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 Benny Moré, el Gobernador del ritmo

Sitio : Benny Moré

POR GABRIEL MOLINA / FOTOS: RAUL LÓPEZ

BENNY Moré era dueño de una personalidad abrumadoramente pintoresca y carismática. A pesar de carecer de instrucción musical, fue un intérprete y autor genial, tal vez el artista más completo en un país caracterizado por producir músicos fuera de serie.

A 40 años de su deceso, se le sigue queriendo hoy como ayer. Porque era único cuando cantaba rumba, bolero, guaracha, mambo o guaguancó. Por eso podía decirle a Rolando Laserie: elige tú, que canto yo, un original desafío musical.

José Artemio Castañeda Echevarría, más conocido por Maracaibo, porque así lo bautizó Benny en 1958-59, cuenta que aquella frase surgió en un programa de televisión. En esos días estaba Rolando Laserie de moda con la guaracha Río Manzanares, pero cuando salió al aire su Maracaibo Oriental, "se cayó el dinero, se acabó todo el cuento".

Mauro Gómez Suárez, saxofonista durante muchos años junto a Benny en la famosa Banda Gigante, precisa: "elige tú que canto yo surgió en un mano a mano con Laserie en la televisión; mas no se trataba de rivalidad, pues ellos eran socios. Incluso Laserie fue baterista de la orquesta al principio. Pero ambos sabían que el bárbaro era el Benny".

Indagar sobre este fenómeno ciento por ciento criollo es una satisfacción sentimental y profesional. Aproveché este aniversario para tratar de suplir lo que me faltaba como información de primera mano, conversando con aquellos que lo conocieron de cerca, en el Alí Bar.

Ese es el caso de Gómez Suárez, quien ha regresado a la banda, reconstituida en el histórico local de la Avenida Dolores, Arroyo Naranjo, para acercarse de jueves a sábados, con una mezcla de nostalgia y alegría, a las inolvidables noches en que Moré estaba entre nosotros.

Nadie como Benny Moré para bajar de la pista bailando, sin perder el compás ni de su cuerpo ni de su voz, recorrer el salón, cantando Guantánamo, aquí va mi son e improvisar mensajes a algún cliente de cada mesa.

"Improvisar era una de las más notables cualidades del Benny —dijo Mauro Gómez Suárez, cuando le mencioné aquella maravillosa capacidad—. Yo creo que le viene de las tradiciones de los cultores de la música campesina, del son montuno, del guaguancó, de los repentistas. Existe la grabación de una fabulosa controversia en Radio Progreso, entre él y Joseíto Fernández" (autor del clásico Guajira Guantanamera).

Era, además, un artista de la mímica, transmitía sensaciones que la banda sabía recrear, con los ojos, la boca, las manos, las piernas, el cuerpo todo. Era su estilo de actuar y de dirigir la banda. Se dice que a la gente le gustaba bailar con él. Pero en la cima de su carrera no recuerdo a sus admiradores bailando, preferían verlo, oírlo, disfrutarlo. El solo era todo un espectáculo.

LA CONDICION HUMANA

Juan Morell González llegó a la Banda Gigante llevado por Mauro en 196l. Y lo que más le impresionaba era cómo Moré "trataba y defendía a los músicos. También, la forma en que se relacionaba con el pueblo, tan natural, atendía a todo el mundo, se detenía aunque estuviese apurado".

De hecho, el amor, la consideración con el prójimo, constituía un rasgo impresionante de su condición humana. "Era el que mejor pagaba —argumenta Mauro—. Unos 22 ó 23 pesos de aquella época por, digamos, una tanda de baile en La Tropical, que era el doble o el triple comparado con los 6 a 10 pesos que pagaban entonces. Algunos directores de orquestas lo criticaban por considerarlo una locura. Y él contestaba: Hay que repartir las ganancias con los músicos equitativamente".

Es evidente que Benny no estaba apegado a los bienes materiales, como confesaba en Cienfuegos... "la ciudad que más me gusta a mí... Una Cienfueguera me dijo, Moré, en una tarde de mayo, allá por Pasacaballos, con rumbo hacia Rancho Luna, ella me dio una fortuna, de amor, y en Cienfuegos me quedé, ya tú lo ves...

Sus ocurrencias eran inolvidables. Morell cuenta que cuando ya la cirrosis hepática no le permitía tomar más, decía: "Bueno, me doy un trago..." y cogía una botella de ron. Todos nos poníamos nerviosos, pero él echaba un poco en la mano, lo olía y agregaba: "¡Ya me lo di...!"

Mauro conoció a Benny hace medio siglo, en el año 1951 ó 52, en Santiago de Cuba, con la orquesta de Mariano Mercerón, quien fue a Santa Isabel de las Lajas a buscar a Benny, que había regresado de México, donde Moré habia trabajado con Pérez Prado, con los Matamoros, y con el propio Mercerón.

"No había oído un cantante así. Me parecía una cosa de otro mundo. Montamos números como Yimboró, Bonito y sabroso y otros; tocamos en la CMKW, la Cadena Oriental de Radio, y luego en distintas provincias. Como en ese tiempo no había mucho trabajo por allá, él vino en 1953 para La Habana. Después yo también vine y trabajé con él hasta su muerte. Nos llevábamos muy bien. No era un director, era un amigo. Ayudó a levantar a la orquesta Aragón, en México. Plantó: si la Aragon no tocaba él tampoco."

¿Y lo que menos les gustaba de él?

"Hubiésemos querido que no bebiera. Sabíamos que le hacía daño. Aunque su trago era simpático, alegre, muy alegre, y uno tenía que reírse con las cosas que se le ocurrían. Por ejemplo, quitarse de repente el sombrero y tirarlo, con lo que paraba la orquesta. O las cosas que hacía con su bastón".

Raúl López recuerda que una vez se subió en una mesa para dirigir la Orquesta en un baile en Camagüey.

"Al final de su carrera, cuando ya no podía tomar, no tenía tanta alegría, se sabía marcado por la enfermedad, pero nunca dejó de ser complaciente y amable con el público y con nosotros. Sin embargo, si lo querían perjudicar era fiero. En Venezuela, un empresario abusador pretendió no pagarle y por poco pierde la vida en el intento: lo atacó a cabillazos. A Benny se lo llevaron preso y Bola de Nieve tuvo que llamar a su amigo, el Presidente de ese país."

MARACAIBO NO ES SOLO UNA CIUDAD

Mauro lo vio cantar a dúo consigo mismo en un bar en Marqués González y Belascoaín. Considera que era una insólita manera de brindar satisfacción a sus amigos y admiradores. Tambien lo disfrutó su amigo José Maracaibo Castañeda, quien recuerda que en el bar Marianela mandó a bajar la puerta metálica y pidió que no se fuese nadie, que los tragos corrían por su cuenta. "Marcó como 10 números suyos en la victrola y se puso a hacerse el segundo con su propia grabación. ¡Era inigualable!"

Maracaibo conoció a Benny en Santiago, en la Cadena Oriental de Radio, donde trabajaba con el conjunto Maravillas de Beltrán, en el cual cantaban Caridad Hierrezuelo, Ibrahim Ferrer, Gerónimo Ibarra y otros. La emisora contrató a Benny por 100 pesos diarios.

"Una noche, en un baile que habia en Jutinicú, en pleno campo, habia un guajiro que estaba solo en el baile, medio curda, y me decía, mulato, tócame un maracaibo. Nosotros cantábamos los números popularizados por Celia Cruz, Arsenio Rodríguez, la Sonora Matancera, el Conjunto Casino, para estar en onda y no podíamos salirnos de ese repertorio, a pesar del campesino. Además de ciudad venezolana, Maracaibo es un ritmo musical de la Sierra Maestra, lo que llaman changüí en Guantánamo.

"La borrachera del guajiro me hizo surgir la idea de componer el Maracaibo Oriental y se lo llevé al Benny a Santiago. El me dijo: Ahora no, guárdala, para cuando yo tenga mi banda, allá en La Habana, porque me gusta. Cuando vine, tenía mi número en el cerebro y voy a ver a Chepín, que había dado el palo con El Platanal de Bartolo, interpretado por Ibrahim Ferrrer. Lo visité en el hotel Boston, y Columbié, que tocaba con Benny Moré, me indicó cómo llegar a su casa en el reparto La Cumbre.

"Benny se alegró de verme y me preguntó por el número. Cuando le señalé que lo tenía aquí (en la cabeza), me dijo: ‘así no, tráemelo en un papel escrito como tú puedas y vienes mañana con Columbié, pues me faltan un par de números para grabar un disco’.

"Antes de irme bajó una botella de ron Peralta, un boxeador, como él decía, y nos entramos a palos hasta terminarlo. Cuando bebía era más simpático que nunca. Muchas veces le daba por cantar y bailar.

"Al día siguiente le llevé el número más o menos escrito y después se lo dio a Generoso, para hacer el arreglo. Pero el día que se iba a grabar, Generoso dijo que se le había olvidado traerlo. Benny lo sorprendió: ‘Entonces, fíjate como va, ¡de memoria!’ Y empezó a tararearlo, como hacía con los números que creaba: ‘ton, titín, ton, titín. ¡Piano y bajo! Pa’ que tú lo bailes, mi son maracaibo. ¡Saxofones! paparí con pa, paparí con pa’, y al trompeta le dijo ‘inspira; ¡Qué bárbaro!

"Cuando a Benny le preguntaban sobre el autor del número, decía es José Maracaibo. Por eso la gente comenzó a llamarme Maracaibo. Al principio me mortificaba y fui a verlo a su casa, para protestar de que todo el mundo estaba llamándome por el apodo de Maracaibo. El bárbaro me respondió: ‘Olvídate de eso. No es un apodo, es un nombre artístico que yo te he puesto’."

En algunos momentos, por exceso de tragos, Benny llegaba tarde a cumplir algún contrato, relatan sus viejos amigos. Pero también había empresarios que para atraer público anunciaban a Benny Moré en la publicidad, cuando en realidad no había tal compromiso, era un fraude y entonces decían que había incumplido. Pero él, aunque impuntual a veces, siempre llegaba. Mauro Gómez Suárez recuerda una vez que lo esperaban a las nueve y llegó a las doce de la noche, pero tocó hasta por la mañana para deleite de la gente.

De ahí aquel estribillo que sacó: Creían que yo no venía y aquí usted me ve. Benny Moré, ¡qué banda tiene usted! En ese mismo número pinchaba a Generoso para hacerlo improvisar maravillosamente, cantándole: Generoso, qué bueno toca usted. Y asimismo lo hacía con Castellanos a quien le decía: Castellanos, qué bueno baila usted, cambiándoles alternativamente las improvisaciones.

MORE LEVANTO EL ALI BAR, SOLO POR AMISTAD

Todos coinciden en que Benny fue quien levantó el Alí bar, porque se sentía bien aquí y Alipio, el dueño, era su amigo; a veces ya estaba cansado y se lo decía a Alipio, pero si éste y el publico insistían, los complacía.

En efecto, al Benny no le gustaba tocar en grandes cabarets, algunas veces lo hizo en Tropicana, pero en general, afirma Mauro, en esos lugares lo querían solo, sin la banda, pues tenían orquestas propias del lugar y eso a él no le gustaba. Tocaba mucho en Radio Progreso y también en televisión, por ejemplo, en el programa de Jupiña, del cual por fortuna se conservan algunos kinescopios.

El Alí Bar fue rescatado y reinaugurado hace unos 4 meses, como el Rincón del Benny, por la cadena turística Rumbos, de atracciones extrahoteleras. El presidente del grupo, Manuel Vilasosa, y su vice, Dizzy Echevarría, asistieron al homenaje allí el 21 de febrero, en el aniversario del fallecimiento del Benny, junto con Ernesto López, presidente del Instituto de Radio y Televisión.

El director artístico del espectáculo actual es Oscar Gómez Galbán, quien a sus 17 años fue asistente del Benny en sus últimas presentaciones, incluso en Papel y Tinta, un gigantesco festival organizado por el diario Revolución.

Gómez presentó a Rumbos un proyecto "a modo de compendio de toda su obra, que se acercase a la realidad de los años 50, matizado con relatos y anécdotas sobre su vida, una especie de culto merecido al Bárbaro del Ritmo. Los artistas interpretan su música y otros números popularizados por Benny.

Animado por Leo Valdés, participan en el show Raúl Iglesias, Raciel Cuevas, Hilda Gorría y el cuerpo de baile encabezado por una cimbreante solista. La noche del aniversario, el espectáculo estuvo enriquecido por actuaciones de Lino Borges, Aurora Basnuevo, Mario Limonta y otros.

El artista principal del show es Benny Santos, de figura diferente a la delgada y ágil que tuvo su héroe, mas su indumentaria, sus gestos y su voz son agradablemente semejantes a los del bárbaro.

"Allá en Puerto Padre se creyeron que yo era hijo de él —admite—. Me cargaron en peso, repitiendo ‘¡el hijo del Benny!’ Todo el mundo lo pensaba, porque había un cierto parecido y él me bautizó como el otro Benny, un día en el cabaret La Campana, en que me metí de atrevido a cantar con la orquesta... Yo me llamo Rafael Santos y él me puso Benny Santos.

"Nunca me he querido parecer cantando a Benny Moré. Me gusta su música, pero yo tenía un timbre de voz semejante, y como canto las mismas canciones, pues hay algún parecido, pero nunca va a ser igual. Incluso he grabado otros números que no son de su repertorio y sigue el parecido. Parece que me he acostumbrado, en las medias voces, en los agudos.

"Yo, y toda mi familia, fuimos admiradores de Benny More. Logré conocerlo a través de un amigo de mi padre que llamaban el Conde Negro, en un festival de aficionados de las FAR, en el 61 ó 62, donde él nos prestó un número suyo. A partir de ahí, me dediqué a cantar y estuve en varias orquestas hasta llegar a la de Benny Moré. Ya habían pasado por allí Fernando Alvarez, Rolo Martínez, Pío Leyva. Llegué, encajé y me quedé.

"Desde entonces, unos 40 años, vengo trajinando con su orquesta; para mí fue maestro y guía, lo más grande de la música popular cubana. Aun después de muerto aprendemos de él. Pero es sólo eso, un parecido. Benny es único.

"Creo que éste es un precioso homenaje —concluía evocador el saxofonista Mauro Gómez Suárez—. Espero que sea siempre, no sólo en este 40 aniversario. Si en México hay una estatua de Benny Moré, en La Habana debíamos tener una."

Es cierto que la merece. El bárbaro no sólo cantaba magistralmente cualquier cosa, sino que saboreaba la música. No se dejaba dominar por ella. Como los verdaderos grandes, la dominaba. Bailando, a veces se movía hacia delante acompasadamente, dando unos pasos cortos. Daba la impresión de que arrastraba los pies y balanceaba el cuerpo. Muchos años después me lo recuerda una filigrana semejante de Michael Jackson.

Benny no era un vasallo de la escena. Era el Gobernador del ritmo.

(Granma) 10 de marzo de 2003


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