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 La vuelta a Iraq en 80 minutos

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

El tercer viaje de Bush a Iraq buscó reparar su maltrecha imagen y estrategia política en el Oriente Medio

La sorpresiva y fugaz visita realizada de incógnito y casi a hurtadillas por el presidente George W. Bush a Iraq esta semana, es otra evidente confirmación de que para Estados Unidos la guerra contra esa nación árabe marcha de mal en peor, a pesar de los cantos de sirena de los estrategas del Pentágono y del jefe de los halcones de la Casa Blanca.

El furtivo periplo, a bordo del avión presidencial Fuerza Aérea Uno,  mantenido en secreto para un mayor golpe de efecto, tuvo como destino la base militar estadounidense en la provincia sunita de Anbar, donde el premier iraquí shiíta,  Noury al Maliki, esperó solicitó a su jefe y al resto de la”selecta” comitiva integrada por la Secretaria de Estado, Condolezza Rice, y por el de Defensa, Robert Gates.

El sitio del encuentro fue estratégicamente escogido  por los asesores del mandatario, para demostrar su nivel de seguridad ante posibles ataques de la resistencia, y anticipar que una reconciliación política entre sunnitas y chiítas es posible, bajo el auspicio de Estados Unidos.

Pero esta turné relámpago del Emperador, difiere mucho de sus dos anteriores visitas, pues han quedado atrás los días triunfalistas de mayo del 2003 en los que disfrazado con un uniforme de piloto de las fuerzas aéreas norteamericanas, proclamaba con su habitual prepotencia, desde la cubierta del portaviones Abraham Lincoln, el fin de las grandes operaciones militares en Iraq.

Y los de las ridículas y olvidadas imágenes en noviembre de ese mismo año, cuando complacido, risueño y rodeado de las tropas invasoras trinchaba en Bagdad un pavo de utilería plástico, en el Día de Acción de Gracias.

Más aislado, impopular y cuestionado que nunca por su ineptitud y los fracasos en la conducción de los asuntos internos e internacionales de la nación norteña, Bush marchó nuevamente al país del Oriente Medio, para tratar de recuperar crédito para  su maltrecha nueva estrategia en el orden militar y político.

Frente a las acerbas críticas de congresistas republicanos y demócratas por el envío de 30 mil soldados adicionales a Iraq, con la ambigüedad que lo caracteriza, insinuó allí, más que afirmara, la posibilidad de un retiro parcial de tropas“si la situación mejora”, pero dejó bien claro que la fecha del retiro y el número de soldados no estará determinado “por los políticos nerviosos de Washington”, en una alusión directa a sus opositores en el Congreso.

Aunque no mencionó que del contingente inicial, más de 3 mil 700 soldados estadounidenses muertos en combate, no podían  escuchar sus repetidas pero menos enardecidas y convincentes arengas, en aquel escenario donde cientos de miles de civiles iraquíes han sido masacrados, presos y torturados en nombre de la “democracia made in USA”.

En su corta visita, Bush pretendió anticipar los buenos augurios de un pretendido progreso de la seguridad en ese país, que se espera dimane del informe que deberán rendir al Congreso el jefe de las fuerzas de Estados Unidos en territorio iraquí David Petraeus y el embajador norteamericano en Bagdad, Ryan Crocker, cn el que espera acallar las críticas que crecen más cada día en la Cámara y el Senado.

El terco señor presidente no se da por vencido del fracaso de la guerra emprendida contra Iraq y continúa enarbolando la tea incendiaria, sin tomar en cuenta que la misma está quemando sus propias faltriqueras.

(Trabajadores) 05-09-2007


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