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 Tres tremendos mitómanos

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

Bush, Cheney y Rice, miembros del selecto club de la mentira y la desfachatez

De prestar alguna credibilidad -es una suposición-- a las patrañas de George W. Bush, Dick Cheney y Condoleezza Rice, en muy breve tiempo Afganistán e Iraq podrán incluirse entre los atractivos polos turísticos de Asia Central y del Oriente Medio.

El presidente, el vicepresidente y la secretaria de Estado norteamericanos, respectivamente, continúan ocultando una realidad aceptada universalmente: ambas aventuras militares han resultado un fracaso.

Y es que esta trilogía de la desfachatez, junto al ex secretario de Estado Colin Powell, al ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, al ex subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, y los ex portavoces de la Casa Blanca Ari Fleisher y Scott McClellan, integran el selecto club de mitómanos que, utilizando una sarta de mil mentiras, se empeñó en justificar con el engaño la invasión de ambos países.

En el discurso por el quinto aniversario de la ocupación al estado árabe, Bush afirmó: “Iraq es ahora más seguro que bajo el mandato de Saddam Hussein”, y “el éxito que estamos viendo es innegable”.

Con su proverbial hipocresía, dijo que el reciente aumento de 30 mil soldados estadounidenses en Iraq  supuso “la mayor victoria estratégica en la guerra contra el terror".

No obstante su retórica triunfalista, se cuidó de hacer referencia a la mayor de sus mentiras: la existencia de armas de destrucción masiva en poder del gobierno de Bagdad, burdo pretexto con el cual Washington inició la guerra contra Iraq.

En la alharaca sobre la “exitosa campaña iraquí”, su carnal vicepresidente, Dick Cheney, no le ha ido a la zaga.

En sus últimos y sorpresivos viajes a Iraq y Afganistán, Cheney repitió los mismos manidos conceptos vertidos durante un lustro por “la voz del amo”.

Si bien en su tercera visita a Bagdad reconoció que “las fuerzas armadas norteamericanas se enfrentan con dificultades, señaló que “en comparación con la situación de diez meses atrás el nivel de violencia se ha reducido notablemente, demostrativo de lo exitosos de los esfuerzos de Estados Unidos”.

En Afganistán no fue menos locuaz, pero su euforia no pudo enmascarar el verdadero objetivo de su última y precipitada visita: obtener del “presidente” Hamid Karzai y de la OTAN, el incremento de sus efectivos militares ante la beligerancia de los talibanes, con vistas a  consolidar “la gran victoria” que dijo haberse logrado en la pequeña y paupérrima nación del Asia Central,  y “para  ayudar a “que se convierta en un país próspero y estable”.

Cheney, pretendió ignorar la creciente beligerancia de los talibanes, que ya controlan cerca de la mitad del país, al expresar su  satisfacción “por los logros conseguidos por el gobierno de Afganistán durante los últimos seis años” y “los grandes avances logrados en los terrenos de la paz, la estabilidad y la democracia afgana”.

En ese momento, no mencionó haber sido víctima de un ataque con bombas durante su anterior visita el pasado año a Afganistán, cuando se encontraba arengando a las tropas en Bagram, la principal base militar estadounidense.

En cumplimiento de su turno de falsedades y subterfugios, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, también viajó recientemente a Bagdad, para aseverar que "es la hora de la esperanza para Iraq”, aunque el masacrado pueblo iraquí y la devastada nación árabe, desconocen a cual tipo de esperanza se refería

En sus edulcoradas declaraciones a la prensa, reafirmó el apoyo de la Casa Blanca al “gobierno” de Nuri al Maliki, y estableció que desde la última vez que visitó Bagdad, “ha podido constatar progresos en el frente político, especialmente en el campo de la reconciliación que los propios iraquíes llevan a cabo entre comunidades".

Pero aunque estos tres redomados mitómanos han prometido al pueblo estadounidense salir victoriosos de estas contiendas bélicas, los iraquíes y los afganos, cuyos muertos en conjunto sobrepasan el millón y medio de ciudadanos y viven sumidos en la devastación, la extrema violencia, la miseria y la desesperanza, no consiguen creer en sus vanas palabras.

 

(Trabajadores) 25-03-2008


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