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Compañeras y Compañeros:
Nos reunimos hoy para rendir tributo al Comandante Ernesto
Guevara de la Serna (Che). Y lo hacemos con esta modesta
muestra de documentos que dan testimonio de su quehacer como
representante de Cuba y hacedor de la política exterior de
la Revolución cubana.
Rendimos igual tributo, a los compañeros caídos ese día: los
capitanes Orlando Pantoja Tamayo (Olo) y Alberto Fernández
Montes de Oca (Pacho); a René Martínez Tamayo y al boliviano
Aniceto Reinaga Gordillo, así como a todos los combatientes
que acompañaron al Che en esa gesta.
No es esta una conmemoración rutinaria en el aniversario
cerrado de su muerte, sino, un gesto de amor que se debe y
nunca se pagará, y cuyo único ejercicio digno es lo que
seamos capaces de hacer todos los días.
Es muy difícil tener que hablar de un hombre como el Che,
porque de todo se ha dicho y nada es suficiente, porque hay
hombres que escapan a las palabras, que renuncian a vivir
sólo en los libros de historia o en manuales de ideologías y
doctrinas, porque exigen el compromiso sincero, humano y
creador, que nos obliga a vivir bajo la observancia de su
ejemplo, sabiéndonos de antemano imperfectos.
Es difícil hablar de un héroe que criticaba el culto a la
personalidad y que prefería hacer a decir. Este homenaje es
de antemano incompleto, sino no motivara una reflexión sobre
nosotros mismos, sino justificara un planteamiento contra lo
mal hecho que nos rodea y sino nos moviera a cambiar todo lo
que debe ser cambiado, en nombre del bienestar de nuestro
pueblo y del fortalecimiento constante de esa obra llena de
humanismo que llamamos Revolución.
Porque es la coherencia entre lo pensaba, decía y hacía, al
precio que fuera necesario, lo que lo ha convertido en
ejemplo de revolucionario universal. En un hombre que
trasciende las fronteras geográficas, generacionales y
muchas veces hasta ideológicas, porque su ética y los
valores por los que luchó y murió, radican en lo
esencialmente humano.
La Revolución es una obra de amor, sin odios ni rencores,
solo movida por los ideales más puros de justicia. Sólo así
se comprende la fuerza de la voz del Comandante Guevara
calmando a su propio asesino, sabiendo que no moriría, si
nuestra Patria generosa entregaba al mundo hijos como
Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René o como los miles de
obreros y campesinos que madrugan todos los días, para en
medio de las dificultades, cumplir con su trabajo.
Sentir que de hombres de esa magnitud es hija la Revolución
cubana, es un orgullo, es la estrella que nos acompañará
siempre y la responsabilidad que nunca podremos abandonar,
sin perdernos a nosotros mismos. Decía el Che en su carta de
despedida: “libero a Cuba de cualquier responsabilidad,
salvo la que emane de su ejemplo”… y … “en dondequiera que
me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario
cubano y actuaré como tal.” Eso es lo que se exige de
nosotros.
Creo que el Che hubiese preferido hoy, más que hablar de él,
que habláramos de la necesidad impostergable de responder al
llamado de Fidel y Raúl:
- A trabajar unidos y sin descanso por la construcción de
una sociedad comunista, en la que el Hombre nuevo encuentre
su realización plena.
- A ser cada vez más eficiente en nuestro trabajo y como
indicara Raúl, a “trabajar con sentido crítico y creador” …
e … “identificar con precisión y valorar con profundidad
cada problema” y dar la solución más adecuada.
- Es claro el llamado a dejar de justificar nuestra falta de
celeridad y efectividad ante los problemas de la población,
justificándonos o como resultado “de carecer de la
sensibilidad y la valentía política requerida” para
enfrentar estos problemas, sin ignorar las causas externas,
que como el Bloqueo Económico, Financiero y Comercial de los
Estados Unidos, agravan la situación.
Es necesario recuperar el valor trabajo; decía el Che: que
el Socialismo es conciencia más producción de bienes y
servicios. Si no producimos, si no hacemos de nuestro
trabajo la trinchera cotidiana de defensa de la Revolución,
no podremos avanzar, y nadie vendrá a hacer lo que nos toca
y es nuestro deber.
El Che dejó en Cuba y cito: “… lo más puro de (sus)
esperanzas de constructor…” y es nuestro deber sagrado, no
faltar a esas esperanzas.
El mejor homenaje al Che es recordarlo no con palabras, sino
con nuestra acción consecuente y diaria. Él dijo, que su
“último pensamiento (sería) para este pueblo”, por lo que
dar lo mejor de cada uno de nosotros, es el tributo merecido,
a quien murió, con la confianza inquebrantable en que
sabríamos defender y perfeccionar nuestra Revolución, en que
marcharíamos unidos y como él nos pidió:
¡Hasta la Victoria siempre!
Minrex
08-10-2007 |