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Alejandro Rodríguez Rodríguez
El
único culpable de que no todos los ciudadanos
cubanos tengamos libre acceso a la red de redes es
el criminal bloqueo económico, financiero y
comercial que nos impone el gobierno norteamericano
hace más de cuatro décadas. Nuestro gobierno
revolucionario establece una serie de limitantes
pero detrás de esa cortina —manipulada por la prensa
occidental— se encuentran las verdaderas causas.
Internet nació en los Estados Unidos como resultado
de proyectos militares y luego se extendió con el
propósito de facilitar el intercambio de información
entre todas las naciones del mundo. Este no fue más
que el pretexto utilizado por las administraciones
yankis para penetrar ideológicamente, y adueñarse de
los medios de información del mundo, creando uno
mucho más eficaz. Las auténticas intenciones no
tardaron en aparecer.
Baste
mencionar que el 90% de los habitantes del planeta
no tienen forma de acceder a la red de redes; en
América Latina, la América Nuestra, este dato
alcanza al 93. 4% de la población. Evidente: los que
se benefician con el invento son unos pocos,
concentrados en los países ricos y bien alejados de
los que más pudieran necesitarlo.
Desde
1994, Cuba accedía a Internet por mediación de un
tercer país. No fue hasta 1996, bien tarde por
cierto, que quedó integrada oficialmente a la red de
redes; solo cuando el gobierno norteamericano lo
consideró conveniente, amparado por no sé qué
artículo genocida de la ley Torricelli. Y nadie crea
que el hecho tuvo por plataforma la inexistente
bondad del imperio; esta ley argumenta que Internet
es un medio idóneo para introducir propaganda
subversiva en la Isla.
Washington y su bloqueo nos han creado diversos
obstáculos para impedir una Cuba socialista en la
red. El cable de fibra óptica, administrado por
ellos, que es el más moderno soporte para el libre
flujo de información, no puede topar suelo cubano a
pesar de que ronda nuestras costas; por lo que solo
nos queda la opción de una conexión más lenta, cara
y de peor calidad a través de satélites. No contamos
con la capacidad técnica requerida para popularizar
aún más el Internet.
Además, según el bloqueo y para frenar el desarrollo
informático del país, Cuba no puede utilizar
oficialmente algunos programas imprescindibles.
A
pesar de las trabas imperialistas, Cuba tiene
informatizados servicios sociales básicos como la
Salud y la Educación; así es como se beneficia
nuestro pueblo de los avances de la informatización.
Ocho mil jóvenes cubanos estudian en la Universidad
de Ciencias Informáticas (UCI) y otros 40 000 en
tecnológicos afines de todo el país, lo que
garantiza el presente y futuro desarrollo
informático de nuestra sociedad pues, desde el grado
preescolar, se va introduciendo la computación a las
nuevas generaciones.
También existen 600 Joven Club de Computación y
Electrónica, donde se han graduado más de un millón
de personas. Esto significa el punto de partida
hacia la alfabetización informática de nuestro
pueblo, que ha llegado hasta las comunidades más
intrincadas donde se carecía de electricidad, con el
empleo de paneles solares.
Todas
las Universidades tienen acceso pleno a Internet.
Unos 790 mil profesionales y estudiantes de todas
las categorías y niveles tienen posibilidades de
conexión, que no se usa aquí con intenciones
hegemónicas sino en intercambios con la comunidad
docente y científica internacional para afirmarnos
como potencia en el campo de la investigación.
Toda la prensa impresa y una gran parte de la radial
y la televisiva cuentan con una versión digital en
Internet, lo que ha permitido intensificar la lucha
por la extensión al mundo de la verdad de la Isla y
las acciones contra el terrorismo y por la
liberación de los Cinco Héroes antiterroristas
cubanos injustamente encarcelados en Estados Unidos.
Hoy
Cuba, con pocos recursos económicos, plantea un
camino más democrático hacia el conocimiento y el
libre intercambio entre los pueblos del mundo.
(Adelante Digital) 14-07-2006
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