|
POR MIREYA
CASTAÑEDA / FOTOS: SAMUEL
HERNANDEZ —de Granma
Internacional—
COMPAY
Segundo ha fallecido en La Habana a los 95 años.
Desde la capital cubana había alcanzado fama
mundial y se lo agradeció asentándose en ella.
Pero su última morada, por su expresa petición,
está en la necrópolis de Santa Ifigenia, en
Santiago de Cuba, donde ya descansan otros grandes
de la música cubana con quienes compartió, Miguel
Matamoros y Ñico Saquito. Bromeaba siempre
con su longevidad, y afirmaba que su sueño era
llegar a los 100 años, pues su abuela, una esclava
liberta, vivió hasta los 116.
Lo cierto
es que fue un eterno joven, tal como lo recordaba
en sus funerales la cantante Omara Portundo, quien
compartiera con Compay el gran éxito que es el
disco Buena Vista Social Club, de 1997, sin dudas
el momento de despegue mundial.
Compay
supo forjar e imponer su estilo, y para ello
inventó incluso su propio instrumento, el
"armónico" (mezcla de guitarra y tres
cubano). En este momento de triste recuento,
hay que reiterar algunos datos ya muy conocidos.
Francisco Repilado, su nombre verdadero, nació el
18 de noviembre de 1907 en Siboney, en el oriente
cubano, muy cerca de Santiago de Cuba, adonde su
familia se trasladó cuando él contaba nueve
años. Dicen sus biógrafos que desde que tenía
14 años ya se le veía con un tres en las manos, y
en alguna de las decenas de entrevistas que
concedió afirmó: “Yo pensaba como una persona
adulta. Pensaba que debía tener mi oficio, que
tenía que ser músico y procurar ser el mejor. Mis
maestros siempre fueron los mejores: Pepe Bandera,
Rafaelito Cueto (miembro del trío Matamoros).
Cuando ya poseía cierta habilidad, formé parte del
sexteto Los Seis Ases”.
Este
hombre de corazón de oro, quien apenas visitó la
escuela, se inició en la música de forma
autodidacta, luego podría estudiar solfeo y
clarinete, instrumento que aprendió con Enrique
Bueno, quien además era el director de la Banda
Municipal de Santiago de Cuba, de la cual Compay
formó parte como clarinetista, y con la cual
visitó La Habana por primera vez en 1929. En
los años 30, grabó varios discos para la RCA
Víctor, y fue a México con el cuarteto Hatuey.
Durante esa gira, todas las presentaciones fueron
un éxito y participó en dos filmes: México Lindo y
Tierra Brava. En 1935 pasó a formar parte del
cuarteto Cubanacán bajo la dirección de Aníbal
Carrillo.
Volvió a La Habana con el quinteto
Cuban Stars, dirigido por Ñico Saquito, y es ahí
donde empieza a utilizar el armónico, con su
timbre tan peculiar. Al dejar este grupo,
nuevamente opta por el clarinete y forma parte,
por más de diez años, del Conjunto
Matamoros. Pero fue en la década del 40,
cuando junto a Lorenzo Hierrezuelo crea el dúo Los
Compadres, grupo mítico del son cubano, en el cual
hacía la segunda voz, que se le empieza a conocer
como Compay Segundo.
Cuando
casi una década después se separa este dúo, Compay
forma su grupo en el que participan como cantantes
Carlos Embale y Pío Leyva. Luego vendría un largo
intermezzo sin una presencia en los escenarios
cubanos, y aunque se mantenía haciendo música,
debió volver a su viejo oficio de
tabaquero. Igual que nunca olvidó a su novia
eterna, para quien compuso la tan cantada Macusa,
volvió a la música con una nueva agrupación,
Compay Segundo y sus Muchachos, trabajando, a
principios de los años 80, en diversos lugares de
La Habana y a fines de ese decenio, en Guadalupe,
Trinidad y Tobago.
El
éxito y la fama mundial, nadie podría ponerlo en
duda, llegó para Compay Segundo a partir de su
participación en 1996 en el proyecto del
guitarrista norteamericano Ry Cooder, Buena Vista
Social Club, en el cual se incluyen otros tantos
veteranos músicos cubanos. El CD del mismo nombre
es historia, ganó el premio Grammy. La crítica ha
calificado al disco de “milagro de elegancia,
sobriedad, justeza y profundidad y que en su
primera nota llega hasta el alma con el luminoso
Chan-Chan”. Dos años más tarde, los
integrantes del Buena Vista, auténticas leyendas
cubanas —Compay Segundo, de 90 años; Rubén
González, de 78; Ibrahím Ferrer y Manuel
“Puntillita” Licea, de 70; Manuel “Guajiro”
Mirabal, Orlando López “Cachaíto” y Raúl Planas,
de 65, quienes escoltados por los “pollitos”
Eliades Ochoa (53); Félix Valoy (55); Maceo
Rodríguez (45), y Barbarito Torres (43)— serían
seguidos por un equipo de filmación dirigido por
el alemán Wim Wenders, y repetirían la historia
llevando al mundo entero, en imagen y sonido, el
genio, el ritmo y la alegría que por décadas
habían estado transmitiendo en la Isla.
Como
declarara el ministro cubano de Cultura, Abel
Prieto, Compay Segundo llega a los grandes
circuitos musicales internacionales, pero lo hace
sin hacer concesiones a su autenticidad. Ahí están
grabados sus conciertos, donde miles de personas
en Europa y América corean su Chan Chan o su
Macusa. Para Compay “si no fuera por el son,
existiría en el mundo una tristeza bárbara”, y
como definió en reciente entrevista, la trova es
“sentimiento, sinceridad y
melodía”.
Es
por esa convicción seguramente que Compay Segundo
ha sido y será un sonero singular, considerado a
la vez el trovador más famoso del mundo, que el
año pasado lanzó el CD Dúos, un disco para
disfrutar, en el que hace su poderosa voz segunda
a celebridades como Silvio Rodríguez, Cesaria
Evora, Eliades Ochoa, Charles Aznavour, Antonio
Banderas, Pablo Milanés y Omara
Portundo. Singular y más famoso, porque fue
heredero del saber hacer de los trovadores
tradicionales de Santiago de Cuba, cuna del son y
del bolero. Nueve décadas de vida no lograron
opacarle la mirada ni desvenacerle su amplia
sonrisa. Así, fue un eterno joven. Luego del
boom del Buena Vista Social Club, Compay lleva su
música a los escenarios más exigentes. Y la clave
es “su música”, como siempre repetiría a los
jóvenes músicos cubanos: “Mantengan siempre su
cultura, expresen siempre su tradición
musical”. Esa autenticidad fue la que
buscaban los más diversos públicos y las casas
discográficas, incluso antes del fenómeno del
Buena Vista, en 1995, el español Santiago Auserón
había editado Antología de Compay Segundo. A
partir de aquel boom, fueron para Compay Segundo
seis años de intenso trabajo musical, cantar,
componer, giras, conciertos, y hasta escribió una
novela llevada al teatro en versión musical: Se
secó el arrollito. Su sombrero, su eterno
tabaco, aquella vitalidad asombrosa, su más de un
centenar de temas harán que recordemos siempre a
Compay Segundo, ahora leyenda del son
cubano. Su propio estribillo debe cerrar este
homenaje: El cariño que tengo, yo no lo puedo
olvidar...
(Granma) 15 de julio de 2003 |