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La nueva tragedia que se cierne sobre el País de los
Cedros afecta a 5 mil refugiados palestinos
Los intensos enfrentamientos entre el ejército
libanés y los combatientes del grupo Fatah Al Islam
atrincherados en el campamento de refugiados
palestinos de Nahar El Bared, al norte de Trípoli,
han exacerbado la aguda crisis política en que se
encuentra sumido el Líbano, agravada por las
consecuencias socioeconómicas de la agresión israelí
de julio pasado.
La nueva tragedia que desde el 20 de mayo se cierne
sobre el País de los Cedros afecta principalmente a
5 mil refugiados palestinos atrapados en ese
campamento de un kilómetro cuadrado, y amenaza con
extenderse al resto de los ubicados en el sur, donde
habitan otros 400 mil refugiados.
Antes de la violenta confrontación, unos 30 mil
palestinos se hacinaban en Nahar El Bared, la
mayoría de los cuales huyó despavorida del centro de
los combates.
Aunque los orígenes de los choques armados se
atribuyen a la persecución del ejército libanés a
miembros de Fatah Al Islam, grupo de confesión
islámica, acusados de atentados y hechos vandálicos,
sus contornos no están muy precisos y desde sus
inicios han sido manipulados por Israel, Estados
Unidos y los grandes medios de prensa occidentales,
para culpar a Hezbollah, Siria e Irán.
La convulsa situación política libanesa,
caracterizada por la pugna entre las fuerzas que se
proyectan por una relación más estrecha con
Washington y las proclives a conservar los vínculos
históricos con Damasco, solo favorece a los
intereses de Estados Unidos, Israel y a algunos de
sus aliados europeos, a quienes la desestabilización
del estado árabe les facilita sus planes subversivos
contra Siria e Irán.
Y como “a río revuelto ganancia de pescadores” el
presidente George W. Bush, cuyo gobierno cómplice
contempló impasible la masacre de la población
libanesa por parte del ejército israelí, ha enviado
un contingente de sus aviones militares a Beirut con
pertrechos de guerra, para ayudar al ejército del
Líbano a combatir contra Fatah Al Islam.
En su “generoso” ofrecimiento el mandatario yanqui
no ha tomado en cuenta que la mayoría de las
víctimas por los bombardeos de la artillería
libanesa al campamento de Nahar El Bared y los
contraataques de Fatah Al Islam se encuentran entre
los refugiados palestinos.
LA GÉNESIS DEL NUEVO CONFLICTO
Fuentes libanesas y medios de prensa internacionales
atribuyen el inicio de los cruentos choques armados
a la persecución llevada a cabo por el ejército
contra las milicias del grupo Fatah Al Islam, a las
que acusa de ser autores de atentados en el norte de
Beirut y del asalto a un banco en la localidad de
Amyoun, tras lo cual se refugiaron en el campamento
de Nahar El Bared.
Según informaciones de distintas fuentes, Fatal Al
Islam no es un grupo palestino como sugiere su
nombre, sino que reúne diversas nacionalidades
árabes y es un desprendimiento de la organización
Fatal Al Intifada, originada en 1983 y que levantó
las banderas de la reforma de la democratización de
Al Fatah, de Yasser Arafat, y de la Organización
para la Liberación de Palestina (OLP).
Constituido el 29 de diciembre del 2006 e integrado
por cerca de 300 efectivos liderados por Chaker Al
Absi, antiguo dirigente de Fatah Al Intifada, quien
fue expulsado de esa organización por sus posiciones
islámicas extremistas, el grupo Fatah Al Islam se
asentó desde esa fecha en la periferia de Trípoli y
en el campamento de Nahar El Bared.
No obstante las declaraciones de condena a los
enfrentamientos, a los indiscriminados bombardeos
del ejército libanés y de no respaldo a Fatah Al
Islam por parte de las organizaciones palestinas, de
Hezbollah, Siria e Irán, Estados Unidos e Israel
pretenden capitalizar el conflicto culpando al
Movimiento de Resistencia Islámico, a Damasco y a
Teherán por los sangrientos sucesos.
Los incesantes combates, el más de un centenar de
muertos, los heridos y los miles de desplazados,
amenazan extender el conflicto con nefastas
consecuencias para Beirut y los miles de civiles
refugiados.
Por primera vez, el ejército libanés ha penetrado en
el campamento palestino de Vahar El Bared, lo que le
estaba vedado por acuerdo explícito del gobierno, la
Liga de Estados Árabes y la Organización para la
Liberación de Palestina, tras la guerra civil de
1975-1990.
Mientras, Bush y Olmert, como ávidos chacales, se
afilan las garras con sus miras puestas también en
los sangrientos enfrentamientos entre facciones
palestinas, que infortunadamente están teniendo
lugar en la Franja de Gaza.
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