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La existencia de dos gobiernos y la división
geográfica vislumbra días muy difíciles y amargos
para el pueblo palestino
La agudización de la crisis interna palestina con
enfrentamientos armados entre las milicias del
Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas) y las de
Al Fatah; la disolución del gobierno de unidad
nacional y la constitución de dos poderes paralelos,
uno en Gaza, y otro en Cisjordania, forman parte de
una siniestra confabulación de Estados Unidos,
Israel y la Unión Europea.
La brutal política de represión, aislamiento, férreo
bloqueo económico y presiones aplicada para
desestabilizar y derrocar al gobierno palestino
surgido tras la indiscutible victoria popular de
Hamas en las elecciones de enero del 2006 ha rendido
amargos frutos.
Cualquier consideración acerca de las lamentables
divergencias tácticas y estratégicas de ambas
fuerzas políticas representadas en la Autoridad
Nacional Palestina (ANP) ha de tomar en cuenta cómo
maniobraron poderes foráneos para inducir esa crisis
interna.
Las primeras medidas desestabilizadoras contra el
gobierno de Hamas fueron acusarlo de terrorista,
negarle toda autoridad, imponerle la renuncia a la
lucha de resistencia a la ocupación sionista, su
desarme y el reconocimiento al Estado de Israel.
Seguidamente fue suspendida toda ayuda financiera,
inclusive las de las obligaciones administrativas
israelíes con la Autoridad Nacional Palestina, lo
que creó una situación al borde del colapso
económico, particularmente en la Franja de Gaza.
También el imperio y sus aliados han recurrido a
amenazas de muerte a los líderes de Hamas y el
arresto arbitrario de sus diputados y ministros, aún
mantenidos en prisión por Israel en calidad de
rehenes.
La troika se negó a reconocer al gobierno de unidad
nacional, que tras mutuo acuerdo y arduas
negociaciones, conformaron después ambas fuerzas, a
pesar de sus posiciones antagónicas.
La concertada conspiración antiárabe alentó la
división, que derivó posteriormente en la formación
de un gobierno de Hamas en Gaza, liderado por su
primer ministro, Ismail Haniye,y otro de la ANP en
Cisjordania, encabezado por el presidente Mahmud
Abbas, lo cual ha creado una grave, compleja,
adversa e incierta situación para la población
palestina.
Washington, Tel Aviv y sus aliados europeos han
estimulado una guerra civil interpalestina, al
parcializar su apoyo material y político a la ANP en
Cisjordania, mientras arrecian sus acciones para
fomentar el descontento en la Franja de Gaza, sumida
en una profunda crisis humanitaria.
En la reciente reunión en el balneario egipcio de
Sharm El Sheij, en la que participaron el premier
israelí, Ehud Olmert; el presidente de la ANP,
Mahmud Abbas; el presidente de Egipto, Hosni Mubarak
y el rey Abdullah II de Jordania, se concretó el
levantamiento de sanciones y el soporte económico
que recibirá el gobierno de la ANP en Cisjordania,
al cual se le ha suministrado también ayuda en
armas, mientras Gaza, al decir de sus pobladores,
agoniza.
La Franja de Gaza es un territorio de 365 kilómetros
cuadrados, donde se hacina una población de un
millón 500 mil habitantes cuyo 80% vive al borde de
la extrema pobreza y rodeados por el ejército
sionista.
La existencia de dos gobiernos y la división
geográfica vislumbra días muy difíciles y amargos
para el pueblo palestino, que tendrá que hacer
prevalecer su firme voluntad para superar esta
crisis interna y evitar una guerra civil, que hará
más trágicas las consecuencias del genocidio
sionista y los 60 años de usurpación de su tierra
por el Estado de Israel.
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