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En su discurso a la nación el 4 de julio George W.
Bush volvió a utilizar su retórica belicista,
patriotera y triunfalista para pedirle al pueblo
norteamericano “más paciencia, sacrificios y coraje”
ante la prolongación de la guerra contra Iraq.
En su discurso a la nación el 4 de julio por el
aniversario de la independencia de Estados Unidos,
el presidente George W. Bush volvió a utilizar su
retórica belicista, patriotera y triunfalista para,
emulando con su ídolo político, el ex primer
ministro británico Winston Churchill, pedirle al
pueblo norteamericano “más paciencia, sacrificios y
coraje” ante la prolongación de la guerra contra
Iraq.
Invocando una próxima y mítica victoria, Bush dedicó
la histórica fecha a “todos los hombres y mujeres de
uniformes” que perdieron la vida en el cruento
conflicto, y que según cifras del Pentágono
ascienden a más de tres mil 600 soldados
estadounidenses, sin mencionar a los cerca de 35 mil
heridos y mutilados desde el inicio la de guerra,
que representan hoy una de las grandes tragedias del
país.
Aunque a diario, con cifras manipuladas, el
Pentágono da a conocer el número de bajas mortales
de las tropas de ocupación en la contienda, se ha
cuidado de no suministrar datos específicos acerca
de los heridos y de la deplorable atención médica
que reciben, escandalosa situación denunciada en
febrero pasado por el Washington Post, que puso en
evidencia las infrahumanas condiciones sanitarias a
que estaban sometidos en el hospital Walter Reed,
situado a 10 kilómetros de la Casa Blanca y
considerado la “joya” del sistema médico militar de
Estados Unidos.
Según la revista especializada New England Journal
of Medicene, por cada infante de marina muerto en la
nación árabe, otros 15 militares regresan heridos a
Estados Unidos.
La publicación señala, además, que casi un millar de
soldados perdieron un brazo, una pierna, orejas,
dedos u otro órgano sobresaliente del cuerpo,
mientras unos doscientos quedaron ciegos o
desfigurados por quemaduras recibidas en las
acciones combativas o por los atentados realizados
por la resistencia.
Víctimas también de la injusta guerra a la que
fueron lanzados fuera de sus fronteras contra el
pueblo iraquí, miles de jóvenes soldados
norteamericanos sufren hoy de perturbaciones
mentales y alucinaciones, denominadas Stres Post
Traumático (SPT), provocadas por las horribles
experiencias vividas durante su servicio militar, en
particular las masacres de civiles inocentes.
Las tendencias suicidas, los estados depresivos, las
sobredosis de drogas y calmantes y el alcoholismo,
son frecuentes entre estos pacientes que, faltos de
atención vagan por los pasillos de los hospitales o
escapan a sus hogares sin que nadie los detenga,
creando una penosa situación familiar y social.
Entre el 8 y el 10% de los más de 13 mil soldados
norteamericanos provenientes de los frentes de Iraq
y Afganistán, tratados en el centro médico regional
de Landstuhl, en Alemania, el hospital más grande
del ejército en Europa, tenía afectaciones
siquiátricas o de conducta.
Citando fuentes de militares, un reporte del The New
York Timest informa que miles de “contratistas”
civiles norteamericanos (muchos de ellos
mercenarios), que han prestado sus “servicios” en
Iraq regresan a sus hogares padeciendo similares
problemas mentales y lesiones motoras.
La cada vez mayor imposibilidad del gobierno de
reclutar nuevos contingentes para reponer sus tropas
en Iraq o Afganistán, lo conduce a “reenganchar” a
muchos de los que cumplieron su servicio militar,
aunque presenten padecimientos mentales o
emocionales.
Pero Bush ignoró la tragedia y una vez terminado su
“victorioso” discurso, se trasladó a festejar el
aniversario 61 de su natalicio en su millonario
rancho en Texas, muy lejos de las líneas del frente.
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