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Dra. Romelia Pino Freyre
Directora Instituto de Filosofía de Cuba
Un viejo conocido nuestro, Francis
Fukuyama, escribió un grueso volumen en 1992
titulado: “El fin de la Historia y el Último
Hombre”, con francas pretensiones filosóficas. Lo
inicia con un capítulo titulado Nuestro pesimismo
y se reserva el derecho de escribir en el
primer párrafo: “Puede decirse sin riesgo que el
siglo xx nos ha convertido a todos en hondos
pesimistas históricos.”
Fukuyama, como otros tantos
seguidores de Nietzche y del existencialismo
apocalíptico, asume una actitud de crítica
demoledora y negativa a la modernidad en sus
claves esenciales: humanismo, razón y progreso. Es
así la expresión vergonzante de una burguesía que
reideologiza creando “nuevas banderas” para
imponer su dominio de clase.
Ahora bien, aún lo más progresivo
del pensamiento occidental, que ilustró las
cabezas de la naciente burguesía, creando los
fundamentos ideológicos del sistema en el carácter
omnipotente del hombre y su predestinación a
dominar la naturaleza. Se trata de una naturaleza
inanimada, ajena a todo sentimiento, extraña a la
moral, que abre una brecha entre el hombre y la
naturaleza, que adquiere un sentido puramente
utilitario al ponerse al servicio de la ganancia,
hija del interés privado.
La crisis de la razón ilustrada ha
confesado su incapacidad para alcanzar la
emancipación humana. Este hecho tiene varios
niveles de constatación: un nivel epistemológico
que condiciona la legitimidad del saber científico
a lo que Francois Lyotard llama la
performatividad, o lo que es lo mismo el
condicionamiento de los resultados de la ciencia
al poder de dominación, al utilitarismo y
considerar la validez de los conocimientos en
función de ser transmisibles en cantidades de
información, traducible al lenguaje de las
máquinas.
Desde esta perspectiva la ciencia
va perdiendo, todo su potencial humanista, al
hacer sobrantes contingentes de hombres y mujeres
que quedan al margen de las relaciones laborales,
congruente con el nuevo paradigma tecnoeconómico
organizativo, donde paradójicamente el hombre es
la pieza más importante.
Hoy se perfila un problema crucial
de la humanidad: ¿Es alcanzable la emancipación
humana, ¿de qué emancipación hablamos?
Nuestro marco referencial para
responder a la segunda interrogante, parte de las
ideas de Marx esbozadas en “La Cuestión Judía”.
Para Marx, la esencia de la emancipación política
es el desarrollo del Estado moderno, que deviene
medio de la emancipación política de la burguesía.
Este modo político de emancipación tiene carácter
limitado, ya que si bien se anulan jurídicamente
las diferencias del régimen feudal, estas
diferencias al declararlas no políticas se
confinan a la esfera privada, originando la
dicotomía hombre-ciudadano y a la separación
sociedad política-sociedad civil.
El poder centrado en la razón es la
expresión filosófica del siglo XIX el espíritu
científico, la actitud dominadora el hombre ante
el mundo, se concretan en las teorías de Hobbes y
Locke sobre el Estado, ellos aportaron al
liberalismo el establecimiento de reglas para
guiar el carácter de la autoridad y el poder, que
supuestamente tienen como fin la protección del
ciudadano.
Al abordar el problema de la
emancipación humana, los clásicos del marxismo
dejaron bien establecida su esencia: Lo humano
para el marxismo significa hablar de hombres y
mujeres reales, que aún no han producido el acto
histórico de su emancipación humana. Sólo cuando
el hombre abstracto, se convierta en ser
individual y genérico, en su trabajo individual y
en sus relaciones individuales, sólo entonces se
producirá la emancipación humana.
No es difícil entonces medir la
distancia de esta concepción de la emancipación de
las actuales posiciones de la crítica destructiva
a la modernidad y al humanismo. El crecimiento
exponencial de la violencia se ha convertido en
algo consustancial a las actuales sociedades del
capitalismo desarrollado y subdesarrollado, que se
manifiesta en las expresiones de extremo
individualismo, la opresión, la xenofobia; es una
violencia silenciosa, que se plasma en
estadísticas y en la impotencia del estado para
conjurarla. Esta actitud ante la modernidad
implica concebir la historia de manera lineal,
desprovista e sentido, negándose la posibilidad de
la gestación de una sociedad diferente..
Marx encontró una de las claves
para dar solución al problema teórico del
capitalismo y del devenir de la humanidad en el
concepto de crítica, que no es una repulsa al
capitalismo y sus colosales conquistas, él propuso
una desmitificación del ropaje ideológico del
capitalismo sobre la base del rigor científico del
análisis de la historia, esta posición encuentra
su expresión sintética en su octava Tesis sobre
Feuerbach:
Todos los misterios que llevan la
teoría hacia el misticismo, hallan su solución
racional en la praxis humana y en la comprensión
de esa praxis.
El siglo XX ha dejado a la
humanidad en una encrucijada. Las luchas sociales
y sus expresiones ideopolíticas han sido
incorporadas al sistema capitalista sobre todo
después de la caída del muro de Berlín, lo que
puede conceptualizarse en el sistema de dominación
múltiple. Existe una tradición de pensamiento
sociológico occidental dedicado a prevenir y
superar las crisis del sistema capitalista y a
utilizar mecanismos de neutralización de los
partidos de izquierda y de los movimientos
progresistas, en una estrategia fundada en la paz
de clases.
En el terreno ideológico la ética
del capitalismo descansa en un sofisma: Un
individuo adquiere riquezas, no sólo sin
perjudicar a otros sino que en realidad lo
beneficia, el problema es que este sofisma se
asume como verdad socialmente compartida Es
evidente el retorno a los postulados de Adam
Smith, es conocido el siguiente pasaje de su obra
clásica El Futuro de las Naciones:
No es la benevolencia del
carnicero, el cervecero o el panadero por lo que
esperamos nuestra comida, sino por el aprecio que
ellos tienen a sus propios intereses. Nosotros no
apelamos a sus virtudes humanitarias, sino al amor
que se tienen a sí mismos y nunca le hablamos de
nuestras necesidades, sino del provecho que ellos
pueden obtener”
Esta lógica fue utilizada en los
estertores de socialismo real, para demostrar que
el carácter impersonal, de “nadie” de la propiedad
socialista, apagaba el interés individual en la
producción y ahí hay un grano de verdad, que
convenientemente utilizado intenta demostrar la
infalibilidad de los mecanismos de mercado y del
interés privado para multiplicar la riqueza.
Claro que se magnifica el lado
atractivo y eficaz del mercado y queda oculto el
polo de pobreza y desigualdad que genera. La
correlación ética- lucro, tiene su expresión en la
apología y el éxtasis de la sociedad de consumo,
último reducto de la “LIBERTAD” burguesa.
La actual crisis antropológica
exige un replanteo de los fundamentos del
humanismo, este debe salir de los límites del
hombre abstracto y personificar los problemas de
los seres humanos que cada vez más son simples
cifras estadísticas o masas potenciales de
consumidores y votantes en las elecciones de las
democracias representativas.
En Cuba en los inicios del siglo
XXI asistimos a una interesante experiencia, que
puede revolucionar las bases conceptuales y
prácticas del humanismo. Ante todo es necesario
contextualizar esta afirmación.
Para cualquier acercamiento a la
realidad cubana, es preciso tener en cuenta las
conflictivas e históricas relaciones entre Cuba y
su vecino del Norte. Sin remontarnos a los
orígenes del conflicto en el siglo XIX, a raíz de
la caída del campo socialista, los mecanismos para
destruir la Revolución Cubana se han concentrado
en la guerra económica que se agudiza con la
promulgación de las leyes Helms –Burton y
Torricelli. En el lenguaje de los enfoques
estratégicos, los Estados Unidos, no han obtenido
los resultados deseados; es real la recuperación
de una economía que tocó fondo en la primera mitad
de la década del 90, los organismos
internacionales reconocen una recuperación
discreta, pero sostenida cuando se esperaba una
caída junto a los países ex socialista pero esto
no es un milagro , hay que buscar la explicación
en la heroica tradición del pueblo cubano.
La resistencia de Cuba no tiene una
explicación para los que no dominan su historia,
esta resistencia está conformada dentro de los
rasgos de nuestra identidad nacional.
Toda comunidad tiene su explicación
genética en la esfera productivo material, pero
encadenada causalmente en la esfera político
espiritual. En la base de toda comunidad existe
una forma de apropiación, que se explica por la
determinación del objeto de apropiación, de los
sujetos apropiantes y por el modo de apropiación.
La idea de pertenencia que se
forman los individuos que forman parte de una
comunidad, tiene al menos dos soportes de carácter
subjetivo: Un soporte psicológico que contiene
elementos de saber cotidiano, y en sentimientos
afectivos de apego a lo propio, orgullo,
compromiso, que se conforman históricamente. El
otro soporte tiene carácter sistematizado, que se
plasma en la ideología y que se materializa en el
grado de compromiso consciente con el destino
histórico de la comunidad, en este caso en la
nación.
Ambos soportes le dan un
determinado grado de integración a la sociedad,
sobre la base de intereses comunes y una gama de
sentimientos que se transmiten de una generación a
otra en tanto viven los fundamentos de la
comunidad.
El estudio de una amplia base
documental y testimonial de las gestas
independentistas de Cuba, nos llevó a conformar la
siguiente hipótesis: En el sustrato ideológico de
la nación cubana existe una expresión psicológica
particular, la psicología mambisa una forma
peculiar de sentir y de pensar del cubano que se
gestó en la manigua y que dio vida a un nuevo tipo
de hombre, el mambí.
Los orígenes y la conformación
contemporánea del cubano, así como su conducta
política, tienen mucho que ver con este fenómeno.
La incorporación a la lucha por la
independencia en un plano de igualdad de negros y
blancos; de esclavos y amos, modificó la
estructura de motivaciones y la escala de valores
de sus participantes. En las nuevas condiciones
subsistían las necesidades orgánicas, primarias,
con las necesidades humanas desarrolladas, entre
ellas la necesidad de emancipación, de
dignificación, de regeneración del blanco, la
emancipación social del esclavo y la búsqueda de
progreso, estas necesidades humanas desarrolladas
fueron colocadas en primer plano. Este cambio se
explica, según la Psicología, porque las
necesidades humanas desarrolladas generan en los
seres humanos un alto umbral de tolerancia y
resistencia a las privaciones, que se designa en
la literatura como excentramiento, que se expresa
en la aptitud de determinados hombres para asumir
las necesidades de carácter social, aunque sea en
detrimento de sus intereses particulares.
Sólo así se explica el heroísmo y
la entrega a una causa que se considera justa y
necesaria.
El proceso histórico cubano es una
muestra de la justeza de estas tesis, entonces la
actual resistencia del pueblo cubano, no es algo
ni fortuito, ni expresión de un voluntarismo
político, sino una forma de proceder social, que
se ha repetido a lo largo de nuestra historia.
Pero generalmente, cuando se habla de heroísmo, de
épica se piensa en masculino, por la tradición de
los roles de hombres y mujeres; pero en el 68, iba
la familia a la manigua, la mujer fue artífice de
esa resistencia, en la memoria histórica de
nuestro pueblo están escrita páginas indelebles
protagonizadas por Amalia Simoni, Manana, María
Cabrales, y la paradigmática Mariana Grajales, de
esas madres salieron esos hijos.
La batalla librada por la
devolución de nuestro niño Elián, reveló las
potencialidades y las reservas morales del pueblo
cubano, sitiado y bloqueado por más de 4 décadas.
Entonces se abrió definitivamente el camino para
revertir los efectos de la crisis económica en
nuestras normas y valores sociales, que sin dudas
se vieron deterioradas, ante las duras realidades
de la subsistencia.
El proceso designado por Fidel como
la batalla de ideas, tiene un incalculable alcance
para la experiencia de la construcción del
socialismo en medio de la peor crisis que
atraviesa la humanidad. La batalla se sustenta al
menos en dos principios cardinales: En el
socialismo debe haber pleno empleo, nadie sobra, y
no debe haber presos a cuenta de la marginalidad.
Ambos principios parten de la
constatación de la existencia de actuales
desigualdades ajenas al ideal revolucionario, las
investigaciones científicas alertaron del fenómeno
de la reproducción de la intelectualidad desde sí
misma y la disminución de jóvenes de otras
procedencias sociales y de la raza negra,
evidencia de desigualdad en las oportunidades de
preparación para acceder a las universidades.
Históricamente, las mujeres han
arrastrado una carga mayor de explotación y de
desigualdad que los hombres, en las actuales
circunstancias esta situación en un mundo
globalizado se agudiza, si observamos una de las
tendencias más preocupantes del capitalismo
contemporáneo es el aumento del desempleo como un
fenómeno estructural, si hoy el arma competitiva
fundamental es la propia fuerza de trabajo
calificada, las mujeres ahondan más sus
desventajas por sus limitaciones en la época
reproductiva de acceder a una mayor calificación.
Por otra parte el trabajo doméstico
repercute de forma negativa y es otra desventaja
comparativa.
En el pensamiento de Fidel, en su
ideal de justicia, no hay una separación entre el
problema de las mujeres, para él la emancipación
es genéricamente humana, por eso su énfasis desde
el triunfo de la Revolución es el desarrollo de
las capacidades, tema que ha vuelto a retomar con
fuerza en el despliegue de los fundamentos de la
Batalla de Ideas. Las capacidades humanas son
comparables con el capital fijo, este capital
necesita ser renovado, es susceptible de
reproducción ampliada y su motor son las
necesidades, para esto se necesita tiempo, la
emancipación de la mujer pasa por no sacrificar su
tiempo en un trabajo abstracto y estéril, sin
renunciar por supuesto a la realización de formar
una familia.
Uno de los ejes de los Programas en
ejecución en la Batalla de ideas es precisamente
el trabajo social, uno de los campos más
trabajados por la FMC desde su fundación, pero
asistimos a un cambio cualitativo en la concepción
del trabajo social, al propio tiempo que amplía el
camino recorrido por la FMC, ensancha su alcance y
potencia la prevención, que tendrá efectos de
consideración en el combate contra la
marginalidad, la delincuencia, la violencia
familiar, la protección a la parte de la población
mas vulnerable, contribuirá a la elevación de la
cultura de las amas de casa, aprovechará las
enormes potencialidades de la comunidad, y
representará una fuente digna de empleo y el
acceso a los niveles de enseñanza superior.
Aquí se marca una gran diferencia
con las políticas neo liberales, donde las
posibilidades de empleo no están vinculadas con el
desarrollo humano, sino con la súper explotación
de la fuerza de trabajo calificada. La
reproducción de la fuerza de trabajo tiene fines
puramente utilitarios, donde las mujeres llevan la
peor parte.
Las mujeres en el capitalismo traen
al mundo hombres alienados, condenados a servir a
las fuerzas ciegas del mercado, en resumen las
mujeres en el capitalismo, en el sagrado acto de
procrear están produciendo mercancías, y no
siempre estas mercancías pueden realizarse en un
mercado de trabajo que es cada vez mas reducido y
excluyente.
Entonces, el nuevo humanismo que
toma fuerza en nuestro país, tiene importancia
crucial para las mujeres del mundo, de forma
particular, en nuestro país la mujer cada vez más
deja atrás el mito de victima y la infravaloración
de su rol social para construir en plano de
igualdad la reproducción de nuevas y humanas
relaciones sociales.
Valdría la pena al final de estas
notas recordar unos versos de nuestro poeta
Fernández Retamar:
Y porque también nosotros hemos
sido la historia y
También hemos construido alegría,
hermosura y verdad,
Y hemos asistido a la luz, como hoy
formamos parte del
Presente.
Y porque después de todo,
compañeros, quién sabe
Si sólo los muertos no son hombres
de transición.
Fidel, al entrar en el siglo xxi,
sigue haciendo de la vida cotidiana de los cubanos
historia, sigue abriendo el camino a la luz y a la
hermosura, sigue haciendo de nosotros hombres de
transición a la verdadera historia de la
humanidad.
Fidel, deja atrás las formas
tradicionales de análisis de los problemas
sociales, los personaliza, desconfía de las frías
estadísticas y busca en el corazón del pueblo sus
pulsaciones, sus carencias, sus esperanzas de
mejoramiento humano.
Para este humanismo de persona a
persona, se transmite un código ético, ser bueno
es fácil, lo difícil es ser justo. Por eso, las
decenas de programas puestos en marcha huyen de la
demagogia y de la propaganda. Se trabaja en
silencio, A pasos forzados, el tiempo es breve
para acortar las desigualdades generadas por la
crisis económica. Es necesario preparar a las
grandes masas para la avalancha de las ideas
corrosivas de la globalización neoliberal, hay que
tomar las armas de la informática al enemigo, y
elevar al pueblo al disfrute de las colosales
conquistas de la ciencia contemporánea.
Es la lucha de la revolución por la
dignificación humana bajo nuevos y revolucionarios
métodos, es una participación consciente de todas
las generaciones de cubanos por salvarnos y
contribuir a la salvación del género humano. El
que no esté dispuesto a asumir ese paso doble, esa
marcha forzada, puede hacerlo, pero no podrá
contar a sus hijos que perteneció a la guerrilla
de Fidel.
(http://www.hottopos.com) 19 de enero de 2006
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