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La Batalla de Ideas,
nuestra arma política más poderosa, proseguirá sin
tregua
(Versiones Taquigráficas -
Consejo de Estado)
Compañeros
diputados; Distinguidos invitados; Queridos
compatriotas:
Acabamos
de dar la vuelta al mundo en un viaje que no conoció un minuto de
tregua ni descanso. Era necesario hacerlo. Los días 24 y 25 estaba
convocada en Kuala Lumpur, Malasia, una importante reunión cumbre en
medio de los riesgos de una casi segura guerra en Iraq, la
agravación de la crisis económica internacional, la necesidad de
realizar visitas a entrañables amigos como Viet Nam y China
concertadas para los días previos y posteriores a la Cumbre, la
necesidad de hacer inevitable escala en Japón, de donde había
recibido invitaciones de importantes y apreciados amigos.
Lo más fundamental: para el 5
de marzo había sido convocado un acto de trascendente importancia,
la constitución de la nueva Asamblea Nacional, la elección de su
presidencia y la del Consejo de Estado, su Presidente y
Vicepresidentes.
Por complicaciones del clima,
no pudimos salir de Hiroshima hacia nuestro país el día 3. La
delegación, previendo algún retraso, tuvo que rogar a los compañeros
en Cuba que aplazaran la reunión para el día 6.
Durante el vuelo de regreso
tuve que redactar estas líneas.
En estos tiempos viajar por el
mundo no es fácil. Hacerlo con discreción esperando el máximo de
tiempo para informar y solicitar permisos de vuelo, etc., es más
difícil todavía. Viajar en IL-62, sus años, sus equipos de vuelo, su
gasto en combustible y su ruido, todo lo complican con o sin razón.
Hace ruido mientras rueda por la pista, que necesita bien larga, y
también al despegar, pero siempre despega, y siempre que despega
llega.
Volé por primera vez en uno de
ellos hace 32 años para visitar al Presidente Salvador Allende en
Chile, y desde entonces nunca he dejado de hacerlo. El equipo es
fuerte como los tractores agrícolas soviéticos de su tiempo,
construidos a prueba de tractoristas cubanos. Sus pilotos son
campeones olímpicos. Los técnicos y mecánicos que lo reparan, los
mejores del mundo. Por segunda vez acabamos de darle la vuelta al
mundo en él. Eso espero, aunque todavía nos faltan algunas horas.
Hablando con toda seriedad, aprecio estos magníficos equipos de la
vieja URSS, les agradezco mucho y los recomiendo a compatriotas y
turistas. Es lo más seguro que hay en el mundo. Yo soy una
prueba.
No todo debe tomarse con
excesiva seriedad en los asuntos de este mundo. Se correría riesgo
de infarto o de locura.
· Crónica obligada de un viaje
Nuestra delegación salió el 19
de febrero, minutos antes de medianoche. Breve escala en París, no
había otro lugar. Se suponía descansar unas horas en un hotel de la
ciudad. Inútil intento. No había sueño. Desde un elevado piso me
dediqué a observar parte de la bella y famosa ciudad. Miraba los
techos de edificios de tres a seis plantas que parecían obras de
arte. Quise saber de qué estaban hechos hacía 150 años.
Recordaba La Habana y sus
problemas. Eran de color ceniza plateada. Nadie supo
responderme.
A pocos kilómetros, una enorme
mole que rompía la armonía. Más a la derecha altos edificios de
oficinas o residencias que afeaban también el panorama. Recordé el
helipuerto que hicieron en La Habana Vieja, detrás del que fuera
Palacio del Gobierno colonial, meses antes de la Revolución. Por
primera vez la Torre Eiffel y el Arco de Triunfo, tan admirados por
todos, me parecieron dos objetos humillados y empequeñecidos. Me
había convertido de repente en un frustrado urbanista. En París no
molesté ni hablé con nadie. Me marché guardando el recuerdo de todo
cuanto leí, y soñé en mis años juveniles sobre su gloriosa
revolución y la heroica y grandiosa historia de Francia. Admiré la
valiente actitud que asume hoy frente al humillante hegemonismo
unilateral del gobierno de Estados Unidos.
En Ürümqi, extremo occidental
de China, hicimos escala. Aeropuerto de bella arquitectura. Actitud
amistosa y hospitalaria. Cultura refinada. Diez horas después, ya de
noche, aterrizamos en Hanoi, capital de nuestra querida y heroica
Viet Nam, pero otra muy distinta de la que visitara por última vez
en 1995, hacía ocho años. Sus calles, llenas de actividad y luz. No
se veía una bicicleta de pedales, todas eran de motor. Los autos
inundaban las calles. Pensando en el futuro, el combustible, la
contaminación y otras tragedias, fue lo único que me causó cierta
inquietud.
Lujosos hoteles se erigían por
doquier. Las fábricas se habían multiplicado. Sus dueños,
extranjeros como regla y de rígidas normas de administración
capitalista, pero en un país comunista, que cobra impuestos,
distribuye ingresos, crea empleos, desarrolla la educación y la
salud, mantiene incólumes glorias y tradiciones. Petróleo,
termoeléctricas, hidroeléctricas, industrias básicas en manos del
Estado. Una revolución humana por excelencia. Todos los que han sido
y son forjadores de la revolución reciben esmerado respeto y trato.
Ho Chi Minh fue, es y será eterno ejemplo.
Con Nguyen Giap, el genial
estratega, conversé mucho rato. Memoria excelente. Recordé con
tristeza y a la vez con cariño entrañable, a muchos, como Pham Van
Dong y otros que ya murieron. Son personas que siembran eterno
cariño. Los antiguos y nuevos dirigentes expresaron afecto y amistad
sin límites. Los lazos en todos los sentidos se multiplicaron. Las
diferencias de situaciones con Cuba son grandes. Nosotros estamos
rodeados de un conjunto de vecinos que no tienen nada que invertir y
el más rico del mundo nos bloquea con rigor. A esto se une nuestro
especial celo por preservar el máximo de riquezas y beneficios para
las presentes y futuras generaciones, lo cual no empañan en absoluto
nuestra gloriosa y eterna amistad.
De Viet Nam a Malasia. Este es
un país maravilloso. Sus grandiosos recursos naturales y un líder
extraordinario, de especial lucidez, que no propició el desarrollo
de un capitalismo salvaje, explican su progreso. Unió las tres
etnias principales: malaya, india y china. Atrajo inversiones, que
desde el Japón industrializado y otras áreas del mundo llovieron.
Estableció normas y reglas estrictas. Distribuyó riquezas con la
mayor equidad posible. Creció el país a buen ritmo durante 30 años.
La educación y la salud fueron atendidas. Disfrutó de larga paz, al
revés de Viet Nam, Lao y Cambodia, agredidas por el colonialismo
primero y el imperialismo después, y cuando llegó la gran crisis que
asoló el sudeste asiático, desacató normas del Fondo Monetario
Internacional, del Banco Mundial y otros organismos similares, hizo
intervenir al Estado, estableció control de cambio, impidió la fuga
de capitales y salvó al país y sus riquezas. A mil leguas de lo que
ocurre en nuestro sufrido hemisferio, allí se desarrolló un
verdadero capitalismo nacional que, pese a grandes diferencias de
ingresos, llevó bienestar a las masas. Goza de gran prestigio y
respeto. Para los occidentales y el nuevo orden económico, es un
dolor de cabeza y un mal ejemplo.
China. A ella llegamos en
horas del mediodía. Al igual que en Viet Nam, jamás una delegación
cubana recibió tantas atenciones y honores. Cena oficial de
bienvenida el día 26. Las reuniones con los anteriores y nuevos
dirigentes del Partido y del Estado, algunos de ellos todavía en
funciones Jiang Zemin, Hu Jintao, Li Peng, Zhu Rongji, Wen Jiabao,
cada uno con sus respectivos equipos se sucedieron unas tras otras
desde la primera tarde hasta el día 27. El 28 en la mañana, visita
al Parque Tecnológico de Beijing y salida con el Presidente Jiang
Zemin hacia Nanjing para visitar la fábrica de televisores Panda.
Por primera vez en la vida viajé en un Jumbo. Cena y encuentro con
el Primer Secretario de la provincia de Jiangsu, junto al ilustre
Presidente de China. Salida con él hacia Shanghai y sus colosales
obras. Despedida de inseparables hermanos.
Las atenciones recibidas en
Viet Nam y China por la delegación cubana no tienen precedente en
toda la historia de la Revolución. Fue la oportunidad de conversar
con amplitud y profundidad con hombres realmente excepcionales,
verdaderos amigos que han sellado para siempre la amistad entre
nuestros pueblos. Ellos, China y Viet Nam, fueron los mejores amigos
en los días increíblemente difíciles del período especial, cuando
nadie en absoluto creía que la Revolución Cubana podría sobrevivir.
Hoy sus pueblos y gobiernos respetan y admiran a un país pequeño que
supo resistir en las vecindades de la única superpotencia que con su
inmenso poderío hegemonizó al mundo.
Este mérito no corresponde a
ninguno de nosotros que recibimos aquellos honores, sino al pueblo
heroico y glorioso que supo cumplir con dignidad su
deber.
No se limitaron nuestras
conversaciones a temas bilaterales y al desarrollo ulterior de
nuestros vínculos económicos, científicos y culturales. Fueron
abordados con sumo interés, confianza y comprensión mutua los más
importantes temas internacionales.
De China volamos a Japón. Allí
fuimos recibidos con hospitalidad y respeto. Aunque el vuelo era
solo de tránsito, viejos y firmes amigos nos recibieron. Celebramos
amplias reuniones con Tomoyoshi Kondo, Presidente de la Conferencia
Económica Cuba-Japón; con Watanuki, Presidente de la Dieta japonesa;
con Mitsuzuka, Presidente de la Liga Parlamentaria de Amistad;
encuentro de cortesía con el ex premier R. Hashimoto; encuentro con
el premier Junishiro Koizumi.
A iniciativa japonesa,
abordamos temas relacionados con la tensa situación en la península
coreana que a todos interesa, sobre lo cual informaremos
detalladamente al gobierno de la República Popular Democrática de
Corea, con la cual hemos mantenido amistosas relaciones diplomáticas
desde el triunfo de la Revolución.
Viajamos a Hiroshima el día 2
de marzo. Realizamos allí una visita al Museo Memorial de la Paz de
dicha ciudad, donde colocamos una ofrenda floral. Participamos en un
almuerzo privado con el Gobernador de esa ciudad.
No alcanzarían las palabras y
el tiempo para expresar cuán profunda impresión nos causó el
genocidio cometido con la población civil de Hiroshima. La fuerza de
la imaginación no puede concebir lo allí ocurrido.
Aquel ataque no era en
absoluto necesario, ni será jamás moralmente justificable. Japón
estaba militarmente derrotado. Todo el territorio ocupado en la
parte de Oceanía, en el sudeste asiático e incluso posesiones
soberanas japonesas estaban recuperadas. En Manchuria avanzaba
incontenible el Ejército Rojo. La guerra podría finalizar en
cuestión de días sin una sola pérdida adicional de vidas
norteamericanas. Bastaba un ultimátum y en último lugar el empleo de
aquel arma en un campo de batalla o en una o dos bases japonesas
estrictamente militares y la guerra habría concluido de inmediato,
cualquiera que fuese la presión e intransigencia de los jefes más
extremistas.
Desde mi punto de vista, y
aunque Japón inició la guerra con un ataque sorpresivo e
injustificable sobre Pearl Harbor, no existía excusa alguna para
aquella terrible matanza de niños, mujeres, ancianos y ciudadanos
inocentes de cualquier edad.
El pueblo japonés, noble y
generoso, no expresó una sola palabra de odio contra los autores.
Por el contrario, han levantado allí un monumento a la paz para que
jamás se repita un hecho semejante.
Millones de personas debieran
visitar aquel punto para tratar de que la humanidad conozca
realmente lo que allí ocurrió.
En aquel lugar tuve la emoción
de ver una foto del Che, cuando depositó una corona de flores ante
el modesto, pero inmortal recuerdo de uno de los mayores crímenes
cometidos contra la humanidad.
A esta generación de nuestra
especie le correspondió vivir situaciones enteramente inéditas, nada
ideales ni deseables. Esperamos que la humanidad pueda vencer. Si
antes dentro de nuestra propia época los hombres parecían ser dueños
de los acontecimientos, hoy los acontecimientos parecen ser dueños
de los hombres.
Este viaje nuestro ha estado
asociado a un conjunto de sucesos que siembran por doquier
incertidumbre e inseguridad. Los pilares y valores de toda una
civilización están en crisis. Ideas como soberanía e independencia
son ya apenas una ficción. La verdad, la ética, que debieran ser el
primer derecho o atributo del ser humano, tienen cada vez menos
espacio. Los cables, los medios de prensa, la radio y la televisión,
los teléfonos celulares y las páginas webs aportan un torrente de
noticias que llegan de todas partes cada minuto. Seguir el curso de
los acontecimientos no es nada fácil.
En el maremagnum de noticias,
la inteligencia humana apenas puede orientarse. Muchas veces por
fortuna el instinto de supervivencia la hace reaccionar.
Nunca todas las naciones del
mundo se vieron sometidas al poder y los caprichos de quienes
dirigen una superpotencia con un poder al parecer sin límites, de
cuya filosofía e ideas políticas y nociones de ética nadie tiene la
más mínima idea. Sus decisiones son prácticamente impredecibles e
inapelables. La fuerza y la capacidad de destruir y matar parecen
estar presentes en cada uno de sus pronunciamientos. Esto
lógicamente trae temor e intranquilidad a muchos hombres de Estado,
de modo especial si se tiene en cuenta que al inmenso poder militar
se unen el poder político, económico y tecnológico de los que no
desean ser desobedecidos.
El sueño de un mundo regido
por normas y de una organización que expresara la voluntad y el
deseo de todos los pueblos se esfuma.
A muchos metros de altura leía
un cable cuyo contenido decía textualmente: "El Presidente Bush en
su alocución radial semanal expresó su irrespeto por la ONU y reveló
que consultó a esa organización más `por compromiso con nuestros
aliados y amigos' que porque le importe el resultado de sus
deliberaciones".
·
Rebelión contra la idea de la globalización de
una tiranía universal
Un número creciente de
personas en el mundo se rebelan cada vez más contra la idea de la
globalización de una tiranía universal.
Las Naciones Unidas,
organización surgida de una guerra que costó 50 millones de vidas,
entre ellas las de cientos de miles de jóvenes norteamericanos,
tiene que importarle mucho a todos los pueblos y gobiernos del
mundo. Padece grandes defectos, es anacrónica en muchos aspectos; su
Asamblea General, donde están presentes todos los estados del mundo
es una simple asamblea deliberativa sin ningún poder, donde solo se
emiten opiniones; el Consejo de Seguridad, un supuesto órgano
ejecutivo, donde sólo cuenta el voto de cinco estados privilegiados,
uno solo de los cuales puede echar por tierra la voluntad del resto
de las naciones del mundo, y uno de ellos, el más poderoso, lo ha
usado a su antojo infinidad de veces. Pero aún así, no se dispone de
otra cosa.
Su no
existencia conduciría a la peor época que precedió al nazismo y nos
llevaría a la catástrofe. Algunos de nosotros hemos sido testigos de
lo que ha ocurrido durante los últimos dos tercios del siglo XX.
Hemos visto en toda su pujanza el nacimiento de una nueva forma de
imperialismo, abarcador y total, mil veces más poderoso que el
famoso imperio romano y cien veces el de su actual aliado
incondicional, la sombra del que fuera el imperio británico. Sólo el
miedo, la ceguera o la ignorancia impedirían verlo con toda
claridad.
Este es el lado oscuro del
problema. Pero la realidad puede ser otra. Jamás en tan breve tiempo
se han desarrollado tan gigantescas manifestaciones en todas partes
del mundo y en tiempo verdaderamente récord, como ha ocurrido con la
anunciada guerra contra Iraq.
Los gobiernos de los dos más
importantes aliados de Estados Unidos, Gran Bretaña y España, han
sido puestos en crisis; sus respectivas opiniones públicas, en
abrumadora mayoría, están contra esa guerra. Si bien es cierto que
Iraq cometió dos graves e injustificables hechos, como la invasión
de Irán y la ocupación de Kuwait, también lo es que ese país fue
sometido a durísimas acciones; cientos de miles de sus niños han
muerto de hambre y enfermedades, durante años han sido sometidos a
constantes bombardeos, y no está en capacidad militar de constituir
el menor riesgo para la seguridad de Estados Unidos y sus aliados en
la zona. Se trataría de una guerra absolutamente innecesaria, de
oscuros propósitos, a la que el mundo se opone, incluida una parte
importante del propio pueblo de Estados Unidos si no se realiza con
la aprobación de la ONU.
La economía mundial, sometida
a profunda crisis de la cual no ha podido recuperarse, sufrirá
inevitables consecuencias y no habrá después seguridad ni
tranquilidad para ningún país del planeta.
La opinión mundial protesta
también y hasta puede afirmarse que por su propia seguridad y la de
los demás pueblos del mundo. Estados Unidos no puede hacer la guerra
para amedrentar al mundo con su poderío, probar nuevas armas y
entrenar a sus tropas. Esa atmósfera se palpa en todas partes. De
modo especial pude apreciarla en la reunión cumbre del Movimiento de
Países No Alineados celebrada en Malasia.
Fue un evento serio, donde los
jefes de Estado y Gobierno expresaron sus criterios con respeto en
el lenguaje, sinceridad en sus señalamientos y gran sentido de
responsabilidad. Mahathir dirigió los debates con orden, profundidad
y eficiencia.
Y como es natural, con toda la
prudencia que exige la dependencia casi total de los países del
Tercer Mundo con relación a Estados Unidos y sus organismos
financieros, ya que un disgusto suyo puede ser el fin de un gobierno
o la desestabilización de su economía.
Varias cosas fueron casi
unánimes en los discursos de la conferencia.
Uno: no debía desatarse una
guerra contra Iraq, mucho menos sin la aprobación de las Naciones
Unidas.
Dos: Iraq debía cumplir
estrictamente las regulaciones aprobadas por el Consejo de
Seguridad.
Tres: prácticamente nadie
tenía esperanza de que la guerra podía evitarse.
Cuatro: como es de suponer, el
subdesarrollo, la pobreza, el hambre, la ignorancia, las
enfermedades, la impagable deuda externa acumulada, la funesta labor
desestabilizadora de los organismos financieros internacionales y
otras incontables calamidades que azotan al Tercer Mundo, fueron
objeto de análisis y denuncia.
Nuestra delegación asistió a
las sesiones de la Cumbre y sostuvo además decenas de encuentros con
otras delegaciones. Se nos solicitaba información, intercambios de
experiencias, y en ocasiones colaboración en determinados
campos.
Allí pudimos observar que
personalidades de las más variadas culturas, creencias religiosas e
ideas políticas nos trataban con familiaridad y confianza. Pudimos
constatar que a nuestro pueblo se le admira y reconoce por su
solidaridad y su firme adhesión a los principios.
A muchos de ellos les
explicamos y ofrecimos información documentada del golpe fascista en
Venezuela, el daño ocasionado al mundo con el sabotaje a la
producción de tres millones de barriles diarios de petróleo,
virtualmente paralizada, y que ya se recupera gracias a la
aplastante victoria del pueblo bolivariano. Les explicamos también
los riesgos de una guerra en la zona crítica del Medio Oriente,
tanto para países ricos como pobres. Nuestro criterio de que aún no
era imposible evitar esa guerra si Iraq lograba demostrar no sólo en
el Consejo de Seguridad sino también ante los parlamentarios del
mundo, sin excluir a los de Estados Unidos —donde muchos tienen
duda—, Gran Bretaña, España e Italia, que son los aliados más
incondicionales y donde muchos están en contra; demostrar ante los
parlamentos y líderes de los países no alineados y los dirigentes de
las organizaciones sociales que se han cumplido y se están
cumpliendo todos y cada uno de los requisitos, incluidos en la
Resolución de la ONU.
·
La batalla por la paz y la integridad de Iraq
es una batalla política y no militar
La batalla por la paz y la
integridad de Iraq es una batalla política y no militar. Si la
verdad puede ser asegurada, si la mentira puede ser vencida, la paz
en la región aún puede salvarse, con beneficio incluso para el
propio pueblo de Estados Unidos. En esa guerra sólo ganarían los
productores de armas o los que albergan el imposible sueño de que 6
300 millones de seres humanos, hambrientos y pobres en su inmensa
mayoría, puedan gobernarse por la fuerza.
Apoyamos la decisión del
gobierno iraquí de destruir los cohetes Al Samoud, y exhortamos a
Iraq a destruir hasta un centímetro cúbico de cualquier arma química
o biológica que pueda quedar, si es que todavía existen o puedan
haberse producido.
El gobierno de Estados Unidos
no tendría pretexto legal o moral alguno para atacar a Iraq, mucho
menos si a la luz del mundo se está cometiendo un verdadero
genocidio contra el pueblo palestino, y el estado de Israel posee un
arsenal de cientos de armas nucleares y los medios con que
transportarlas suministrados por Estados Unidos.
Sólo la plena verdad
demostrada irrefutablemente ante el mundo, daría al pueblo iraquí la
fuerza moral y un apoyo internacional total para defender su patria
y su integridad hasta la última gota de su sangre.
Sin una visión clara de la
época que estamos viviendo, este gran evento político que nos reúne
hoy tendría solo una relativa importancia. Cuba ostenta el honor de
ser en la actualidad uno de los pocos países que gozan de
privilegios excepcionales. Corremos, desde luego, los mismos riesgos
globales que el resto de la humanidad, pero ninguno está mejor
preparado políticamente para enfrentar problemas que hoy azotan a
gran parte del mundo y forjar planes y sueños que nos convertirán,
sin dudas, en una de las sociedades más humanas y justas de la
Tierra, mientras nuestra especie sea capaz de sobrevivir. Ninguno
está más unido ni es más firme y fuerte para enfrentar peligros
externos e internos.
Al referirme a peligros de
carácter interno, no estoy pensando en riesgos políticos. Tal es la
fuerza y la conciencia acumulada en estos 44 años de heroica lucha
que todos los intrigantes y pérfidos teóricos de la subversión y la
desestabilización en el mundo juntos, al servicio del imperialismo,
no podrían subvertir el orden interno y el rumbo socialista de
nuestra Revolución.
Cuando alguien sumamente
poderoso nos exigió desde el exterior cambiarlo, la respuesta de
nuestro pueblo fue declarar en la Constitución de la República el
carácter irrevocable del socialismo en Cuba. No les queda otra
alternativa que inventar trucos y mentiras para alimentar sus magras
y ridículas esperanzas.
Como peligros internos, pienso
fundamentalmente en riesgos de tipo social o moral que afecten a
nuestra población y ocasionen daños a su seguridad, a su educación o
a su salud. Bien es conocido cuánto hemos luchado contra el hábito
de fumar y cuánto hemos reducido su consumo. Del mismo modo luchamos
contra los excesos en el consumo de alcohol o contra el hecho
doloroso de que sea consumido en estado de gestación, lo que puede
provocar el nacimiento de niños con retraso mental u otras graves
limitaciones físicas.
Ante la incipiente aparición
del consumo de drogas, que llegan fundamentalmente a nuestras costas
como recalos procedentes del tráfico internacional, no hemos
vacilado un minuto en adoptar todas las medidas pertinentes para
prevenir y vencer ese terrible azote que afecta a la inmensa mayoría
de las sociedades de la Tierra. Habíamos pensado de antemano que
cualquier referencia al asunto traería una lluvia de publicidad cual
si fuésemos el peor y no el mejor, sin comparación alguna por la
pureza de nuestra sociedad, en este tema. Pero no dudamos en
hacerlo. Todas las batallas las hemos librado siempre y las hemos
ganado con el apoyo del pueblo. Hay todavía otras luchas por librar,
algunas requieren de bastante tiempo, porque están vinculadas a
viejos hábitos y costumbres, o dependen de factores materiales que
no están totalmente a nuestro alcance. Poseemos sin embargo
invencibles armas. La principal es la educación. Aunque a ella hemos
dedicado uno de los mayores esfuerzos que haya realizado pueblo
alguno, cuán lejos estábamos todavía de comprender su enorme
potencial, pero sobre todo el uso óptimo del inmenso capital humano
que habíamos creado. Todo lo transformará y seremos pronto el pueblo
más educado y culto del mundo. Ya nadie lo duda dentro y fuera de
Cuba.
Con igual ímpetu se avanza en
el campo de la salud, donde ya ocupamos uno de los primeros lugares
del mundo. También en este sector el capital y la experiencia
acumulados serán factores decisivos.
Avanzarán la cultura, las
artes y la ciencia.
Llevaremos el deporte a las
más altas cumbres.
Solo cito ejemplos aislados de
las grandes tareas que nos esperan. Ninguna será olvidada. Será
preferible, como siempre, que los hechos hablen en lugar de las
palabras.
El decadente sistema
capitalista imperialista en su etapa de globalización neoliberal
carece ya en absoluto de soluciones para los grandes problemas de la
humanidad, cuya cifra de habitantes se ha cuadruplicado en apenas un
siglo. No tiene porvenir posible. Destruye la naturaleza y
multiplica el hambre. Nuestra experiencia noble y humana en
numerosos campos será útil a muchos pueblos del mundo.
Frente a los cambios de clima,
las afectaciones al medio ambiente ocasionadas por otros, las crisis
económicas, las epidemias y los ciclones, nuestros recursos
materiales, científicos y técnicos son cada vez más abundantes. La
protección de nuestros ciudadanos ocupará siempre el primer lugar en
nuestros esfuerzos. Nada tendrá prioridad sobre esto.
Frente a peligros políticos y
agresiones procedentes del exterior, jamás se debilitará un átomo
nuestra disposición de defender la Patria y el socialismo. Por el
contrario, meditamos con profundidad y perfeccionamos cada vez más
nuestros conceptos sobre la guerra de todo el pueblo, sabiendo que
ninguna técnica, por sofisticada que sea podrá vencer jamás al
hombre. Unido a esto, la convicción y la conciencia serán cada vez
más fuertes.
La Batalla de Ideas, nuestra
arma política más poderosa, proseguirá sin tregua.
·
Una provocación desvergonzada y
desafiante
El pasado 24 de febrero, nada
menos que el día que se conmemora el inicio de la última guerra de
independencia al llamado de Martí, un señor nombrado James Cason,
jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba, se reunió
en un apartamento de La Habana con un grupo de
contrarrevolucionarios pagados por el gobierno de Estados Unidos,
nada menos que para conmemorar el Grito de Baire, fecha patriótica y
sagrada para nuestro pueblo. Otros diplomáticos recibieron
invitación, pero tan solo este ilustre personaje estuvo presente en
el evento.
Mas el hecho no se limitó a
una discreta asistencia. Preguntado por un periodista si su
presencia en el acto no confirmaba la acusación del gobierno cubano,
Cason afirmó: "No, porque yo creo que han invitado a todo el cuerpo
diplomático y nosotros como país siempre apoyamos la democracia y a
las personas que luchan por tener una vida mejor. Yo estoy aquí como
invitado."
"No tengo miedo", respondió escuetamente a otra pregunta de
los informadores sobre si su presencia en la actividad opositora no
podría ser asumida como un gesto inamistoso hacia el gobierno
cubano, que denuncia a los disidentes como grupos
subversivos.
Luego, grosero e insultante,
añadió en perfecto español: "Infelizmente, el gobierno cubano sí
tiene miedo, miedo a la libertad de conciencia, miedo a la libertad
de expresión, miedo a los derechos humanos. Este grupo está
demostrando que hay cubanos que no tienen miedo. Ellos saben que la
transición hacia la democracia ya está en marcha.Queremos que sepan
que no están solos, que el mundo entero los apoya. Nosotros como
país apoyamos la democracia, a las personas que luchan por tener una
vida mejor y por tener justicia."
La nota de prensa dice:
"Aunque diplomáticos extranjeros suelen reunirse con disidentes, no
es usual que aparezcan en actos públicos o expresen opiniones sobre
el gobierno a los medios de prensa".
"Estoy como invitado y voy a ir a todo el país visitando a
todas las personas que sí quieren libertad y justicia."
Cualquier ciudadano comprende
que se trata de una provocación desvergonzada y desafiante. Al
parecer, él y los que le ordenaron esa grosería de guapetón con
inmunidad diplomática estaban revelando precisamente miedo. De lo
contrario, resulta tan extraño, que cualquiera tendría derecho a
preguntarse qué cantidad de bebidas se consumió en ese "patriótico"
acto.
Como Cuba realmente tiene
muchísimo miedo, se tomará toda la calma necesaria para decidir la
conducta a seguir con este extraño funcionario. Tal vez los
numerosos miembros de la Inteligencia norteamericana que trabajan en
esa Oficina de Intereses le expliquen que Cuba puede prescindir
tranquilamente de tal oficina, incubadora de contrarrevolucionarios
y puesto de mando de las acciones subversivas más groseras contra
nuestro país (Aplausos). Los funcionarios suizos que los
representaron largo tiempo realizaron durante años un excelente
trabajo y no hacían labores de espionaje ni organizaban la
subversión. Si eso es realmente lo que desean provocar con tan
insolentes declaraciones, es mejor que tengan la vergüenza y el
valor de decirlo. Algún día, no importa cuándo, el propio pueblo de
Estados Unidos enviará a un verdadero embajador de su país "sin
miedo y sin tacha", como solía decirse de los caballeros
españoles.
En el terreno de la economía
aplicaremos nuevas experiencias que hemos adquirido en los últimos
tiempos. La producción y el ahorro de petróleo continuarán
aumentando.
Estamos en mejores condiciones
que nunca para incrementar la eficiencia y establecer mucha más
disciplina en nuestras empresas, que priorizando el
autofinanciamiento en divisas cometen a veces errores que en
definitiva gravitan sobre los recursos centrales del
país.
Mucho hemos aprendido y mucho
más seguiremos aprendiendo. Nuevas fuentes de ingreso surgen y el
rigor en la administración de los recursos deberá incrementarse.
Viejos y nuevos malos hábitos deberán ser erradicados. La eterna
vigilancia es el precio de la honradez y la eficiencia.
La anterior Asamblea Nacional
cumplió una importante etapa histórica. Esta no deberá ni podrá
quedarse atrás. Las pasadas elecciones generales fueron las mejores
de nuestra historia. No lo digo por los índices, todos los cuales
mejoraron, pero apenas pueden dar una idea de calidad porque son ya
muy altos. Lo digo por el extraordinario entusiasmo de los
electores, que pude ver con mis propios ojos, y la experiencia de
muchos años. En eso es difícil equivocarse. Nunca vi nada semejante.
En ese entusiasmo estaba de lleno el fruto de la Batalla de Ideas y
el vertiginoso crecimiento de nuestra cultura política.
A todos ustedes, compañeros
diputados, y a nuestro entrañable pueblo agradezco, en nombre del
Consejo de Estado, la nueva confianza depositada en nosotros, y en
mi caso particular después de más de 50 años de lucha
revolucionaria, que no comenzó precisamente el día del primer
combate. Sabemos que el tiempo pasa y las energías se
agotan.
Quizás la incesante lucha nos
entrenó para tan larga batalla. Pienso que el secreto puede estar en
la fuerza de una gran ilusión, de un entusiasmo inagotable y de un
amor a nuestra noble causa que creció cada día de la vida; pero esta
tiene sus leyes inexorables.
Les prometo que estaré con
ustedes si así lo desean mientras tenga conciencia de que pueda ser
útil y si antes no lo decide la propia naturaleza, ni un minuto
menos, ni un segundo más. Ahora comprendo que mi destino no era
venir al mundo para descansar al final de la vida.
¡Viva el
socialismo!
¡Viva la
independencia!
¡Viva la paz! |