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CUBA, 2 de noviembre de 2006. Un estudio divulgado
recientemente por la revista PCWorld sobre la
conexión a Internet en diversos países, afirma que
muchos usuarios particulares tienen acceso hoy
mediante pago a anchos de banda que en ocasiones
superan los cien megabytes por segundo (Mbps),
gracias a la extensión de las conexiones de alta
velocidad y la fibra óptica.
Así, en países como Australia, Bangladesh, Reino
Unido, Italia o Estados Unidos, las personas pueden
acceder a un servicio de alta velocidad (DSL) con
una velocidad de transferencia directa de hasta 24
megabites por segundo, e incluso en Noruega o Japón,
por ejemplo, algunos usuarios particulares tienen ya
conexiones de fibra óptica tan rápidas que
sobrepasan los cien Mbps.
Indudablemente, esta posibilidad de «descargar» o
«subir» información desde o hacia Internet ha
posibilitado el desarrollo de nuevas prestaciones
como la televisión digital o la transferencia de
películas, y en el mundo científico ha facilitado
efectuar experimentos on line y hasta transmitir
operaciones en vivo.
La gran paradoja de lo anterior es que un solo
usuario corporativo o incluso particular, en Europa,
Asia o Estados Unidos, tiene hoy una velocidad de
conexión a la red de redes mayor que la que tiene
Cuba, un país con más de once millones de
habitantes, que apenas tiene autorizados, vía
satélite, para Internet 65 Mbps de ancho de banda
para la salida y 124 Mbps para la entrada.
De hecho, a pesar de que Cuba cuenta hoy con acceso
a Internet, esta «autorización» para conectarse a
ella la dio, como si fuera una dádiva, el gobierno
norteamericano en 1996, y no por buena voluntad,
sino para explotar la web como una vía más para
promover la subversión interna, el terrorismo y las
presiones contra la Revolución.
Desde el surgimiento de Internet, Estados Unidos ha
torpedeado el acceso de Cuba a la red informática
mundial, y a la vez ha desatado una feroz campaña
contra la Revolución acusándola de no dar libertad
de conexión a la misma.
En realidad, por culpa de las leyes del bloqueo, el
país no puede conectarse a los canales
internacionales de fibra óptica que pasan muy cerca
de sus costas, y tiene que hacerlo vía satélite, lo
que es más caro y limita considerablemente este
recurso.
Además, cada vez que Cuba intenta añadir un nuevo
canal a Internet, la contraparte estadounidense debe
obtener la licencia apropiada del Departamento del
Tesoro de Estados Unidos. De modo similar, si una
compañía norteamericana quiere abrirle un nuevo
canal a Cuba o decide aumentar la velocidad de la
conexión, igualmente debe expedirse una licencia.
Eso explica el por qué de la «estrechez de banda»
que tenemos los cubanos, por la política hostil del
gobierno norteamericano, y también porque, ante esta
realidad, la nación ha decidido priorizar la
conexión a la red de manera organizada para
garantizar un uso social de la misma, y que pueda
ser utilizada adecuadamente por médicos,
científicos, estudiantes, profesionales,
personalidades de la Cultura, empresas, centros de
investigación y muchos más.
Esta estrategia, reconocida por organismos
internacionales como un modelo a seguir por los
países en desarrollo, ha posibilitado que hoy
existan más de 1 370 sitios virtuales bajo el .cu,
940 000 usuarios de correo electrónico y otros 219
000 de Internet, todo lo cual se multiplica en
cientos de miles más si se tiene en cuenta el
carácter social de muchas de estas facilidades, que
permite que un mismo punto de conexión sea utilizado
por varias personas, al igual que sucede con una
cuenta de correo electrónico.
CERCO BRUTAL
A pesar de toda su propaganda a favor del desarrollo
tecnológico para disminuir la brecha digital y del
libre acceso a las nuevas tecnologías, los gobiernos
norteamericanos han bloqueado el acceso de Cuba a
estas o entorpecido su uso durante décadas, desde el
propio triunfo de la Revolución.
En una violación cruda y real, la Casa Blanca ha
impedido la importación directa de computadoras
producidas por los mayores fabricantes mundiales de
estos dispositivos, como Intel, Hewlett Packard, IBM
o Macquintosh. Incluso, para obtener una de ellas,
el país debe pagar hasta un 30 por ciento más de su
valor real, al no poder ser adquirida directamente
en su mayor mercado mundial, Estados Unidos, y tener
que pagar altas tarifas de transportación por
comprarlas lejos.
El bloqueo del acceso a las nuevas tecnologías es
doblemente duro por ser precisamente EE.UU. el
emporio mundial de la tecnología informática y quien
ejerce un control hegemónico sobre la red de redes,
pues en su suelo están los mayores servidores de
Internet.
Por si fuera poco, es la Internet Corporation for
Assigned Names and Numbers ICAN, la que provee de
direcciones IP y nombres al resto del mundo, la que,
a pesar de ser según pregonan «una organización no
gubernamental sin fines de lucro», está sujeta a las
leyes de la Oficina Federal para las Comunicaciones
y al Departamento de Estado de Estados Unidos.
A esto hay que agregarle que el imperio
norteamericano controla el 50 por ciento de los
satélites de comunicación y el 75 por ciento de la
red Internet. Produce el 60 por ciento del software
de uso mundial y una sola compañía, Microsoft,
domina con Windows, el sistema operativo instalado
en más del 90 por ciento de las computadoras
personales.
En el caso de la web, el 40 por ciento de los
navegantes se concentran en este país, y el 80 por
ciento de los contenidos difundidos en las páginas
web están en inglés. Igualmente dominan el 85 por
ciento del comercio electrónico.
No es de extrañar entonces que Estados Unidos
intente por todos los medios alzarse como el paladín
de la libertad de expresión y conexión a Internet,
pues en realidad busca vender el «modo de vida
americano» y convertir a la red en una mercancía, y
no en el instrumento de desarrollo que es en
realidad.
WINDOWS LIMITADO
Además, los cubanos no tienen acceso a los
principales programas informáticos, ni siquiera al
sistema operativo instalado en casi el 90 por ciento
de las computadoras del mundo: Windows.
Por las leyes del bloqueo no se puede acceder
legalmente a programas informáticos de trabajo con
textos, imágenes, manejo de información o
programación, tales como Microsoft Office, Adobe
Photoshop, ACD See, Internet Explorer, write
Express, Borland; o a software antivirus
actualizados como Norton Antivirus, Panda Antivirus
o AVP, entre otros.
Por si fuera poco, también ha visto limitada la
adquisición de routers, servidores, cables y otros
equipamientos para mejorar la infraestructura de sus
telecomunicaciones, lo cual ha retrasado y
encarecido la digitalización telefónica.
Estados Unidos bloquea sin reparos la descarga de
todo tipo de programas informáticos a través de
Internet para nacionales cubanos, bien personas
jurídicas o particulares que pretendan hacer llegar
esa tecnología a suelo nacional. Estas limitaciones
son incluso extraterritoriales, pues muchas veces
involucran a subsidiarias norteamericanas ubicadas
en otros países o a empresas que tienen relaciones
con estas.
Y no contento con esto, el gobierno norteamericano
estimula, financia y dirige el uso de Internet
contra Cuba como un instrumento de
desestabilización, agresión y presión. Para eso ha
brindado aportes monetarios considerables para la
creación y mantenimiento de una serie de sitios web
destinados a promover la subversión interna, o
difamar sobre lo que pasa en el país, en un vano
intento de desprestigiar a la Revolución Cubana en
el ciberespacio. Por: Amaury E. del Valle.
(Cubaminrex- Juventud Rebelde ).
(Minrex) 02-11-2006 |