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Las revelaciones del periódico
londinense The Sunday Times sobre supuestos planes
de Israel para lanzar un ataque nuclear táctico
contra la planta iraní de enriquecimiento de uranio
en Natanz, confirman lo que en las recientes
declaraciones del premier sionista, Ehud Olmert,
dejó de ser un “secreto a voces”: Israel posee desde
hace varios años el arma atómica.
Fue esta publicación británica la
que en 1986 dio a conocer la denuncia del técnico
nuclear israelí, Mordechai Vananu, quien prestaba
sus servicios en el reactor de la planta de Dimona,
de que Tel Aviv estaba poniendo en marcha de forma
secreta un programa para el desarrollo de esta arma
de destrucción masiva.
Las informaciones hechas públicas
entonces por el científico permitieron a los
especialistas llegar a la conclusión de que en la
actualidad Israel posee cerca de 200 ojivas
nucleares, a pesar del misterio con el cual siempre
ha ocultado su capacidad atómica.
Secuestrado en Italia por los
servicios de inteligencia israelíes (Mossad), Vananu,
fue acusado de alta traición y espionaje y pasó 18
años de su vida en el mayor aislamiento en las
prisiones sionistas y aún después de su liberación,
en abril del 2004, ha sido mantenido bajo constante
vigilancia y persecución por ese órgano.
El desarrollo de armamento atómico
por el estado de Israel se remonta a fines de la
Segunda Guerra Mundial y sus plantas para la
producción de las bombas nucleares que ha contado
con la estrecha colaboración de potencias
imperiales, están ubicadas en Dimona, en el desierto
de Negev.
Según lo afirmado por The Sunday
Times, que dice conocer de los planes desde hace
semanas, dos escuadrillas de la fuerza aérea
israelí, una basada en Hatzerim, en el desierto e
Negav, y la otra en Tel Nofo, se entrenan con esos
propósitos en la utilización de armas sofisticadas
llamadas destructoras de búnker.
De acuerdo con dicha versión, esas
bombas tácticas serían lanzadas después de otras con
guía láser para permitir una explosión a profundidad
y con ello evitar la expansión de gran cantidad de
material radioactivo.
El gobierno de Estados Unidos no es
ajeno a tales propósitos, intuye la publicación, al
señalar que militares estadounidenses e israelíes se
han reunido en diversas ocasiones apara debatir la
mencionada acción bélica, para la cual han tomado ya
las debidas previsiones.
La opción de un posible acción
militar contra la República Islámica de Irán fue
reconocida también en declaraciones formuladas por
el secretario de Defensa norteamericano, Robert
Gates, quien no la descartó en absoluto.
Es significativo que los planes
sionistas para atacar instalaciones del programa
nuclear iraní salgan a la luz cuando la Resolución
1737, aprobada por el Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas, exige a Teherán poner fin a su
programa de nuclear con fines pacíficos y detener en
el término de dos meses el enriquecimiento de
uranio.
Resulta paradójico que Israel
integre ya públicamente el selecto “club nuclear”,
cuando se ha negado a suscribir el Tratado de No
Proliferación Nuclear de Naciones Unidas, y no ha
permitido nunca la inspección de sus instalaciones
por parte de la Agencia Internacional de Energía
Atómica (AIEA), tan exigente con los programas
iraníes para el uso de esa tecnología.
Devenido estado nuclear, Israel
representa una potencial amenaza para Irán y los
países del Oriente Medio, con los cuales se mantiene
en conflicto desde su constitución en 1948, por su
política belicista y expansionista, que lo mantiene
como fuerza ocupante de Palestina, las Alturas del
Golán sirias y las Granjas de Sheeba en el Líbano,
nación que invadió nuevamente durante el pasado año,
acción que dejó un saldo de miles de muertos y
semidestruida su infraestructura.
No obstante, Ni el Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas ni la Agencia
Internacional de Energía Atómica, han aprobado nunca
una Resolución que condene a Israel por la posesión
clandestina de tan terrible arma de destrucción
masiva.
¿Por
qué?
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