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Inversamente proporcional a las
informaciones de prensa acerca de la situación en
Afganistán, de la guerra en Iraq y las amenazas de
agresión militar norteamericana contra Irán, la
supervivencia de la población palestina en los
territorios ocupados por Israel es una tragedia
humana sumida en el silencio mediático y la
indiferencia internacional.
Los palestinos no solo sufren las
consecuencias de la guerra de exterminio que el
ejército israelí extiende por la Franja de Gaza,
Cisjordania y Jerusalén oriental, sino que están
condenados también al hambre y a la extrema pobreza
por una economía en bancarrota a causa de las
sanciones financieras y las restricciones impuestas
por Tel Aviv, Estados Unidos y la Unión Europea.
Desde que en enero del 2006 el
movimiento de resistencia islámica Hamas ganó la
jefatura del gobierno de la Autoridad Nacional
Palestina, las represalias de esos centros de poder
deterioraron aún más las condiciones económicas y
sociales de la población árabe al suspender, como
castigo, la ayuda material que le suministraban.
Carentes de una economía autónoma,
destruida su infraestructura, restringidas sus
finanzas y dependientes de las donaciones de países
árabes y musulmanes, o de la escasa ayuda que
brindan las agencias especializadas de la ONU, los
palestinos se ven privados de medios básicos de
subsistencia.
Confinados en virtuales guetos, el
derecho a la vida, al trabajo, al pan, a la salud, a
la educación y a la vivienda, les están negados por
sus verdugos.
Más de 500 puestos israelíes de
control obstaculizan la libre circulación en los
territorios ocupados y prohíben o limitan el acceso
a centros de trabajo, áreas de cultivos, hospitales
y escuelas.
Para ir a laborar a la zona israelí,
muchos de los trabajadores de los territorios
ocupados son obligados a pasar a través de
alambradas, y cada día son recogidos por camiones o
autobuses del ejército y trasladados a los centros
de producción o servicios, hasta la noche, en que
son devueltos a sus lugares de origen.
Violando los convenios de la
Organización Internacional del Trabajo, miles de
niños palestinos menores de 15 años laboran largas
jornadas en el sector agrícola en Israel por muy
bajos salarios y sin derechos laborales, puesto que
los consideran “ilegales”.
S/ Unas estadísticas desoladoras
Según informes de Naciones Unidas,
los daños socioeconómicos tras seis décadas de
ocupación y represión sionista se reflejan en la
disminución anual del PIB, en el índice de desempleo
que alcanza a más de 70% de la población activa y en
el nivel de pobreza por debajo del cual vive el 80%
de las familias palestinas.
Más de 165 mil funcionarios públicos
cuyos salarios alimentaban a un millón de
ciudadanos, hace más de un año que no perciben sus
honorarios a causa del bloqueo de Tel Aviv.
Los asentamientos de colonos judíos
y la construcción del muro de segregación hicieron
retroceder la capacidad productiva de Cisjordania y
la Franja de Gaza, en detrimento de las necesidades
alimentarias de la población, al reducir en miles de
hectáreas la superficie de tierras cultivables.
Millones de olivos y árboles
frutales han sido destruidos por la geofagia del
invasor que, a su vez, controla las fuentes de
suministro de agua y electricidad.
La anemia infantil, agravada por la
carencia de alimentos y de agua potable, se eleva al
70% de los niños menores de dos años, mientras que
uno de cada tres nacidos vivos en Gaza muere por
falta de medios para atenderlos.
En su superficie de 365 kilómetros
cuadrados, una de las áreas de mayor densidad
poblacional del mundo, se concentran millón y medio
de palestinos, la tercera parte de ellos en
campamentos de refugiados y sujetos a muy precarias
condiciones de vida, en viviendas prefabricadas de
hormigón o con materiales de desecho y tiendas de
campañas a la intemperie, sin agua potable ni
electricidad.
Se estima que para resolver las
necesidades habitacionales en el total de los
territorios ocupados se necesitan cerca de 400 mil
nuevas viviendas.
Son evidencias de que la muerte por
hambre y la represión económica son empleadas contra
el pueblo palestino con igual o mayor crueldad que
los proyectiles de las armas de fuego.
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