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 Afganistán Año VIII: Ni paz ni libertad duradera

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

La otra guerra perdida por Bush

 

Negado a aceptar el fracaso en la guerra contra Afganistán el desgobierno de George W. Bush intenta revitalizar la campaña militar en esta pequeña nación del Asia Central y exige de sus aliados en la coalición belicista incrementar sus efectivos para que lo ayuden a  “sacar las castañas del fuego”.

 

Desde el pasado año, Estados Unidos, Gran Bretaña y la OTAN ejercen grandes presiones sobre los demás países involucrados en el conflicto para que aumenten sus tropas en Afganistán y participen en las operaciones militares en el sur, donde los talibanes se han hecho fuertes y dominan importantes reductos.

 

Casi ocho años después del 7 de octubre del 2001, inicio de la  “campaña mundial contra el terrorismo” y la Operación Libertad Duradera, Washington no ha podido aniquilar a los insurgentes ni a sus líderes, ni capturar a Osama Bin Laden.

 

Las reorganizadas fuerzas del Taliban libran violentos combates en el sur afgano, cuya abrupta geografía convierte sus refugios en sitios casi inexpugnables para las tropas invasoras, mientras en Kabul, y en otras ciudades, la violencia y los atentados dinamiteros se incrementan diariamente.

 

Cifras oficiales señalan que con la muerte de seis mil civiles afganos, la de 107 soldados norteamericanos y 110 de las naciones aliadas, el 2007 resultó el año más mortífero desde el inicio de la invasión, fundamentalmente para la sufrida población del país de unos 25 millones de habitantes.

 

Ante el deterioro constante de la situación y la inefectividad para controlarla por la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad, coordinada por la OTAN (FIAS), formada por 42 mil soldados de 37 países, Bush reclama de sus aliados cumplir sus compromisos e involucrarse más en las operaciones militares.

 

La secretaria de Estado norteamericana, Condoleeza Rice, es la encargada de “pasar la factura afgana” a los que han tratado de “zafar el cuerpo” a las belicosas presiones de la Casa Blanca.

 

El caso más reciente es el de Alemania que, tras una reiterada negativa a aumentar su contingente militar, acaba de anunciar el envío  de su primera unidad de combate a Afganistán, integrada por 200 militares, aunque insiste en que no mandará tropas al sur del país.

 

Ese refuerzo, que hará un total de 3 mil 500 soldados alemanes, sustituirá al contingente militar noruego que cuenta con 250 emplazados en la zona desde el 2006.

Sin embargo, Canadá anunció que en el 2009 retirará los 2 mil 500 soldados que mantiene desplegados en esa nación islámica.

 

Afganistán es hoy un caos de extrema violencia, anarquía e  inseguridad, y su población, víctima de la soberbia imperialista norteamericana, está sumida en la pobreza, la desolación y la desesperanza.

 

Según el Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) la expectativa  de vida al nacer es de 44, 5 años, el 20 % de los niños mueren antes de cumplir los cinco años y una mujer fallece cada 30 minutos por causas relacionadas con el parto y el embarazo.

 

El analfabetismo alcanza al 80 % de una población paupérrima carente de empleos, viviendas, salubridad, servicios médicos y seguridad social alguna, mientras los funcionarios venales y corruptos del gobierno títere de Hamid Karsai, carente de apoyo popular, se enriquecen con el latrocinio y el narcotráfico, en el cual  participan también los jefes tribales y los “señores de la guerra”.

 

Según el último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODOC), Afganistán, el mayor productor de heroína en el mundo, registró el pasado año más del 90 % de la producción mundial del opio.

 

Para el 2008, la UNODOC pronostica un aumento de las 70 mil hectáreas de superficie de cultivo de cannabis -droga de la cual se obtiene el hachis- registrada el pasado año, y el mantenimiento de las áreas de cultivo de la amapola dedicadas a la producción de opio y heroína, para el multimillonario tráfico de estupefacientes.

 

Este es el tipo de “libertad, democracia, pacificación y reconstrucción del país” que el presidente Bush concedió al pueblo afgano, tras haberlo “liberado” del terrorismo internacional mediante una guerra devastadora a la que llamó “Justicia Divina y Libertad Duradera.”

(Trabajadores) 13-02-2008


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