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Política > Batalla de Ideas

 Batalla de Ideas

La aceleración del proceso de globalización bajo el signo del neoliberalismo se hizo acompañar por un torrente de ideas y valores ultra-reaccionarios que – valiéndose del sentimiento de derrota, frustración y desmoralización en que quedaron abruptamente sumidas las diezmadas fuerzas del socialismo y de la izquierda - logró invadir el planeta. Ante muchos incrédulos apareció el espejismo de que se había cerrado definitivamente el capítulo de la historia marcado por las luchas de clase por la liberación, la justicia e independencia de los pueblos.

En aquel contexto, algunos teóricos del imperialismo llevados por la euforia del momento, se aventuraron a predecir que había llegado el fin de la Historia.

La embestida del conservadurismo y de la derecha logró sembrar la confusión y el derrotismo y aislar y desarticular las escasas, solitarias y valientes voces que en medio de tan adversas circunstancias y aún sin haber podido reponerse completamente del tremendo golpe recibido como consecuencia de la pérdida de lo que fuera su principal sostén político y moral, continuaron defendiendo lo que para muchos era entonces indefendible: la necesidad de resistir, de sobreponerse ante las adversidades de la coyuntura, de sacar lecciones de lo acontecido, de cerrar filas en torno a los principios, de atemperar los métodos de lucha a los cambios acontecidos, de acerar voluntades y de esgrimir las ideas más justas, nobles y humanistas de manera tal que la lucha por la definitiva liberación y emancipación social recobrara espacio nuevamente en el imaginario popular y adquiriera una nueva dimensión y sentido en el contexto del nuevo orden imperante.

Bastaría apenas una década para que se pusieran de manifiesto los límites de los cambios acontecidos, su carácter temporal, las contradicciones generadas por su aplicación a ultranzas y el creciente fracaso del modelo económico , de exclusión social y de gobernabilidad política que pretendió instaurarse universalmente como supuesto paradigma de la post-modernidad.

Aún en medio de la épica resistencia de la nación cubana frente a los recrudecidos intentos del imperialismo norteamericano y de sus lacayos por destruirla, valiéndose del huracán que soplaba a su favor, Cuba, en la voz de su gobierno y su pueblo estuvo presente en tribunas y foros internacionales manifestando la inquebrantable decisión de los cubanos de resistir y vencer que era , en definitiva, la más valiosa contribución y el más cálido aliento que el país – en medio de una dramática crisis económica y permanentemente acosado y agredido - podía brindar a la humanidad progresista en medio del sombrío panorama internacional.

Pero también se alzó su voz para desenmascarar el llamado nuevo orden, su naturaleza y carácter destructivo, exlusionista y hegemonista y su degradante filosofía enfilada al desarme ideológico y al aplastamiento de la identidad cultural de los pueblos del Tercer Mundo.

Se trataba de sembrar ideas, argumentos, de persuadir con la fuerza que estos suelen tener cuando son auténticos y verdaderos y de crear conciencia sobre la posibilidad de producir - mediante la lucha, el compromiso y la mancomunidad de esfuerzos - un vuelco que permitiese a los sectores más esclarecidos comprender que sí era posible retomar el rumbo que conduce a mayores niveles de justicia, equidad y dignidad para las mayorías oprimidas de hoy.

Entre las jornadas de diseminación de ideas protagonizadas a lo largo de esta década por el Presidente Fidel Castro Ruz figuran sus magistrales intervenciones en las Naciones Unidas, ante estudiantes y profesores de las Universidad Central de Venezuela y la Universidad de República Dominicana, sus valiosas contribuciones en las Cumbres Iberoamericanas, la Cumbre Sur y otros importantes eventos internacionales del más alto nivel que siempre encontraron oídos receptivos.

Pero es a raíz del secuestro del niño Elián González que la batalla de ideas emprendida por Fidel cobra cuerpo en todos los cubanos y se adueña de sus fibras más sensibles, muy especialmente, de las jóvenes generaciones de la isla, adquiriendo nuevas dimensiones y deviniendo elemento estratégico de la lucha raigalmente comprometida de toda una nación que en el Juramento de Baraguá, sintetizó sus más caros objetivos políticos y su irrevocable decisión de conquistarlos.

En el transcurso del año 2000, mediante su elevación a la educación y a la cultura en forma masiva e integral, y su permanente movilización y participación, todo un pueblo unido y guiado en forma ejemplar busca garantizar la consecución histórica de sus irrenunciables metas, animado por la máxima martiana de “ Ser cultos para ser libres” enriquecida por Fidel recientemente, mediante el sabio acerto de que “ Sin cultura no hay libertad posible”.

En esta trascendental batalla de ideas reconforta ver cuánto hemos crecido los cubanos en la comprensión del notable lugar que tiene en el mundo actual nuestro heroico pueblo, y a la vez comprobar que no estamos solos en este estoico combate, que millones y millones de mujeres y hombres del mundo nos acompañan cuando hacen suya creciente y conscientemente la seguridad de que no hay propósito justo y noble, ni ideal inalcanzable , por imposible que parezca, si se lucha por ellos en forma unida y consecuente.

(http://www.uh.cu) 19 de enero de 2006


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