Comandante
en Jefe
Fidel Castro Ruz

 

  

English Français عربي
Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz > Cien Horas Con Fidel

 Cien Horas Con Fidel-Capítulo 25-Cuba Hoy

 

CUBA HOY

  

DERECHOS HUMANOS  – EL EMBARGO ECONÓMICO  –  LA PRENSA Y LA
INFORMACIÓN  –  LOS ATENTADOS DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001  –
LA AGRESIVIDAD DEL PRESIDENTE BUSH  – LA GUERRA DE IRAK  –
¿UNA “GUERRA PREVENTIVA” CONTRA CUBA? – SOBRE EL TERRORISMO

 

¿Cuáles son las principales preocupaciones que, como Jefe de Estado, tiene usted actualmente?

Hoy la atención nuestra se concentra en la lucha contra el terrorismo, en la lucha contra el espionaje. Se concentra nuestro país en la lucha por la liberación de los cinco héroes, que están presos en Estados Unidos. En lo interno, estamos enfrascados en una lucha contra diversas manifestaciones de corrupción, en una fuerte campaña por promover el ahorro energético y por transformar todo el sistema de generación de energía en el país —lo que hemos calificado de una verdadera revolución energética—, por mejorar aún más la calidad y eficiencia de nuestros sistemas de educación y de salud. Hemos dedicado mucha atención y energías al desarrollo de nuevos programas de colaboración internacionalista, como la presencia de miles de médicos y personal cubano de la salud en muchos lugares del mundo. En Pakistán, por ejemplo, después del terremoto que ha provocado tanta muerte y destrucción. 0 como la Operación Milagro, que está teniendo ya resultados espectaculares. [1] Se preocupa el país por la crisis económica internacional; se preocupa el país por los problemas del petróleo, por contrarrestar todas las medidas de guerra económica y de guerra política; se concentra el país en las batallas, allá en Ginebra, en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, donde todo el mundo sabe el show que tiene lugar año tras ano, las mentiras y las calumnias que allí se dicen contra nosotros. Al mundo no se le cuenta que el 80 por ciento de las medidas en defensa de los derechos humanos que aprueba esa Comisión son propuestas de Cuba.

¿En la Comisión de Derechos Humanos, de Ginebra?

Sí. Propuestas hechas por Cuba, apoyadas a veces por todos los países menos Estados Unidos, siempre por 30, 35, 40 votos. Hay un solo tema en que Estados Unidos se empeña, presiona, amenaza.

El de Cuba.

Es el de Cuba. Para condenar a Cuba por “violaciones de los derechos humanos”. No hay protesta de ningún tipo por eso, al contrario, suministro de argumentos para que Estados Unidos allí condene a Cuba. Y hay una batalla anual fuerte.

Hay otra que es en la Asamblea General de Naciones Unidas, donde cada vez Cuba tiene más votos contra el bloqueo, este año [2005] rebasó la cifra de 180; sólo cuatro países votaron en contra: Estados Unidos, por supuesto, Israel, su incondicional aliado, y dos de los minúsculos Estados insulares del Pacifico cuya subsistencia misma depende enteramente de los Estados Unidos. Es decir, más del 90 por ciento de los miembros de Naciones Unidas.

¿El 90 por ciento de los países de la ONU apoyan la denuncia de Cuba contra el embargo económico?

Sí. Hay algunos pocos que se abstienen y solo tres apoyan a Estados Unidos: las Islas Marshall,[2] unas islitas —aunque yo respeto el tamaño de cualquier país, pero ésas son unas islitas del Pacifico que eran protectorado yanqui— Palau e Israel que, desgraciadamente, incurre en el inglorioso papel de socio de Estados Unidos, apoyando el bloqueo contra Cuba y contra la opinión de más del... Bueno, del ciento por ciento, porque los que se abstienen realmente se abstienen no porque estén de acuerdo con el bloqueo, se abstienen por los problemas que se buscarían.

Hay que mirar con admiración decenas y decenas de países que tienen pendiente un crédito en el Fondo Monetario, o en el Banco Mundial, o alguna necesidad económica, que dependen de Estados Unidos, y que votan contra el bloqueo allí. No es votación secreta, es votación pública; si las votaciones allí fueran secretas, si en Ginebra las votaciones fueran secretas...

Desde luego, hay que decir “en honor de Europa”, que vota en Ginebra como una mafia junto a Estados Unidos siempre. Debo decirlo, es mi deber. Pero nunca se ha cuestionado. La OTAN entera vota, y quienes no son de la OTAN. Cuando el campo socialista existía no prosperaba ninguna maniobra de ésas; pero hubo cambio de camisa, cambio de bando, se pasaron al lado de allá, y aun así hace cinco años se descuidaron un poco y se quedaron en minoría.

Nunca había pasado lo que le pasó a Estados Unidos, los que eligen precisamente a los miembros de la Comisión de Derechos Humanos, no eligieron a Estados Unidos. Se han pasado meses averiguando quiénes demonios pueden ser los que, en votación secreta, votaron en contra, pero se quedaron en minoría, y ahora no se arriesgaron a una votación secreta, sino buscaron un candidato que renunciara para que, de facto, el candidato propuesto ganara. Es decir, tuvieron que pedir la renuncia de un candidato. Y así es como se hacen las cosas allí, y todas estas campañas se han venido haciendo, y son muchas; no ha faltado una a lo largo de 46 años, una y otra, otra y otra.

El reproche que más frecuentemente le hacen a Cuba es de encarcelar a los opositores políticos.

¿Quién ha puesto en libertad, antes de cumplir la sanción, a miles y miles de contrarrevolucionarios? El gobierno de Cuba. No fue el gobierno de Estados Unidos. Estados Unidos ha utilizado cualquier arresto que se produce aquí en virtud de la aplicación de leyes, simplemente, para hacer campanas de propaganda contra nosotros.

Mire, ustedes en Europa tienen leyes muy duras, mucho más duras que las nuestras, contra los delitos políticos. En Inglaterra, las cárceles estaban llenas de presos irlandeses que tenían motivación política y patriótica. Hubo una vez una huelga de hambre, recuerdo, en la que los ingleses dejaron morir a numerosos presos irlandeses. Los españoles utilizan leyes muy duras contra los presos vascos que luchan allí por razones políticas. El gobierno italiano aún tiene encarcelados a gente de las Brigadas Rojas que actuaron en los años 1970... El gobierno alemán sabemos cómo fue de duro con los miembros del grupo de Baader, [3] que casi todos murieron en prisión. En Francia, cuántas decenas de prisioneros corsos hay que luchan por razones políticas.

Y Estados Unidos, por qué no pone en libertad a los puertorriqueños que luchan por la independencia de Puerto Rico? [4] Por qué no pone en libertad al periodista Mumia Abu-Jamal, que lleva más de 23 años preso? ¿Por qué no libera al dirigente indígena Leonard Peltier, que lleva en prisión más de 25 años?

Nosotros, ya le conté que, después de Girón, fueron 1.200 prisioneros de una sola vez los que pusimos en libertad. Aquella vez, en los primeros años de la Revolución, había alrededor de 300 organizaciones contrarrevolucionarias y era la época del terrorismo y del sabotaje a montones, y llego a existir en el país alrededor de quince mil presos...

¿Quince mil presos políticos, después de la Revolución?

Llámeles usted políticos, si quiere. Ya le hablé de los años aquellos de Girón, Crisis de Octubre, Operación Mangosta. Hubo decenas de operaciones contra nosotros que dieron lugar a miles de sabotajes y actos de terrorismo, que costaron montones de vidas. Bandas armadas, guerra sucia, que nos costaron más vidas que la propia guerra nuestra.

Hubo también aquel atentado en 1976 contra un avión civil cubano que estalló en el aire.

Y todos murieron. Están las fotos de un millón de personas protestando. Y el autor de ese crimen, un terrorista internacional convicto y confeso, Luis Posada Carriles, ha sido acogido en marzo de 2005 en Estados Unidos. ¡En plena pretendida “guerra contra el terrorismo internacional” le han dado asilo a uno de los más grandes terroristas internacionales! ¿Habrá acaso dos terrorismos? ¿El bueno y el malo? Nosotros le hemos hecho muchas veces al presidente Bush, a “Bushecito”, una sana pregunta bien sencilla: ¿Por dónde entró Posada Carriles a Estados Unidos? ¿En qué barco? ¿Por qué puerto? ¿Cuál de los príncipes herederos de la corona lo autorizó? Sería el hermano gordito de Florida [el gobernador Jeb Bush]? Y que me perdone lo de “gordito”, no es una crítica, sino la sugerencia de que haga ejercicios y guarde dieta, lo digo por la salud del caballero. ¿Quién recibió a Posada Carriles? ¿Quién le dio permiso? ¿Por qué quien tan desvergonzadamente lo llevó a Estados Unidos se pasea por las calles de la Florida y de Miami? Y el muy desvergonzadito de “Bushecito” no ha querido responder todavía, está ahí calladito. Las autoridades de nuestro hermano país, México, tampoco han tenido tiempo —parece que tienen mucho trabajo— de responder a la pregunta.[5]

Vea si son descarados, dicen todas las mentiras del mundo, y cuando les hacen una ingenua preguntica, una sencilla preguntica, pasan meses y no responden una palabra. Así que, en Cuba, frente a tantas agresiones y tantas complicidades, en todos estos años, ¿qué podíamos hacer nosotros? Y había leyes, las leyes eran rigurosas, sI, lo que no se ha producido nunca aquí es la muerte de un prisionero, una ejecución extrajudicial. Pero teníamos que defendernos. Yo no creo que sea un delito defenderse, y no hay ningún proceso histórico que no se haya defendido, de una forma o de otra. Es lo más legitimo que pueda hacerse, porque si no, renuncie usted y váyase para el diablo, conviértase en un predicador, hágase pastor, predique exclusivamente los Evangelios, contra los cuales no estoy, porque tienen muchas cosas positivas, pero nosotros no escogimos una carrera de pastor o de predicador, sino de política revolucionaria dentro de una ética.

Al presidente Chávez, de Venezuela, también lo han atacado.

Usted lo conoce bien, y lo conoce el mundo, el Estado que no se defienda lo hacen trizas. Mire lo que está pasando en Venezuela. Ya hablamos de eso. No hay hombre que haya respetado tanto los derechos democráticos y humanos como Chávez. Han dado un golpe de Estado, han secuestrado al Presidente, ha corrido peligro su vida. Han nombrado a un hombre que a las pocas horas habla pisoteado todos los derechos políticos, humanos, las libertades, había disuelto el Parlamento. el poder judicial, había cerrado radios, arrestado a patriotas, un fascista ahí, Carmona, que era el Presidente de Fedecámaras, la patronal... Después metieron una huelga petrolera. Y allí no hay uno solo preso político.

¿A usted le irrita particularmente la acusación de violación de los derechos humanos que regularmente se formula contra Cuba?

Mire, creo que no hay un país con un historial más limpio en materia de derechos humanos que Cuba. Lo que la Revolución ha hecho por nuestra población se puede expresar en cifras que ningún otro Estado es capaz de exponer. En estos 46 años desde la Revolución, se les ha salvado la vida a no menos de 450 mil niños, que habrían muerto aquí sin los progresos aportados por la Revolución. La perspectiva de vida de los ciudadanos en Cuba ha alcanzado casi 18 años por encima de la que tenía en 1959, al triunfo de la Revolución.

Hemos brindado posibilidad de alfabetizarse, de ir a la escuela a todos los niños, y la posibilidad de estudiar a todos los ciudadanos. En el terreno de la educación y de la salud no hay ningún país, en el Tercer Mundo y hasta en el mundo capitalista desarrollado, que haya hecho lo que nosotros hemos hecho. La mendicidad, el desempleo fueron erradicados. Los vicios, el consumo de droga, el juego fueron también erradicados. Usted no encontrará aquí niños pordioseros o limosneros, o niños durmiendo en la calle, o niños descalzos o desnutridos, o niños sin escuela.

Y no quiero extenderme sobre la ayuda que hemos aportado a decenas de países del Tercer Mundo; hay médicos cubanos en más de cuarenta países trabajando gratuitamente y que han salvado miles de vidas humanas. Nosotros hemos atendido y dado tratamiento gratuito a miles de niños de Chernóbil que ningún país extranjero acogió. Creo que en ningún otro lugar del mundo se ha igualado la generosidad con el ser humano como en Cuba. ¿Y éste es el país que se pretende condenar por violación de derechos humanos? Solo con la mentira y con la calumnia se pueden formular acusaciones tan profundamente deshonestas.

No pienso que se critique a Cuba por su política de salud, es quizá, al contrario, algo que se valoriza generalmente. Aunque si creo que se conocen mal las cifras, y también lo que dice usted de la ayuda a países del Tercer Mundo. ¿Podría usted dar algunos datos?

En política de salud, Cuba muestra un índice de mortalidad infantil menor de 6 por cada mil nacidos vivos en su primer año de vida, debajo de Canadá por escaso margen. Se encamina a menos de 5 y tal vez a menos de 4 en un futuro no lejano, para ocupar el primer lugar del continente. A su vez tardará la mitad del tiempo que empleó Suecia y Japón para elevar de 70 a 80 años su perspectiva de vida, que hoy alcanza los 77,5 años. Sus servicios médicos han elevado esas perspectivas en casi 18 años, a partir de aproximadamente 60 al triunfo de la Revolución en enero de 1959.

Hoy nuestro pueblo tiene a su disposición, por lo menos, 15 médicos, y mucho mejor distribuidos, por cada uno de los que quedaron aquí en el país en 1959. Tiene decenas de miles en el exterior prestando servicios solidarios. Cuba tiene ya más de 70 mil médicos. Hay en este momento —le doy la cifra exacta— 25 mil estudiantes de medicina. No le hablo de las decenas de miles de estudiantes-de otras ciencias médicas. Si se incluye a todos los que están estudiando licenciatura en enfermería, y a todos los que estudian carreras relacionadas con la salud, tenemos la idea de que estén estudiando, en el área de la medicina, alrededor de 90 mil estudiantes.

Habrá muchas escuelas de medicina, en otras ciudades de Cuba, de 400 ó 450 alumnos, alojados en casas de familias serias, con preparación profesional y cultural, cuyo perfil psicológico ha sido estudiado, así como el perfil del estudiante y de la familia del estudiante; una experiencia nueva y única. Escuelas con excelentes condiciones materiales, el equipamiento necesario para los estudios, medios visuales, programas interactivos. Eso significa que un médico, en seis años de estudios, va a tener los conocimientos que a través de los métodos tradicionales habría necesitado veinte años para adquirirlos.

Estamos luchando por crear el mejor capital médico del mundo. Y no solo para nosotros, sino para los pueblos de América Latina, y otros pueblos del mundo. Habrá 12 mil estudiantes en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina), y hay ya 2 mil jóvenes bachilleres bolivianos aquí. Ya muchos países están solicitándonos que les formemos médicos, tenemos con qué formarlos, y nadie los puede formar mejor. Hemos desarrollado métodos pedagógicos con los que ni siquiera soñábamos. Ya lo veremos, y rápido. Tendremos decenas de miles de estudiantes latinoamericanos en escuelas de medicina. Y nuestro país deberá formar, en los próximos diez años, unos 100 mil médicos latinoamericanos y caribeños, bajo los principios del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), suscritos entre Cuba y Venezuela, que aportará igual cifra, en marcha decidida hacia la integración de nuestros pueblos.

Con el presidente Hugo Chávez, en nombre de los dos pueblos, nos hemos comprometido con importantes programas sociales y económicos de gran contenido humano e integrador en nuestra área. En particular, el apoyo a la alfabetización, la educación, Petrocaribe, Electrocaribe, la lucha contra el virus VIH del SIDA, y la salud.

También decidieron lanzar la Operación Milagro.

Sí. En este marco, se lanzó la Operación Milagro, la ingente tarea de preservar y devolver la vista a no menos de seis millones de latinoamericanos y caribeños, y de formar a 200 mil profesionales de la salud en diez años que no tiene precedentes en el mundo. Se empezó por Venezuela, y decidimos extender la Misión Milagro a los países del Caribe. En septiembre de 2005, el número de caribeños operados de la vista en nuestro país ascendía ya a 4.2 12, y el de venezolanos a 79.450, que sumados alcanzaban la cifra de 83.662.

Y Cuba está enviando también brigadas de médicos a lugares donde se producen catástrofes, ¿no es así?

Así es. Hemos creado un Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias, el contingente “Henry Reeve”. Ningún otro país podría enviar a un hermano pueblo de Centroamérica golpeado por un ciclón mil médicos, como los que enviamos en otoño de 2005. 0 como los que en este momento [invierno de 2005], se hallan al otro lado de la Tierra, a 18 horas de vuelo de La Habana, enfrentándose en Cachemira, Pakistán, al dolor y a la muerte, frente a la más grande tragedia natural ocurrida en nuestro mundo en mucho tiempo. No recuerdo otra, por el lugar en que se produce, por el pueblo humilde que golpea, pueblo de pastores que viven en altísimas montañas, y en vísperas de un invierno, allí, donde el frió es muy intenso, y la pobreza muy grande.

Una por una, a cada una de esas brigadas, les he hablado, las he despedido. Conocemos lo que están haciendo nuestros compatriotas en todas partes, estamos en permanente comunicación con ellos, los del contingente “Henry Reeve” y otros muchos. Hay toda una hermosa historia, que en este momentos se desarrolla, como nunca antes en la historia y en la vida de nuestra Revolución.

Usted me mostró la impresionante documentación que lee y consulta cada mañana para seguir de cerca los acontecimientos del mundo; decenas de cables y de artículos traducidos de la prensa internacional. Y a este respecto quisiera que hablásemos de la información en Cuba. La impresión que se tiene es que, aunque hay excelentes periodistas, hay muy poca información crítica sobre lo que pasa en Cuba. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Mire, sinceramente, nuestros órganos de prensa no están en manos de los enemigos de la Revolución, ni en manos de agentes de los Estados Unidos. Están en manos de revolucionarios. Nuestra prensa es revolucionaria, nuestros periodistas, en la radio, en la televisión, son revolucionarios. Nosotros tenemos muchos periódicos, cada organización tiene su órgano de prensa: los trabajadores, la Juventud, el Partido, los campesinos, las Fuerzas Armadas. Hay decenas de periódicos, y todos son revolucionarios.

La impresión que se tiene al leerlos, o al escuchar la radio o ver el noticiero de televisión, es que todo va bien, que sólo se consiguen éxitos, victorias, que no hay problemas, que nadie está descontento. Es un poco extraño porque imagino que en el propio seno del Partido debe haber debates, y discrepancias y discusiones con mayor fuerza crítica.

Mire, aquí ha habido durante bastante tiempo la tendencia a suponer que los señalamientos críticos, la denuncia de las cosas mal hechas, hacían el juego al enemigo, ayudaban al enemigo y a la contrarrevolución. Hay temor de informar sobre algo, porque se piensa que puede ser útil al enemigo. Y nosotros hemos descubierto que en la lucha contra los hechos negativos es muy importante el trabajo de los órganos de prensa. Y hemos estimulado el espíritu crítico. Llegamos a la convicción de que es necesario desarrollar mucho más el espíritu crítico. Y yo he estimulado al máximo ese espíritu crítico porque es un factor fundamental para perfeccionar nuestro sistema.

Claro, sabemos que hay inconvenientes, pero queremos una crítica responsable. Y a pesar de las posibles consecuencias, todo es mejor que la ausencia de críticas.

¿Ese deseo de crítica responsable podría ir hasta la autorización de la libertad de prensa que muchos reclaman?

Si usted llama libertad de prensa al derecho de la contrarrevolución y de los enemigos de Cuba a hablar y a escribir libremente contra el socialismo y contra la Revolución, yo le diría que no estamos a favor de esa "libertad". Mientras Cuba sea un país bloqueado por el imperio, atacado en permanencia, víctima de leyes inicuas como la Helms-Burton o la Ley de Ajuste Cubano, un país amenazado por el propio presidente de los Estados Unidos, nosotros no podemos dar esa "libertad" a los aliados de nuestros enemigos cuyo objetivo es luchar contra la razón de ser del socialismo.

¿Unos medios libres serían considerados incompatibles con la Revolución?

En esos medios "libres", ¿quién habla? ¿De qué se habla? ¿Quién escribe? Se habla lo que quieren los dueños de los periódicos o de las televisiones. Y escribe quien ellos deciden. Usted lo sabe bien. Se habla de "libertad de expresión", pero en realidad lo que se defiende fundamentalmente es el derecho de propiedad privada de los medios de divulgación masiva. Aquí, en Cuba, se lo digo con franqueza, no existe la propiedad privada sobre los medios de divulgación masiva. Pero las distintas organizaciones de masas disponen de sus propios medios: los estudiantes tienen el suyo, los obreros, los sindicatos, los campesinos, hasta los militares. Todo el mundo tiene su órgano de información, y creáme que publican con mucha libertad lo que creen conveniente publicar.

En vez de cuestionar nuestros modos, que son el resultado, la consecuencia de más de cuarenta años de resistencia contra nuestro poderoso vecino, valdría la pena preguntarles a nuestros ciudadanos si se sienten o no se sienten libres.

Hay periódicos extranjeros que también están censurados y no se difunden en Cuba.

Mire, aquí se difunden muchos periódicos extranjeros, norteamericanos y europeos. Periódicos importantes, serios. Nosotros en eso somos más tolerantes de lo que se dice. Se encuentran en muchos puntos de venta y se pueden comprar con divisas. Los turistas los compran y todo cubano que dispone de divisas los puede comprar y difundir. Eso no es un delito. Nadie le tiene miedo aquí a lo que puedan decir contra la Revolución esos periódicos, o los canales de información como CNN que mucha gente capta sin problemas.

Pero no podemos gastar nuestros recursos -porque tenemos otras prioridades que son la energía, la alimentación, la salud- en importar esa prensa extranjera. Ese tipo de importación no es en absoluto una prioridad para nosotros. Y puede ocurrir que se limite la circulación de tal o cual publicación porque está haciendo sistemáticamente campañas contra nosotros, contrarrevolucionarias. Está difundiendo calumnias, mentiras y falsedades, está tratando de dividir, de crear enfrentamientos. Eso no lo toleramos. ¿Por qué vamos a aceptar que circule aquí un periódico contrarrevolucionario?

Porque, mire, ellos, que tanto hablan de libertad de prensa, cuando algunas de las cosas que denuncia Cuba no conviene que se sepan, tampoco las publican. Porque usted sabe que cada órgano se debe a una línea, y las líneas las trazan los que controlan, los que son propietarios de esos medios, unos con más libertad, otros con menos; aunque hay también, no se puede negar, mucha gente independiente.

¿Usted está satisfecho con el nivel crítico de la información aquí?

Bueno, no sé si usted ha podido seguir en detalle nuestros órganos de información, pero yo le digo que mi más importante fuente de información sobre lo que pasa en el país, mejor que los informes que me envían el Partido u otros órganos de Estado, la que más aprecio, es la de los periódicos. Me mantiene al día de cualquier cosa que ocurra. Y yo los leo todos los días, al final del día.

Usted me habla de espíritu crítico, pero yo me pregunto: ¿dónde está el espíritu crítico en la prensa de tantos países que pretenden más democráticos que nosotros? ¿Dónde está el espíritu crítico de esos periodistas y de esos canales de televisión, en Estados Unidos, que han apoyado, como verdaderos voceros de propaganda, la guerra del presidente Bush contra IraK?

La verdad, la ética, que deberían ser el primer derecho o atributo del ser humano, ocupan cada vez menos espacio. Los cables de prensa, los medios, la radio, la televisión, los teléfonos celulares y las páginas de Internet descargan un torrente de noticias de todas partes a cada minuto. No es nada fácil para un ciudadano seguir el curso de los acontecimientos. Apenas si la inteligencia humana puede orientarse en ese vendaval de noticias.

Esos órganos de información que se pretenden libres y críticos pero que dependen de la publicidad y que nunca critican a sus anunciantes, yo digo: ¿Por qué se gastan tantos miles de millones de dólares en publicidad? ¿Cuánto se podría hacer con mil millones de dólares de los que se despilfarran en publicidad? Aquí usted tiene un país cuyo PIB [Producto Interno Bruto] no aparece el aporte de un centavo por publicidad, ni en los periódicos, ni en la televisión, ni en la radio, nosotros no tenemos ningún tipo de publicidad comercial.

¿Qué papel han desempeñado esos medios de difusión masiva, desgraciadamente, en Estados Unidos y en muchos lugares del mundo?, y no los estoy atacando. Los que saben, como usted, el efecto que tienen en las mentes esos medios masivos, pueden comprender que aquí esos medios son usados para educar, para enseñar, para crear valores. Y yo tengo la convicción total, por la experiencia vivida, de que los valores pueden ser sembrados en el alma de los hombres, en la inteligencia y en el corazón de los seres humanos.

Nosotros no andamos con hipocresías de ninguna clase, hablando de la "libertad de la prensa" europea. Nosotros soñamos con otra libertad de prensa, en un país culto, en un país que posea una cultura general integral y pueda comunicarse con el mundo. Porque quienes temen el pensamiento libre no educan a los pueblos, no le aportan, no trata de que adquieran el máximo de cultura, conocimientos históricos y políticos más variados, y aprecien las cosas por su valor en sí, y porque lo saquen de sus propias cabezas. Ahora, deben tener los elementos de juicio para poder sacar las cosas de su cabeza.

Cuando surgieron, los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no sólo a base de mentiras, sino de reflejos condicionados. No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado. La mentira afecta el conocimiento; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar. Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar, porque ya te crearon reflejos: "Esto es malo, esto es malo; el socialismo es malo, el socialismo es malo". Y todos los ignorantes, todos los analfabetos, todos los pobres, todos los explotados diciendo: "El socialismo es malo". "El comunismo es malo."

No enseñan a leer y a escribir a las masas, gastan un millón de millones en publicidad cada año para tomarle el pelo a la inmensa mayoría de la humanidad -que, además, paga las mentiras que se dicen-, convirtiendo al ser humano en persona que, al parecer, no tuviera ni siquiera capacidad de pensar, porque las hacen consumir jabón, que es el mismo jabón, con diez marcas diferentes, y tienen que engañarla, porque ese millón de millones no lo pagan las empresas, lo pagan aquellos que adquieren los productos en virtud de la publicidad. Gastan en crear reflejos condicionados, porque aquel compró Palmolive, el otro Colgate, el otro jabón Candado, sencillamente porque se lo dijeron cien veces, se lo asociaron a una imagen bonita y le fueron sembrando, tallando el cerebro. Ellos que hablan tanto de "lavado de cerebro", lo tallan, le dan una forma, le quitan al ser humano la capacidad de pensar.

¿Van a hablar de "libertad de expresión" en países que tienen un 20 por ciento, un 30 por ciento de analfabetos, un 80 por ciento entre analfabetos plenos y analfabetos funcionales? ¿Con qué criterio, con qué elementos incluso, opinan, y dónde opinan? Si mucha gente culta e inteligente cuando quiere publicar un artículo no hay manera de que se lo publiquen, y lo ignoran, y lo aplastan, y lo desacreditan. Se han convertido esos grandes medios en instrumentos de manipulación.

Nosotros los poseemos, y partimos de la absoluta convicción de que usamos tales medios para educar, para desarrollar los conocimientos de las personas. Esos instrumentos desempeñan un papel en la Revolución, han creado conciencia, conceptos, valores, y no los hemos empleado forzosamente bien. Sabemos, sin embargo, lo que pueden y conocemos lo que ha logrado la Revolución, entre otras cosas, porque dispone de los medios.

Ahora, no vamos a creer la historia de que esos medios en Occidente están destinados a crear valores de solidaridad, sentimientos de hermandad, fraternidad, espíritu de justicia. Exponen los valores de un sistema que por naturaleza es egoísta; es, por naturaleza, individualista. Mientras más preparación tiene alguna persona puede comprender que los problemas de este mundo, cada vez más complicados, no se resuelven si no se educa a la gente.

Aunque usted es hostil al culto de la personalidad, y lo ha denunciado a menudo, los medios en Cuba evocan con frecuencia su persona, ocupa usted un lugar importante en el contenido de los medios. ¿Eso le molesta?

Mire, le voy a decir lo siguiente: yo, contrariamente a lo que algunos piensan, no aparezco mucho en público. No tengo costumbre de salir en el noticiero de televisión cada día, y pueden pasar hasta quince días sin que aparezca en los periódicos. Salgo cuando se trata de algún acto conmemorativo en el que tengo que hablar. O cuando llega a Cuba algún visitante, un Jefe de Estado. O cuando ocurre algún acontecimiento extraordinario, como un ciclón devastador, por ejemplo.

Le aseguro que no me agrada mucho estar saliendo en los diarios, en la televisión o en la radio. Aquí no se le rinde culto a la noticia sobre el Jefe de Estado, nada de eso. Se escribe de manera bastante natural. Yo diría que los medios hablan de mí con respeto, pero con familiaridad. Nadie me ve como una figura encaramada en el Olimpo. Mucha gente me ve como un vecino, conversan contigo.

Por naturaleza, soy hostil a todo lo que pueda parecer un culto a la persona, y usted puede constatar, ya se lo he dicho, que en este país no hay una sola escuela, fábrica, hospital o edificio que lleve mi nombre. Ni hay estatuas, ni prácticamente retratos míos. Aquí no hacemos retratos oficiales. Es posible que, en alguna oficina, alguien haya puesto una foto mía, pero es una iniciativa personal y en ningún caso esa foto es un retrato oficial. Aquí ningún organismo del Estado gasta dinero y pierde tiempo realizando y repartiendo fotos oficiales mías o de cualquier dirigente. Eso, en nuestro país, no existe.

Yo ando en constante guerra con los responsables de los medios para no aparecer en la prensa o en los noticiarios. Usted observará que uno de los líderes del mundo que menos sale en los medios de su país, soy yo. No me gusta aparecer en los medios. Ni me gusta que me pongan títulos y cargos, que sí "Presidente del Consejo de Estado y de Ministros" o "Primer Secretario del Partido". Tengo muchos conflictos con mi gente porque todo eso no me gusta. Porque, a mí, afortunadamente, la gente me llama Fidel. Y soy el primero en estimular el espíritu crítico.

Los que me conocen y conocen mis discursos y mis ideas, saben que soy muy crítico, muy autocrítico con eso, y que he combatido con intransigencia toda manifestación del culto a la personalidad o del endiosamiento.

Los medios de comunicación masiva, en manos del Estado, han servido muchas veces para difundir propaganda.

Nosotros queremos usar esos medios para elevar el nivel cultural general. Estamos creando para eso nuevos canales educativos. A través de ellos, el programa "Universidad para todos" imparte cursos de idiomas y otros muchos de variadas materias aparte de programas escolares. En 2003 inauguramos el tercer canal televisivo, que es para la educación, y en 2004 hemos lanzado el cuarto canal, también educativo. La televisión es una verdadera y no bien utilizada forma de transmitir masivamente conocimientos.

Usando los medios audiovisuales, usándolos exhaustivamente, entramos en la etapa de manifestación no para sembrar veneno o difundir propaganda, no para que otro piense por uno; porque si se usan incorrectamente determinados medios, le suprimen al ciudadano la opción de pensar, porque piensan por uno y le dicen qué color es el que tiene que usar, si la falda debe ser larga o corta, si la tela de moda es ésta o la otra. La publicidad sí es propaganda, porque envían el mensaje desde allá sobre lo que debemos usar, qué refresco tenemos que tomar, vienen y nos dicen qué cerveza debemos tomar, o qué marca de whisky o de ron. Nadie quiere que sus hijos se entretengan o se recreen aprendiendo a consumir drogas, o viendo violencia y cosas absurdas, que envenenan la mente de ese niño.

¿Cree usted que los Estados, en el mundo de hoy de las nuevas tecnologías, aún pueden controlar la información?

Cada vez menos. Hoy hay nuevas formas de transmitir y de recibir mensajes. Hay satélites que pueden bajar una señal, hay Internet que puede permitir enviar un mensaje a cualquier rincón del mundo porque, realmente, en general, los que tienen Internet tienen también electricidad, teléfono y posibilidades de comunicarse.

Y no debemos subestimar a esas capas intelectuales, que en el mundo son decenas y decenas de millones, que no son necesariamente una clase explotadora y rica. Hay que ver, recuerde, por ejemplo, allá en Seattle; recuerde Québec, recuerde Génova, Florencia, Porto Alegre.; recuerde las movilizaciones contra la globalización neoliberal ya en cualquier parte del mundo, han sido organizadas a través de Internet, por personas que tienen cultura y tienen conocimientos. Y hay muchas cosas que amenazan hoy la vida del planeta, aparte de las guerras, los cambios de clima, la destrucción de la capa de ozono, el calentamiento de la atmósfera, el envenenamiento de la atmósfera, de los ríos y de los mares, que amenaza la vida de todo el planeta y contra eso todos los pueblos del mundo se movilizan y tienen una causa común con los latinoamericanos, con los norteamericanos y con los europeos.

Hoy hay medios de comunicarse con el mundo que nos hacen menos víctimas o dependientes de los grandes medios de difusión masiva sean cuales sean, privados o del Estado, porque hoy; teniendo esa red de Internet en el mundo, todos los que tienen una aspiración, un objetivo, harán causa común, sean de países subdesarrollados o ricos. También esa red se puede utilizar con las peores intenciones, como al parecer lo hicieron los autores de los atentados del 11 de septiembre.

Ustedes condenaron esos atentados del 11 de septiembre del 2001?

Nosotros condenamos sin vacilaciones el crimen del 11 de septiembre. Y hemos reiterado nuestra condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones. El gobierno de Estados Unidos ha incluido cínicamente a Cuba entre los “países que propician el terrorismo”, pero Cuba no permitirá que su territorio sea utilizado jamás en acciones terroristas contra el pueblo de los Estados Unidos o de cualquier otro país. Y condenamos también el terrorismo de Estado. Le hemos propuesto al gobierno de Estados Unidos la adopción de un programa de lucha contra el terrorismo que ellos rechazaron.

¿Usted está de acuerdo en considerar que el terrorismo es la mayor amenaza del mundo actual?

Yo estoy de acuerdo en que el terrorismo es una de las más graves amenazas del mundo actual. Pero considero que la humanidad enfrenta otras amenazas de enorme gravedad: la destrucción acelerada del medio natural y de las condiciones mismas para la supervivencia de la especie, la profundización de la pobreza, la insalubridad, el hambre, de incontables millones de seres humanos en el mundo..., hay muchos otros problemas serios en nuestro mundo de hoy aparte del problema del terrorismo. A todo lo cual habría que añadir las pretensiones hegemónicas de la única superpotencia que aspira a erigirse en dueña del planeta y su política arrogante de dominación.

En lo que respecta al terrorismo, la administración norteamericana habla constantemente de “guerra mundial contra el terrorismo”, pero yo seria muy cuidadoso al emplear el concepto de terrorismo. Porque una cosa son los atentados de Nueva York, o los de Madrid, de Londres u otros, y la necesaria lucha contra esos actos abominables, y otra es que, sobre la base de esa legítima preocupación, se produzcan algunas extrapolaciones dudosas.

Desde el 11 de septiembre de 2001, estamos viendo cómo muchas luchas nacionales —corno la de Irak, por ejemplo, o la de Chechenia— tienden a ser calificadas de luchas “terroristas”. Ya en los años 1980, en la época de Reagan, los norteamericanos usaron mucho la palabra “terrorismo”. Calificaban de “terroristas” a los combatientes del ANC, como Nelson Mandela, que luchaban en Suráfrica contra el apartheid. 0 a los que luchaban en Namibia por la independencia; o a los palestinos que ya luchaban por un Estado propio, independiente, o a los patriotas salvadoreños. Reagan comparaba a los contrarrevolucionarios de Nicaragua con los padres fundadores de los Estados Unidos, o con los voluntarios de La Fayette, o con los maquis franceses que lucharon en la Resistencia contra la ocupación de su país por los nazis.

Pero cuando las fuerzas armadas israelíes han bombardeado barrios civiles de Gaza y causado muertes inocentes, a eso no lo califican de acción terrorista; o cuando el propio ejército norteamericano en Irak dispara misiles indiscriminadamente y mata niños y mujeres, a eso tampoco se le llama terrorismo.

Nosotros, en nuestra guerra contra Batista —usted lo sabe, ya hablamos de esto— siempre evitábamos en lo posible todas aquellas acciones en las que pudieran caer personas no combatientes. Nosotros fuimos violentos, pero en nuestra violencia revolucionaria déjeme decirle que algunos de esos métodos —el atentado suicida contra civiles, el rapto y degüello de no combatientes, bombas en escuelas— que vemos hoy en ciertas luchas, que pueden ser políticamente justas, en Chechenia, en Irak, en Palestina, nosotros jamás los utilizamos. Y los calificamos de inaceptables, y hasta de ignominiosos. Pienso que son muy perjudiciales a la causa que pretenden servir.

Aunque debo añadir que la violencia se utiliza de parte y parte. Las autoridades constituidas utilizan, a su vez, bastante violencia, bastantes métodos represivos, en muchas partes, represiones muy sangrientas, y a ellas nadie les llama terroristas, hagan lo que hagan.

¿Le preocupa a usted la actitud del presidente Bush?

Mire, vivimos tiempos difíciles... Hemos escuchado, no hace mucho, palabras y conceptos escalofriantes. En el discurso pronunciado en junio del 2002, en la academia militar de West Point, [6]el presidente de Estados Unidos declaró textualmente a los militares, le cito: “Nuestra seguridad requerirá que transformemos a la fuerza militar que ustedes dirigirán en una fuerza militar que debe estar lista para atacar inmediatamente en cualquier oscuro rincón del mundo.”

Ese mismo día proclamó la doctrina de la “guerra preventiva y sorpresiva”, algo que jamás hizo nadie en la historia política del mundo. Meses después, al referirse a la acción militar contra Irak, afirmó: “...si nos obligan a la guerra, vamos a luchar con el pleno poderío de nuestras fuerzas armadas.”

Quien esto declaraba no era el gobierno de un pequeño Estado; era el jefe de la potencia militar más poderosa que jamás existió, poseedora de miles de armas nucleares suficientes para liquidar varias veces la población mundial, y de otros temibles sistemas militares convencionales o de destrucción masiva.

Según el señor Bush, eso somos: “Oscuros rincones del mundo.” Así yen algunos a los países del Tercer Mundo. Nunca nadie nos definió así ni lo hizo con más desprecio. Antiguas colonias de potencias que se repartieron y saquearon el mundo durante siglos, hoy constituimos el conjunto de países subdesarrollados. Para ninguno existe independencia plena, trato justo e igualitario, ni seguridad nacional alguna; ninguno es miembro permanente del Consejo de Seguridad, ninguno tiene derecho a veto, ni decide algo en los organismos financieros internacionales; ni retiene sus mejores talentos, ni puede protegerse de la fuga de sus capitales, de la destrucción de la naturaleza y el medio ambiente, ocasionada por el consumismo despilfarrador, egoísta e insaciable de los países de economía desarrollada.

En el Consejo de Seguridad. Estados Unidos volvió a anunciar que se reservaba el derecho de decidir por su cuenta atacar en el futuro a otras naciones. Y en violación del espíritu y de la letra de la Carta de las Naciones Unidas, se habla ahora de “guerra preventiva”.

Las Naciones Unidas no pudieron evitar la guerra de Irak. ¿Piensa usted que la ONU debe reformarse?

Si, es urgente. Hay que enfrentar, sin más dilación, una reforma real, y sobre todo, un proceso profundo de democratización de las Naciones Unidas. La situación es ya insostenible. Lo prueba esa vergonzosa incapacidad del Consejo de Seguridad para impedir la guerra en Irak.

Yo creo que en el desenlace de la crisis internacional creada por la guerra en Irak se decide el futuro de las Naciones Unidas. El más grave peligro que hoy nos acecha es que persista un mundo donde impere la ley de la selva, el poderlo de los más fuertes, y los peligros de agresión, el subdesarrollo y la desesperanza para la gran mayoría. Se impondrá una dictadura mundial sobre nuestros pueblos o se preservarán las Naciones Unidas y el multilateralismo? Esa es la cuestión.

Creo que el papel de Naciones Unidas, en este año 2005 en que cumple 50 años de su fundación, es hoy irrelevante o, al menos, va en camino de serlo. Pero unos lo decimos con preocupación y queremos fortalecer la organización. Otros lo dicen con secreta satisfacción y alientan la esperanza de imponerle al mundo sus designios. Yo lo digo con franqueza: ¿qué papel juega hoy la Asamblea General de la ONU? Casi ninguno, ésa es la verdad. Es apenas un foro de debate sin influencia real ni papel práctico alguno.

Yo pregunto: ¿Se rigen las relaciones internacionales por los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas? No. Por qué ahora, cuando la filosofía, las artes y las ciencias alcanzan niveles sin precedentes, se proclama otra vez la superioridad de unos pueblos sobre otros, se llama a otros pueblos, a los que debiera tratarse como hermanos, “oscuros rincones del planeta”, o “periferia euroatlántica de la OTAN”?

¿Por qué algunos se sienten con derecho a lanzar unilateralmente una guerra si en la Carta de Naciones Unidas se proclama que no se usaría la fuerza armada “sino en servicio del interés común” y que para preservar la paz se tomarían “medidas colectivas”? ¿Por qué ya no se habla de emplear medios pacíficos para la solución de controversias?

Cuando se aprobó la Carta, en la Conferencia de San Francisco en 1945, se estableció el principio de la igualdad soberana de los Estados. ¿Acaso somos iguales y disfrutamos de similares derechos todos los Estados miembros? Según la Carta, sí; pero según la cruda realidad, no. El respeto al principio de la igualdad soberana de los Estados, que debería ser la piedra angular de las relaciones internacionales contemporáneas, solo podrá establecerse silos países más poderosos aceptan respetar los derechos de los otros, aunque éstos no tengan la fuerza militar y el poderlo económico para defenderlos. ¿Están listos los países más poderosos a respetar los derechos de los demás, aunque ello lesione, siquiera mínimamente, sus privilegios? Me temo que no.

La guerra de Iraq, ¿a usted le parecía inevitable?(2nda edición)

En febrero de 2003, unas semanas antes de la guerra, estuve en Malasia en la Cumbre de los No Alineados y allí, en Kuala Lumpur, conversé largamente con los miembros de la delegación iraquí, y con el entonces vicepresidente Taha Yassin Ramadan. Les dije: "Si en realidad tienen armas químicas, destrúyanlas para facilitar el trabajo de los inspectores de la ONU". Era para ellos la única posibilidad de evitar el ataque. Y creo que lo hicieron, si es que realmente alguna vez las tuvieron. El ataque estaba ya decidido, aunque no poseyeran esas armas.

¿Qué opinión le merece Saddam Hussein?

En 1991, después de la invasión a Kuwait, se encerró en una lógica que conducía a una seria crisis. Nosotros votamos la resolución de la ONU que condenaba esa invasión. Le envié dos cartas con emisarios personales, recomendándole negociar y retirarse a tiempo de Kuwait.

En la primera misiva, fechada el 2 de agosto de 1990, le escribí:

"Me dirijo a usted con gran dolor por las noticias recibidas hoy acerca del ingreso de tropas de su país en el Estado de Kuwait.

Independientemente de los motivos que condujeron a tan dramática decisión, no puedo menos que expresarle nuestra preocupación por las graves consecuencias que pueda acarrear para Iraq y para Kuwait, en primer lugar, y para todos los países del Tercer Mundo. Cuba a pesar de los lazos amistosos que la unen a Iraq, no puede menos que oponerse a una solución militar del conflicto surgido entre Iraq y Kuwait.

La reacción inmediata de la opinión pública internacional, informada por las transnacionales de las noticias, crea una situación muy peligrosa y vulnerable para Iraq.

Considero muy probable que los Estados Unidos y otros aliados aprovechen la ocasión para intervenir militarmente en el conflicto y golpear fuertemente a Iraq. Washington, además, buscará afianzar su autodesignado papel de gendarme internacional y en el Golfo.

En esta situación, el factor tiempo es decisivo, y apelo a usted para que utilizando los buenos oficios de la Liga Árabe o del Movimiento de Países No Alineados, a quien nos dirigimos con ese propósito, exprese su disposición a retirar las tropas iraquíes de Kuwait y buscar de inmediato una solución política y negociada al diferendo. Tales pasos contribuirían a fortalecer la posición internacional de los países del Tercer Mundo frente al papel de gendarme de Estados Unidos y fortalecerán a la vez la posición de Iraq ante la opinión internacional.

Lo esencial en este instante es evitar la intervención imperialista con el pretexto de defender la paz y la soberanía de un pequeño país del área. Tal precedente sería funesto tanto para Iraq como para el resto del Tercer Mundo.

Una posición clara de Iraq y sus pasos decididos e inmediatos a favor de la solución política, nos ayudará a prevenir y frustrar los planes agresivos e intervencionistas de Estados Unidos.

Cuba está en la disposición de cooperar en cualquier gestión que coadyuve al logro de esa solución.

Estoy seguro de que estos puntos de vista que le transmito expresan el sentir en estos instantes de decenas de países en el mundo que siempre han mirado con respeto y estimación a su país."

Así concluía aquella exhortación nuestra para una justa y razonable solución.

Poco después, el 4 de septiembre del propio año 1990, en respuesta a un mensaje enviado desde Iraq, ratifiqué la posición de principios expresada anteriormente y llamé a un arreglo político de aquella difícil coyuntura que podía tornarse aún más compleja, sombría y de graves consecuencias para el mundo.

Insistimos nuevamente. Uno de los párrafos de la segunda carta decía:

Me decido a escribirle este mensaje, que ruego usted lea y medite, aunque por su contenido me veo en la obligación de compartir con usted mis reflexiones sobre realidades seguramente amargas, pero con la esperanza de que puedan ser de utilidad en este momento en que usted debe tomar dramáticas decisiones.

Más adelante señalaba:

En mi opinión, la guerra se desatará inexorablemente si Iraq no está dispuesta a lograr una solución política negociada sobre la base de retirarse de Kuwait. Esa guerra puede ser sumamente destructora para la región, y en especial, para Iraq, independientemente de la valentía con que el pueblo de Iraq esté dispuesto a luchar.

Los Estados Unidos han logrado formar una gran alianza militar, que incluye además de la OTAN fuerzas árabes y musulmanas, y en el terreno político han configurado ante la gran mayoría de la opinión internacional una imagen sumamente negativa para Iraq por la sucesión de los hechos mencionados, cada uno de los cuales produjo profunda reacción y hostilidad en las Naciones Unidas y en gran parte del mundo. Es decir, se han producido las condiciones ideales para los planes hegemonistas y agresivos de Estados Unidos. No podría en cambio Iraq librar una lucha en peores condiciones militares y políticas. En esas circunstancias, la guerra dividiría a los árabes por muchos años; Estados Unidos y Occidente mantendrían una presencia militar indefinida en la región y las consecuencias serían desastrosas no solo para la nación árabe, sino para todo el Tercer Mundo.

Iraq se expone a una lucha desigual, sin una justificación política sólida y sin el apoyo de la opinión mundial, con excepción, desde luego, de las simpatías mostradas en muchos países árabes.

Así se resumía nuestra percepción del asunto y no dejamos de conminar a Saddam para que cambiara su posición:

No debe permitirse que todo lo que el pueblo de Iraq ha construido en muchos años, así como sus grandes posibilidades futuras sean destruidos por las armas sofisticadas del imperialismo. Si existieran razones justificadas e irrebatibles para ello, yo sería el último en pedirle que evitara ese sacrificio.

Acceder a la demanda de la inmensa mayoría de los países miembros de las Naciones Unidas que solicitan la retirada de Kuwait, no debe considerarse jamás una deshonra, ni una humillación para Iraq.

Independientemente de las razones históricas que Iraq considera le asisten con relación a Kuwait, lo cierto es que la comunidad internacional de forma casi unánime se opone al procedimiento utilizado. Y en ese amplio consenso internacional se ampara el designio imperialista de destruir a Iraq y apoderarse de los recursos energéticos de toda la región.

Pero ninguno de esos esfuerzos dio resultado.

¿Conoció usted personalmente a Saddam Hussein?

Sí, en septiembre de 1973. Yo estaba en Argel, en una Cumbre de los No Alineados, e iba hacia Hanoi invitado por el gobierno vietnamita. Aún Viet Nam no estaba totalmente liberado. Saddam Hussein vino a recibirme al aeropuerto de Bagdad. En aquella época él era vicepresidente, aún no era presidente de Iraq; era jefe del partido Baas. Me pareció un hombre correcto, estuvo amable, recorrimos la ciudad, muy bella, con amplias avenidas, los puentes sobre el Tigris y el Éufrates. Me quedé allí solamente un día. En Bagdad me entero del golpe militar en Chile contra Allende...

Desde un punto de vista militar, ¿cómo juzga usted el sistema de defensa utilizado por las fuerzas iraquíes en esa guerra?

Hemos seguido con mucha atención esa guerra de marzo a mayo de 2003. ¿Por qué Iraq no resistió? Misterio. ¿Por qué no hizo volar los puentes para retrasar el avance de las fuerzas norteamericanas? ¿Por qué no hicieron volar los depósitos de municiones, los aeropuertos, antes de que cayeran en manos de los invasores? Todo eso es un gran misterio. Sin duda hubo jefes que traicionaron al propio Saddam.

Todos los países cerraron sus embajadas en Iraq en vísperas de la guerra menos ustedes. ¿Hasta cuándo se quedaron en Bagdad?

Nuestra Embajada fue la última que se quedó en Bagdad. Bueno, con la del Vaticano. Hasta los rusos se fueron. Solo después de la entrada de las fuerzas norteamericanas en la capital de Iraq dimos orden de salir de Bagdad. No les podíamos pedir a las cinco personas que estaban en nuestra Embajada que defendieran los locales contra dos ejércitos. Nuestros diplomáticos obtuvieron salvoconductos y pudieron salir de Iraq sin problema. Los documentos fueron entregados por una organización internacional, no por los norteamericanos.

¿Cómo ve usted la evolución de la situación en Iraq?

A mi juicio, la resistencia popular va a seguir intensificándose mientras no cese la ocupación de Iraq. Aquello va a ser un infierno, y va a seguir siéndolo. Por eso, el primer objetivo debe ser el traspaso inmediato del control real a Naciones Unidas, y el comienzo del proceso de recuperación de la soberanía de Iraq y el establecimiento de un gobierno legítimo, fruto de la decisión del pueblo iraquí. Pero de una decisión auténtica, legítima, y no de elecciones realizadas en plena ocupación militar neocolonial. Debe también cesar de inmediato el reparto escandaloso de las riquezas de Iraq.

En su “guerra mundial contra el terrorismo”, la administración del presidente Bush utiliza la base de Guantánamo en Cuba como prisión de alta seguridad para “prisioneros del campo de batalla”. ¿Que reflexión le inspira eso? (1ra edición)

Ha pasado más de un siglo, y todavía Estados Unidos ocupa por la fuerza ese pedazo de territorio cubano, hoy vergüenza y espanto del mundo, cuando, en efecto, se divulga la noticia de que fue convertido, desde enero de 2002, en un antro de torturas, donde cientos de personas, recogidas en cualquier lugar del mundo, están allí. No los llevan a territorio norteamericano porque en él pueden existir algunas leyes que les creen dificultades para tener ilegalmente, por la fuerza, secuestrados —y durante años—, sin ningún trámite, sin ninguna ley, sin ningún procedimiento, a aquellos hombres, que, además, para asombro del planeta, han estado siendo sometidos a sádicas y brutales torturas.

De eso se entera el mundo cuando allá en una cárcel en Irak, en Abu Ghraib, están torturando a cientos de prisioneros del país invadido con todo el poder de ese colosal imperio, y donde cientos de miles de civiles iraquíes han perdido la vida. En Guantánamo se ha tratado a unos 500 hombres —desde adolescentes hasta a ancianos— con un desprecio absoluto y total que nadie, nunca, deberla verse obligado a soportar. Han sido privados de los derechos que consagra el Derecho Internacional, y recluidos en condiciones crueles, inhumanas y degradantes. Y cada día se descubren cosas nuevas. Hace poco se divulgaron noticias de que el Gobierno de Estados Unidos tenía cárceles secretas en los países satélites del Este de Europa, esos que votan en Ginebra contra Cuba y la acusan de violación de derechos humanos. A esas cárceles secretas envían secuestrados con el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Ya no solo en Abu Ghraib, no solo en Guantánamo, sino en cualquier parte del mundo se encuentra una cárcel secreta donde realizan torturas los “defensores de los derechos humanos”.

Pero la cosa no se acaba ahí, han llegado también noticias informando sobre el uso del fósforo vivo en Fallujah, allí donde el imperio descubrió que un pueblo, prácticamente desarmado, no podía ser vencido. Se vieron allí los invasores en tal situación que no podían irse ni quedarse: si se iban, volvían los combatientes; si se quedaban, necesitaban esas tropas en otros puntos. Fósforo vivo en Fallujah! Cuando se denunció ese crimen, el gobierno de Estados Unidos dijo que el fósforo vivo era un “arma normal”. ¿Si era normal, por qué no lo publicaron? ¿Por qué nadie sabia que estaban usando esa arma prohibida por las convenciones internacionales? Si el napalm está prohibido, el fósforo vivo está todavía mucho más prohibido.

Ya han muerto más de dos mil jóvenes soldados norteamericanos, y algunos se preguntan, ¿hasta cuándo seguirán muriendo en una guerra injusta, justificada con groseras mentiras?

Ya hasta los altos oficiales norteamericanos reconocen que esa guerra está perdida, y que deben retirarse. Esto será beneficioso para Estados Unidos, cuyos jóvenes mueren allí mientras libran una guerra injusta y sin gloria, con actos bochornosos, inmorales, como las torturas; y será beneficioso para Irak, cuyo pueblo podrá comenzar una nueva etapa de su historia; será beneficioso para Naciones Unidas, que ha sido victima también de esta guerra; y será beneficioso para todos nuestros países, que han debido sufrir la recesión económica internacional y la creciente inseguridad que nos amenaza a todos.

¿Teme usted que pueda haber una invasión o una “guerra preventiva” contra Cuba?

Si el presidente Bush decidiera invadir Cuba, habría una guerra terrible. Ellos tendrían que enfrentar a toda nuestra población organizada y armada, una resistencia popular interminable. A nosotros, esa invasión nos costaría mucho, pero para invadir Cuba y mantener la ocupación del país, calculamos que perlan necesarios millones de soldados. En Irak, ellos tienen unos 150 milhombres y ya ve, controlan muy poca cosa. Si usted analiza la correlación de fuerzas que existía cuando nos enfrentamos a Batista —ochenta mil hombres contra tres mil— constata que ellos representaban más de 25 veces nuestras fuerzas. Por eso le digo que tendrían que invadirnos y ocupar la isla con millones de soldados. Que no tienen.

Nosotros poseemos medios para hacerle la vida muy dura a invasor. Además de ejército regular y de las reservas, disponemos de milicias de tropas territoriales. Millones de personas, hombres y mujeres, dispuestos todos a luchar sin tregua en defensa de la patria. Calculando que el ejército yanqui, para liquidar este país, tuviese que emplear dos militares por cada combatiente nuestro, ellos necesitarían una fuerza de no menos de cinco millones de soldados. Y sufrirían muchas bajas, se lo aseguro. Nosotros les podemos garantizar que aquí están reunidas todas las condiciones para que Cuba se transforme, para ellos, en un infierno, una trampa mortal.

Ellos lo saben, porque entrarían en una lucha de hombre contra hombre, no de divisiones mecanizadas contra divisiones mecanizadas, o de fuerza aérea contra fuerza aérea, o de armada contra armada.

En una guerra convencional, ellos tendrían muchas ventajas. Pero en una guerra de resistencia popular, organizada en todo el país, donde no habría ni frente ni retaguardia, toda su tecnología se reducirla a nada. Mire lo que está pasando en Chechenia o en Irak. ¿De qué les sirve a los rusos o a los norteamericanos su superioridad en armamento pesado y sofisticado? Cualquier hombre o cualquier mujer de Cuba prefiere la muerte a vivir bajo la bota de Estados Unidos.

¿Calificaría usted la política exterior de la administración del presidente George W. Bush de “belicista”, o de “peligrosa” para el mundo y para Cuba?

Cuba, que, como le dije, fue el primer país en solidarizarse con el pueblo norteamericano el 11 de septiembre del 2001, fue también el primero en advertir que la política de la extrema derecha de Estados Unidos —que asumió fraudulentamente el poder en noviembre del año 2000—, amenazaba al mundo. No surge esta política del presidente Bush como consecuencia del ataque terrorista contra el pueblo de Estados Unidos cometido por miembros de una organización fanática que en tiempos pasados sirvió a otras administraciones norteamericanas. Yo estoy convencido de que era un pensamiento fríamente elaborado, que explica el rearme y los colosales gastos en armamento cuando ya la guerra fría no existía y lo que ocurrió el 11 de septiembre estaba lejos de producirse. Los hechos del día 11 de ese fatídico mes del año 2001 sirvieron de pretexto ideal para ponerlo en marcha.

El 20 de septiembre de ese año, el presidente Bush lo expresó abiertamente en Washington ante un Congreso conmocionado por los trágicos sucesos ocurridos nueve días antes. Utilizando extraños términos habló de “justicia infinita” como objetivo de una guerra al parecer también infinita: “El país no debe esperar una sola batalla, sino una campana prolongada, una campaña sin paralelo en nuestra historia.” “Vamos a utilizar cualquier arma de guerra que sea necesaria.” “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo.” “Les he pedido a las Fuerzas Armadas que estén en alerta, y hay una razón para ello: se acerca la hora de que entremos en acción.” “Esta es una lucha de la civilización.” “Los logros de nuestros tiempos y las esperanzas de todos los tiempos dependen de nosotros.” “No sabernos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero si cuál va a ser el desenlace [...] Y sabemos que Dios no es neutral.”

¿Hablaba un estadista o un fanático incontenible? Dos días después, el 22 de septiembre, Cuba denunció ese discurso como el diseño de la idea de una dictadura militar mundial bajo la égida de la fuerza bruta, sin leyes ni instituciones internacionales de ninguna índole.

Meses más tarde, al cumplirse el aniversario 200 de la Academia Militar de West Point, en el acto de graduación de 958 cadetes celebrado el 3 de junio del 2002, ya be mencioné que el presidente Bush profundizó en su pensamiento a través de una encendida arenga a los jóvenes militares que se graduaban, en la que están contenidas sus ideas fijas: “Nuestra seguridad requerirá que estemos listos para el ataque preventivo cuando sea necesario defender nuestra libertad y defender nuestras vidas.” “Debemos descubrir células terroristas en sesenta países o más...““ Los enviaremos a ustedes, a nuestros soldados, a donde ustedes sean necesarios.” “No dejaremos la seguridad de América y la paz del planeta a merced de un puñado de terroristas y tiranos locos. Eliminaremos esta sombría amenaza de nuestro país y del mundo.” “A algunos les preocupa que sea poco diplomático o descortés hablar en términos del bien y el mal. No estoy de acuerdo. [...] Estamos ante un conflicto entre el bien y el mal, y América siempre llamará a! mal por su nombre. Al enfrentarnos al mal y a regímenes anárquicos, no crearnos un problema, sino que revelamos un problema. Y dirigiremos al mundo en la lucha contra el problema.”

Pero estas declaraciones tenían por objetivo, en nombre de la guerra contra el terrorismo, preparar las intervenciones militares contra Afganistán y contra Irak. ¿Por qué cree usted que Cuba está amenazada?

Mire, es tan provocadora la política del gobierno de Estados Unidos, que el día 25 de abril de 2003 —después de los secuestros de aviones, del secuestro de la lancha de Regla y de los arrestos de los “disidentes”—, el señor Kevin Whitaker, entonces jefe del Buró Cuba del Departamento de Estado, le dijo al jefe de nuestra Sección de Intereses en Washington que la Oficina de Seguridad Doméstica, adscrita al Consejo de Seguridad Nacional, consideraba que los “continuados secuestros desde Cuba” constituían “una seria amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”, y solicitaba al gobierno cubano tomar todas las medidas necesarias para evitar hechos de esta naturaleza.

¡Como si no fueran ellos quienes provocaron y estimularon esos secuestros! Y como si no fuéramos nosotros los que, para proteger la vida y la seguridad de los pasajeros y conociendo desde hace rato los criminales planes de la extrema derecha contra Cuba, tomamos medidas drásticas para impedirlo. Filtrado por ellos, ese contacto del día 25 de abril creó gran alboroto en la mafia terrorista de la Florida. En Miami y en Washington se discute hoy dónde, cómo y cuándo se atacará a Cuba o se resolverá el problema de la Revolución.

En lo inmediato han tornado medidas económicas que endurecen el brutal bloqueo.[7] Si la formula fuese atacar a Cuba como a Irak, me dolerla mucho por el costo en vidas y la enorme destrucción que para Cuba significarla. Pero tal vez fuera ése el último de los ataques de esta administración, porque la lucha durarla mucho tiempo, ya le digo, enfrentándose los agresores no sólo a un ejército sino a miles de ejércitos que constantemente se reproducirían y harían pagar al adversario un costo en bajas tan alto que estaría muy por encima del presupuesto de vidas de sus hijos que el pueblo norteamericano estaría dispuesto a pagar por las aventuras y las ideas del presidente Bush.

La administración norteamericana ha hecho algunas declaraciones acusando a Cuba de preparar armas biológicas. ¿Que contestaron ustedes?

Esas acusaciones son tanto más cínicas, tanto más nauseabundas cuanto que nosotros hemos conocido en carne propia el empleo de virus y bacterias para atacar a nuestra agricultura, e incluso a nuestra población. Se lo aseguro y no exagero, no tendría yo un átomo de vergüenza si le digo a usted una sola mentira. Nosotros sabemos algunas cosas y de casi todas tenemos pruebas, cuando hablamos de algunos de estos problemas.

Nuestro país no posee armas nucleares, ni armas químicas, ni obviamente armas biológicas. Las decenas de miles de científicos y médicos con que cuenta nuestro país han sido educados en la idea de salvar vidas. Estarla en absoluta contradicción con su concepción poner a un científico o a un médico a producir sustancias, bacterias o virus capaces de producir la muerte a otros seres humanos.

No han faltado, en efecto, las denuncias de que Cuba estaba haciendo investigaciones sobre armas biológicas. En nuestro país se hacen investigaciones para curar enfermedades tan duras como la meningitis meningocócica, la hepatitis, a través de vacunas que se producen por técnicas de ingeniería genética, o, algo de suma importancia, la búsqueda de vacunas o de formulas terapéuticas a través de la inmunóloga molecular —perdóneme si he empleado esta palabra técnica, quiere decir a través de métodos que atacan directamente las células malignas—; y lo mismo unas pueden prever y otras pueden, incluso, curar, y avanzamos por esos caminos. Ese es el orgullo de nuestros médicos y de nuestros centros de investigación.

Decenas de miles de médicos cubanos, como ya le conté, han prestado servicios internacionalistas en los lugares más apartados e inhóspitos. Un día dije que nosotros no podíamos, ni realizaríamos nunca ataques preventivos y sorpresivos contra ningún “oscuro rincón del mundo”, pero que, en cambio, nuestro país era capaz de enviar los médicos que se necesiten a los más “oscuros rincones del mundo”. Médicos y no bombas, médicos y no armas inteligentes, de certera puntería, porque, al fin y al cabo, un arma que mata traicioneramente no es absolutamente un arma inteligente.

¿Piensa usted que Estados Unidos, con la administración Bush, puede derivar hacia un régimen de tipo autoritario?

La humanidad conoció, hace apenas dos tercios de siglo, la trágica experiencia del nazismo. Hitler tuvo como aliado inseparable —usted lo sabe— el miedo que fue capaz de imponer a sus adversarios. Ya poseedor de una temible fuerza militar, estalló una guerra que incendió el mundo. La falta de visión y la cobardía de los estadistas de las más fuertes potencias europeas de aquella época dieron lugar a una gran tragedia.

No creo que en Estados Unidos pueda instaurarse un régimen de tipo fascista. Dentro de su sistema político se han cometido graves errores e injusticias —muchas de las cuales perduran—, pero el pueblo norteamericano cuenta con determinadas instituciones, tradiciones, valores educativos, culturales y políticos que lo harían casi imposible. El riesgo está en la esfera internacional. Son tales las facultades y prerrogativas de un presidente norteamericano y tan inmensa la red de poder militar, económico y tecnológico de ese Estado que, de hecho, en virtud de circunstancias ajenas por completo a la voluntad del pueblo norteamericano, el mundo está amenazado.

¿Teme usted que atenten contra su vida?

Un mal llamado Lincoln, y Díaz-Balart como apellido, intimo amigo y consejero del presidente Bush, declaró en 2003, refiriéndose a mí, a una cadena televisiva de Miami las enigmáticas palabras siguientes: “No puedo entrar en detalles, pero estamos tratando de romper este circulo vicioso.”

¿A cuál de los métodos para “romper el círculo vicioso” se refiere?¿Eliminarme físicamente a partir de los sofisticados medios modernos que han desarrollado, tal como el señor Bush les prometió en Miami antes de las elecciones? [8] Si fuese eso, no me preocupa en absoluto. Aunque si creo que van a volver a los atentados. Es sabido que quieren asesinar a Chávez. Y piensan que si me asesinan también a mí solucionan el problema. Las ideas por las cuales he luchado toda la vida no podrán morir y vivirán durante mucho tiempo. Las precauciones han sido reforzadas. Yo estoy aquí conversando con usted... Bueno, hemos tornado medidas, pero yo me mezclo con todo el mundo en todas partes.

En cuanto a una invasión a este país, hoy día, contra eso, tú no puedes hacer la guerra, de ninguna manera, como la habrías hecho en el año 1959 o en el año 1961, o cuando la Crisis de Octubre, o después. Cuando la lucha era divisiones contra divisiones. Nosotros vinimos recordando, y llegamos al concepto de la “guerra de todo el pueblo”; porque con el viejo concepto académico, tú tienes seis divisiones y el ejército norteamericano tiene cien, las que quiera. Y en ese tipo de enfrentamiento clásico, el pueblo contempla la lucha como contempla hoy las guerras por la CNN, y no participa en nada. Aquellos tienen más divisiones, te destruyen las tuyas, tienen más tecnología, superioridad aérea, etcétera, y entonces ponte a aplicar en la defensa del país las tácticas académicas y estás perdido.

Es una de las cosas que más sabemos, y que ya le comenté. Volvimos mucho a las ideas aquellas, porque nosotros sabíamos hacía mucho rato, después de la Crisis de Octubre, que frente a una invasión de Cuba tendríamos que luchar solos, y que aquí no entraba una bala. Esa es una verdad que nosotros la sabíamos hacía mucho rato y se impulsó la “guerra de todo el pueblo”, la organización de todo el pueblo; porque también está probado que a un pueblo que lucha no lo aplasta nadie...

¿Se refiere usted a Vietnam?

Bueno, hay casos mucho más notables, como puede ser el del Sahara Occidental: a los saharauíes en pleno desierto, donde no habla ni bosques, no los derrotó nadie.

Se ve en Chechenia también, hoy.

Sí, también hay esa otra realidad que vemos en Chechenia. Tú puedes estar o no de acuerdo con sus métodos, sus procedimientos, pero un ejército bien poderoso y experimentado como el ruso no ha podido derrotar al pueblo checheno, por ejemplo. Esa guerra no se sabe cuánto puede durar, y cuánto puede durar en cualquier parte una guerra cuando la gente está dispuesta a luchar. Los chechenos demuestran que no se puede vencer a un pueblo que hace la guerra para sobrevivir. Y mire ahora la resistencia en Irak.

Mire también lo que paso en Kosovo. Frente a un Milosevic  —otro desastre de dirigente, nacionalista, racista, corrupto y que solo apostaba por la fuerza—, los kosovares fueron admirables en su resistencia.

¿Ustedes han analizado estas guerras recientes?

Las hemos estudiado todas. Y muy atentamente. De la guerra de Vietnam a la última guerra de Irak, pasando por la del Golfo, la de Bosnia, de Kosovo, de Chechenia y de Afganistán.

En estas últimas guerras, los que resisten a una ocupación —en Palestina, en Chechenia, en Afganistán, en Irak— han hecho un uso frecuente y bastante criticable de acciones terroristas. ¿Podrían ustedes recurrir a ese tipo de métodos?

No. Ya le dije y le vuelvo a repetir que nosotros no abandonamos nuestras concepciones que teníamos como soldados, y le he dicho que nunca aplicaremos métodos que sacrifiquen a personas inocentes. Pero en la lucha contra el adversario, contra el soldado, contra el militar, seguiremos nuestra política de siempre, y nunca contra un ciudadano de un país de donde procedan los invasores; nosotros siempre lucharemos contra combatientes fundamentalmente.

Bueno, hay un arma a la que nosotros no hemos renunciado, la única que tenemos, que es el pueblo, no vamos a renunciar a la guerra de todo el pueblo.

En cambio, le dije y le repito, nosotros no nos vamos a poner con la locura o la tontería ésa de ponernos a fabricar armas biológicas. Lo que hemos enseñado ala gente es a fabricar vacunas y a luchar contra la muerte y las enfermedades. A esos científicos los hemos educado en una ética, no les vamos a decir: “Oigan, pónganse a fabricar viruela” y todas esas cosas, y, además ¿para qué?, contra un adversario que tiene cien veces más.

Y tampoco nos vamos a poner a fabricar un arma química, ¿Cómo vas a transportarla? ¿Contra quién vas a usarla? ¿Contra el pueblo norteamericano? ¡No!, es absurdo. ¿Vas a hacer un arma nuclear? Te vas a arruinar. Un arma nuclear es buena para suicidarse en un momento dado, muy bien: “Señores, ha llegado el momento, vamos a inmolarnos y es muy buena esta arma nuclear.” ¿Hacer un arma nuclear para arruinar el país? Contra un país que debe tener por lo menos treinta mil. Ya no hablo de las armas estratégicas; armas tácticas, nucleares, Estados Unidos debe tener hasta en maletines, porque en la guerra fría tanto los soviéticos como los norteamericanos fabricaron hasta maletines de bombas nucleares para sabotajes... No hubo barbaridad que no inventaran.

¿Bombas atómicas portátiles?

Sí. ¿Qué? ¿Vas a fabricar tres? Te vas a arruinar, te vas a echar en contra la opinión pública del mundo. Nosotros no habíamos firmado...

El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.

Pero era que no nos daba la gana de renunciar a un derecho; que no pensábamos nunca, nunca fabricar..., pero decíamos: “Bueno, ¿pero por qué esta desigualdad, que unos se reservan el derecho de tener tales armas?” Y ahora hasta nos olvidamos de eso.

¿Lo firmaron?

Sí, hemos firmado. Como señal clara de nuestro compromiso con un proceso efectivo de desarme que garantice la paz mundial, y deseamos que finalmente pueda concretarse la eliminación total —y bajo estricta verificación internacional— de todas las armas nucleares. También hemos firmado y ratificado los doce convenios internacionales relativos a la lucha contra el terrorismo que están allí en Naciones Unidas. Y también hemos decidido ratificar el tratado para la proscripción de las armas nucleares en América Latina y el Caribe, conocido como el Tratado de Tiatelolco, que ya habíamos firmado en 1995...

Pero el tratado que prohíbe el uso de minas antipersonales no lo han firmado.