdonan
su hidalguía y entereza.
Que Cuba sea miembro fundador de este Consejo, es prueba de
que, al final, la razón vence a la fuerza, la defensa de los
principios derrota al poder y al dinero. Prueba que no se
puede engañar a todo el mundo, todo el tiempo.
Durante el año 2007 concluimos, en lo esencial, la
construcción institucional del Consejo de Derechos Humanos.
Fue la victoria de nuestra mayoría –el Movimiento de Países
No Alineados en particular- sobre el muy exiguo grupo de
países– algún que otro poderoso- que conspiró hasta el
último minuto para frustrar el proceso. Fue el resultado de
un delicado equilibrio, todos lo sabemos.
Cuando en diciembre de 2007, la Asamblea General de Naciones
Unidas adoptaba, a partir de la acción del Movimiento de
Países No Alineados, la Resolución 62/219, que aprobó la
construcción institucional del Consejo de Derechos Humanos,
los que batallamos durante años, seguros de que era posible
e imprescindible crear un nuevo órgano que sustituyera a la
desprestigiada Comisión de Derechos Humanos, vimos por fin
recompensados nuestra paciencia y nuestros serios y honestos
esfuerzos.
Así llegamos hasta el día de hoy. Y ahora cabría
preguntarnos, ¿está ya asegurado que el nuevo Consejo será
distinto de la vieja Comisión? ¿Será realmente un órgano que
contribuya a la promoción y protección de todos los derechos
humanos para todos los habitantes del planeta?
No, realmente no puede asegurarse todavía. Es ahora cuando
el Consejo enfrentará la verdadera prueba de fuego.
La legitimidad del Consejo dependerá, en medida importante,
de cómo termine funcionando el Mecanismo de Examen Periódico
Universal.
No bastará con que todos los países queden sujetos al
novedoso mecanismo. El Consejo deberá funcionar en el más
estricto respeto a los principios de objetividad,
imparcialidad y no selectividad. De lo contrario, será un
rotundo fracaso.
Si las conclusiones y recomendaciones terminan dependiendo
del poderío e influencia de cada país, el Consejo repetirá
los mismos errores que hicieron estallar por los aires a la
vieja Comisión.
Si se erige, otra vez, en tribunal para juzgar a los países
del Sur, en instrumento para agredir a los que se rebelan,
mientras mira hacia otro lado cuando se trata de violaciones
de derechos humanos cometidas por un país poderoso, el
Consejo fracasará estruendosamente.
Y habrá sido peor, pues será otra vez la antigua Comisión de
Derechos Humanos ahora con un falso ropaje de supuesta
universalidad.
¿Aquellos países poderosos, que impusieron a la Comisión de
Derechos Humanos sus intereses mezquinos y su visión, están
dispuestos ahora a rectificar?
Esa es la pregunta que ellos tendrán que responder con
hechos, no con palabras.
El Consejo de Derechos Humanos debe demostrar ahora que es
realmente un órgano diferente, basado en la cooperación y el
diálogo respetuoso, sin selectividades ni imposiciones. Un
órgano que contribuya verdaderamente, desde el respeto pleno
a la independencia de cada país, a la promoción y protección
de los derechos humanos en todo el mundo.
A los hipercríticos, a los que han estado atacando
despiadadamente al Consejo porque perdieron sus antiguos
fueros y privilegios, a los que no han comprendido que el
mundo está cambiando y que los pueblos han dicho basta y han
echado a andar, a Estados Unidos y a algún que otro “escéptico”,
les aconsejo humildad y reflexión. Hacer fracasar el trabajo
del Consejo será una enorme responsabilidad que tendrían que
asumir ante la historia.
Señores delegados:
El Movimiento de Países No Alineados, que se constituyó en
un actor clave en el proceso de construcción institucional,
defiende la necesidad del Consejo de Derechos Humanos. El
Consejo debe existir y debe, además, actuar.
Mientras se amenace con bombardear a 60 o más países, a los
que se les llama con desprecio “oscuros rincones del planeta”,
este Consejo de Derechos Humanos debe existir y actuar.
Mientras cinco luchadores antiterroristas cubanos estén
sometidos a 10 años ya de injusta y cruel prisión en
cárceles norteamericanas, este Consejo de Derechos Humanos
debe existir y actuar.
Mientras alguien defienda la asfixia como un método legítimo
para arrancar confesiones, este Consejo de Derechos Humanos
debe existir y actuar.
Mientras se continúe secuestrando a personas en cualquier
parte, se organicen vuelos clandestinos para trasladarlos y
se les confine en campos de concentración, en pleno siglo
XXI, este Consejo de Derechos Humanos debe existir y actuar.
Mientras el heroico pueblo palestino no tenga su propio
Estado y no ejerza sus derechos, este Consejo de Derechos
Humanos debe existir y actuar.
Mientras en el mundo persista la injusticia y la desigualdad,
mientras suframos cada día con la existencia de casi 900
millones de hambrientos, 800 millones de analfabetos, 11
millones de niños muertos antes de cumplir 5 años y 600 mil
mujeres pobres muertas en el parto, este Consejo de Derechos
Humanos debe existir y actuar.
Mientras el derecho al desarrollo sea una quimera para más
de 100 países, mientras 1600 millones de personas no
conozcan todavía la electricidad, mientras persista este
orden económico y político internacional injusto y
excluyente, este Consejo de Derechos Humanos debe existir y
actuar.
Señores delegados:
Pero el año 2007 fue también el de la histórica victoria de
Cuba, disfrutada y celebrada también por todos los que
admiran la firmeza y la honestidad con la que nuestro país
ha enfrentado y enfrenta todavía la mentira y la
manipulación mediática.
Tras veinte largos años de “pelea cubana contra los demonios”,
el Consejo de Derechos Humanos puso fin al injusto y
selectivo ejercicio que Estados Unidos concibió e impuso
como pretexto para legitimar su agresión contra nuestra
Patria.
Y he aquí el balance de esta desigual contienda: Cuba, la
acusada, convertida en miembro fundador del Consejo,
presidiendo el Movimiento de Países No Alineados y
trabajando constructivamente por consolidar el Consejo.
Estados Unidos, nuestro acusador, convertido en un “Estado
fallido” en la materia; responsable de los más graves
crímenes y violaciones de los derechos humanos; enemigo del
nuevo Consejo, porque no ha podido manipularlo ni
controlarlo. Aquí lo vemos, sin rumbo ni autoridad, dando
tumbos, garante siempre de las peores causas, defendiendo la
tortura, administrando cárceles secretas, organizando vuelos
clandestinos.
Así ha terminado, por ahora, esta batalla: con la victoria
rotunda del pequeño David -grande en su dignidad- contra el
gigante Goliat, poderoso con sus armas nucleares y sus
amenazantes guerras preventivas, pero pequeño en la
autoridad moral y el respeto internacional, que es el tesoro
mayor a que pueda aspirar un país.
Así también derrotaremos un día el bloqueo criminal que se
nos impone para intentar rendirnos por hambre y enfermedades.
Y ahora, y sólo ahora, vencedores del chantaje y la mentira,
los cubanos hacemos por voluntad propia, de manera
independiente y soberana, lo que no se nos pudo, ni se podrá
nunca, arrancar como concesiones.
Por eso ahora y no antes, hemos invitado otra vez a un
Relator del Consejo y, si persiste el clima constructivo que
hoy prevalece y no se reanuda la campaña contra Cuba, en el
futuro invitaremos a otros.
Por eso ahora y no antes, hemos firmado los Pactos
Internacionales de Derechos Humanos.
Por eso ahora y no antes, nos disponemos a trabajar
seriamente para presentarnos en el 2009 al Mecanismo de
Examen Periódico Universal.
Cuba reitera hoy su voluntad de cooperar con los trabajos
del Consejo, de cooperar con los mecanismos de derechos
humanos de carácter universal, no discriminatorios y con
base en el más estricto respeto a nuestra soberanía.
Reitera también su inclaudicable decisión de enfrentar
cualquier nuevo intento de instalar en el Consejo la
selectividad, la politización, los dobles raseros y la
hipocresía.
Señores delegados:
Sobre Cuba, mi Patria, unas palabras.
Acaba de concluir en nuestro país el proceso electoral que,
acorde con nuestra Constitución y nuestras leyes, comenzó el
pasado mes de septiembre. Ha sido un genuino referéndum, en
el que pueblo ha apoyado masivamente a la Revolución y al
socialismo en nuestro país.
Fueron elegidas, por voto secreto y directo, las autoridades
locales y la Asamblea Nacional.
El Presidente Bush llamó al pueblo cubano a no asistir a las
urnas y, sin embargo, casi el 97 por ciento de los más de 8
millones de electores inscritos votó. Veremos si en las
próximas elecciones de Estados Unidos se igualan esos
resultados.
El Presidente Bush llamó a los cubanos a votar en blanco. Lo
hizo menos del 4 por ciento de los votantes. Instó a los
cubanos a no votar por todos los candidatos propuestos, tal
y como lo solicitaba la Revolución, y el 91 por ciento de
los votantes apoyó, libre y conscientemente, al total de los
candidatos propuestos por la Revolución.
Ha sido una extraordinaria victoria política, que no ha
podido ser ocultada ni tergiversada.
El mundo ha sido testigo del civismo y el nivel de cultura
política del pueblo cubano.
Allá, en Cuba, tras su histórica decisión, Fidel todavía se
divierte con la reacción mezquina y mediocre de los que
creían que su autoridad emana de los cargos, de los que
creían que apartar a Fidel de sus cargos o asesinarle, era
la solución mágica para derrotar a la Revolución Cubana.
Y resulta que no. Que Fidel es su pueblo; que sus ideas son
las de su pueblo; que Raúl, con toda la autoridad que le
otorga su propia historia, es también Fidel en la lealtad
con la Patria, con la Revolución y con el socialismo; que, a
fin de cuentas Fidel es todo hombre o mujer que en el mundo
luche por la justicia y la libertad de los pueblos.
Y así está el Imperio impotente, sin saber qué hacer ni qué
decir. Consciente de que no puede impedir a los cubanos
tomar sus propias decisiones y seguir el camino libremente
escogido. Es el resultado de haber hecho en nuestra Patria
una profunda Revolución social. Es el resultado de que, de
verdad, el pueblo esté en el poder. Es el resultado de que,
por fin y en un caso poco común en la historia, los de abajo,
los preteridos de siempre, sean ahora los diputados, los
ministros, los jefes militares, es el pueblo en el poder,
dueño de su destino y dueño de su país.
Esa y no otra, señores delegados, es la encrucijada de Cuba.
O salvar su Revolución y continuar siendo un pueblo libre o
retornar a la condición de un pueblo esclavo, una virtual
colonia, como ya fuimos una vez, de nuestro poderoso y voraz
vecino.
A los que apoyan nuestra lucha, que son muchos, son la
mayoría, gracias. Nuestra batalla es también por la
independencia y el respeto a los pueblos que ustedes
representan.
A los que apoyan a nuestro adversario, ya sea por
convicción, por hipocresía o por miedo, no importa. Nosotros
sabremos llevar en la frente el decoro que a ellos les
falta.
En el año en que se cumplirá el 60 aniversario de la
proclamación de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, Cuba renueva su compromiso en la lucha por un mundo
de justicia, libertad e igualdad para todos. El reto es
enorme, nuestro optimismo es mayor.
Muchas gracias. |