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La onda expansiva del estallido de
la crisispolítica de descrédito, corrupción e
inmoralidad que estremece al gobierno del primer
ministro de Israel, Ehud Olmert, arrancó de cuajo
entre sus primeras figuras al jefe del Estado Mayor
del Ejército, teniente general Dan Halutz, y amenaza
con provocar la caída del gabinete sionista.
Halutz, blanco junto a Olmert y al
ministro de Defensa, Amir Peretz, de acerbas
críticas por la ineficaz conducción de la guerra de
34 días contra el Líbano, se vio obligado a
presentar su renuncia agudizando así el conflicto
interno que convulsiona a la sociedad israelí, la
cual en su mayoría demanda, además, al igual que los
sectores de oposición, la dimisión de ambos
dirigentes.
Observadores del convulso panorama
político israelí opinan que la decisión del ex jefe
del Ejército puede producir el efecto “bola de
nieve”, que arrastraría consigo al premier judío,
cuyo respaldo popular, como al de su partido (Kadima),
se encuentra en los más bajos niveles de aceptación.
La aguda crisis interna tiene lugar
antes de finalizada la investigación gubernamental,
a cargo de la Comisión Vinograd, sobre lo sucedido
durante la guerra en el sur del Líbano, la decisión
de iniciarla y la incapacidad militar israelí para
liquidar la resistencia del Hezbollah y rescatar a
los soldados capturados.
A esta tormenta política se une la
investigación criminal ordenada por el Fiscal
General, Menajen Mazuz, por sospechas de corrupción
de Olmert, cuando era ministro de Finanzas, en la
privatización, en el 2005,del Banco Leumi, uno de
los más grandes de Israel.
Las tribulaciones del jefe de
Gobierno, que se defiende hace meses de esas
acusaciones, van acompañadas del arresto
domiciliario de la directora de su oficina, Shula
Zaken, y del director de la agencia tributaria,
Jacky Matza, acusados de haber construido una red
delictiva que, a cambio de sobornos, ofrecía
ventajas impositivas y puestos de trabajo, y del
encarcelamiento de más de 20 funcionarios fiscales y
de empresarios.
El vasto clima de deterioro moral
involucra también en procesos penales al presidente
Moshe Katzav, acusado de violación y corrupción, y
al ministro de Justicia, Jaim Ramon, que deberá
responder ante los tribunales por el acoso sexual a
una colaboradora.
Pero aunque las encuestas publicadas
en Israel indican que el 50,2% de los israelíes
considera que Olmert debería dimitir y el 70,9%
opina lo mismo de Peretz, ambos, calificados de
inútiles por los tres principales diarios de Tel
Aviv, se niegan “a pagar los platos rotos” y
renunciar a sus cargos.
Y como a “río revuelto, ganancia de
pescadores”, Benjamín Netanyahu, líder del
derechista Partido Likud, y Ehud Barak, del Partido
Laborista y ex jefe del ejército, se aprestan a
capitalizar la caída en picada del Partido Kadima,
heredado por Olmert de manos de Ariel Sharon, y al
que sondeos del diario Haaretz, le confiere un
cuarto lugar, detrás del Partido Beitenu, de extrema
derecha, en elecciones legislativas anticipadas.
Otro de los débiles flancos del
gobierno de Olmert es el de la economía, que aunque
atraviesa una relativa bonanza alimentada por la
multimillonaria ayuda de Estados Unidos y el lobby
judío norteamericano, sólo beneficia a las capas de
mayores ingresos y al sector tecnológico, mientras
la pobreza afecta al 20,6% de la población.
La debacle interna no es menos que
la que en la esfera internacional enfrenta Olmert,
por su negativa a una solución negociada en el
irresuelto conflicto israelo-palestino, mediante la
retirada de los territorios ilegalmente ocupados y
la constitución de su estado independiente, sus
constantes amenazas a Irán, Siria y el Líbano y sus
insinuaciones de que Israel es poseedora del arma
nuclear.
En pleno fugaz periplo de la
secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza
Rice, por el Oriente Medio, para lograr una
“solución de compromiso” a la ocupación israelí de
Palestina, Olmert ha dado luz verde a nuevas
construcciones en los asentamientos judíos
palestinos y propuesto un estado palestino
provisional, rechazado de inmediato por la Autoridad
Nacional Palestina, que demanda el estricto
cumplimiento de las resoluciones del Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas.
No son pocas las tribulaciones de
este gobierno agresivo, ineficaz y corrupto, que se
encuentra abocado al abismo.
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