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El único y más evidente resultado del Nuevo Siglo
Americano, sustento ideológico de la política
belicista del gobierno del presidente George W. Bush,
ha sido convertir a la Tierra en el lugar más
inseguro del Universo
El único y más evidente resultado del Nuevo Siglo
Americano, sustento ideológico de la política
belicista del gobierno del presidente George W. Bush,
ha sido convertir a la Tierra en el lugar más
inseguro del Universo.
Su administración, que se estrenó con las guerras de
Afganistán e Iraq, no obstante el descalabro y el
fracaso de estas, pretende despedirse con una
agresión armada a Irán, prevista por el inquilino de
la Casa Blanca desde los inicios de su gestión
gubernamental.
Los acelerados preparativos para llevar a cabo las
operaciones militares contra la República Islámica
de Irán y la “filtración” de planes para esos fines,
son indicativos de la paranoia en la cual vive
sumido el incendiario mandatario de Estados Unidos.
Las recientes revelaciones del diario digital
norteamericano Telegraph acerca de que los
estrategas del Pentágono han definido hasta dos mil
posibles objetivos para bombardear a Irán, confirman
la determinación de Washington de utilizar la fuerza
contra la nación del Golfo Pérsico, usando como
falso pretexto la posibilidad de Teherán de fabricar
el arma nuclear.
La publicación cita con lujo de detalles los puntos
estratégicos a ser atacados en territorio iraní y
divulga consideraciones de oficiales del
Departamento de Defensa y de la Agencia Central de
Inteligencia acerca de la posibilidad de un golpe
aéreo inicial contra bases militares y centros de
energía nuclear de Teherán.
Hasta el presente, la certeza de una inmediata
respuesta de la República Islámica a un ataque
militar a su territorio y el rechazo de la comunidad
internacional a una nueva conflagración de
impredecibles consecuencias para la humanidad,
mantienen en “stand by” la luz verde de la Casa
Blanca para desencadenar el conflicto.
Mientras, acompañado de una plataforma mediática al
estilo de la lanzada contra Iraq, realiza mayores
presiones sobre sus aliados occidentales para que el
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas imponga
nuevas sanciones a Teherán, lo que le serviría de
leitmotiv para la futura acción de guerra.
Los gobiernos de Gran Bretaña y Francia se han hecho
eco del reclamo de su socio estadounidense y
secundan que el Consejo de Seguridad adopte esas
medidas punitivas como preámbulo a futuras acciones
más severas contra el estado iraní, no compartidas
por otros miembros permanentes del órgano de
dirección de la ONU.
En su reciente visita a Moscú, el canciller francés,
Bernard Kouchner, en relación con el candente tema
declaró de forma un tanto ambigua “que el mundo
debía prepararse para lo peor”, a la par que abogó
por sanciones unilaterales a Irán a nivel de la
Unión Europea.
Mientras, Israel lanza furtivos ataques aéreos
contra Siria como “juegos de guerra” preparatorios
para una agresión directa a Irán.
Tanto Rusia como China han manifestado su alarma
ante las incesantes amenazas de una intervención
militar en Irán, y advertido sobre las graves
consecuencias de una operación de esa índole en una
región convulsionada por la guerra de Iraq, a la vez
que insisten en la necesidad del diálogo.
En un nuevo intento por buscar una solución
negociada a la crisis, el director general de la
Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA)
rechazó el uso de la fuerza contra Teherán y abogó
por proseguir las conversaciones con vistas a evitar
otra hecatombe.
Cuando mil 200 millones de musulmanes en el mundo
observan con fervor el mes sagrado del Ramadán
orando por la paz, el confort espiritual y la
tolerancia, sobre ellos y todo el género humano se
cierne el peligro de un nuevo holocausto nuclear,
que solo bulle en la mentalidad imperial, fascista y
esquizofrénica del presidente
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