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Iraq, año IV de la guerra de Bush
Desde la derrota sufrida en Vietnam,
ninguna otra guerra le ha concitado mayor repudio y
descrédito al gobierno de Estados Unidos que la que
George W. Bush persiste en continuar librando contra
Iraq, cuatro años después de haber invadido y
ocupado este país.
Lastrada por la inmoralidad y el
engaño, la Operación Libertad Verdadera, que dio
inicio a la guerra sucia contra la nación árabe, el
20 de marzo del 2003, se ha hundido en un caos de
incontenible violencia, inseguridad, anarquía y
desprestigio.
Daños colaterales: una expresión cínica
Las consecuencias de esa aventura
militar se resumen hoy en la muerte de cientos de
miles de civiles iraquíes, un incalculable número de
heridos y desaparecidos, 20 mil prisioneros, millón
y medio de refugiados, la devastación de sus
preciados valores culturales y espirituales y de la
infraestructura económica de la nación.
La pacificación y reconstrucción del
país son un mito, nunca rebasaron los límites del
anuncio hecho por Bush el primero de mayo del 2003,
cuando declaró haber terminado las grandes
operaciones militares en Iraq.
Un día después, los atentados con
coches bombas, los asaltos suicidas y los ataques de
la resistencia contra las fuerzas ocupantes en
numerosas ciudades del país, se encargaron de
desmentirlo.
Con la llegada de las tropas de
Estados Unidos, las masacres de civiles indefensos,
la violación y el asesinato de mujeres y niñas se
han convertido en hechos cotidianos, junto con los
asaltos y robos a la población, la depredación,
despojo y comercialización ilegal de los valiosos
tesoros de la civilización iraquí, junto al consumo
y tráfico de drogas, entre otros crímenes.
Más de 18 mil mercenarios
extranjeros contratados por los servicios de
inteligencia norteamericanos, israelíes y de países
de la llamada “coalición” se encargan de ejecutar el
trabajo sucio que les asigna el Pentágono para
liquidar la resistencia, exacerbar las pugnas
confesionales y evitar mayores bajas entre los
invasores.
Bush ha sumido a los iraquíes en una
situación de extrema pobreza e incertidumbre y los
ha privado de servicios de electricidad, agua, salud
pública y educación, hacinados en miles de hogares
en ruinas y circundados por el terror imperante.
Paradójica es la falta de
combustible en una nación que poseía la segunda
reserva mundial de petróleo y que disfrutaba de una
paulatina recuperación económica a pesar del embargo
y las sanciones financieras impuestas por el Consejo
de Seguridad de Naciones Unidas en 1991, durante la
Guerra del Golfo.
Ni los corruptos procónsules
norteamericanos ni el gobierno de utilería
encabezado por Nuri Almaliqui, impuesto por la Casa
Blanca, han sido capaces de revertir una crisis que
se agrava día a día y cuya única solución será la
retirada de las fuerzas invasoras y la restitución
de la independencia y la soberanía de Iraq.
En
el frente interno
La población norteamericana, que en
más del 65% rechaza esta contienda y demanda el
regreso de sus soldados, paga también un alto costo
en vidas humanas y recursos económicos por una
guerra considerada perdida, y a la cual ha sido
conducida bajo la falaz consigna de “salvar al mundo
del terrorismo internacional”, aunque ha convertido
ahora al planeta en más vulnerable e inseguro.
El ejército norteamericano se ha
degradado y desmoralizado con las masacres de
civiles y las torturas físicas y psíquicas a los
prisioneros iraquíes.
Las imágenes de Abu Ghraib,
semejantes a las de la ilegal Base Naval de
Guantánamo, son testimonios de su pérdida de
valores, descrédito e incapacidad para poner fin a
la cada vez más organizada y eficaz resistencia
armada.
Las deserciones de miles de soldados
norteamericanos, los suicidios, las perturbaciones
psíquicas, el estrés y la pérdida de autoestima
minan a diario la capacidad moral y combativa del
ejército de ocupación.
“Iraq es el Vietnam del Oriente
Medio”, señalan analistas políticos, y aunque hay
grandes diferencias entre ambas guerras, la frase
refleja el temor de los estadounidenses a una
versión árabe del síndrome asiático en un conflicto
al que Bush se niega a poner fin.
Un
barco que hace aguas
De la coalición de cerca de 40
países que lo acompañaron inicialmente en la
agresión, más de 15 han retirado sus efectivos y
otros, como el Reino Unido, su principal aliado en
la guerra, han anunciado que lo harán en el futuro.
Señal evidente de que abandonan un
barco que se está yendo a pique por la inepta
conducción de uno de los más belicistas, peligrosos
y torpes mandatarios que ha ocupado la Casa Blanca,
desde los tiempos de Harry S. Truman.
En su soberbia, Bush se niega a
reconocer el fracaso de esta injustificada guerra y
afirma que no se retirará de Iraq, incluso si su
esposa Bárbara o su perro Barney, fueran los únicos
que lo apoyaran.
Factores de riesgo para expandir el conflicto
Fracasado militarmente en Iraq, sin
control en Afganistán, bajo la presión política de
diferentes sectores de Estados Unidos, cercado por
los escándalos de su desmoralizado equipo de
gobierno y a menos de un año del término de su
gestión presidencial, George W. Bush deviene un
mayor peligro para la humanidad.
Generales y ex generales del
Pentágono han advertido que su nueva estrategia de
incrementar con 21 mil soldados norteamericanos las
tropas en Iraq, no hará reversible la evidente
derrota de esa guerra.
En los estertores de la fiera
herida, y con el empeño de desviar la atención del
escenario iraquí, el mandatario yanqui apunta ahora
hacia la probable agresión militar contra Irán.
Pretextando la fabricación por parte
del gobierno islámico del arma nuclear, ha rodeado a
la nación persa de una potente flota de portaaviones
y otras naves de guerra cargadas de misiles, prestos
para ser arrojados sobre la república islámica.
Si no se le hace desistir de tan
loca aventura, lanzará sus zarpazos sobre Teherán a
riesgo de convertir a Afganistán, Iraq e Irán en un
triángulo de muerte para millones de seres humanos,
y en una enorme hoguera en que se calcinarán, la paz
y la seguridad mundiales.
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ESTADÍSTICAS DE UN FRACASO
147 mil efectivos de EE.UU.
27 mil de la “coalición”
450 mil millones de dólares
en gastos militares
654 mil 720 civiles iraquíes
muertos
3 mil 202 militares de EE.UU.
muertos
38 mil 191 militares de
EE.UU. heridos
9 mil soldados desertores
Inmensurables pérdidas
materiales
Fuentes Actualizadas 13-3-07
www. Antiwar.com; www.
Global Security
org; www. Iraq Body Count |
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