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LA MUERTE DE CHE GUEVARA
EL CHE Y EL MOVIMIENTO ANTIMPERIALISTA - LA CARTA DE
DESPEDIDA - EN LAS GUERRILLAS DE ÁFRICA - REGRESO A
CUBA -
PREPARANDO LA MISIÓN EN LOS ANDES - REGIS DEBRAY -
EL ÚLTIMO COMBATE - LA LECCIÓN DEL CHE
Después de la Crisis de Octubre, el peligro de una
agresión norteamericana se aleja. La Revolución
prosigue su consolidación. El Che Guevara empieza a
recorrer el mundo. Parece que él se interesaba mucho
por lo internacional, por el movimiento
antimperialista, ¿no?
Era
bastante partidario de las cosas del Tercer Mundo.
Se preocupó de los asuntos internacionales, la
Conferencia de Bandung,
[1] Movimiento de los No
Alineados... En los primeros seis o siete años —él
se marcha en 1965—, había recorrido el mundo,
sostuvo reuniones con Zhu Enlai,
[2] con Nehru,
[3]
con Nasser,
[4] con Sukarno,
[5] porque él tenía
mucha vocación internacionalista y mucho interés por
todos esos problemas. Recuerdo que el Che habló con
bastante gente, hizo relaciones con Zhu Enlai, se
reunió con Mao, hizo amistad con los chinos. No tuvo
conflictos con los soviéticos; pero es obvio que él
era más partidario de China.
Incluso visitó Yugoslavia... A pesar de la
autogestión y todas esas cosas, que a mí, realmente,
no me agradaban mucho. Porque una cooperativa tenía
hoteles y tenía de todo, y ya yo había visto algunas
aquí que, a veces, en vez de dedicarse a la
agricultura, se dedicaban al comercio y al turismo.
Él, en diciembre de 1964, estuvo en Naciones Unidas,
luego en Argelia, y estuvo viajando por África
también en los primeros meses de 1965.
Sí;
pero ya después, eso fue una estrategia, en la fase
final, cuando ya se había tornado la decisión de que
el fuera a Bolivia. Él estaba bien, con un
entusiasmo tremendo, y tenía ese plan de contribuir
a la revolución en Argentina. Iba creando
condiciones porque entonces todos nos querían
destruir a nosotros y la respuesta nuestra era
revolucionarizar. Esa fue la gran verdad. Siempre
nos atuvimos a ese principio.
Usted me dijo una vez: "Ellos internacionalizaron el
bloqueo, nosotros internacionalizamos la guerrilla."
Claro, la idea de la lucha revolucionaria armada...
Con la excepción de Trujillo, contra quien un grupo
de dominicanos fue hacia allá, en julio de 1959, en
el primer movimiento de apoyo al derrocamiento de la
dictadura, con respecto a los demás países la norma
nuestra era —y es— el respeto, acogernos al derecho
internacional y respetarlo, a pesar de que ninguno
de ellos podía tener mucha simpatía hacia nosotros.
Pero tenían distintos matices, algunos con más
independencia con respecto a Estados Unidos, otros
menos. Claro que los más incondicionales rompieron
de inmediato, otros resistieron; Brasil resistió,
Uruguay resistió, Chile resistió. Venezuela, en
cambio, no resistió nada, porque estaba allí Rómulo
Betancourt,
[6] que había sido de izquierda un
tiempo pero era entonces un saco de rencor. Así que
un grupo de países mantuvieron las relaciones con
Cuba.
Los Estados Unidos les reprocharon a ustedes ayudar
en todas partes la subversión.
Las
exigencias de los norteamericanos a nosotros han
sido de distintos tipos, han ido variando, a cada
rato añadían una nueva.
Primero, teníamos que renunciar al socialismo;
luego, había que romper los vinculos con la URSS, el
comercio y todo. Siempre han estado con una demanda,
después de condenarnos, y de aislarnos; después de
Girón, después de la Crisis de Octubre; cada vez
surgían nuevos problemas. Después fueron las luchas
revolucionarias en América Latina: había que cesar
todo apoyo a esas luchas —le estoy citando algunas
de las demandas—; más tarde Angola, que fue atacada
por Suráfrica, en 1975, todo el mundo conoce lo que
pasó: había que retirarse de Angola, si nos
retirábamos de Angola se resolvían los problemas,
nos decían, y así por el estilo.
Después hubo más problemas, porque había surgido, en
1974, la revolución and en Etiopía, y por la
situación que se crea nos vimos en la necesidad de
cooperar en 1977 con los etíiopes y cooperar con el
resto del mundo y con otras causas. Pero también
eramos un país aislado y, mientras más los Estados
Unidos nos aislaban, más nos relacionábamos con el
resto del mundo.
Pero a ustedes se les siguió acusando de "exportar
la revolución".
Para la época aquella, en los años 1960, ya nadie en
América Latina tenía relaciones diplomáticas con
nosotros; nada más quedo México. Ahí está bien
claro, nosotros en aquel momento nos atuvimos a las
normas internacionales, no es que nosotros
violarámos normas. Sí queríamos la Revolución, la
deseábamos, por doctrina, por creencia; pero
nosotros respetabamos el derecho internacional. Yo
sostengo, además, que la revolución no puede ser
exportada, porque nadie puede exportar las
condiciones que hacen posible una revolución.
Siempre hemos partido de ese criterio y seguimos
pensando así.
Mire, después del triunfo de la Revolución, yo
estuve, en mayo de 1959, en Buenos Aires, en una
reunión de la OEA [Organización de Estados
Americanos], y allá plantee una especie de Plan
Marshall para América Latina —como el famoso plan de
ayuda a la reconstrucción de Europa—, y lo estime en
20 mil millones de dólares. Bueno, no tenía la
experiencia de ahora ni mucho menos. Pero sí tenía
ideas; experiencia internacional no tenía mucha,
excepto todo lo que había leido a lo largo de mi
vida y meditaciones que había hecho. Mi experiencia
de América Latina tampoco era mucha, pero lo planteé
allí. ¿Sabe cuánto debía América Latina en aquella
época?
No.
Cinco mil millones de dólares.
Comparada con la deuda que tiene hoy -850 mil
millones de dólares— no es gran cosa.
América Latina tenía entonces la mitad de la
población actual, eran menos de 250 millones; hoy
son más de 500 millones de habitantes. Y la deuda
externa —no hablo de deuda interna, que es deuda
también del pueblo con los que tienen mucho dinero—,
la deuda externa es deuda del país que tiene que
pagar al extranjero con intereses, esto no comprende
fuga de capitales, intercambio desigual, obligación
de todas las monedas de escapar hacia una moneda
fuerte, los privilegios de Bretton Woods,
[7] los
derechos que tiene quien imprime el dólar en el
mundo... Que ya el refugio no es el oro, porque el
presidente Nixon, en agosto de 1971, suspendió
unilateralmente la conversión del dólar en oro y no
quedó más que el dólar, que es la única divisa que
existe en este hemisferio, todas las demás varian
mucho y ninguna es segura. Entonces todo el dinero
de todos los países latinoamericanos, tanto bien
habido como mal habido, tiende a fugarse, y se fuga
hacia Estados Unidos.
Ese plan que propuso usted en la OEA fue rechazado,
me imagino.
Con
aquel plan se hubieran evitado muchas tragedias en
este continente. Y como dos años después, ya se lo
mencione, Kennedy retomó la idea y planteó una
suerte de Plan Marshall para América Latina, la
Alianza para el Progreso: reforma agraria, reforma
fiscal, construcción de viviendas...
Lo cual no le impidió seguir hostigando a Cuba.
Sí,
en aquel entonces ellos nos liberaron a nosotros de
compromisos. Pienso que había condiciones objetivas,
y pienso que lo que hizo el Che fue absolutamente
correcto, no hubo ni la menor discrepancia. En ese
momento ya se habla de la política intervencionista
de Estados Unidos, y el presidente John Kennedy,
realmente, un tipo que tenía talento, tuvo la
desgracia de que hereda esa expedición de Playa
Girón contra nosotros, y la asume. Es valiente en la
derrota, porque asumió toda la responsabilidad y
dijo aquella frase: "La victoria tiene muchos
padres, la derrota es huérfana."
Kennedy se entusiasmó mucho con los "boinas verdes",
las tropas especiales, y las envió a Vietnam. Él
había sido combatiente en la Segúnda Guerra Mundial,
un hombre valiente, pero se mete en la guerra en
Vietnam, se introduce, empieza a enviar a las
fuerzas a Vietnam. Por ahí empezó. Y los
vietnamitas, que ya habían ganado, en 1954, una
guerra contra Francia, a su vez —según nos han
contado ellos—, viendo la victoria de la Revolución
Cubana en Playa Girón, se sintieron inspirados,
siempre han dicho que lo nuestro ejercio influencia,
y ellos tuvieron confianza en que podrian luchar
Ellos siempre mantuvieron su organización.
También Vietnam los inspiró a ustedes. El Che decia:
"Hay que crear dos, tres, muchos Vietnam."
[8]
Yo
le doy toda la razón, y afirmo que doce años después
de su muerte, en 1979, ya se había acabado la guerra
de Vietnam, y triunfa el movimiento sandinista en
Nicaragua, con un tipo de lucha como la que hicimos
nosotros y la que hizo el Che. Y también se
desarrolla el movimiento salvadoreño con temible
fuerza, fue de los que más experiencia adquirieron.
Ustedes ayudaron bastante a los salvadoreños,
¿verdad?
Ofrecimos una modesta cooperación. Los vietnamitas,
a raíz de su victoria en 1975 sobre Estados Unidos,
nos entregaron las armas norteamericanas que habían
recuperado después de la caída de Saigón. Y nosotros
las transportamos por barco pasando por el sur de
África y se las entregamos a los salvadoreños del
FMLN [Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional].
¿Ustedes estimaban que las condiciones estaban dadas
en América Latina para que pudiese repetirse otra
experiencia revolucionaria como la de Cuba?
Mire, hay factores de orden subjetivo que pueden
cambiar la historia. A veces hay condiciones
objetivas para los cambios revolucionarios y no se
dan las condiciones subjetivas. Fueron los factores
subjetivos los que impidieron que realmente, en
aquella época, no se extendiera la revolución. El
método de la lucha armada estaba probado. Ya le
digo, Nicaragua triunfa doce años después de la
muerte del Che en Bolivia. Es decir que las
condiciones objetivas en el resto de América Latina
eran superiores a las de Cuba. En Cuba había muchas
menos condiciones objetivas, pero eran suficientes
para hacer una, dos o tres revoluciones. En el resto
de América Latina las condiciones objetivas eran
muchas más.[9]
Yo
debo decir que, a aquella gente, en Nicaragua, en El
Salvador, en Guatemala, nosotros habíamos
contribuido a unirla. A los sandinistas, que estaban
divididos; a los salvadoreños, que eran como cinco
organizaciones; a los guatemaltecos... La misión
nuestra fue unir, y logramos unirlos, realmente.
Nosotros hemos sido solidarios y hemos dado alguna
modesta cooperación a los revolucionarios de
Centroamérica. Pero ser solidario v dar alguna forma
de cooperación a un movimiento revolucionario no
significa cxportar la revolución.
Pero ustedes ayudan al Che a llevar la revolución a
Bolivia.
Sí,
cooperamos con el Che, compartíamos sus puntos de
vista. Che tenía razón en aquel momento. En aquel
momento se habria podido extender la lucha, lo creo
con franqueza. En aquella época todavía no había
Ilegado el momento en que surge, en 1968, Torrijos
en Panamá, y se producen otros fenómenos, el triunfo
de Allende en Chile en 1970, y empiezan a
restablecerse las relaciones con Cuba.
En
Colombia ya venía la guerrilla, desde 1948, desde
antes de nosotros. Pero ésa es otra historia más
complicada, porque Ahí durante una cantidad de
tiempo determinada, la guerrilla ha sido un poco
como el Movimiento 26 de Julio nos veía a nosotros.
No quiero hacer críticas de eso, no me agrada hacer
críticas, no quiero enfrascarme en esos temas; esos
temas siempre son muy delicados. Pero nosotros hemos
meditado mucho sobre toda esta historia.
¿Che le cuenta a usted, le dice cual es su proyecto
con respecto a Bolivia y Argentina? ¿Usted comparte
con él eso?
Él
estaba impaciente. Pero Io que él quería hacer era
difícil. Entonces, por nuestra propia experiencia,
yo le digo al Che que se podian crear mejores
condiciones. Le planteamos que hacía falta tiempo,
que no se impacientara. Nosotros queríamos que otros
cuadros, menos conocidos, realizaran los pasos
iniciales, creando las mejores condiciones para lo
que él quería hacer. Él sabía lo que es la vida
guerrillera, él sabía que uno necesita una
resistencia física, una edad determinada. Y aunque
él se sobreponía a las limitaciones y tenía una
voluntad de acero, sabía que si esperaba más tiempo
no estaría en mejores condiciones físicas.
Llego el momento en que el ya está preocupándose. Él
había mandado, casi desde los primeros años de la
Revolución, a un periodista, Jorge Ricardo Masetti
—había estado con nosotros en la Sierra,
[10]
después fue fundador de la agencia Prensa Latina,
eran muy amigos—, a organizar un grupo guerrillero
en el norte de Argentina. Y Masetti murió en aquella
misión.
[11] El Che era una persona, además, que
cuando mandaba a un hombre a una misión y ocurría
alguna tragedia, eso le afectaba mucho. Le dolía
todos los días cada vez que se acordaba de los
compañeros que murieron. Lo afectó mucho, por
ejemplo, la muerte del compañero Eliseo Reyes, el
"Capitán San Luis", en Bolivia, y el to escribe en
su diario: "Hemos perclido al mejor hombre de la
guerrilla, y, naturalmente, uno de sus pilares."
Uno
de los que estuvo allí, en Bolivia y en el norte de
Argentina, en 1962, es nuestro actual Ministro del
Interior, Abelardo Colomé Ibarra, "Furry",
[11] que
tenía entonces 22 años. Ya había muerto aquel
periodista Masetti. El Che estaba pensando en su
plan, desde luego, plenamente autorizado por
nosotros, estábamos en absoluto acuerdo.
Cuando el Che ya está impaciente y llega el momento
en que quiere marcharse, yo le digo: "No están
preparadas las condiciones." Yo no quería que él
fuera a Bolivia a organizar un grupo pequeñito, sino
que esperara a que estuviera organizada la fuerza.
Habíamos vivido en nuestro caso toda la epopeya de
la etapa inicial. Yo decía: "El Che es un jefe
estratégico, debe ir para Bolivia cuando ya esté
desarrollada una fuerza." Él estaba impaciente; pero
allí no estaban preparadas las condiciones. Tuve que
convencerlo: "No están creadas las condiciones."
Porque él era un cuadro estratégico, con una
experiencia fabulosa.
Nosotros estábamos ayudando en el Congo a la gente
de Lumumba.
[12] Ya habíamos ayudado a los argelinos
en su guerra de 1961 contra Marruecos,
[13] habíamos
hecho distintas cosas —usted las conoce—, y él
estaba impaciente. También la misión de África la
apreciaba mucho, y entonces yo le propongo eso, le
sugiero ir a África mientras se crean las
condiciones en Bolivia. Para desarrollar más la
experiencia, preparar y entrenar cuadros. Era una
tarea muy importante la que había que hacer, apoyar
el movimiento guerrillero en el Este del Congo
contra Moisés Tshombé,
[14] Mobutu
[15] y aquellos
mercenarios.
¿El movimiento que dirigía Laurent-Désiré Kabila en
esa época?
No,
en ese momento era Gaston Soumialot el hombre que
estaba de jefe, vino y le ofrecimos ayuda. Se la
ofrecimos también a través de Tanzania, con
conocimiento de Julius Nyerere, presidente entonces
de ese país, y de ahí el Che y los hombres que
fueron con él cruzaron el lago Tanganyika. Allí si
enviamos, en abril 1965, un buen refuerzo con el
Che, fueron alrededor de 150 hombres bien armados y
con una experiencia grande. Fueron a ayudar a aquel
movimiento, aunque en ese movimiento revolucionario
áfricano estaba todo por hacer: la experiencia, la
preparación, la instrucción... Fue una tarea dura.
Estuvieron varios meses.
En su diario de África,
[16] el Che es muy crítico con los jefes de
aquella guerrilla.
Él
era muy crítico, de aquellos jefes o de cualquiera.
Era muy exigente. Tenía esas características, el
habito de ser muy crítico y autocrítico. Era duro en
las críticas de los demás y con él mismo.
¿Era duro consigo mismo?
Sí,
era muy exigente con el, ya le conte lo de México y
el Popocatépetl. Incluso, a veces, por cualquier
bobería en que él se hubiera desconcertado un
segundo, se hacía crítica, no hacía más que hacerse
críticas, una autocrítica. Pero muy honesto y muy
respetuoso.
Se
topó obstaculos muy grandes en África cuando llega
allí en abril de 1965. Es maravillosa la historia.
En un momento dado intervenían mercenarios blancos,
surafricanos, rhodesianos, belgas y hasta cubanos
contrarevolucionarios que trabajaban para la CIA,
eran pilotos. Las fuerzas africanas no estaban
suficientemente preparadas. El Che quería enseñarles
a combatir. Explicarles que podía haber una variante
u otra... Porque cuando adquieren una experiencia,
una cultura de guerra, aquellos congoleños son
soldados temibles. Les faltaba esa cultura, y cuando
la adquirian se volvian extraordinarios soldados.
Soldados temibles. Tamhién tenían eso los etíopes; y
los namibios igual, soldados temibles, y los otros,
los angolanos... Cuando adquirian la cultura de
guerra, eran soldados extraordinarios.
Esa
cultura de la guerra no había sido adquirida todavía
por los combatientes que estaban allí en el Este del
Congo... Se lo dijirnos. Mandábamos compañeros de
nosotros sistemáticamente a ver como estaba la
situación, y dispuestos a apoyarlos. Sí hubiera
habido que enviar más tropas, voluntarios había aquí
de sobra; pero realmente aquello no tenía
perspectivas, no había condiciones para el
desarrollo de esa lucha en ese momento, y le pedimos
al Che que se replegase. Él se quedó alrededor de
siete meses en el Congo. Y de ahí va a Tanzania,
está un tiempo allí, en Dar-es-Salaam.
A
todas éstas el Che se ha despedido, y, como es
lógico, se ha marchado —se puede decir—
clandestinamente de Cuba. Entonces empezaron las
calumnias, empezó a decirse que el Che había
"desaparecido".
La prensa internacional decía que había una ruptura
entre ustedes, desacuerdos políticos graves, se
decía que aquí lo habían encarcelado y hasta que lo
habían matado...
Nosotros soportamos silenciosamente aquella sarta de
rumores y de intrigas. Pero él, al marcharse, a
finales de marzo de 1965, me ha escrito una carta de
despedida.
¿Usted no había hecho pública esa carta?
No.
Yo tenía la carta en mi poder, y la hago pública el
3 de octubre de 1965, en el acto en que se anuncia
la constitución del Comité Central del nuevo Partido
Comunista de Cuba, y había que explicar la razón de
la ausencia del Che de ese Comité Central. Y
entretanto esa intriga andando, el enemigo sembrando
la cizaña y la duda, que si Che Guevara había sido
"purgado", que si había tenido discrepancias...
Había toda una campana de rumores.
El
me pace aquella carta espontaneamente, creo que
pasta con mucha franqueza: "Me arrepiento de no
haher creído suficientemente en ti..."
[17] y había
entonces de la Crisis de Octubre y otras cocas. Yo
creo que él no creía en nadie, porque era crítico de
los políticos, él había sufrido...
Hasta un día había escrito unos versos... Me los
había escrito a mí. Siempre fue muy afectuoso,
siempre fue respetuoso, siempre acató mis decisione.
Yo no le imponía, yo discutia, no suelo estar dando
ordenes...: "Oiga, eso..." Muy rara vez tuve que
decirle: “Tú no vas a esto", prohibirle algo.
De
África, él se va a Checoslovaquia, a Praga, en marzo
de 1966; una situación complicada, está allí, de
hecho, clandestino. Como ha escrito la carta de
despedida, él tiene un pundonor tremendo, a él no le
pasaba por la mente, después de haberse despedido,
volver aquí. Pero los cuadros para lo de Bolivia ya
estaban escogidos... Entonces es cuando yo le hago
una carta en la que le razono, apelo a su deber y a
la racionalidad.
¿Para que regrese a Cuba?
Sí,
esa carta creo que está publicada, la familia ha
publicado esa carta. Le hago una carta y le hablo
así, serio. Lo persuado de que regrese, le digo que
es lo más conveniente para lo que él quería hacer:
"Desde allá es imposible hacer esto. Tienes que
venir." No le digo "tienes" como orden de venir, to
persuado, le digo que su deber es regresar, pasar
por encima de todo, y terminar la preparación de lo
de Bolivia. Y él regresa clandestinamente. Bueno,
nadie lo conoció en ninguna parte. Tampoco durante
el viaje. Volvió aquí en julio de 1966.
¿Estaba disfrazado?
Mire, una vez estaba tan disfrazado que yo invite a
unas cuantas gentes, les dije que quería que
conocieran a un amigo interesantísimo, invito a Raúl
y a los demás, estuvimos almorzando y ninguno lo
reconoció. Fíjese usted si estaba de verdad
disfrazado.
¿Raúl estaba frente a él y no lo reconoció?
Sí,
estaban Raúl y otros, y ninguno se dio cuenta.
Indiscutiblemente, fueron muy capaces nuestra gente
para disfrazarlo, transformarlo.
[18] Él va a un
lugar de Pinar del Río, en una zona montañosa, donde
hay una casa allí, la hacienda de San Andrés. Y ahí
es donde se organiza, está meses entrenándose con la
quincena de hombres que iban a acompañarlo. Él
escogió a la gente que quería.
¿Para llevársela a la guerrilla de Bolivia?
Aigunos eran guerrilleros veteranos que habían
estado con nosotros en la Sierra, otros habían
estado con él en el Congo.
[19] Él conversó con cada
uno de ellos. Yo le puse algunas objeciones con
algunos, le dije: "Mira, no hagas esto." Iba a
separar a dos combatientes, dos hermanos que habían
estado muy unidos, y le digo: "No separes a estos
hermanos, déjalos", eran buenos.
[20] Sobre otro, yo
conocía mucho sus características, muy buen soldado,
pero a veces era un poco indisciplinado.
Le
advertí en algunos casos. Todos fueron a Bolivia,
excelentes; entre ellos Eliseo Reyes, el " Capitán
San Luis", de quien él escribe cuando muere: "Tu
figura pequeña de capitán valiente..."; de Neruda
saca aquella Erase —él leía mucho a Pablo Neruda —un
verso muy bonito, está en su diario de Bolivia. Él
lo quería entrañablemente. El Che era ese hombre
también.
Él
escogió a todos, y lo discutimos, yo le hice algunas
sugerencias, y él defcndió a aquel que tenía grander
cualidades, peso que yo conocía y tenía temor a
alguna indisciplina, y eso era muy importante. Yo
hablé mucho con él hasta cuando se fue, en octubre
de 1966. ¡con qué entusiasmo se fue!
Se ha discutido mucho sobre la región de Bolivia,
Ñancahuazu, en la que el Che instala la guerrilla.
¿Usted qué piensa?
Cuando él fue Para Bolivia, eso no tenía otra
alternativa, porque en la situación aquella, con los
hombres que llevaba de su plena confianza, su
experiencia... Bueno, él conocía aquello. Debray
había ido, había prestado algunos servicios como
periodista, reunió mapas. Yo le di tareas.
¿Usted manda a Regis Debray a Bolivia?
Yo
lo mando a recoger información y mapas del
territorio aquel. Che no está todavía allí. Cuando
Mega, en noviembre de 1966, empieza a organizar a la
gente.
Al
final —eso es lo que pienso, y yo lo conocía muy
bien—estaba haciendo un excelente movimiento y ya
tenía cuadros bolivianos, como Inti Peredo y otros.
Él conocía bien a los bolivianos, su carácter, y me
lo dijo. Se instalaron en una zona donde había base
campesina. En el campamento de él, mientras el hace
una excursión entrenando a la gente, que se
prolongó, ya surgen allí problemas. Y, cosa
increíble, por tercera vez, ya le hable de las dos
primeras, el Che no llevaba los medicamentos.
¿En Bolivia, él no tenía medicamentos para su asma?
Se
queda sin medicamentos, es la tercera vez. Él sale a
hacer una excursión, una larga excursión que se
prolongó mucho, estuvo casi cuarenta días. En el
campamento surgen problemas.
¿Cómo explica usted la muerte del Che?
El
Che, cuando regresa de esa excursión, se encuentra
ya problemas allí, se produce una bronca entre el
dirigente del Partido comunista boliviano, Mario
Monje, que tenía gente allí, y uno de los dirigentes
de la otra linea anti Monje, llamado Moisés Guevara.
Monje pide mandos, y el Che era muy recto, rígido...
Yo pienso que el Che debió hacer un esfuerzo mayor
de unidad —es una opinión que doy. Su carácter lo
lleva... Él era muy franco y entabla una discusión
con Monje, muchos de cuyos cuadros habían ayudado a
la organización, porque Inti y los demás eran del
grupo ése.
Ya
había algunos problemas, y algo que no se ha
mencionado y que hizo mucho daño al movimiento
revolucionario en América Latina... No se ha
mencionado y apenas se menciona: la división entre
chinos y sovieticos, entre partidarios de los chinos
y partidarios de los soviéticos. Eso dividio a toda
la izquierda y a todas las fuerzas revolucionarias
en el momento histórico en que existian las
condiciones objetivas y era perfectamente posible el
tipo de lucha armada que el Che fue a hacer allí.
¡Los esfuerzos que tuvimos que hacer cuando sabemos
que se produce esa ruptura! En diciembre de 1966
Mario Monje viene aquí. Viene luego el segundo jefe
del Partido, Jorge Kolle. Yo los invité y les
expliqué lo que había pasado. A Juan Lechín, un
líder obrero, lo invitamos también, estuve como tres
días con él.
¿Usted invita a Lechín aquí en La Habana?
Sí,
porque están muy preocupados con la ruptura. Yo
pienso que realmente no había ninguna razón para
exigir aquel mando, simplemente hubiera hecho falta
un poco, digamos, de mano izquierda. Porque, en
realidad, si Monje lo pide, el Che le podía dar el
título de general en jefe, de lo que quisiera...
Había un problema ahí de ambición, era un poco
ridicula la cosa. No tenía las condiciones para
dirigir aquello.
¿EI Che pecó por rigidez?
Lo
del Che era superhonradez, era superhonradez, y el
término diplomacia, no engaño, el término astucia,
le repugnaba.
Pero, óigame bien, si en nuestra propia Revolución
¿cuántas veces hemos descubierto nosotros ambiciones
en los hombres? ¿Quién podía sustituir? ¿Quién tenía
talento? Majaderías... Más de una vez nosotros
tuvimos que entregar mandos y hacer concesiones.
Hace falta un cierto tacto en determinadas
condiciones en que si tú vas recto, recto... En
aquel momento esa ruptura entre Monje y el Che había
daño.
¿Perjudicaba?
Perjudicaba mucho. Nosotros no se sabe los esfuerzos
que hicimos de unión.
Para conciliar.
Usted no se imagina aquí, incluso, algunas cosas que
toleramos, errores grandes. ¡Errores grandes!
Cometidos a veces por uno o por otro. Hicimos
siempre, por encima de todo, una crítica al hecho,
pero con el espíritu de unidad.
Claro que Monje actuó mal, y después, ya le digo,
vino el segundo del PCB, Jorge Kolle, y lo convencí
de que no podía dejar abandonada a aquella gente.
Llamé a Lechín, conversé con él, lo convencí de que
apoyara al movimiento guerrillero. Pero ya, cuando
apenas el Che llega de su recorrido, después de esa
excursión que se extendió, porque él sometía a
prueba a los hombres, los entrenaba a partir de la
propia experiencia que habíarnos tenido en las
montañas, entonces es cuando se encuentra aquellos
problemas allí, y casi inmediatamente hay una fuerza
que está entrando y cae en una emboscada del
ejército.
En
un momento, sufren una traición.
[21] Y ya el
ejército sabe que hay una fuerza guerrillera allí.
Entonces es cuando, digamos, prematuramente, se
desarrollan Ios combates, y lo que no queríamos se
produce; queríamos que, antes del primer combate,
tuviera organizado un frente, y había fuerzas con
qué organizarlo.
Sin
embargo, esos factores políticos vinieron a influir.
En su díario está todo explicado. Se produce lo
siguiente: se separa el grupo. Él trata todo el
tiempo de buscar el contacto con "Joaquín" y el
grupo de "Joaquín"; ahí estaba Tania.
[22] Invierte
todo ese tiempo y se producen una serie de combates.
Es cosa curiosa, el Che llevó meses buscándolo,
¡meses! Él creía que era una mentira la noticia de
la destrucción de aquel grupo.
Pero, en un momento dado, se convence de que
ciertamente el aniquilamiento del grupo de "Joaquín"
se había producido bastante tiempo atrás. Él va con
Inti Peredo y los demás hacía una zona donde Inti
tenía contactos e influencia; pero recibe las
noticias aquéllas. Eso lo afecta mucho y creo que,
en ese momento, reacciona con cierta temeridad. Él
va, además, con algunos compañeros que no están en
buenas condiciones, no pueden casi moverse, eso
retrasa, pero ya avanzando con el médico; ya time
cuadros bolivianos.
Todavía ese grupo, si llega a aquella zona,
prospera; pero él mismo cuenta en el díario que
llega a una tienda, y escribe: "Vamos precedidos por
radio ‘Bemba’, todo el mundo nos está esperando";
pero sigue. Llega por el mediodía a una aldea, está
vacía. Aldea vacía es señal de cosas extrañas, de la
presencia de una fuerza, y Cl a esa horn continúa su
marcha, en pleno día. Va a la vanguardia Inti. En
ese momento, una tropa, una compañía allí que está
viendo todo, mata a un miembro boliviano de la
guerrilla, mata a algunos otros; los rechazan, y el
Che lo que tenía era enfermos y unos pocos
compañeros, y es cuando cae allí en una zona
sumamente difícil, la quebrada de El Yuro, donde
combate y resiste hasta el momento en que una bala
le liquida el fusil, le traba el arena.
El
Che no era hombre que pudiera caer prisionero; pero
una bala le obstruve su fusil, y. ya muy cerca, lo
hieren. Está herido y sin fusil, así es como lo
llevan a un pueblito cercano, La Higuera. Al día
siguiente, el 9 de octubre de 1967, al mediodía, lo
ejecutan a sangre fría. El Che sí que no habría
temblado jamás, porque, al contrario, cuando tenía
una situación de peligro era cuando él más se
crecía.
¿Usted piensa que él se hubiese inmolado?
Bueno, yo antes de caer prisionero me hubiera
inmolado. Tal vez él lo hubiera hecho también; pero
es que él no tiene alternativa, él está combatiendo,
que es lo que tiene que hacer. El Che era el hombre
que luchaba hasta la última bala, y que no tenía
ningún temor a la muerte.
¿Como se entera usted de la muerte del Che?
Aunque consciente de los peligros que él estaba
corriendo desde hacía meses, y de las condiciones
extremadamente difíciles que enfrentaba, su muerte
me pareció algo increíble, un hecho, no sé, al que
uno no puede acostumbrarse jamás. Pasa el tiempo y,
a veces, uno sueña con el compañero que murió, y lo
ve vivo, conversa con él y, de nuevo, la realidad
nos despierta.
Hay
personas que, para uno, no murieron; poseen una
presencia tan fuerte, tan poderosa, tan intensa que
no se consigue concebir su muerte, su desaparición.
Principalmente por su continua presencia en los
sentimientos y en los recuerdos. Nosotros, no sólo
yo, sino el pueblo cubano, sufrimos de manera
extraordinaria con la noticia de su muerte, aunque
no fue inesperada.
Llego un cable noticioso informando lo que había
pasado cruzando un río, en la quebrada de El Yuro,
el 8 de octubre de 1967. En la mayoría de los cables
lo que se anunciaba era mentira, pero ese cable
narraba algo que había ocurrido, porque aquella
gente no tenía la imaginación para inventar una
historia que era la única forma en que una guerrilla
podía exterminarse. Para mi fue instantaneo; vi que
era una noticia veraz.
El
hábito de estar siempre interpretando cables, en que
to ves mentiras, mentiras y mentiras, sin ninguna
imaginación, y de repente te das cuenta de que no
podían inventar la historia de la única forma con
que pudieron liquidar a ese grupo.
Ahora, lo interesante no es leer sólo lo que escribe
el Che en su diario, sino lo que escribieron los
jefes que combatieron contra él. Es impresionante la
cantidad de combates y de exitos que tuvo aquel
puñado de hombres.
Nosotros sufrimos mucho —era lógico que
sufriéramos—cuando llega la noticia de la muerte,
comprobada... Fue por eso que, en el dolor de la
muerte, aquel día pronuncié un discurso
[23] en que
pregunto: "¿Cómo queremos que sean nuestros hijos?",
y digo: "Queremos que sean como el Che", y eso se
convirtió en una consigna de nuestros pioneros:
"Pioneros por el comunismo: Seremos como el Che."
Después llegó el diario; no se sabe to que vale,
para conocer todo lo ocurrido, su idea, su imagen,
su entereza, su ejemplo. Un hombre de un pudor, de
una dignidad y de una integridad enormes, es lo que
es el Che y lo que el mundo admira. Un hombre
inteligente, un visionario. El Che no cayó
defendiendo otro interés u otra causa que la causa
de los explotados y de los oprimidos de América
Latina. No cayó defendiendo otra causa que la causa
de los pobres y de los humildes de la Tierra. La
causa del Che triunfara, la causa del Che está
triunfando.
Su imagen está en todo el mundo.
El
Che es un ejemplo, eso es lo que es. Una fuerza
moral indestructible. Su causa, sus ideas, en está
hora de lucha contra la globalización neoliberal,
están triunfando. Y luego, en junio de 1997, qué
mérito el de los que encontraron su cadáver y el de
otros cinco compañeros. Hay que agradecer, incluso,
a los bolivianos, a las autoridades, cooperaron, se
dedicaron, ayudaron.
¿Para encontrar sus restos?
Ese
hombre, Jorge González, que hoy es rector de nuestra
Facultad de Ciencias Médicas, ¡qué mérito!, cómo lo
encontraron, eso es milagroso.
¿Cuál es la gran lección que deja el Che?
¿Qué queda? Yo pienso que lo más grande son
realmente los valores morales, la conciencia. El Che
simbolizaba los máss altos valores humanos, y un
ejemplo extraordinario. Creó una gran aureola y una
gran mística. Yo lo admiraba mucho, y lo apreciaba.
Siempre produce mucho afecto, esa admiración. Y le
expliqué la historia de por qué yo me acercaba mucho
más a él...
Son
muchos los recuerdos que nos dejó, y por eso digo
que es uno de los hombres más nobles, más
extraordinarios y más desinteresados que he
conocido, lo cual no tendría importancia si uno no
cree que hombres como él existen por millones y
millones y millones en las masas. Los hombres que se
destacan de manera singular no podrían hacer nada si
muchos millones, iguales que él, no tuvieran el
embrión o no tuvieran la capacidad de adquirir esas
cualidades. Por eso nuestra Revolución se interesó
tanto por luchar contra el analfabetismo, y por
desarrollar la educación. Para que todos sean como
el Che...
(Tomado del libro "Cien Horas con Fidel,
conversaciones con Ignacio Ramonet", editado por
Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, Primera edición, La
Habana, 2006, páginas 283-299) ©
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