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 Los años más mortíferos para Iraq

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

Lo que las estadísticas militares de EE.UU. no toman en cuenta

 

Aunque asumido por el Pentágono solo como un  dato estadístico, los 850 soldados norteamericanos muertos en acciones de guerra en Iraq, hasta octubre del 2007, convierten a este año en el más mortífero para el ejército de Estados Unidos desde el inicio de invasión, en marzo del 2003.

 

Sin embargo, de esa cifra se excluyen las miles de muertes de civiles iraquíes, víctimas de las tropas de ocupación y de los cuerpos paramilitares dedicados a una sistemática labor de exterminio de la población. 

 

Es práctica también de las fuentes castrenses estadounidenses, para evitar manifestaciones de protestas de sus ciudadanos, no hacer público los nombres de los efectivos caídos en acciones combativas en el país árabe, y se limitan a enviar a sus familiares una luctuosa misiva anunciándoles la pérdida del ser querido.

 

Hasta el presente el número total de bajas mortales del ejercito de Estados Unidos no es conocido con certeza, aunque informes  manipulados por la Secretaria de Defensa -un sofisma hasta en el propio nombre- lo fijan en más de tres mil 860, sin contar los heridos de extrema gravedad que fallecen posteriormente y no son  cuantificados.  

 

Es evidente que la pérdida de vidas de soldados estadounidenses en Iraq muestran una mayor progresión que en años anteriores, a pesar de los reclamos del presidente Bush y de las “autoridades” iraquíes, quienes se congratulan por la mejoría de la situación de la seguridad en el país después del envió de un nuevo contingente de 30 mil efectivos.

 

Cifras oficiales del comando norteamericano, con sede en Bagdad, consignan que hasta el 19 de octubre 828 soldados murieron en Iraq, y desde ese día han perecido otros 22 militares, según un recuento realizado por medios de prensa a partir de los comunicados del ejército estadounidense.

 

Las mismas fuentes señalan que en el 2003 murieron un total de 486 soldados, 846 en el 2004, 844 en el 2005 y 821 en el 2006.

 

No obstante, Washington se empeña en propalar que desde el mes de febrero el país vive una relativa calma, principalmente en Bagdad, ocultando la situación de caos por el incremento de las acciones de la resistencia, los atentados, la violencia y los secuestros producto de pugnas confesionales y  los enfrentamientos entre facciones armadas rivales,

 

Uno de los falsos argumentos esgrimidos es que el número de bajas entre las tropas invasoras ha ido disminuyendo paulatinamente año tras año, sin aclarar que más de 100 mil mercenarios de la “empresa de contratistas” Blackwater, a su servicio, se ocupan ahora en gran parte del trabajo sucio de aniquilar a la población, que ha pagado en más de un millón de vidas de ciudadanos iraquíes la descabellada y fracasada aventura militar de la Casa Blanca.

 

Para encubrir los horrendos crímenes perpetrados por esas hordas mercenarias, Washington les acaba de conceder a sus integrantes la condición de “diplomáticos”, y por ende total inmunidad.

 

Mientras, y como caja de resonancia, el primer ministro iraquí Nuri al Maliki, atrincherado con su “gobierno” en un bunker del ultrafortificado sector de la capital denominado la zona verde, sostiene que su país ya no se encuentra amenazado por el riesgo de una guerra  civil y que la violencia está bajando, aunque quizás se esté refiriendo al descenso de sus víctimas a los sepulcros.

 

Tema de la campaña electoral de Estados Unidos, la guerra de Iraq se debate en el Congreso de la Nación o entre los distintos candidatos presidenciales en términos de costos económicos y políticos, pero no humanitarios, porque tirios y troyanos no quieren soltar de sus manos la razón principal de la invasión: los recursos petroleros de Iraq.

 

Sin tener las estatura política, ni la inteligencia de Winston Churchill, quien durante el enfrentamiento al fascismo alemán durante la II Guerra Mundial le prometió al pueblo británico solo “sangre, sudor y lagrimas”,  Bush pretendió remedarlo utilizando frases patrioteras al señalarle a sus conciudadanos que la guerra contra Iraq causaría sacrificios y bajas norteamericanas, aunque no supuso tantas.

 

El 2007 podrá considerarse el más mortífero para el ejército de Estados Unidos, pero nunca tan letal como los cerca de cinco años en que el pueblo iraquí ha sido sometido al más cruel e inhumano genocidio, sin que su martirologio haya terminado todavía.

 

(Trabajadores) 08-11-2007


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