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Como es ampliamente conocido, a finales del año 2004
Cuba tuvo que tomar medidas para sustituir el dólar
por el peso cubano convertible en la circulación
monetaria, a fin de frustrar la pérfida intención
del Gobierno de los EE.UU. de impedir que los
dólares en efectivo que llegaban a Cuba por vías
totalmente legales, fueran utilizados para pagar
parte de nuestras importaciones de bienes y
servicios.
Por
aquellos días se divulgaron ampliamente las
presiones ejercidas por el Gobierno de EE.UU. sobre
el Banco Suizo UBS para prohibirle sus normales
negocios con Cuba. Tal pretensión se basaba
exclusivamente en el terror que EE.UU. infunde en el
mundo con su proclamada política de "quien no está
con nosotros, está contra nosotros".
Como ha sucedido a lo largo de todos estos años, también en
aquella oportunidad la acción de nuestros enemigos
fue derrotada: el dólar, símbolo de su poder
imperial, fue humillantemente expulsado de Cuba;
nuestras relaciones comerciales y financieras
continuaron ampliándose y la credibilidad y el
respeto por nuestro país y sus instituciones
financieras son cada día mayores.
Habría que añadir que a partir de esa experiencia,
la previsora política del país ha sido incrementar
sustancialmente el uso de otras monedas en nuestras
transacciones internacionales, en tanto estamos
persuadidos de que la irresponsable política
consumista de EE.UU., que lo ha llevado a incurrir
en déficits fiscales y comerciales insostenibles, ha
puesto en crisis a su propia moneda, y la tendencia
a su gradual depreciación es ya irreversible.
Una
muestra de cómo han cambiado los tiempos para el
dólar, es que en la actualidad basta con una simple
declaración del Presidente del Banco Central de
China sobre la composición por tipo de moneda de sus
reservas, para que el dólar se deprecie, como
sucedió muy recientemente.
No
hay que olvidar que China posee hoy las reservas
monetarias mayores del planeta (más de 1 millón de
millones de dólares), las cuales son 4 veces
superiores que las de EE.UU. de manera que cualquier
comentario del Banco Central Chino que sea
interpretado como una intención de reducir la
proporción de dólares en sus reservas, puede tener
efectos negativos para esa moneda.
Para desasosiego de los EE.UU. la suerte de su moneda depende
ahora, entre otros factores, de lo que se diga en
China. Tal es hoy la fragilidad del dólar.
En
el caso específico del Banco Suizo UBS y
posteriormente de otro banco de igual nacionalidad,
el Credit Suisse, se produjo una lastimosa
subordinación a las órdenes del imperio, dando así
un irrefutable ejemplo de cómo los EE.UU. imponen
sus leyes extraterritorialmente y deciden con quién
pueden o no realizar negocios las instituciones de
otras naciones que se supone sean libres y
soberanas.
Con
el UBS, pudieran también estar presentes la coacción
y el chantaje, pues según un cable de la agencia EFE
del 29 de octubre del 2005, sucursales de ese banco
participaron en el programa de Naciones Unidas
impuesto a Iraq, de "Petróleo por Alimentos" y de
acuerdo con las investigaciones realizadas al menos
cinco empresas suizas pagaron al gobierno iraquí
alrededor de 1 millón de dólares cada una para
conseguir contratos en ese país dentro de este
programa. Esto lo expone ante las autoridades
norteamericanas, que son las que conducen dichas
investigaciones, y debilita extraordinariamente su
capacidad de actuar con independencia de EE.UU., aún
cuando se vean obligados a sacrificar su ética
profesional e incluso mentir.
Hay
que añadir que, según se reportó en la prensa
internacional, el UBS fue un generoso donante de la
campaña electoral tanto de Bush, como de su
contrincante John Kerry, lo cual confirma su deseo
de ganar la complacencia del Gobierno de EE.UU. con
independencia del partido que esté en el poder.
Más
recientemente, el periódico suizo Sonntagszeitung,
publicó el pasado domingo un artículo en el cual
señalaba justamente, que en el caso de Cuba no
existen sanciones internacionales y sin embargo, los
dos bancos suizos ya señalados habían roto sus
negocios con nuestro país.
Decía, este artículo entre otras cosas:
"En
el caso de Cuba que no tiene sanciones
internacionales ni está en conflicto con las
organizaciones de las Naciones Unidas, los cubanos
son boicoteados solo por un país: los Estados Unidos
de América".
Cuestionados por la prensa, el día 14 de noviembre,
ambos bancos ofrecieron la siguiente explicación al
periódico suizo Le Temps:
"El
UBS explica su decisión por los elevados costos de
vigilancia del respeto y la conformidad de las
reglas para tratar con clientes de la isla
comunista. Para el Credit Suisse, ‘Cuba forma parte
de los países sensibles’, explica su vocero, sin
extenderse en lo que esto significa".
En
ese mismo artículo aparecen declaraciones de Carlo
Lombardini, abogado de negocios del Colegio de
Abogados de Ginebra en las que expone: ¼ "ambos
bancos suizos están influenciados por la visión
estadounidense del mundo. El cese de las
transacciones con Cuba es una de las consecuencias".
Finalmente tendríamos que preguntar ¿quién decide
cuáles son los países "sensibles" y cuales no? y ¿en
qué parámetros se basa esa clasificación?
¿O
es que acaso no se sabe que del total de dinero que
se lava en el mundo el 50% se hace en EE.UU.? ¿No
debería esto ser tomado en cuenta por los citados
bancos para considerar a los EE.UU. un país
verdaderamente "sensible" en lo referido al apego a
la legalidad de su sistema financiero?
La
respuesta es bien sencilla: las acciones de estos
dos bancos suizos no tienen nada que ver con el
respeto a la ley o al cuidado de sus transacciones
bancarias. Es simplemente un acto de sumisión ante
EE.UU. que no se atreven a confesar.
Afortunadamente, son escasas las instituciones que
como el UBS o el Credit Suisse se subordinan
humillantemente a los EE.UU., y existe un creciente
número de entidades y países que no están dispuestos
a aliarse ciegamente con un imperio cuyos constantes
fracasos en las últimas semanas son apenas la punta
del iceberg de su irreversible decadencia.
(Granma) 17-11-2006 |