En medio del largo camino existente entre
los poblados de Alto Cedro y Marcané, ubicados en medio de una de las
serranías del Oriente cubano, existe desde ahora una nueva parada para
los amantes de la música: La Inmortalidad.
Este alto
espontáneo en la vía no tendrá señal alguna, por el hecho de que
el hombre al cual estará dedicado, logró adjudicárselo con
una canción que lo eternizará. Una de esas tantas que en su vida de
juglar cubanísimo interpretó. El Chan Chan.
Máximo
Francisco Repilado Muñoz o "Compay Segundo" ha muerto hoy 14
julio, a la edad de 95 años, en la capital cubana.
Esta vez una insuficiencia renal pesó más en su vida, que la especial
guitarra que un día creara, y la cual llevó como "niña de sus ojos" a
cada guateque guajiro, fiesta familiar, estudio de grabación o a las
últimas giras y multitudinarios conciertos que dio por el
mundo.
Compay Segundo es una leyenda del son cubano, y
no sólo por el hecho de iniciarse en el mundo de la música a los siete
años, siendo hijo de un campesino pobre en su natal Siboney, en la
Ciudad Héroe de Santiago de Cuba.
También por el amor
que le tuvo al clarinete y la guitarra desde los 17 años, hecho
que lo motivó a crearle a esta última una variación llamada "el
armónico", que al parecer sólo él sabía tocar.
Durante
los años 40 integró el magnífico Trío Matamoros y luego el dúo Los
Compadres, junto a Lorenzo Hierrezuelo, y desde entonces fue un activo
protagonista de las historias que contaban los temas de sus
canciones.
Durante otro período de su vida ejerció
varios oficios, y entre ellos el de tabaquero, de ahí que siempre
mantuviera el habano en ristre. Pero a pesar de ello, para el "montuno"
siempre pudo más la música que otra cosa, y es por ello que se las
arregló para nunca pasar inadvertido.
Tras grabar en
1995 su disco Antología, el camino a la fama internacional le
quedó despejado, dado que su vitalidad y sonoridad eran perfectas para
integrar el Buena Vista Social Club (BVSC).
Repilado
encajó perfectamente en la magistral creación de dos músicos con talento
y olfato: el cubano Juan de Marcos González y del guitarrista
norteamericano Ry Cooder.
Con profesionalidad, calidad y
talento logró convertirse en una figura admirada en el mundo, y puso en
labios de todas las latitudes su tema El Chan Chan, esa obra que puede
considerarse como la continuación de la mundialmente conocida
Guantanamera, de otro inmortal: Joseíto Fernández.
Sus
nueve discos grabados hasta hoy, con certeza, serán escuchados por
generaciones, y por otra parte, sus sugerentes títulos así lo motivarán:
"Lo mejor de la vida", Las flores de la vida", "Calle Salud"..., entre
otros, están llenos de gracia, frescura, ritmo y
cubanía.
Fuera de Cuba, consideraba a México como su
segunda casa, y allí viajó de manera esporádica desde el año 1938,
desde que la visitara por primera vez invitado por el gobierno del
presidente Lázaro Cárdenas. Nunca la soslayó. Aún cuando recorrió luego
escenarios del mundo entero.
No bastarían las cuartillas
para hablar de este gran músico, que logró subastar sus sombreros para
así obtener fondos para luchar contra el cáncer, o que envolvía a la vez
con sus historias de la nominación al Grammy o de las actuaciones junto
a María Félix, Chaflán o Cantinflas.
La música lo llevó
a vértices lejanos y diversos, a deleitar igualmente a un alto dirigente
comunista que al Sumo Pontífice; porque lo cierto es que Compay era y
será siempre eso, convergencia de Patria, identidad y sonoridad.
(Adelante Digital) 14 de julio del 2003