La Habana, 14 jul (PL) Cuando
cumplió 95 años, el recién fallecido Compay Segundo concedió esta
entrevista a un periodista amigo, la última que se le hizo en vida, en
la que habló de sí mismo, de la época que le tocó en suerte y de su
música con donaire y profundidad.
Prensa Latina
transmite, a continuación, para sus lectores el texto íntegro de aquel
diálogo
memorable.
***
La Habana.- Tras 80 años de vida artística y 95 de existencia,
Francisco Repilado (Compay Segundo) continúa enardeciendo a multitudes
de todos los continentes con la magia de su armónico, el encanto de su
personalidad, y, sobre todo, con el sabor a Cuba de su
música.
En vísperas del aniversario 95 de su nacimiento,
este artista santiaguero de pura cepa continúa acariciando proyectos que
le permiten mirar la vida cada día como un punto de partida.
Rodeado de amigos, familiares y admiradores de diversos países, hace
apenas unas semanas celebró en el salón Compay 1930 del Hotel Nacional
de Cuba -bautizado así en su honor- el aniversario 80 de su vida
artística.
Esta sala en la que suelen ofrecer conciertos el
músico en activo más veterano del mundo y otras figuras emblemáticas del
pentagrama nacional, se dedicará a exhibir muestras de arte vanguardista
y servirá de sede a reuniones y congresos de temática
cultural.
En ella, el patriarca de los soneros vivió
grandes emociones este año cuando canceló una emisión postal del
Ministerio de Comunicaciones de la República de Cuba con su imagen y
recibió de manos de Harold Gramatges, presidente de la Asociación de
Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la condición de
Miembro de Mérito de esa selectiva organización no
gubernamental.
Después, durante dos noches consecutivas
los asistentes al salón Compay 1930 disfrutaron de la puesta en escena
de Se secó el arroyito, obra en un acto escrita por Compay, asumida esta
vez como revista musical por un elenco de relevantes actrices, actores,
bailarinas y bailarines del teatro, la televisión y el cine, todos bajo
la dirección de Ulises Salazar.
La velada concluyó en
ambas fechas con un memorable concierto a cargo de Compay Segundo y sus
Muchachos, quienes días antes habían inaugurado en Palma de Mallorca,
España, el ciclo de música caribeña Noches Mediterráneas,
presentado por las estrellas de Hollywood Michael Douglas y
Catherine Zeta-Jones; posteriormente actuaron con todo éxito en
República Dominicana, donde fueron recibidos por el presidente Hipólito
Mejía, y el alcalde de Santo Domingo, el cantante de merengue Jhonny
Ventura, quien entregó al longevo artista el estandarte que lo acredita
como Hijo Ilustre de esa capital. Ventura invitó al legendario músico a
grabar juntos en una próxima fecha.
Días después
viajaron a Perú, y ofrecieron ante dos mil personas, en el Centro de
Convenciones del hotel María Angola, un concierto que el periódico El
Comercio reseñó el l2 de julio bajo el título de Lima se rindió a Compay
segundo.
Una entrevista exclusiva
Lo encuentro con su sombrero
a lo Compay, su impecable terno azul oscuro en combinación con la camisa
de un tono más claro y la corbata estampada en blanco.
Me invita a sentarme a la mesa cuadrada de cedro de su terraza, donde le
gusta desayunar, almorzar con los amigos y leer -aún sin espejuelos- la
prensa y muchos escritos, entre ellos lo que se publica acerca de él en
todo el mundo.
La casa está situada apenas a una cuadra
del mar, cerca de la brisa y el salitre, como en los tiempos de la playa
de Siboney, donde nació y se crió, allá en la antigua provincia de
Oriente.
Inicia el diálogo refiriéndose a una de las
grandes alegrías que vivió en este año, el Primer Coloquio acerca de la
Trova Cubana, a cuya inauguración asistió, apenas ocho horas después de
su regreso de perú.
-Es muy importante para la cultura que por
primera vez la trova entre en el Aula Magna de la Universidad de La
Habana como un tema de estudio, y que Silvio Rodríguez, un trovador,
presidiera ese seminario en el que participaron el ministro de cultura y
académicos de mucho prestigio.
-¿Para usted qué es la
trova?
-El corazón de nuestra
historia, un manantial de cultura. Mira si la trova es fuente de
conocimiento, que por ella puedo explicarme lo que aconteció en la I
guerra mundial.
Desde niño recuerdo un texto que no se
si lo escribió Rosendo Ruiz o Sindo Garay, a esa edad ya yo estaba en la
tabaquería y los tabaqueros la cantaban, de ellos la aprendí. Ahora me
sirve para comprobar cómo anda mi salud mental.
Apoya
las manos semicerradas de artesano sobre el cedro, y como acariciándolo,
golpea suavemente con los nudillos para marcar el tiempo de la pieza que
canta íntegramente.
Hace más de 80 años que la aprendí y
no se me olvida. Por eso me sentí muy contento de reunirme en la
universidad con todas las generaciones de trovadores. Vi muchachos muy
jóvenes que ahora se inician, vi a Silvio, quien me invitó, a María
Teresa Linares y a César Portillo de la Luz, que ya andan por los 80, y
estaba yo, a punto de cumplir 95. Esto es muy bueno para la
cultura.
Tiene tanta vigencia la trova, que próximamente
voy a grabar, en homenaje a Sindo Garay, El huracán y la palma. Yo la
pienso empezar así: golpea suavemente con ambas manos sobre la mesa, a
la manera de una fanfarria, y después hace la primera y la segunda voz
de este clásico del legendario bardo bayamés.
Cuando
concluye sonríe alegre como un niño ante el estreno de un juguete y
emite la expresión con la que aprueba los buenos resultados:
¡Eeechaa¡
-Tuve la suerte de aprender muchas de esas
canciones directamente de Sindo (Garay), primer músico al que vi en mi
vida. El llegó a mi casa con su guitarra y una guayabera blanca, pidió
agua. Después la vida me dio la oportunidad de recorrer toda la isla de
Cuba junto a él.
Yo estaba en el conjunto de Miguel
Matamoros en la emisora Mil 10, se realizó una gira desde La
Habana hasta Santiago en la que participaban muchas figuras que formaban
parte del talento de esa estación radial. Me relacionaba mucho con Sindo
y con su hijo Guarionex. Durante esa gira él me enseñó muchas de sus
obras.
-¿Cuál es el secreto de un artista que triunfa
en todo el mundo después de 80 años de trabajo?
-La
lealtad del individuo a lo que cultiva. Siempre me gustaron la guitarra,
las canciones. Aprendí a tocar el tres y a esta variante que inventé y
que hasta hoy he tocado, le puse por nombre armónico, muy similar a la
guitarra pero diferente porque en el centro tiene dos cuerdas
emparejadas -o sea son siete-, que le aportan un sonido una octava más
alta, además de poderla utilizar como guitarra y también como cencerro o
campana en los montunos o estribillos. Logra una gran armonía con el
resto de las cuerdas, por eso su nombre.
Creo que he
llegado a este momento porque fui músico serenatero como se decía antes,
pero también estudié solfeo y teoría. Primero con Noemí Toro,
mandolinista y violinista, casi una niña como yo, hija de Guillermo
Toro, director y dueño de la escuela primaria a la que asistí. Gracias a
ella se cumplieron 80 años de aquel día de julio en que llegué a la
mitad del método de solfeo de Hilarión Eslava.
Recuerdo
que me dijo:
-Ya puedes escoger un instrumento y
aprender a tocar con música. Seleccioné el clarinete y me recomendó que
fuera a ver al profesor Enrique Bueno, director de la Banda Municipal de
Santiago de Cuba. Tenía yo 15 años, cuando le compré a Ernesto Toujares
un método para el aprendizaje del instrumento y un clarinete. Le pagué
haciendo tabacos en un chinchal de su propiedad, donde laboré con
dos o tres tabaqueros más.
En aquel año 1922 también
compuse mi primera canción -Yo vengo aquí-, dedicada a una muchacha
achinada de la que me enamoré, por eso al final en el estribillo digo:
"china, tú me has robado el corazón".
Después de aquello
estudié con el maestro Enrique Bueno e ingresé en la Banda Municipal de
Santiago de Cuba como clarinetista. En 1929 recuerdo que vinimos a
inaugurar la Carretera Central y el Capitolio de la República. Cuando se
izó la primera bandera, yo toqué el clarinete ahí, pues nuestra banda
había ganado el primer premio en un concurso.
Nunca
imaginé que en el entonces lejano siglo XXI pudiera contar toda esa
historia, y mucho menos que llegara a donde he llegado: al Vaticano,
adonde fui invitado por el Papa. Todo eso ha llegado como una sorpresa,
pero yo le tengo ya una canción a esas vivencias, Las flores de la vida,
que dan título a uno de mis discos. Estuvo nominada al premio Grammy,
reconocimiento que otorgan los académicos de la música en Estados
Unidos.
Esa pieza la escribí en Alemania, le puse música
en La Habana y la introducción mientras volaba hacia mi encuentro con el
Papa.
-Usted siempre habla de la superación personal,
¿Se Secó el arroyito es una muestra de ese afán?
-Sí. Con la edad que tengo creo que demostré lo que siempre he dicho: de
compositor pasé a escritor. Y aunque se trata de una obra modesta,
transformada ahora en comedia musical por el director Ulises Salazar, a
partir del conflicto entre ricos y pobres y entre una pareja que ve su
amor frustrado por la influencia de una madre con deseos de que su hija
escale socialmente, reflejada primero en mi guajira Se secó el arroyito,
logré después una obra teatral.
Me impresiona que el
público llenó durante tres días la sala grande del Teatro Nacional, y me
emociona que mis amigos del hotel insignia de la cultura cubana (el
Nacional) la seleccionara para agasajarme en ocasión de mis 80 años de
vida artística. Estoy más que agradecido a ellos y a la
vida.
-¿Recuerda su primera actuación como
músico?
-Todavía con pantalones cortos, a los
12 años hice el sexteto Los seis ases, éramos niños del Tivolí, en
Santiago de Cuba, y gustábamos mucho. Competíamos con los del Tropical,
del barrio de Los Hoyos. Yo tocaba el tres y compuse el tema del
grupo.
-Entonces en realidad usted empezó a
componer desde hace 90 años-
-Sí. Pero lo
importante no es cuándo uno empieza, sino continuar sin cansarse. Ahora
compuse mi penúltima pieza No hagas el amor borracho, donde critico el
alcoholismo. Parto de la idea de que cuando uno va a tener un hijo debe
estar sano, para que el muchacho crezca saludable. A través de la
jocosidad del cubano critico a las personas viciosas.
-¿Piensa en nuevas canciones?
-Por lo general me
inspiro cuando me acuesto, porque cuando voy a la cama hago el recuento
del día, con quién hablé, qué hice, qué dije, si lo hice bien o mal.
Analizo todo lo que pasó. Bueno, pues ahí mismo me surgen palabras
bonitas, que ni tengo la idea de que las pueda decir.
Esa es mi forma de inspiración, según me dijo el musicólogo Danilo
Orozco. Tres o cuatro frases que nunca había pensado, las escribo
enseguida y después continúo. Así he escrito más de 100
canciones.
Eso me sucede con mi música y con piezas de
otros autores de las que ya nadie se acuerda, se me pegan por la mañana,
y ya tengo ahí para varias horas, hasta que las incluyo en mi
repertorio.
-Ochenta años de vida artística en plenitud de
facultades otorgan cierta autoridad. ¿Qué le aconseja a los músicos más
jóvenes?
-La música hay que estudiarla además de sentirla,
tiene secretos, es una conversación. Mira si es grande, que si la
escribe un chino yo la entiendo. Es internacional. Entonces es
imprescindible estudiarla.
Claro, los cubanos tenemos
nuestros modismos y nos basamos en el cinquillo -cinco notas donde deben
ir seis-, pero nosotros le damos un aire para hacerlo bailable. Eso le
imprime ese sabor sabroso que tanto gusta en el mundo.
Hay que conocer las notas fuertes, las sensibles o sentimentales que
llegan al alma. Yo tengo un número conocido en el mundo entero, Chan
Chan, tiene sólo cuatro notas, todas sensibles o sentimentales (canta
entonces varias estrofas del primer surco del álbum Buena Vista Social
Club). Eso hay que saberlo, y por eso lo único que les aconsejo a los
músicos más jóvenes que yo, todos, porque soy el más viejo del mundo,
que no se cansen de
aprender.
-Habla usted mucho de la cubanía,
¿Cómo la siente?
-Soy estudioso por mi oficio, de
niño estuve en las tabaquerías, y ya de adulto trabajé 20 años en la
Montecristo. Conozco de la historia de mi país desde José Miguel Gómez,
Menocal, Zayas, Machado, todos hasta Batista, quien dio varios golpes
militares, y después he visto la Revolución de 1959 hasta hoy. Vi la
época de los partidos, conservadores y liberales. Todo eso lo he sentido
porque han gobernado el país, y sus errores como pueblo los hemos
sufrido.
Yo no soy un político, lo mío es la música.
Pero cuando oi por primera vez que un hombre llamado Fidel estaba en la
Sierra Maestra, y que lo primero que creó fue una escuela para enseñar a
los guajiros y a sus hijos, eso me causó admiración. Eso fue muy
bonito.
Ojalá que todos los presidentes tomaran interés
en la educación, en la salud, en la cultura de sus pueblos, no en la
política.
Nosotros andamos recorriendo el mundo, y a
veces vemos multitudes de gente que no tienen casas, ni alimentos,
ni medicina ni educación y mucho menos acceso a la cultura, ¿por qué
señor?
Vivo feliz porque he visto cómo en mi país se fue
formando una población que hoy llena de orgullo por su cultura. Por eso,
si puedo subastar uno de mis sombreros en 20 mil dólares y donarlos para
la salud o la educación lo hago con gusto. Ya he donado para la salud
pública en los dos últimos años 37 mil 500 dólares. Para mí eso es la
cubanía.
-¿Y cuándo va a reclamar los récords
Guinness, de los que hemos conversado desde hace varios
años?
-La música no es un deporte. Los récords son
de los deportistas. Y aunque no me opongo a que algún amigo o alguna
institución haga esa reclamación, prefiero dedicar mi tiempo a pensar en
otras cosas. Me entristece mucho todo eso que leo en estos periódicos,
conflictos entre pueblos por el petróleo, por los minerales y hasta por
el agua. Matanzas y masacres de pueblos enteros, terrorismo, guerras
criminales, contaminación de las aguas, aumento de los desiertos, gases
que están calentando el planeta y que amenazan con desaparecer islas
completas. Eso debe preocuparnos a todos.
Los que ya
hemos disfrutado de las flores de la vida, ¿qué mundo dejaremos en
herencia a los que ahora son niños o están por nacer?
En
el campo a veces se pierden miles de científicos, artistas, maestros,
deportistas, porque la sociedad no les propicia un desarrollo desde la
infancia. Entre los pobres y en el campo hay inteligencias que
requieren
ayuda. Cuba ha dado un buen ejemplo. El
propio presidente ha ido al campo, a las montañas, a inaugurar escuelas
con televisores, computadoras y fuentes de energía solar para que no
falte la corriente. Y de los campos han salido valores muy
grandes.
Yo no soy un clásico, pero sí me siento en el
deber de ser un pensador, y cambié la palabra arma por alma. En
mis viajes por el mundo lo repito: vamos a cambiar las armas por las
almas para ver si con la cultura podemos salvar a la
humanidad.
-¿Cómo se mira a la vida desde la edad de
95 años?
-Como lo único que existe. La muerte es una
falacia. Nosotros no morimos, nos transformamos. De nuestro cuerpo salen
gusanitos que después se convierten en mariposas y emprenden el vuelo.
Por eso digo a los niños que no cacen ni maten a las mariposas, pudiera
tratarse de un gran artista o un gran poeta.
Por eso en
mi canción Clarabella concluyo diciendo: Yo nunca pienso que me tengo
que morir.
(Adelante Digital) 14 de junio del 2003