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 Refugiados iraquíes, una tragedia ignorada

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

Considerados como “daños civiles colaterales” por las tropas anglo-norteamericanas que invadieron y ocuparon Iraq, olvidados o ignorados por la comunidad internacional, cuatro millones de refugiados de este país constituyen otra de las trágicas consecuencias de la guerra que Estados Unidos libra desde hace cuatro años contra la nación árabe.

Huyendo de la amenaza a sus vidas, de la extrema violencia, del caos de inseguridad ciudadana, de la anarquía, de la ingobernabilidad y la enorme incertidumbre provocada por la ocupación extranjera, una oleada de hombres, mujeres y niños indefensos, hostigados constantemente por las fuerzas invasoras, tuvieron que abandonar sus hogares.

Desarraigados de sus lugares de origen, carentes de medios fundamentales para la subsistencia, sin más pertenencias personales que sus vestimentas, cientos de miles de familias iraquíes conforman hoy una diáspora obligada a desplazarse dentro de su propio país, o hacia naciones vecinas.

Cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) señalan que de una población de 26 millones, el numeró de desplazados internos supera los dos millones, mientras que un millón y medio encontraron refugio en la República Árabe de Siria, otros 800 mil en Jordania, unos 100 mil en Egipto, más de 40 mil en el Líbano, 54 mil en Irán, 200 mil en los Estados del Golfo y 10 mil en Turquía.

“La comunidad internacional ignora la crisis humanitaria creada por la invasión norteamericana a Iraq”, asevera la ACNUR, al indicar que hasta ahora en las noticias acerca del país árabe únicamente se menciona la situación política o militar, no el grave problema del desplazamiento humano.

No obstante la solidaria acogida brindada por diversos países y sus organizaciones humanitarias a este enorme flujo de refugiados, ello implica para sus gobiernos una pesada carga en cuanto a su alimentación, viviendas, sanidad y otros servicios sociales, agravada por los escasos recursos que reciben de las agencias especializadas de Naciones Unidas para brindarles ayuda.

La existencia de esta masa humana en lugares ajenos a su medio de vida, cultura, costumbres y tradiciones, se hace más precaria y desesperada por tener que alojarse en campamentos en condiciones de extrema pobreza, con insuficiencias de alimentos, agua, electricidad y otros servicios básicos, y sin muchas posibilidades de trabajo.

Obligados a abandonar sus hogares con muy pocas o ningunas pertenencias y después de horas o días de viaje tormentoso, se concentran en tiendas de campañas o construyen humildes cobijas con los materiales que encuentran a su alcance: maderas, láminas de zinc, barro y piedras.

Las condiciones de hacinamiento e insalubridad de muchos de esos campamentos de refugiados favorecen la proliferación de enfermedades como el cólera, la disentería, la malaria o la hepatitis.

Los que cuentan con algunos recursos sacados de sus países, que son los menos, logran alquilar apartamentos en rústicas viviendas o instalar pequeños comercios informales para la subsistencia de sus familias.

La ACNUR ha hecho un llamado a la comunidad internacional con el fin de que suministre parte de la millonaria ayuda financiera para la asistencia a los refugiados, ya que carece de los fondos y el personal suficiente para hacerlo.

Es paradójico que mientras el pueblo iraquí se ve expuesto a tan extremas condiciones de vida, los procónsules norteamericanos y el gobierno títere de Bagdad hayan malversado miles de millones de dólares, destinados, según la Casa Blanca, a la reconstrucción del devastado país.

Y reviste aún mayor cinismo que el gobierno del presidente George W. Bush, máximo causante de los sufrimientos del pueblo iraquí y de la violación de sus derechos humanos, haya otorgado hasta el presente 466 visas para ingresar a Estados Unidos a personalidades muy escogidas y pudientes del país árabe. Solo el verdugo de Iraq es capaz de tamaña desfachatez.  

(Trabajadores) 06-04-2007


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