|
Los recursos financieros y tecnológicos se ponen en función de los
intereses vitales del país y las posibilidades que
brinda Internet y, en general, el uso de las TICs
favorece a toda la población y no sólo a quienes
están conectados a las redes
JOSÉ R. VIDAL
De vez en cuando y casi siempre desde las mismas fuentes, se
escuchan voces reclamando el "libre acceso de
Internet" para todos los cubanos. Según estas
fuentes Cuba es un país que pudiera tener conectada
a Internet a la mayor parte de su población y desde
un punto de vista tienen razón. Cuba no tiene las
limitantes educacionales que impiden que miles de
millones de personas en el mundo accedan a la red de
redes.
En definitiva Cuba no tiene analfabetos, tiene una escolarización
prácticamente total hasta el noveno grado, tiene una
dotación de computadoras y maestros preparados en
todas las escuelas del país, hasta las más remotas
escuelas rurales de pocos y hasta de un alumno.
Cuenta además en todos los municipios del país con
los "Jovén Club de computación" a
donde acuden personas de todas las edades para
adentrarse en el conocimiento de estas tecnologías y
hacer uso de ellas. Tiene organizada además la
enseñanza y el uso de las tecnologías digitales en
la enseñanza media y en las universidades que ahora
tienen sedes en todos los municipios.
Todo lo anterior se ha logrado muy a pesar del bloqueo económico
impuesto por los Estados Unidos desde hace 46 años
contra la Isla que no sólo impide cualquier tipo de
relación económica entre empresas y ciudadanos
estadounidenses y cubanos, sino que interfiere,
persigue y castiga a ciudadanos y empresas de otros
países que osen violar los términos de ese bloqueo o
que impide que Cuba acceda a créditos de las
instituciones financieras internacionales.
Muchos de los logros antes apuntados sumariamente han tenido un
especial impulso en los últimos años cuando apenas
la nación sale de la profunda crisis económica que
provocó la desaparición de la antigua Unión
Soviética y los países socialistas europeos que se
habían convertido en socios económicos principales
justamente como alternativa de sobrevivencia y
desarrollo ante el bloqueo.
De lo anterior podemos sacar dos conclusiones. Una: cuánto más
podría haberse hecho en Cuba en condiciones menos
adversas; y dos: cuánto más podrían hacer muchos
gobiernos que no tienen tales limitaciones para
contribuir al desarrollo educacional de sus pueblos
y crear condiciones para que sus países puedan salir
de la dependencia y hacer retroceder la pobreza en
un mundo donde cada vez más el conocimiento es el
factor fundamental del desarrollo y el bienestar.
Pero volvamos al reclamo inicial de aquellas voces que, por cierto,
omiten todos estos elementos en sus declaraciones.
¿Por qué entonces en Cuba no hay "libre acceso a
Internet"?
Cuba como país sólo logró acceso a Internet por vía
satelital en 1996 y hoy, 10 años después, no ha
logrado, (como consecuencia del bloqueo
norteamericano ya mencionado) acceder a los cables
de fibra óptica que pasan bien cerca de sus costas.
De lo anterior se desprende que los anchos de banda
de que dispone son insuficientes para sus
requerimientos de desarrollo y los costos de acceso
a Internet son muy elevados. Por otra parte la
propia telefonía nacional no había logrado avanzar
hasta años muy recientes hacia la digitalización y
la instalación de fibras ópticas dentro de su
territorio lo que es una limitante de
infraestructura.
¿Qué hacer ante estas restricciones? Las instituciones cubanas
apostaron por lo que hoy llamamos un modelo de
apropiación social de las tecnologías de la
información y la comunicación (TICs). Así surgieron
experiencias tan exitosas como la red de la salud
(Infomed) que pone en manos de los médicos de la
Isla la información necesaria para su continua
superación y los espacios para gestionar el
conocimiento en línea, a partir del intercambio de
experiencias e informaciones. Han aparecido también
redes y portales informativos para los intelectuales
y artistas (Cubarte) o redes para investigadores y
profesionales en general en diferentes ramas de la
ciencia, la producción o los servicios.
De esa forma los escasos recursos financieros y tecnológicos se
ponen en función de los intereses vitales del país y
las posibilidades que brinda Internet y, en general,
el uso de las TICs favorece a toda la población y no
sólo a quienes están conectados a las redes. Así la
señora de la tercera edad que nunca se ha sentado
frente a una computadora se beneficia a través de su
médico, de lo que él obtiene mediante la red digital
Infomed, o el niño recién nacido que es vacunado
gratuitamente contra 13 enfermedades en su primer
año de vida está recibiendo los beneficios de la
información que los científicos obtuvieron en el
intercambio con colegas de otras partes del mundo o
accediendo a las costosas bases de conocimiento.
Esto no puede lograrse si se sigue únicamente la lógica del
mercado, es decir, que se conecten "libremente"
aquellos que tengan los medios financieros para
hacerlo. En algunos países de América Latina se han
puesto en marcha programas complementarios para la
apropiación social de las TICs pero en las
condiciones concretas de Cuba, tanto por la
estructura de propiedad, la centralidad de lo social
en las visiones sobre el desarrollo y las
disponibilidades de recursos financieros y
tecnológicos, estos programas constituyen el eje
medular de la apropiación de estas tecnologías.
Esta política racional y eficaz de usar Internet constituye un
modelo práctico de los que los teóricos han
denominado "uso con sentido" y "apropiación social
de las TICs" que es válido no sólo para el caso
cubano sino para todos los países en vías de
desarrollo que debían centrar sus esfuerzos en
encontrar las maneras propias y mejores para
utilizar la revolución tecnológica en este vital
campo, en vez de seguir mimética y compulsivamente
los modelos de uso y consumo que provienen de los
centros generadores de las tecnologías.
Otra importante conclusión que puede extraerse de la experiencia
cubana es que las inversiones en estas tecnologías
no son un fin en sí mismo que busca a toda costa
salvar la "brecha digital", sino que están puestas
en función de programas que permiten acortar la
"brecha social". No sólo son un acto de justicia y
de reconocimiento de los derechos humanos
fundamentales sino la condición para que los países
llamados eufemísticamente "en vías de desarrollo"
dejen de ser naciones dependientes y empobrecidas.
En el caso de Cuba resulta insustancial, además de difícil de
establecer con rigor, cuántas personas están
conectadas a Internet. Lo que sí puede decirse es
que se hace un uso masivo de los beneficios de las
tecnologías digitales, y que aún ese aprovechamiento
puede ser y será mucho mayor en la medida en que
instituciones y profesionales se adentren en el
dominio no sólo de la informática sino también en
las técnicas y procedimientos de acceso,
procesamiento y uso de la información; es decir de
los procesos de aprendizaje que permiten convertirla
en conocimientos.
Por otra parte, no debiera obviarse que el gobierno norteamericano
actual, no sólo ha recrudecido el bloqueo sino que
creó una "comisión para la transición en Cuba",
designó a un funcionario del Departamento de Estado
para ser el "coordinador" de esa supuesta transición
y tiene un plan que lleva el nombre de su
progenitor "Mr. Bush" que otorga millones de dólares
para la subversión del régimen cubano y que tiene,
además, una cláusula secreta. ¿Ante esto alguien que
mire serena y desprejuiciadamente la realidad cubana
puede juzgar como vocación totalitaria,
injustificada, empeñada en desconectar a los cubanos
del mundo -entre otras muchas acusaciones que se
hacen- las medidas de seguridad y control que el
gobierno cubano ejerce sobre el uso de Internet.?
¿No sería mejor reclamar el cese de ese acoso y la
creación de un clima de respeto de la soberanía de
Cuba y de reconocimiento de la capacidad del pueblo
cubano de decidir su destino sin interferencias
foráneas?
El pueblo de Cuba no necesita que nadie pida a gritos su acceso a
Internet, lo que necesita es que se ponga fin al
injusto y criminal bloqueo y a toda medida de fuerza
que intente determinar desde afuera el curso de la
historia de la nación. Luego, los cubanos y las
cubanas sabremos cómo seguir haciendo cada día una
sociedad más justa, más libre, más solidaria.
* Coordinador del Programa de Comunicación Popular del Centro Dr.
Memorial Martin Luther King, Jr. y profesor titular
de la Universidad de La Habana.
(Tomado de Rebelión)
(Granma) 31-10-2006 |