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Avanzar una conclusión definitiva sobre el resultado
de la primera reunión celebrada en los últimos siete
años entre representantes del Reino de Marruecos y
del Frente Polisario, iniciadora de una nueva fase
de negociaciones auspiciadas por Naciones Unidas
para lograr una solución al conflicto colonial del
Sahara Occidental, sería prematuro.
Y aunque este reiniciado diálogo sólo deja margen a
un cauteloso optimismo, el hecho de haber aceptado
ambas partes beligerantes dar continuidad el próximo
agosto a las conversaciones efectuadas sin
condiciones previas la pasada semana en el complejo
de Greentree, en la localidad de Manhasett, en Long
Island, Estados Unidos, es un indicio de que la
gestión diplomática no ha agotado aún todas sus
posibilidades.
Dos países vecinos, Argelia y Mauritania, esta
última involucrada en un inicio junto a Marruecos
en la invasión al Sahara Occidental en 1975,
participan como observadores de este nuevo intento
de desbloquear el estancado proceso de paz de la
antigua colonia española, cuya soberanía enfrentan a
Marruecos y al FPolisario desde hace 32 años.
Como era de suponer, en el contacto alauita-saharaui,
que por dos días dio continuidad al último encuentro
realizado en Londres en el año 2000, no todo fue
“miel sobre hojuelas”, por las posiciones
antagónicas sostenidas por cada una de las partes
desde el inicio de una contienda armada, que se
extendió por cerca de 16 años, y que prevalecieron
después del mutuo acuerdo del cese el fuego en 1991,
para dar espacio al Plan de Paz acordado por
Naciones Unidas.
Rabat llegó al encuentro esgrimiendo su propuesta de
una solución enmarcada en la concesión de una
autonomía limitada al territorio del Sahara
Occidental bajo la soberanía marroquí como única
salida viable al conflicto, mientras que el
FPolisario demanda el cumplimiento de anteriores
acuerdos, establecidos en el denominado Plan Baker
II, que estipulan la celebración de un referéndum
popular de libre autodeterminación para la
independencia del último enclave colonial en el
norte de África.
Aunque ambas delegaciones, integradas por Ali Beiba,
presidente del Parlamento de la República Árabe
Saharui Democrática, y Khalid Heuna Al Rachid,
presidente del Consejo Real de Marruecos para
Asuntos Saharauis acordaron diferir para el futuro
encuentro de agosto el tratamiento más profundo de
sus respectivos puntos de vista, en apariencia sus
posiciones permanecieron inamovibles, sin que
llegaran a producir un estancamiento en lo que se
supone será una larga negociación.
Sin embargo, y no exento de expectativas e
incertidumbre, el anuncio del reinicio de las
conversaciones en breve plazo ha sido acogido por
Naciones Unidas y la comunidad internacional como un
signo esperanzador para solucionar pacíficamente el
diferendo colonial del Sahara Occidental, que ha
trasladado ahora la candente disputa a las
trincheras de la diplomacia, donde las armas deben
permanecer en silencio.
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