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“Cese la
filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra”.
Fidel
Las
esperanzas de un universo de paz, sin el flagelo de las
guerras, con las que la humanidad acogió el advenimiento del
tercer milenio, permanecen aún truncas en un mundo unipolar,
neoliberal y globalizado.
Siete años
después y en vísperas del octavo, una treintena de
conflictos bélicos, cual Jinetes del Apocalipsis,
circunvalan el globo terráqueo con sus trágicas secuelas de
muerte, desolación y miseria.
Los
infaustos atentados del 11 de septiembre del 2001, en Nueva
York, sirvieron de partero al engendro belicista de “la
lucha contra el terrorismo internacional” que nació
rezumando sangre, petróleo y gas por todos sus poros.
Su
progenitor, el presidente norteamericano, George W. Bush,
expandió por “oscuros rincones de la Tierra”, la política
genocida de su gobierno, alegando haber recibido “un mandato
divino” para su diabólica misión imperial.
Correspondió a Afganistán, un pequeño país centroasiático,
convertirse en la primera víctima de la paranoia neofascista
estadounidense y en escenario de la primera guerra del
tercer milenio.
Seguidamente Bush y demás halcones de la Casa Blanca se
lanzaron a una nueva aventura en Iraq, con el único objetivo
de acceder y controlar sus grandes recursos petroleros, sin
importarles la matanza de más de un millón de civiles
iraquíes.
Líbano,
Siria e Irán fueron los próximos blancos para lograr el plan
israelo-norteamericano de un Gran Oriente Medio a su imagen
y semejanza.
En la
división internacional del trabajo sucio, Beirut y Damasco
fueron asignados a Israel, para la agresión armada al
primero, y los ataques y amenazas al segundo, cuyas
estratégicas Alturas del Golán están ocupadas por el
ejército sionista desde 1967.
Práctico
por más de 60 años en el exterminio de la población civil y
el asesinato de los dirigentes palestinos, Tel Aviv se
asoció también a Washington en los preparativos para una
agresión contra Irán, la cual, de producirse, extenderá las
llamas de la guerra por toda la convulsa región.
Pero no
sólo en el Oriente Medio prevalecen los conflictos armados;
en África, las luchas fratricidas, étnicas y por el poder
estremecen el continente y hacen más desolado su panorama
político, social y económico.
Desde el
término de la Guerra Fría, millones de africanos perecieron
en cruentos enfrentamientos internos, mientras que las
pérdidas materiales consumieron más de 306 mil millones de
dólares.
Darfur, en
Sudán, es uno de los ejemplos más desgarradores de la
trágica situación de guerra civil y violencia étnica que ha
costado la vida a millón y medio de ciudadanos, mientras que
las amenazas de terribles hambrunas y pandemias acosan a
cientos de miles de sus refugiados.
La
República Democrática del Congo, Somalia, Etiopía, Eritrea,
Senegal, Sierra Leona, Burundi, Ruanda, Liberia, República
Centroafricana, Chad, Costa de Marfil, entre otras naciones,
se ven o han visto envueltas en luchas intestinas, mientras
el Sahara Occidental, colonizado por Marruecos, permanece
como la guerra olvidada del norte de África.
Kosovo en
los Balcanes, ocupado por tropas de la OTAN, y los ataques
del ejército turco en el Kurdistán, al norte de Iraq, son
también un latente peligro de conflictos en esas regiones
del planeta.
Las
guerrillas que enfrentan al gobierno de Filipinas, y los
intentos desestabilizadores en Paquistán, Cachemira o
Indonesia, permanecen igualmente como focos de turbulencia
en Asia.
La
expoliación capitalista de los recursos naturales del Tercer
Mundo, el injusto orden económico internacional, la desigual
distribución de las riquezas, la pobreza extrema, la
discriminación racial, las armas de destrucción masiva, los
astronómicos gastos militares, las ventas de armamentos y el
deterioro ecológico son caldos de cultivo para los
conflictos a escala planetaria.
De no
ponerse fin a las guerras y sus causas, la humanidad, si no
desaparece, retornará a la prehistoria, como predijo Albert
Einstein: “No sé cuáles armas pelearán en la Tercera Guerra
Mundial, pero en la Cuarta Guerra Mundial usarán palos y
piedras”. |
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