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 Un mundo sin paz: Año VII

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

“Cese la filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra”. Fidel

 

Las esperanzas de un universo de paz, sin el flagelo de las guerras, con las que la humanidad acogió el advenimiento del tercer milenio, permanecen aún truncas en un mundo unipolar, neoliberal y globalizado.

 

Siete años después y en vísperas del octavo, una treintena de conflictos bélicos, cual Jinetes del Apocalipsis, circunvalan el globo terráqueo con sus trágicas secuelas de muerte, desolación y miseria.

 

Los infaustos atentados del 11 de septiembre del 2001, en Nueva York, sirvieron de partero al engendro belicista de “la lucha contra el terrorismo internacional” que nació rezumando sangre, petróleo y gas por todos sus poros.

 

Su progenitor, el presidente norteamericano, George W. Bush, expandió por “oscuros rincones de la Tierra”, la política genocida de su gobierno, alegando haber recibido “un mandato divino” para su diabólica misión imperial.

 

Correspondió a Afganistán, un pequeño país centroasiático, convertirse en la primera víctima de la paranoia neofascista estadounidense y en escenario de la primera guerra del tercer milenio.

 

Seguidamente Bush y demás halcones de la Casa Blanca se lanzaron a una nueva aventura en Iraq, con el único objetivo de acceder y controlar sus grandes recursos petroleros, sin importarles la matanza de más de un millón de civiles iraquíes.

 

Líbano, Siria e Irán fueron los próximos blancos para lograr el plan israelo-norteamericano de un Gran Oriente Medio a su imagen y semejanza.

 

En la división internacional del trabajo sucio, Beirut y Damasco fueron asignados a Israel, para la agresión armada al primero, y los ataques y amenazas al segundo, cuyas estratégicas Alturas del Golán están ocupadas por el ejército sionista desde 1967.

 

Práctico por más de 60 años en el exterminio de la población civil y el asesinato de los dirigentes palestinos, Tel Aviv se asoció también a Washington en los preparativos para una agresión contra Irán, la cual, de producirse, extenderá las llamas de la guerra por toda la convulsa región.

 

Pero no sólo en el Oriente Medio prevalecen los conflictos armados; en África, las luchas fratricidas, étnicas y por el poder estremecen el continente y hacen más desolado su panorama político, social y económico.

 

Desde el término de la Guerra Fría, millones de africanos perecieron en cruentos enfrentamientos internos, mientras que las pérdidas materiales consumieron más de 306 mil millones de dólares.

 

Darfur, en Sudán, es uno de los ejemplos más desgarradores de la trágica situación de guerra civil y violencia étnica que ha costado la vida a millón y medio de ciudadanos, mientras que las amenazas de terribles hambrunas y pandemias acosan a cientos de miles de sus refugiados.

 

La República Democrática del Congo, Somalia, Etiopía, Eritrea, Senegal, Sierra Leona, Burundi, Ruanda, Liberia, República Centroafricana, Chad, Costa de Marfil, entre otras naciones, se ven o han visto envueltas en luchas intestinas, mientras el Sahara Occidental, colonizado por Marruecos, permanece como la guerra olvidada del norte de África.

 

Kosovo en los Balcanes, ocupado por tropas de la OTAN, y los ataques del ejército turco en el Kurdistán, al norte de Iraq, son también un latente peligro de conflictos en esas regiones del planeta.

 

Las guerrillas que enfrentan al gobierno de Filipinas, y los intentos desestabilizadores en Paquistán, Cachemira o Indonesia, permanecen igualmente como focos de turbulencia en Asia.

 

La expoliación capitalista de los recursos naturales del Tercer Mundo, el injusto orden económico internacional, la desigual distribución de las riquezas, la pobreza extrema, la discriminación racial, las armas de destrucción masiva, los astronómicos gastos militares, las ventas de armamentos y el deterioro ecológico son caldos de cultivo para los conflictos a escala planetaria.

 

De no ponerse fin a las guerras y sus causas, la humanidad, si no desaparece, retornará a la prehistoria, como predijo Albert Einstein: “No sé cuáles armas pelearán en la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta Guerra Mundial usarán palos y piedras”.

(Trabajadores) 23-12-2007


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