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Corrupción
administrativa, prebendas y favoritimos en la vida del
premier israeelí
Las
reiteradas dudas e indagaciones sobre la transparencia de la
conducta moral del primer ministro israelí, Ehud Olmert,
parecen indicar que en la vida del jefe del gobierno
sionista no todo es “trigo limpio”.
Su
cuestionada actuación cuando se desempeñó como ministro de
Industria y Comercio, en el Gabinete de Ariel Sharon, se
encuentra nuevamente bajo la mirada inquisitoria del
Procurador General de Israel, Menahem Mazuz, quien lo ha
sometido a una tercera investigación criminal.
Según el
ministerio de Justicia, las pesquisas se centrarán en las
sospechas de que Olmert actuó de manera inaceptable en ese
cargo, al favorecer la concesión de fondos estatales y la de
nombramientos a cargos políticos y organismos públicos a un
determinado grupo de sus amigos.
Al lo
largo de tres décadas de su carrera política, Olmert, al
igual que sus antecesores en el puesto, Ariel Sharon, Ehud
Barak, y Benjamín Netanyahu, se ha visto implicado en una
serie de señalamientos por casos de corrupción o tráfico de
influencias, pero hasta el presente nunca ha sido declarado
culpable.
Recientemente, el premier israelí fue entrevistado por la
policía ante las sospechas de que cuando era ministro de
Finanzas trató de que el Banco Leumi, el segundo más grande
de Israel, se vendiera a dos de sus socios, y de haber sido
favorecido con fuertes descuentos por una empresa
constructora en la compra de una casa en Jerusalén, luego de
haberla ayudado a obtener permisos de edificación en la
ciudad.
Estas
marrullerías, señaladas por la justicia, amenazan con
afectar más su ya deteriorada imagen y popularidad, aún no
recuperadas de las severas críticas sufridas por los
errores cometidos durante la fracasada guerra contra el
Líbano, en el 2006.
Pero,
además, debilitan su posición y capacidad de maniobra en
medio del proceso por reactivar las negociaciones con los
palestinos, tras las conversaciones sostenidas en Jerusalén
con la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice,
quien viajó a la región con el fin de preparar una
conferencia de paz para el Medio Oriente, convocada por
Estados Unidos en Annapolis, Maryland, para el próximo mes,
y acogida en la región con mucho escepticismo e
incertidumbre.
Al
descrédito por las acusaciones de deshonestidad y manejos
turbios, se suman las trapacerías de otros importantes
miembros de su equipo de gobierno, obligados a renunciar por
corrupción y malversación de fondos; o interpelados por la
financiación irregular de la campaña electoral que lo
condujo al premierato.
Esas
imputaciones a Olmert, también líder del Partido Kadima,
fueron acompañadas tiempo atrás del arresto domiciliario de
la directora de su oficina, Sula Saken, y del director de la
Agencia Tributaria, Jaxky Matza, porque ofrecían ventajas
impositivas y puestos de trabajo, y del encarcelamiento de
más de 20 funcionarios fiscales y empresarios.
Ante este
vasto clima de descomposición oficial los diputados de la
oposición han exigido su renuncia, los cuales argumentan o
que la acumulación de denuncias que pesan sobre el Primer
ministro le impide asumir sus funciones.
Pero
Olmert se defiende de esas acusaciones como “gato boca
arriba” y asevera “que son falsas”.
Y aunque
según fuentes policiales, citadas por el periódico Haaretz,
existe la presunción de que será difícil establecer pruebas
de la presunta malversación por parte de Olmert, cuando “el
río suena es porque piedras trae”.
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