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EMPIEZAN LAS CONSPIRACIONES
PRIMERAS LEYES REVOLUCIONARIAS – EL CHE EN EL GOBIERNO –
LA REFORMA AGRARIA – CHE GUEVARA Y EL TRABAJO VOLONTARIO –
PRIMEROS SABOTAJES – RUPTURA CON LOS ESTADOS UNIDOS –
TERRORISMO – ATENTADOS CONTRA FIDEL CASTRO
(...)
No hicimos lo que en determinados momentos difíciles
ocurrió en la Revolución Rusa: la colectivización
forzosa, que fue costosísima y, sangrienta.”
(segunda edición p. 278).
Que además no dio resultados. En la Unión Soviética
la penuria alimentaria se mantuvo mucho tiempo.
Nosotros nunca hemos obligado a la unión de dos
parcelas. La Revolución Cubana estableció desde el
primer día, el respeto invariable a la voluntad de
los campesinos. Jamás ningún campesino sería
presionado para unificar sus tierras con el
propósito de crear unidades agrícolas de mayor
tamaño, tal vez más eficientes por hombre y por
hectárea —aunque no siempre— pero, como todo lo que
se impone por la fuerza, siempre traumático.
El caso es que en la reforma agraria yo era bien
radical, para qué le voy a decir otra cosa. Bueno,
si usted no es radical no hace nada, se pone a
organizar un partido, hace veinte elecciones y no
pasa nada. Pero yo sí, yo creía que había que dar un
golpe decisivo con la Ley de Reforma Agraria.
¿Y lo siguió el Che?
Él estaba feliz. No tenía ningún problema en
absoluto. Él se cuidaba, porque tenía todavía un
poquito aquel freno de ser extranjero, a pesar de
sus méritos. (segunda edición pág. 279).
(…)
El INRA en su dinámica, interviene no sólo tierras;
controla industrias y crea un Departamento de
Industrias e Industrialización. Llamo al Che para
que se haga cargo del Departamento de Industrias.
Seguía siendo una figura política y militar, y en
cualquier situación, cualquier peligro de invasión,
allí estaba él como jefe militar de una región,
aparte de que era un jefe político, miembro de la
dirección nacional de las Organizaciones
Revolucionarias Integradas. (segunda edición Pág.
280)
(…)
Transcurre después una etapa en que el Banco
Nacional no tenía fondos, los recursos con que
contaba eran muy pocos, porque las reservas las
había robado Batista, y hacía falta un jefe del
Banco Nacional. Hacía falta un revolucionario en
aquel momento. Por la confianza, el talento, la
disciplina, la capacidad y la integridad del Che,
fue nombrado director del Banco Nacional de Cuba.
De ahí han surgido bromas. Los enemigos tratan de
burlarse, también nosotros bromeamos, pero la broma,
que tenía una intención política, se refería a que
un día yo había dicho ‘Hace falta un economista’.
Entonces se habían confundido y creyeron que yo
había dicho ‘hace falta un comunista’. Por eso
habían llamado al Che, porque el Che era comunista.
Se habían equivocado. Y el Che era el hombre que
tenía que estar allí, no le quepa la menor duda,
porque el Che era un revolucionario, era un
comunista verdadero y un excelente economista.
¿Excelente economista?
Sí, porque ser excelente economista depende de la
idea de lo que quiera hacer. Así que, en su doble
carácter de economista y comunista, él era
excelente. No es porque poseyera un título
universitario sino porque había leído mucho y
observaba mucho. Donde quiera que el Che ejerció
responsabilidades las cumplió cabalmente. Ya
mencioné su tesón, su voluntad. Cualquier tarea que
se le asignara era capaz de desempeñarla. (segunda
edición pp. 280-281).
(...)
(Tomado del libro "Cien
Horas con Fidel, conversaciones con Ignacio
Ramonet", editado por Oficina de Publicaciones del
Consejo de Estado, Primera édición, La Habana, 2006, páginas 245-248)
¿Los Estados Unidos estuvieron siempre detrás de
esos atentados?
Desde el primer momento, la administración
norteamericana estuvo tratando de crear una imagen
desfavorable de la Revolución Cubana. Hicieron
grandes campañas publicitarias contra nosotros,
grandes intentos por aislar a Cuba. El objetivo era
frenar la influencia de las ideas revolucionarias.
Rompieron las relaciones diplomáticas en 1961 y
adoptaron medidas de bloqueo económico.
Ya la habían hecho con la Revolución Mexicana en la
época de Lázaro Cárdenas, cuando éste nacionalizó el
petróleo en 1938. Decían horrores de aquella
revolución. Lo hicieron también en 1954 contra la
revolución de Jacobo Arbenz en Guatemala, porque
realizó una reforma agraria. También hicieron una
gran campaña contra Salvador Allende y sus reformas
en Chile y contra la Revolución Sandinista en
Nicaragua. Lo han hecho con todas las revoluciones,
y hoy lo hacen con la Revolución Bolivariana de Hugo
Chávez en Venezuela. (segunda edición pp. 288-289).
(...)
(Tomado del libro
"Cien Horas con Fidel, conversaciones con Ignacio
Ramonet", editado por Oficina de
Publicaciones del Consejo de Estado, Primera edición, La Habana,
2006, páginas 255-255)
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