Resulta curiosa esta coincidencia porque apenas 25 años después
el virtuoso del armónico (variante de la guitarra inventada por él),
destacado compositor, maestro de la segunda voz y fundador del dúo
Los Compadres, enfrentó la misma disyuntiva, y con su decisión
–conservada en secreto hasta hoy, según su voluntad- originó
interrogantes y elucubraciones que él no quiso aclarar en vida para
que nadie vinculara su éxito universal con razones políticas.
Lo cierto es que al triunfo de la Revolución, ante las amenazas
de agresión contra Cuba y con sus tres hijos menores estudiando con
todas las condiciones aseguradas, Francisco Repilado Muñoz decidió
incorporarse a las Milicias Nacionales Revolucionarias, en el
Batallón 187, con el cual participó en la lucha contra los
terroristas que asesinaban a maestros y campesinos en la Sierra del
Escambray.
Cumplida aquella misión, cursó la escuela de instructores
políticos “Osvaldo Sánchez” y permaneció movilizado en distintos
puntos del territorio nacional, hasta que desde 1961 a 1963 fue
enviado hacia la República Popular China como responsable político
de un contingente de jóvenes, quienes allá se prepararon como
especialistas de la defensa Antiaérea de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Cuba.
En esa etapa nunca se apartó de su querido armónico y compuso
marchas y canciones –como una titulada La plusvalía-, que escribanos
chinos recogieron para la historia.
De regreso a la tierra natal, estuvo destacado en distintos
puntos del territorio nacional, entre ellos la antigua base aérea de
San Julián, en Pinar del Río, hasta que se licenció,cuando ya no
eran tan inminentes las posibilidades de una agresión directa contra
Cuba.
Regresó entonces al oficio que siempre simultaneó con el arte, el
de tabaquero, y contribuyó a la formación de muchos de los actuales
maestros torcedores de tabaco, hasta que se jubiló en los años 70 y
regresó a la música.
ESPIRAL ININTERRUMPIDA
Nacido el 18 de noviembre de 1907 en la playa de Siboney,
Santiago de Cuba, Francisco Repilado Muñoz (Compay segundo)
desarrolló una exitosa carrera artística de más de 80 años y
recorrió decenas de países en los que fue admirado y recibido por
jefes de Estado, monarcas y por Su Santidad, el Papa Juan pablo
II.
Era el músico en activo más veterano del mundo, y el artista que
después de los 90 años de existencia grabó y vendió más discos y
ofreció el mayor número de conciertos en más países del planeta.
Inició su carrera profesional a los 15 años, cuando compuso la
canción Yo vengo aquí. Debutó en La Habana el 20 de mayo de 1929
como clarinetista de la Banda de Música de Santiago de Cuba,
ganadora de un concurso que le dio derecho a interpretar el Himno
Nacional en la ianuguración del Capitolio de La Habana y la
Carretera Central.
En 1934 regresó a La Habana con Ñico Saquito, y por sugerencias
de éste permaneció en la capital. Aquí trabajó como clarinetista,
cantante y ocasionalmente guitarrista en el conjunto de su compadre,
Miguel Matamoros, y en 1938 fundó el cuarteto Hatuey junto a Evelio
Machín –hermano de Antonio-, Lorenzo Hierrezuelo y Armando Dulfo; en
ese año viajó por primera vez a México, donde participó en la
filmación de las películas México lindo y Tierra Brava.
Curiosamente, fue México el último país que visitó, 65 años
después, en marzo de 2003.
Fundó junto a Lorenzo Hierrezuelo en los años 40 el dúo Los
Compadres, con el que alcanzó gran éxito en Latinoamérica.
Al separarse en los inicios de los 50, creó la agrupación Compay
Segundo y sus Amigos, con la cual viajó a República Dominicana,
donde triunfó. En esta etapa trabajaron junto él figuras como Carlos
Embale y Pío Leyva.
Tras el largo paréntesis musical debido a las movilizaciones
militares y a su jubilación como tabaquero, regresó a la música con
el trío Compay Segundo y sus muchachos, integrado junto al
guitarrista y cantante Juan Enrique Coquet, su sobrino, y a su hijo,
el contrabajista Salvador Repilado.
Exitosamente se presentaron en el restaurante del Círculo social
Cristino Naranjo, donde estrenó en presencia de Silvio Rodríguez en
1980 su mundialmente famoso Chan Chan.
Cuando falleció prematuramente su sobrino Juan Enrique Coquet, en
la segunda mitad de los 80, regresó a Santiago de Cuba y comenzó a
trabajar con el Cuarteto Patria, ya dirigido por Elíades ochoa,
junto a quien grabó por primera vez, para los Estudios Siboney, de
la EGREM, ese son, cuyo éxito, según me confesó en más de una
entrevista, radica en que sólo se basa en dos notas sensibles –“de
las que llegan al corazón, y el resto es fino adorno”-
reiteraba.
En 1988 viajó con esta agrupación a Washington a través de un
proyecto organizado por el musicólogo cubano Danilo Orozco y la
Smithonian University, y se reencontró con Marcelino Guerra
(Rapindey), radicado entonces en españa, junto a quien había
integrado el cuarteto Hatuey a finales de los años 30. El éxito fue
rotundo.
De regreso a La Habana, Pablo Milanés lo invitó a grabar en uno
de los álbumes de la colección Años, con el cual sintió renacer su
popularidad en Cuba.
Entonces decidió rehacer Compay Segundo y sus muchachos con su
hijo Salvador como manager y contrabajista, Benito Suárez como
guitarrista acompañante y Julio Fernández Colina como voz prima y
percusionista menor. Se presentaron durante una larga temporada en
el restaurante del hotel Kohly, y en 1994 viajaron por primera vez a
Sevilla, invitados al Encuentro del Flamenco y el Son, que organizan
el escritor cubano Bladimir Zamora y el músico Santiago Auserón
(Juan Perro).
La explosión europea de su éxito tuvo lugar en 1995, cuando por
sugerencia del doctor en musicología Danilo Orozco, Auserón produjo
una antología de dos discos con 32 interpretaciones de Compay
Segundo y sus Muchachos.
Fue tal el éxito, que la península Ibérica comenzó a quedarle
pequeña, y el público francés comenzó a demandar la presencia de
Compay, quien con su arte y su carisma iba cautivando a un público
necesitado de una música libre de estridencias y con poéticos textos
y melodías.
Peter Gabriel lo invitó en 1996 al festival WOMAD, que ese año se
realizaba en Islas Canarias, y allí cautivó con su encanto y su
armónico a más de 80 mil espectadores.
Por entonces, el productor inglés Nick Gold y el guitarrista
norteamericano Ry Cooder –ganadores ya de un Grammy con el africano
Ali Farka Touré- pero carentes de suficientes finanzas, piden un
préstamo y corren el riesgo de realizar el proyecto que más tarde
trascendería como Buena Vista Social Club, con relevantes veteranos
músicos, pero relegados por la euforia que provocaba en Cuba
entonces el boom salsero, hoy renombrado como timbero.
Conocedores del aval europeo de Compay Segundo, según expresó el
propio Nick Gold en entrevista a este periodista, ellos le pidieron
a Juan de Marcos González, coordinador del proyecto en La Habana,
que invitara especialmente a Compay Segundo como carta de
triunfo.
El resto de la historia es bien conocida a partir del álbum Buena
Vista Social Club (premio Grammy) y del éxito mundial del filme del
mismo nombre realizado por Wim Wenders.
Sólo resta añadir que Compay Segundo y sus muchachos han vendido
millones de copias de sus discos Antología de Compay Segundo, Yo
Vengo Aquí, Lo Mejor de la Vida, Calle Salud, las Flores de la Vida
y Duetos.
jpm/ag
*El autor es periodista de Prensa latina y desde 1980 trabaja
en la elaboración de un libro acerca de la vida y la obra de
Francisco Repilado Muñoz (Compay segundo).
(Prensa Latina)