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Cada 30 de marzo el pueblo palestino
conmemora el Día de la Tierra, aniversario de la
sublevación general que estalló en 1976 en forma de
huelgas y manifestaciones populares en todo ese
país, en respuesta a la brutal represión del Estado
de Israel y su política de discriminación racial en
los territorios ocupados en 1948 y en 1967.
Es un día de Intifada en defensa de
los históricos derechos del pueblo palestino a su
tierra de origen, a su nación, a su Estado
independiente, y en contra de los intentos israelíes
de desarraigarlos, colonizarlos y aislarlos en
guetos.
La milenaria Palestina, hoy
ilegalmente ocupada por Israel, no es la mítica
tierra prometida, según los textos bíblicos, por el
profeta Abraham a los hebreos desde el Nilo hasta el
Eufrates, como propagan los sionistas, ni el Hogar
Nacional Judío, que fue propiciado por la
declaración del secretario de Estado para las
Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Lord James
Arthur Balfour, el 2 de noviembre de 1917, que
allanó la posterior partición de su territorio
mediante una arbitraria Resolución de Naciones
Unidas.
PALESTINA, LA ESPIRAL DE LA
VIOLENCIA
Desde la Intifada de la Mezquita de
Al Aqsa, en septiembre del 2000, el ejército de
ocupación israelí ha intensificado su represión
contra la población civil palestina en Cisjordania,
la Franja de Gaza y Jerusalén, el asesinato
selectivo de sus dirigentes, la construcción del
muro segregacionista, el bloqueo a sus ingresos
económicos y el control mediante alambradas de la
circulación ciudadana.
Más de 4 mil 600 palestinos han
perdido la vida, 30 mil han resultado heridos, 10
mil 400 hechos prisioneros y 8 mil de sus viviendas
han sido destruidas y arrasados millón y medio de
olivares.
Ante la pasividad de la comunidad
internacional, Israel ha convertido a Palestina en
un gigantesco campo de concentración, que recuerda
el holocausto al cual fueron sometidos los judíos
por el fascismo hitleriano.
Decenas de miles de palestinos se
hacinan en condiciones infrahumanas en los “campos
de refugiados” sumidos en la extrema pobreza,
carentes de agua potable, alimentos, electricidad,
servicios sanitarios, educación, asistencia social,
empleos, e imposibilitados, por los continuos toques
de queda, de acceder a sus trabajos y tierras de
cultivo.
La desnutrición y las enfermedades
derivadas de ellas causan enormes estragos entre la
población infantil, cuya tasa de mortalidad supera
el 24 de cada mil nacidos vivos, sin contar los que
son víctimas de los ataques del ejército hebreo.
Israel, con la complicidad de
Estados Unidos, mantiene bloqueada la solución del
cruento drama de un pueblo despojado de su libertad,
sus bienes y obligado a sufrir la dispersión, y se
niega reconocer al gobierno de unidad nacional con
el que se han dotado los palestinos en legítimo
ejercicio de sus derechos civiles.
El gobierno de Tel Aviv carece de
voluntad política para acatar las resoluciones de
Naciones Unidas, que demandan su retirada de los
territorios árabes ocupados y prosigue extendiendo
en ellos los asentamientos de colonos judíos.
Razones para la continuidad de la
heroica Intifada.
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