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El
presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se marchó de
Israel y Cisjordania sin haber logrado ningún acuerdo
sustancial
En su
fugaz periplo por el Oriente Medio, el presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, fracasó en poder imitar a Julio
César, emperador de Roma, cuando sobre la fácil victoria
bélica en Zela, cerca del antiguo reino del Ponto, sentenció:
“Veni, Vidi, Vici”
El
impopular mandatario regresa a la Casa Blanca con las
alforjas tan vacías de contenido como sus promesas de
solucionar, antes del término de su gobierno, el cruento
conflicto israelo-palestino.
A pesar
del aparatoso despliegue militar y extremas medidas de
seguridad que rodearon su apresurada vuelta a países del
Levante en ocho días, no pudo evitar las manifestaciones de
protesta de miles de palestinos y de otros pueblos árabes
contra su indeseada presencia, coreada con gritos de ¡Asesino
y Vampiro!
Bush se
marchó de Israel y Cisjordania sin haber logrado ningún
acuerdo sustancial, y lo hizo como llegó: custodiado por un
ejército de 10 mil policías de corporaciones locales, 250
hombres del servicio secreto norteamericano, 200
funcionarios de gobierno, 250 expertos en seguridad
internacional, 50 empleados de la Casa Blanca, dos aviones
militares, cuatro helicópteros, 20 limosinas blindadas y 15
perros detectores de explosivos.
En su
“debut” en la ciudad santa de Jerusalén mostró su proverbial
torpeza al exigir garantizar la seguridad de Israel, en
tanto “Estado judío” —fórmula excluyente de la población
árabe—; hacer malabares verbales con los asentamientos de
colonos israelíes en Cisjordania y pedir el “cese de las
acciones terroristas” contra Tel Aviv.
No
obstante, tanto él como el premier sionista, Ehud Olmert,
fueron explícitos en asegurar que “no habrá paz si no cesa
el terrorismo palestino”, ignorando el genocidio que Israel
practica desde hace 60 años en los territorios árabes
ocupados.
Con
retórica belicista reiteró sus amenazas de agresión a Irán,
calificándolo de “una amenaza a la paz mundial” y de tomar
también acciones punitivas contra Siria, mientras demandó el
acercamiento de los países árabes hacia Israel y unirse
contra Teherán.
Desde que
pisó tierra en Ramala, expuso la disyuntiva de “estado
palestino o caos”, para obtener mayores compromisos de la
Autoridad Nacional Palestina de aceptar sus condiciones para
la solución de un conflicto a cuyo proceso la contribución
de su administración ha sido exigua.
En
general, su descabellada política para el Oriente Medio
acumula una sucesión de enormes fallos y errores, y sólo
después de siete años y a uno de las elecciones en su país,
asumió la iniciativa de reunir en Annapolis a las partes en
conflicto y a representantes de decenas de países y
organizaciones internacionales para impulsar el proceso de
paz.
Pero, su
primera visita como presidente a Israel y Palestina no
constituyó en sí un dramático paso para lograr un acuerdo
entre palestinos e israelíes, y la opinión generalizada es
que fue “más de lo mismo”.
No tomó en
consideración que el 79% de los israelíes considera que la
Conferencia de Annapolis es un fiasco, mientras que el 59%
de los palestinos la consideran una trampa.
Dadas las
actuales circunstancias, existen muchas dudas de que los
tres actuales protagonistas del proceso negociador estén en
condiciones de impulsarlo.
Abbas
representa hoy a una parte de los palestinos, pues Hamas
controla la Franja de Gaza; Olmert, el más impopular de los
primeros ministros de Israel, está en espera del informe de
la comisión investigadora de la guerra de Líbano, que
promete ser devastador para él; y la capacidad política de
Bush para hacer algo es limitada, por lo que un progreso
real en el conflicto tendrá que esperar seguramente al
próximo ocupante de la Casa Blanca.
Al fin de
su periplo, sólo quedan escepticismo, desconfianza e
incertidumbre sobre la constitución de un Estado palestino,
la libertad de los miles de presos palestinos y el retorno
de millones de sus refugiados, más dudoso cuanto Bush y
Olmert lo han convertido exclusivamente en un asunto de
subvención económica y no de la restitución de un derecho
inalienable.
Pero,
prometió regresar en mayo a Israel ¡Solavaya! |