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Desde que EE.UU. autorizó la conexión de Cuba a
Internet, la Casa Blanca estimula, financia y dirige
el uso de la Red de redes contra la Revolución
CUBA, 16 de noviembre de 2006. Desde 1996, cuando
«permitieron» el acceso a Cuba a Internet, las
administraciones norteamericanas han brindado
jugosos aportes monetarios para la creación y
mantenimiento de una serie de sitios web que
exhortan a la subversión interna en Cuba y llaman a
ejecutar acciones terroristas, e incluso se
vanaglorian públicamente de estar violando las más
elementales leyes, entre estas la propia legislación
norteamericana.
El
dinero que reciben las organizaciones
contrarrevolucionarias para mantener una «imagen
negativa de Cuba» en el ciberespacio es tan
cuantioso, que incluso les ha permitido «comprar»
voceros en otras partes del mundo.
Quizá en ese sentido el caso más típico sea el de
Reporteros Sin Fronteras (RSF), que desde 2002 ha
recibido del Center for a Free Cuba (CFC) cuantiosas
sumas para que calumnie a la Revolución en diversos
tópicos, entre otros la famosa «libertad de
Internet».
Estas subvenciones escondidas, que fueron
descubiertas por la Red Voltaire y confirmadas por
RSF ante la evidencia palpable, ascendieron en 2002
a 24 970 USD; ya en el 2003 se multiplicaron por más
del doble, y el año pasado alcanzaron la cifra de 92
330 USD, un monto lo suficientemente jugoso como
para que Robert Menard, secretario general de RSF,
no tenga reparos en desvariar contra Cuba y su
supuesta «represión a Internet», desconociendo que
el país en más de una ocasión ha sido reconocido por
organismos internacionales como un ejemplo de
«desarrollo social» de la Informática.
Lo
más curioso de esta situación es que el CFC está
dando a Reporteros Sin Fronteras un dinero que en su
mayoría proviene de donativos de la USAID, una
agencia oficial del gobierno norteamericano, por lo
cual el Center For a Free Cuba en la práctica actúa
como un puente monetario entre la Casa Blanca y
Menard.
Sin
embargo, este no es el único ejemplo de
encubrimiento de estas campañas, pues para ello la
Oficina Oval utiliza a terceros organismos,
supuestamente imparciales, y a periodistas y medios
de prensa de todo el mundo, a quienes paga por
calumniar a la Revolución Cubana y silenciar sus
logros en materia de informatización de la sociedad.
Mediante organismos gubernamentales como la USAID,
el Plan Bush en el año 2004 destinó 36 millones de
dólares para promover la subversión y apoyar
materialmente a los grupúsculos
contrarrevolucionarios, a los cuales dota de
modernas tecnologías que niega al pueblo cubano en
virtud del bloqueo.
Esta llamada «Comisión para una Cuba Libre» otorgó
adicionalmente en el 2004 otros cinco millones para
difundir una imagen negativa de la nación,
primordialmente a través de Internet, presentándolo
como un país que viola los derechos humanos,
promueve el terrorismo, fomenta la
desestabilización, realiza actividades de espionaje
y desarrolla un programa de investigación de armas
biológicas.
Con
estos fondos, que han aumentado a partir del
endurecimiento de la política del bloqueo, se ha
incrementado la agresión directa a las redes
informáticas cubanas, estrechando así el cerco
norteamericano en la red.
Ya
el pasado 14 de febrero de 2006 el Departamento de
Estado anunció la formación de un equipo que
monitorea puntualmente a los países considerados
«regímenes represivos que controlan el uso de la
Internet», dentro de los cuales se apresuró a ubicar
a Cuba.
El
Global Internet Freedom Task Force (GIFTF),
subordinado directamente a Condoleezza Rice, se
concentrará en los «aspectos de política exterior de
la libertad en Internet», por lo menos de forma
abierta.
En
realidad, el verdadero trasfondo de esta guerra
cibernética ya anunciada por Donald Rumsfeld está en
la noticia divulgada la semana pasada, cuando el
secretario de la Fuerza Aérea, Michael Wynne,
anunció que ese cuerpo armado tiene previsto crear
lo que podría llegar a ser un comando destinado a
«proteger el ciberespacio civil y militar de Estados
Unidos».
Si
a esto le unimos que una de las líneas de propaganda
ideológica en la campaña de mentiras contra la Mayor
de las Antillas es tratar de estigmatizarla como una
«amenaza cibernética», no es de dudar que en el
futuro próximo veamos fortalecer la ya evidente
agresión.
Incluso Estados Unidos pudiera justificar el corte
del servicio de Internet a Cuba con el supuesto
«peligro informático», algo totalmente risible si se
tiene en cuenta que por culpa de la Casa Blanca los
cubanos tenemos para todo el país un ancho de banda
de Internet similar al que tiene un solo usuario
norteamericano o europeo.
Y
no exageramos en ese sentido, pues ya la guerra
empezó, aunque en el plano económico, al impedir que
empresas norteamericanas suministren equipos,
tecnologías y software a homólogas cubanas o de
terceros que comercien con estas.
En
este sentido, la Oficina de Control de Activos
Extranjeros (OFAC, según sus siglas en inglés)
mantiene una vigilancia estricta para impedir que
los ciudadanos norteamericanos utilicen la web como
pasarela para cualquier transacción electrónica que
pueda beneficiar a una institución cubana.
Desde que Bush anunció el endurecimiento de las
acciones contra el pueblo cubano en 2003, las que
entraron en vigor en 2004, el Departamento del
Tesoro, a través de la OFAC, ha regulado los
vínculos de los norteamericanos con 13 empresas de
Cuba o vinculadas a la Isla. De estas, cinco
operaban o tenían expresión por Internet y mantenían
sitios que fueron incluidos en la lista negra:
www.caribesol.ca, www.cimexweb.com,
www.havanatur.cu, www.cuba-shop.net y
www.sercuba.com.
CIBERTERRORISTAS «BUENOS»
Es muy significativo que con todas estas medidas y
agresiones contra el ciberespacio cubano, Estados
Unidos no solo viola las más elementales
regulaciones internacionales en materia de
comunicación, sino que pisotea sus propias leyes,
incluyendo legislaciones recientes como la Ley
Patriótica, que condena el terrorismo, y la Ley
Antispam.
Hoy
el gobierno norteamericano permite con total
impunidad, y hasta de manera encubierta financia, a
páginas web de corte terrorista como las de Alpha 66
y la de la radioemisora La Poderosa, y otras que
exhiben contenidos terroristas o llaman a través el
ciberespacio a su práctica, sin que nunca hayan sido
molestadas.
Alpha 66, por ejemplo, en su sitio muestra
fotografías de grupos armados terroristas
entrenándose en campos cercanos a Miami o escalando
armados montañas en el sur de California, sin que el
FBI jamás haya «detectado» este ciberterrorismo, a
pesar del rastreo constante de la red con programas
espías.
Además, muchos de estos grupúsculos y hasta las web
financiadas oficialmente por el gobierno
estadounidense, violan la legislación federal y
también la estatal de Florida que pena el «spam», al
permitir el envío masivo de mensajes de correo
electrónico no deseados, con la complicidad de
empresas informáticas como AOL, Yahoo y Hotmail.
Sin
embargo, a pesar de las denuncias públicas de estas
prácticas, y la complicidad de grandes empresas
informáticas, en esto, como en muchas otras facetas,
las leyes norteamericanas son ciegas, sordas y hasta
mancas, pues con solo dar un par de clic pudieran
cancelarse muchos sitios que hoy promueven
impunemente el ciberterrorismo contra Cuba. Por:
Amaury E. del Valle
(Cubaminrex - Juventud Rebelde ) 16-11-2006 |