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 Imaginad un mundo todo Bush

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

Hundido en el fracaso militar, moral y político de las guerras en Iraq y Afganistán, en el descrédito, en la crisis interna de los sistemas de salud y seguridad social y en su creciente impopularidad, el presidente norteamericano, George W. Bush, se empecina en salidas inviables a la crisis que afronta su gobierno, que pudieran llegar al extremo de convertir a la Tierra en uno de los oscuros rincones del universo.

Para esos designios obsesivo-compulsivos echa de nuevo mano al modus operandi de su “misión divina como líder de la lucha antiterrorista”, destinado a agitar ante sus conciudadanos y la comunidad internacional el peligro de posibles atentados como los del 11 de septiembre del 2001, por la amenaza de la presencia, según los servicios de Inteligencia norteamericanos, de Osama bin Laden en suelo paquistaní.

Ello convierte a Paquistan en un posible objetivo de operaciones militares estadounidenses, sin importarle la soberanía e independencia de esa aliada nación asiática, que rechaza enérgicamente el infundio de Washington de haber dado refugio al líder de Al Qaeda.

Pero a Bush, cuya única capacidad es la de crear cruentos conflictos y de expandir las llamas de la guerra por diversas regiones del planeta, le tienen sin cuidado las normas del derecho internacional y la convivencia pacífica entre estados, cuando se trata de llevar adelante y a cualquier costo su política imperialista de dominio y hegemonía mundial.

De hecho, Islamabad recibe ahora de parte de Estados Unidos igual trato que Siria, Irán, Corea del Norte y el Líbano de Hezbollah, a los que el mandatario y sus secuaces de la Casa Blanca han dado en llamar “países integrantes del eje del mal”, y no la excluye de acciones militares in situ contra los líderes de Al Qaeda.

“Mi opinión es que Osama bin Laden está vivo y en Paquistán”, dijo en días recientes a la cadena de televisión NBC el director nacional de Inteligencia de Estados Unidos, Mike McConell, quien acusó al gobierno paquistaní de haber permitido que Al Qaeda se reagrupara en zonas tribales fronterizas con Afganistán.

Las sorprendentes declaraciones del jefe del espionaje norteamericano han causado un profundo malestar en Islamabad, cuyos gobernantes las calificaron de irresponsables, peligrosas y carentes de veracidad.

Las alegaciones de McConell se unieron a la “preocupación” manifestada con anterioridad por Bush por la pretendida reagrupación y fortalecimiento en Paquistán de la organización Talibán liderada por Bin Laden, a quien vinculan también con la oleada de violencia alrededor de los enfrentamientos con fuerzas gubernamentales para poner fin a la ocupación de la Mezquita Roja por parte de militantes islamistas.

El procedimiento no tiene nada de novedoso, y es muy sospechoso que en los momentos de mayor crisis de credibilidad de Bush, siempre emerja la figura del más buscado de los líderes de confesión islámica para desviar la atención de los descalabros de su administración.

Por su parte, Francés Towsend, asesora de Seguridad Nacional del presidente norteamericano, no descartó que su país utilice la fuerza militar contra Al Qaeda en Paquistán, si el grupo islámico lanza otro ataque contra Estados Unidos.

Ahora, en pleno período electoral y aunque acosado por la opinión pública de su país para que retire las tropas invasoras de Iraq, e igual reclamo por parte de legisladores demócratas y republicanos, el tozudo inquilino de la Casa Blanca no cede en sus propósitos incendiarios y es capaz de crear un nuevo foco de tensiones en la región asiática, convulsionada ya por la ocupación de Afganistán y las amenazas de acciones militares punitivas contra Irán.

Así las cosas, imaginad un mundo todo Bush.

(Trabajadores) 28-07-2007


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