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La reestructuración de la industria azucarera
comenzada en abril de 2002, entró en su segunda etapa
sin afectar empleos ni viviendas. El comercio mundial
decide. Altísimos precios del petróleo y otros insumos
gravitan sobre, los costos de producción del crudo. Se
amplia más el sector. Crecen los alimentos y los
derivados.
Por Lucilo
Tejera Díaz
Especial de
la AIN
Una agencia
extranjera de prensa consignó desde La Habana lo
siguiente: “Cuba pierde un importante momento y
oportunidad de aprovechar el beneficio que reporta el
alza de los precios del azúcar en el mercado
internacional, que podrían llegar en los próximos meses
hasta los 11 y 12 centavos (de dólar) la libra.”
El despacho
apoyaba esa afirmación con que se preveía en aquel
momento el aumento de las cotizaciones por el
incremento del consumo mundial y el descenso de la
producción en algunos países.
También
mencionaba que de acuerdo con estimaciones de la
Organización Internacional del Azúcar (OIA) en el
período 2004-2005, la elevación de la demanda generaría
un déficit de oferta de 2,8 millones de toneladas.
Aunque no directamente, la nota aludía a la decisión de
Cuba de tres años antes de emprender una amplia
reestructuración de su sector azucarero. Esa
transformación, en síntesis, dejó en operaciones 71
centrales para elaborar azúcar y 14 en el proceso hasta
la obtención de mieles ricas en sacarosa, de los 155
ingenios existentes hasta ese momento.
Además, se
destinó a otros usos agropecuarios y forestales 1,38
millones de hectáreas, el 62 por ciento de lo dedicado
al cultivo de la caña.
Los 100 mil
trabajadores que se reducían de la nómina por la
reforma, pasaron a desempeñarse en otras tareas o a
estudiar, incluso la enseñanza superior, manteniendo el
salario del año precedente a la reestructuración.
O sea, no
hubo despidos ni nadie quedó desamparado, como
sucedería en un país capitalista en una situación
similar.
El objetivo
de la transformación consistió en concentrar los
recursos en las industrias de mayor eficiencia y con
las tierras más aptas para el cultivo de la caña, con
el propósito de bajar el costo de producción por debajo
del precio promedio a largo plazo del mercado mundial,
de seis centavos la libra, como lo señalaban las
cotizaciones decrecientes de los años precedentes.
El despacho
noticioso mencionado se refería a que el país no tenía
los centrales ni la caña para conseguir situar en el
mercado internacional considerables cantidades del
dulce cuando los precios se potenciaban, haciendo coro,
a fin de cuentas, a lo que plantean los enemigos de
Cuba, quienes califican de desacertada la decisión de
cerrar ingenios.
Pero un
análisis sobre el tema no puede ser simplista y
unilateral. Alrededor del asunto gira una serie de
situaciones, desde históricas hasta comerciales y
financieras, las cuales se precisa tener en cuenta a la
hora de tratar la reestructuración que echó a andar el
país en abril de 2002 y se amplió en 2005.
ALGO DE
HISTORIA
Desde que la
Revolución llegó al poder en enero de 1959, se propuso
romper el dominio de la dependencia económica del
azúcar ya nacionalizado, y diversificar más la
agricultura y la industria, cuestión reiterada varias
veces entonces por los máximos dirigentes del país.
Con el paso
del tiempo esa aspiración se aplazó por el surgimiento
de un mercado justo y estable con la Unión Soviética
las naciones socialistas de Europa, que adquirían a
precios que llegaron a moverse entre 25 y 40 centavos
la libra -o más si subían los de los productos de
importación-,toda el azúcar capaz de venderle Cuba.
Ante esa
ventaja neta, durante tres décadas la mayor de las
Antillas mantuvo niveles de fabricación que
promediaron anualmente, hasta inicios de los ‘90 del
pasado siglo, 6,4 millones de toneladas, rebasando los
ocho millones en seis zafras.
El tiempo de
cosecha aumentó a más de 120 días, sustentado por la
ampliación del cultivo de la caña hasta en tierras que
no eran las mejores, se realizaron inversiones
cuantiosas para crecer en la molida y modernizar las
industrias y se construyeron ocho centrales.
“Si se
hubiera podido sembrar caña en las macetas de los
jardines hubiera estado plenamente justificado por la
riqueza que representaba para Cuba”, dijo de forma
ilustrativa refiriéndose a esa época el Ministro del
Azúcar, en una sesión de la Asamblea Nacional.
Naturalmente,
la producción azucarera se había vuelto dependiente del
cultivo extenso en áreas que no eran las más idóneas,
las cuales demandaban de considerables cantidades de
fertilizantes, pesticidas y combustible, obtenidos por
acuerdos de intercambio en condiciones favorables, pues
la Unión Soviética y el bloque socialista europeo
suministraba estos recursos.
¿Por qué Cuba
actuó así?
En noviembre
de 1993, en un congreso de la Unión Nacional de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) el Presidente
Fidel Castro expresó que la dirección del país actuó a
partir de la suposición de que la comunidad socialista
de Europa y la Unión Soviética iban a durar por
siempre.
La abrupta
supresión a inicios de los ‘90 de los acuerdos
comerciales a largo plazo con el Consejo de Ayuda Mutua
Económica (CAME), que significaban para Cuba el 85 por
ciento de las importaciones y la mayor parte de los
contratos de exportación de azúcar, la producción cayó
de ocho millones de toneladas en la zafra de 1989-1990
a unos cuatro millones en la campaña de 1992-1993.
A pesar de
las difíciles condiciones que vivió el país en los años
siguientes a la caída del campo socialista y de
realizar su comercio azucarero en el “residual”
mercado internacional, la Isla mantuvo desplegado todo
su potencial de fabricación y trató de recuperar el
cultivo de la caña, porque era casi la única vía del
ingreso de divisas y, además, los precios se movían
entre los ocho y los 12 centavos la libra y el petróleo
se cotizaba a 15 dólares el barril.
A partir del
capital humano creado en los años de Revolución, que le
permitió desarrollar frentes económicos importantes,
Cuba salió adelante con duros sacrificios de la crisis
que la había sumido la desaparición de la comunidad
socialista europea y el momento aprovechado por el
imperialismo norteamericano para endurecer aún más el
bloqueo económico, financiero y comercial.
En los años
del Período Especial, como se le llamó al tiempo de
fuertes limitaciones materiales y financieras, la
agroindustria azucarera sufrió una severa
descapitalización, como también ocurrió otras
ramasfabriles.
Ya para 1998,
cuando la economía se reanimaba con el avance gradual
del turismo y la entrada de capital extranjero en
algunos sectores, el azúcar dejó de ser la primera
esfera de ingresos del país, y se decidió paralizar 40
centrales, los de menor eficiencia, con menos
disponibilidad de caña y que realizaban el proceso a
elevados costos.
EMPIEZA LA
REESTRUCTURACION
A comienzos
de 2002 el sector azucarero cubano transitaba por
caminos muy difíciles, por el desplome de los precios
del crudo a menos de seis centavos en el mercado
mundial.
En octubre el
Presidente Fidel Castro explicó en una reunión con
azucareros y sus familiares en Artemisa, al oeste de La
Habana, los motivos que llevaron al país a enfrentar
definitivamente la reestructuración.
“En abril se
hizo imprescindible tomar con urgencia una decisión.
Urgía una reorganización”, señaló.
Mencionó que
se seleccionarían los mejores centrales, con los
terrenos más fértiles y capaces de producir a un costo
por debajo, incluso, de los cuatro centavos.
Expuso otros
elementos que se tomaron en cuenta. El precio del
petróleo subió en aquel momento a los 27 dólares el
barril, con la perspectiva de aumentar de inmediato por
la cercanía de una guerra que preparaba con celeridad
Estados Unidos contra Iraq y otras condiciones que
hacían prever una tendencia al alza de los precios del
crudo.
En junio de
2002 el alemán Meter Baron, presidente de la OIA,
expresó en la capital cubana con respecto a la
reestructuración en Cuba: “Es el paso correcto en el
momento correcto. Es una decisión dolorosa, pero
acertada.”
La realidad
que vivía el mundo entonces obligó a adoptar medidas en
otras naciones con su economía azucarera. No era una
situación exclusiva de la ínsula.
Los
sustitutos del azúcar en el mercado internacional
elaborados por el Primer Mundo, la tecnología
necesitada de modernización para ganar eficiencia, la
falta de diversificación y las prácticas
proteccionistas a sus productores en Estados Unidos y
la Unión Europea, obligaron al cierre de muchas
fábricas en países en desarrollo, con el consiguiente
trauma social de despidos y pobreza.
La Habana
enfrentó los cambios con el apoyo de los trabajadores,
quienes comprendieron la necesidad de estas acciones y
conocieron paso a paso su marcha.
Manuel
Cordero, máximo dirigente del Sindicato de los
Trabajadores Azucareros, dijo que “el objetivo es de
mejorar la vida de los obreros, junto con los
beneficios para el país.”
“Se mantienen
intactas y se mejoran todas las viviendas y demás
servicios sociales en las comunidades locales cerca de
los complejos azucareros. Estamos trabajando para
mejorar las calidad de vida”, agregó.
Desde que
comenzó ese proceso de cambios en el sector azucarero
cubano, fueron terminadas mil 600 obras en más de 70
bateyes de los ingenios que dejaron de moler y
comunidades cañeras, inversiones equivalentes al 65 por
ciento de las planificadas.
Además los
antiguos azucareros y su familia cuentan ahora con
nuevos lugares para la venta de alimentos y productos
del agro, talleres para la reparación de equipos
electrodomésticos, farmacias, bibliotecas y salas de
vídeo y de televisión, aparte de otros beneficios que
tenían desde antes como en salud y educación.
La
reconversión del área cañera a producciones
agropecuarias y forestales se ha ido ejecutando
paulatinamente y presentan resultados modestos.
Si antes de
las reformas la cosecha de alimentos agrícolas,
destinados mayormente al abastecimiento de los
comedores obreros y la venta familiar no sobrepasaba
las 184 mil toneladas anualmente, en el 2004 creció a
cerca de 600 mil toneladas, con un abanico muy superior
de beneficio a la sociedad.
En la esfera
pecuaria, en el mismo período, la extracción de leche
fue de 26 millones de litros y se lograron tres mil 500
toneladas de carne vacuna.
A pesar de
los estragos de la sequía, que afectó al país caribeño
en los últimos años, estas producciones aumentaron en
2005.
En el curso
escolar que comenzó en septiembre pasado, más de 97 mil
azucareros estudian en diferentes cursos, entre ellos
los de enseñanza superior en 130 sedes universitarias
en 84 bateyes.
De esa cifra
de alumnos, más de la cuarta parte asume la superación
como su forma de empleo.
SEGUNDA
ESTAPA DE LA REESTRUCTURACION
En la
actualidad la Tarea Álvaro Reynoso, nombre de un sabio
cubano de la agroindustria azucarera en el siglo XIX y
denominación de todo el proceso de reestructuración del
sector, se adentra en su segunda etapa, anunció
oficialmente la prensa nacional.
Este período,
que se extenderá hasta diciembre de 2007, incluye la
paralización, en la próxima zafra 2005-2006 de otro
grupo de centrales que se conservarán transitoriamente.
Los almacenes y naves principales de esas industrias
serán dedicados a producciones o a brindar servicios de
carácter social.
También se
informó que en el trienio 2005-2007 el Ministerio del
Azúcar debe garantizar el crudo que satisfaga las
necesidades del consumo nacional y un excedente para
cumplir compromisos de exportación, y lograr volúmenes
de alimentos de origen agropecuario mayores a la
población.
ACOSO
NORTEAMERICANO CONTRA EL CRUDO
Hay razones
suficientes para emprender estas nuevas acciones, pues
el acoso del gobierno de los Estados Unidos ha estado
presente desde hace muchas décadas en cualquier
operación económico-financiera que realice la nación
antillana con su dulce.
Por ejemplo,
la importación de insumos de Europa tiene un
encarecimiento que se mueve entre el 25 y el 35 por
ciento, mientras las exportaciones del grano a ese
destino disminuyen a no menos del 10 por ciento.
De acuerdo
con estudios, en el 2004 la incidencia en el comercio
exterior por el bloqueo estadounidense significó para
la industria azucarera una afectación de 98,5 millones
de dólares.
Por otra
parte, Cuba no destina su crudo a ningún mercado
preferencial ni puede vender directamente en el mundial
donde la especulación provoca deterioro y frecuentes
movimientos de los precios.
El país está
presente a través de los “trader”, que son compañías
trasnacionales intermediarias que comercian el dulce y
obtienen importantes ganancias a costa de los
productores.
Es preciso
agregar la real situación actual del mercado azucarero,
donde los edulcorantes superan el 25 por ciento su
presencia en este comercio, contribuyendo a potenciar
las desventajas para los productores de azúcar de caña.
No es todo.
Hay que añadir como factores determinantes el
proteccionismo europeo y norteamericano, los aranceles
y los fletes, que en el caso de Cuba cuestan 50-60
dólares por cada tonelada de azúcar.
Un empeño de
la reestructuración fue reducir los costos de
producción, pero la vida ha demostrado que esto no
depende de una cuestión de eficiencia interna, sino del
mercado.
Lo cierto es
que el costo real ha ido incrementándose por año,
resultado directo del alza desenfrenada de los precios
de los insumos provenientes del exterior,
particularmente los combustibles, maquinarias y
agroquímicos.
El esfuerzo
de la Isla por humanizar el trabajo agrícola en la
producción de caña ha llevado a que el 86 por ciento de
la cosecha sea mecanizada, el 88 de las labores de
agrotecnia y toda el alza y transporte de la
recolección.
Lo cierto es
que con las cotizaciones actuales del llamado oro negro
por encima de los 60 dólares el barril, el Estado
cubano invierte en este energético la mitad de su
capital de trabajo.
Si en 1959
con una tonelada de azúcar se podían comprar ocho de
petróleo, ahora se requieren 2,6 toneladas del dulce
para adquirir una del carburante.
En relación
con el 2002, cuando se puso en marcha la
reestructuración, el alza de los precios de los
productos agroquímicos superó el 15 por ciento, el 31
los metales, el 10 los neumáticos, las chapas, telas y
mallas el 54, las partes y piezas de locomotoras el 21,
los cigüeñales de estas máquinas el 48 y los discos y
cuchillas de las cosechadoras el 27.
A esta suma
hay que adicionarle el elevado costo de los fletes.
Transportar
el azúcar a la ruta Cuba- Mar Negro en el 2003 le
costaba al país 28 dólares la tonelada, y al año
siguiente se incrementó a 61.
El bloqueo
económico de Estados Unidos excluye de sus puertos por
seis meses a barcos que toquen radas cubanas, lo cual
se traduce en fletes más altos para cubrir los riesgos.
Hay que tener
en cuenta, además, la situación climática de la Mayor
Antilla en los últimos años, principalmente la sequía.
Para tener
una idea de la gravedad de la falta de lluvias, de 2004
al 2005 la producción de caña bajó alrededor del 45 por
ciento, por las afectaciones en la región oriental,
donde está el fuerte de este cultivo.
Por último,
es conveniente mencionar el estado de los suelos,
sometidos a años de sobreexplotación, lo que ha llevado
a su deterioro, y recuperarlos demandará de importantes
gastos en sistemas de regadío y de drenaje, y en
fertilizantes.
A la luz de
esta realidad, resulta mucho más conveniente a Cuba
invertir en otras áreas.
Su sector
azucarero con la reestructuración se ha convertido -y
cada vez lo hace más- en productor de alimentos, en
primer lugar caña, viandas, hortalizas, granos, frutas
y ganadería, y también de forestales.
Igualmente,
es elaborador de artículos industriales diversificados,
en el cual aparte de azúcar, se impulsan derivados como
alcohol, bebidas, electricidad y alimento para
animales, se introducen ahora más de 100 pequeñas y
medianas plantas para harina, pastas, conservas,
chocolates y silos para granos.
EL AZUCAR
DEJO DE SER DETERMINANTE
En el 2005
Francisco Soberón, presidente del Banco Central de
Cuba, dijo a la agencia noticiosa Associated Press (AP)
que el país en el año anterior había logrado su primer
superávit en una década.
El aumento
del precio del níquel y el incremento del turismo
habían contribuido a ese resultado, en momentos de una
sensible reducción de las exportaciones internacionales
de azúcar y de los altos precios mundiales del
petróleo.
Es evidente
que la ínsula diversifica su economía. En la
celebración por el Día de la Rebeldía Nacional, el
pasado 26 de Julio, el Presidente Fidel Castro anunció
que 12 de las 20 ramas de la industria mostraron
incrementos en 2005, con peso en la metalurgia
ferrosa, las bebidas, el tabaco y los combustibles.
También el
turismo, las construcciones, las comunicaciones, el
comercio y la esfera de los servicios.
“El
sólido crecimiento que comenzó a mostrar la economía ya
desde el 2004 se ha visto reforzado”, señaló.
De enero a
diciembre de 2005 el Producto Interno Bruto (PIB) cerró
con 11,8 por ciento.
El saldo
favorable en el comercio de servicios logró compensar
el desbalance del intercambio de bienes, resultando un
discreto registro a favor en la balanza comercial,
superior incluso al obtenido en el 2004.
El
intercambio entre Cuba y Venezuela aumenta
sostenidamente en el marco de la Alternativa
Bolivariana para las Américas (ALBA). En el 2005
alcanzó los tres mil millones de dólares, mientras otro
tanto ocurre con China.
Cuba sienta
las bases para un fuerte programa inversionista en
construcciones, salud, industria del níquel y otros
frentes no menos relevantes, al tiempo que mejora
ostensiblemente el nivel de vida de la población y
aumentan la calidad de la atención de salud y la
educación.
Entonces, el
azúcar ya no determina la vida es la pequeña nación
caribeña.
Recientemente Fidel Castro fue enfático y categórico:
“Sé que del azúcar no volverá a vivir jamás este país,
pertenece a la época de la esclavitud y de un pueblo
lleno de semianalfabetos, un 30 por ciento de
analfabetos totales y desempleados que hacían el
trabajo de animales.”
(AIN)
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