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Jamás
pueblo alguno soportó una agresión comparable del Imperio
más poderoso como la que ha resistido heroicamente nuestro
admirable pueblo
Compañero Raúl,
Compañeras y compañeros:
Se acerca el año cincuenta de la Revolución. Lo iniciaremos
cumpliendo una etapa fundamental de nuestro proceso
electoral el próximo 20 de enero con la elección de los
diputados a la Asamblea Nacional y los delegados a las
Asambleas Provinciales. Será esa una jornada de reafirmación
patriótica, de conciencia cívica y espíritu revolucionario y
tendrá lugar en una coyuntura especialmente decisiva para el
destino de la nación.
Jamás pueblo alguno soportó una agresión comparable del
Imperio más poderoso como la que ha resistido heroicamente
nuestro admirable pueblo. Fue y es precisamente la lucha por
la democracia la que nos condujo a esa confrontación sin
paralelo que tuvo su origen cuando nació la Patria y
continúa hoy, solo que ahora es aún más cruel y cínica.
Existen pruebas irrefutables que demuestran que el
enfrentamiento de Washington con Cuba es la guerra de la
tiranía contra la democracia.
Vean este libro. Lo publicó el Departamento de Estado en la
última década del Siglo XX. Contiene algunos documentos
parcialmente desclasificados correspondientes al periodo de
1958 a 1960: el año final de la tiranía batistiana y los
primeros meses posteriores al triunfo revolucionario.
Aparecen aquí informes secretos y actas de reuniones en la
Casa Blanca y el Departamento de Estado. Hay 333 páginas
dedicadas al año 1958. En la medida que la dictadura se va
hundiendo hasta ser barrida por el pueblo, se multiplican
las discusiones en las que participan el presidente
Eisenhower, el vicepresidente Nixon, el Director de la CIA,
el Jefe del Pentágono, los jefes militares y el Secretario
de Estado. Los guía una directiva precisa: "debemos
impedir la victoria de Castro", repiten una y otra vez,
con rabia y frustración siempre crecientes según avanza el
año. Elaboraron y discutieron planes, cuyos detalles
permanecen en secreto pues los ocultan todavía con profusas
tachaduras, para tratar de salvar a Batista y a sus secuaces
e "impedir la victoria de Castro", es decir, impedir
la victoria del pueblo. La naturaleza de esos planes no es
difícil de imaginar. Basta leer el documento 191 acerca de
la reunión privada que Eisenhower tuvo con el Director de la
Agencia Central de Inteligencia en la que le instruyó que no
presentara a las reuniones del Consejo Nacional de Seguridad
datos específicos sobre las operaciones secretas
relacionadas con Cuba.
Pese a ello en este libro sobran elementos probatorios de la
profunda, íntima alianza entre Washington y la banda de
asesinos que trataba de aplastar al pueblo cubano. Ayudaron
a Batista en todos los terrenos, incluida la energía
nuclear. Le dieron respaldo político, diplomático y
financiero. La asistencia militar fue total y no solo en
suministro de armas, municiones, equipamiento y asesoría a
todos los niveles. Todos los cuadros de la fuerza aérea
cubana, la casi totalidad de los oficiales del Ejército, la
Marina y la Policía, y unidades completas de las tropas que
combatieron a los rebeldes en la Sierra Maestra, fueron
entrenadas en escuelas militares norteamericanas. Su alianza
con Batista duró hasta el último instante. Quien lo dude que
lea el mensaje de la última noche de 1958 enviado por el
Secretario de Estado Christian Herter, quien no estaba
celebrando con su familia sino trabajando en su despacho, en
comunicación con su Embajada en La Habana, en las horas
finales de aquel 31 de diciembre.
De hecho siguieron apoyando al tirano después de su
vergonzosa fuga. Aquí hay un capítulo completo, dedicado a
las gestiones de Washington para encontrarle asilo y
protección a él, a sus familiares y compinches. Allá en
Estados Unidos siguen celebrando la infausta fecha en que
Batista instauró su última tiranía y en este año 2007 nada
menos que en el Congreso Federal yanki se rindió tributo al
batistato.
En este libro se pueden encontrar las primeras acciones de
la feroz guerra económica que el imperio desató contra
nuestro pueblo y que comenzó mucho antes de lo que dicen los
corifeos de la propaganda imperial. Todavía estaba Fidel
peleando en la Sierra Maestra y Raúl en el Segundo Frente
cuando Washington dio el primero y uno de los más brutales
golpes a la economía cubana al organizar y apoyar la salida
de los ladrones y asesinos derrotados por el pueblo, quienes
saquearon completamente el tesoro público y se llevaron en
sus maletas para el territorio norteamericano todas las
reservas que guardaba el Banco Nacional. Según afirmaron
entonces era un golpe que ningún país habría podido soportar.
Cuando realizaron semejante ataque, el más vulgar y grosero
en la historia de la piratería, Cuba no había hecho
absolutamente nada que dañase los intereses imperiales, no
había adoptado ninguna medida transformadora, no se había
iniciado la obra revolucionaria por la sencilla razón de que
los revolucionarios aun peleábamos duramente contra la
tiranía que con el apoyo yanki intentaba evitar su derrota
total y definitiva.
Lo que veían estupefactos los jerarcas norteamericanos en
aquellos días finales de 1958 era el derrumbe de su dominio
colonial en Cuba. La Isla finalmente sería independiente y
antes que llegara a serlo la despojaron de sus recursos
financieros. "Ninguno de los mejores gobernantes"
podrá gobernar en esas condiciones, dejaron escrito en este
libro. Pero pudimos hacerlo. Se constituyó el gobierno
revolucionario y con Fidel al frente empezó a construirse
trabajosamente nuestra obra en medio de las peores
dificultades y enfrentando siempre el odio imperialista.
Desde temprano en 1959 Washington emprendió una política que
no ha modificado un ápice hasta el día de hoy salvo para
hacerla aun más dura, zafia y arrogante con el actual
patético habitante de la Casa Blanca. Esa política ha tenido
siempre dos flancos: por una parte hacer sufrir al pueblo
cubano, impedir que a él lleguen recursos indispensables,
hacer que todo le resulte más difícil y por otra parte
promover la agresión, incluyendo el terrorismo y la
subversión, para lo cual han gastado miles de millones de
dólares. Para el pueblo: hambre y sufrimiento, para los
traidores y mercenarios: los cuantiosos recursos del
presupuesto federal norteamericano.
Está expuesto en este libro. El llamado Programa Cuba
establecido en 1959 y vigente hoy con el mismo nombre cuya
sustancia es "fabricar una oposición dentro de Cuba por
medio de asistencia clandestina externa". Temprano el
Presidente Eisenhower orientó como elemento esencial de ese
plan que "la mano de Estados Unidos permanezca oculta" y
para ello la inventada "oposición" interna debería
actuar bajo la aparente dirección de la mafia batistiana
instalada en Miami y más tarde de grupos surgidos de ese
podrido origen, todos ellos, sin excepción, bajo el control
y el mando de la CIA.
Mientras acá sobornaban y reclutaban a gozosos servidores,
allá en Washington definían lo que querían hacerle al pueblo
cubano. Permítanme leerles lo que está en la página 885 de
este libro: "La mayoría de los cubanos apoyan a Castro...
el único modo previsible de restarle apoyo interno es por
medio del desencanto y la insatisfacción que surjan del
malestar económico y las dificultades materiales... hay que
emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar
la vida económica de Cuba... privar a Cuba de dinero y
suministros, para reducirle sus recursos financieros y los
salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el
derrocamiento del Gobierno".
Provocar hambre y desesperación, hacer sufrir a todo un
pueblo es, sencillamente, un crimen internacional, el peor
de todos, el crimen de genocidio. Es el genocidio más
prolongado de la historia. Tres generaciones de cubanas y
cubanos lo han sufrido y lo sufren. Un crimen que se
concibió para negarle al pueblo cubano sus derechos
democráticos. Es el genocidio contra la democracia. El
genocidio para volver a imponernos la tiranía.
Desde que los neofascistas norteamericanos empleando a la
mafia anexionista de Miami se robaron las elecciones del
2000 y disfrazaron de Presidente a un delincuente mediocre y
estulto, el genocidio contra Cuba no ha cesado de
multiplicarse. Más de una vez han llevado ante cámaras y
micrófonos al deplorable personaje a anunciar más y más
planes contra Cuba.
Vísperas de nuestra reunión, exactamente la semana pasada,
aparecieron nuevos documentos para recordarnos que esa
política no ha cambiado, que la están aplicando ahora mismo
cuando termina el año 2007.
El miércoles 19 de diciembre la Contraloría General del
gobierno de Estados Unidos dio a conocer este documento que
revela que ese país dedica más recursos a perseguir
presuntas violaciones al bloqueo y a las restricciones a los
viajes a Cuba que los que emplea para combatir el terrorismo
y el narcotráfico. Algunos datos: los viajeros procedentes
de Cuba son sometidos a inspecciones casi siete veces más
intensas que los que arriban desde cualquier otro lugar;
entre los años 2000 y 2006 la mayoría de las investigaciones
y sanciones ejecutadas por las agencias federales,
exactamente el 61%, tenían que ver con Cuba y no con otros
asuntos, a pesar de que como consecuencia de las inhumanas e
irracionales prohibiciones impuestas por Bush, que afectan
especialmente a las familias cubanas, el número de los
viajeros ha descendido drásticamente en ese periodo.
Esos datos han provocado cierta alarma en algunos medios de
prensa de aquel país que han apuntado que la persecución
contra Cuba está afectando la capacidad gubernamental para
actuar contra los problemas reales de Estados Unidos. Frente
a ellos ¿puede alguien dudar que Cuba es víctima de una
feroz guerra económica? Medio siglo después esa guerra
continúa y además se intensifica y desborda los límites de
una obsesión patológica.
Irónicamente la publicación de este informe coincidió con
esta otra noticia. Los miembros del Congreso norteamericano,
republicanos y demócratas, acordaron dar mayor impulso a sus
esfuerzos para socavar la sociedad cubana. Para ello se
pusieron de acuerdo con el gobierno para quintuplicar la
cifra de fondos que dedicarán el próximo año para pagar a
sus agentes asalariados que operan contra el país en que
accidentalmente nacieron.
¿Qué
autoridad tiene el Parlamento yanki para violar la soberanía
de Cuba? ¿De qué democracia puede hablar un Parlamento
ignorante que se cree dueño del mundo pero no ha sido capaz
de detener una insensata guerra contra Iraq que es repudiada
por la mayoría del pueblo norteamericano? ¿Un Parlamento que
nada hace por los 50 millones que carecen de servicios
médicos en aquel país? Un Parlamento que permite a Posada
Carriles y Orlando Bosch pasearse libremente por las calles
y tolera sin chistar el infame cautiverio de Gerardo
Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando
González y René González verdaderos luchadores por la
democracia y la libertad, héroes antiterroristas que
soportan ya su décimo año de injusta y cruel prisión.
¿De qué democracia pueden hablar quienes son cómplices del
genocidio contra el pueblo cubano y de los innombrables
crímenes del Imperio en todo el mundo?
En rigor cuando los politiqueros de Estados Unidos hablan de
democracia no tienen la menor idea de lo que están hablando.
Jamás han conocido un sistema en que todos los ciudadanos
adquieren automáticamente la condición de electores sin
recurrir a engorrosos y costosos trámites concebidos
precisamente para restringir su número; en el que la lista
de electores es pública y sujeta al control popular; en el
que los candidatos son postulados directa y libremente por
los propios electores; en el que los candidatos no son
promovidos por maquinarias corruptas ni se enfrascan en
multimillonarias y demagógicas campañas financiadas por
grandes intereses que son sus verdaderos amos; en el que
para ser electos haya que recibir la mayoría absoluta de los
votos; en el que el escrutinio es público, abierto a la
participación de cualquiera; en el que los que son electos
no reciben beneficio monetario alguno por el desempeño de su
función y que por ella deben rendir cuentas periódicamente a
sus electores y que estos pueden revocarles sus mandatos en
cualquier momento. Si se atreviesen a introducir algunas de
esas cualidades de la democracia cubana en el sistema
político norteamericano este se derrumbaría y el noble
pueblo de ese país podría dar los primeros pasos hacia una
sociedad democrática y empezaría a exigir derechos de los
que no se ocupan allá, salvo raras y honrosas excepciones,
los farsantes que dicen representarlo.
¿Conciben acaso una sociedad en que todos sus ciudadanos
nacieron en hospitales sin costo alguno para sus padres y
tienen asegurado para toda la vida el derecho a la educación
y a la atención médica, ambas completamente gratuitas, y la
seguridad y la asistencia social garantizadas
universalmente?
¿Son capaces aunque sea una vez de convocar al pueblo a
discutir abierta y libremente sus problemas como hemos hecho
en Cuba muchas veces, como lo hicimos en los momentos más
duros y difíciles del periodo especial y más recientemente a
partir del histórico discurso del compañero Raúl el pasado
26 de Julio? Millones de cubanos han expresado sus opiniones
sin limitación alguna, han criticado lo que consideraron que
debían criticar, han hecho cuanta propuesta quisieron hacer.
Ese fructífero y abarcador debate fortalecerá la sociedad
cubana, la hará más justa, más eficiente, reforzará nuestra
capacidad para seguir resistiendo y avanzar. Se cambiará lo
que deba ser cambiado, se rectificará lo que deba ser
rectificado. No renunciaremos jamás a la independencia ni a
nuestro socialismo que defenderemos siempre al tiempo que lo
haremos cada vez mejor.
Las elecciones del 20 de enero deben ser una demostración de
la unidad patriótica, una respuesta vigorosa del pueblo a
quienes han tratado de exterminarlo durante medio siglo, un
claro y firme respaldo a un sistema auténticamente nuestro,
cubano, que entre todos sabremos perfeccionar para hacerlo
cada vez más democrático, más revolucionario, más
socialista.
Larga ha sido la marcha desde que en La Demajagua juramos
conquistar una Patria absolutamente independiente en la que
floreciera la igualdad plena y la solidaridad humana. Ya
desde aquellos tiempos el Padre de todos los cubanos nos
advirtió del enorme desafío que enfrentábamos. "Estados
Unidos a lo que aspira es a apoderarse de Cuba: ese es el
secreto de su política" alertó cuando la nación cubana daba
apenas sus primeros pasos.
Largo, difícil, fue el camino desde aquella profecía de
Céspedes hasta que Fidel, el mejor cespedista, pudiese
proclamar que el Imperio jamás tendrá a Cuba.
Fueron grandes los sacrificios, muchos los que entregaron
sus vidas sin divisar la victoria. Por delante nos queda
todavía una ruta de luchas, esfuerzos y heroísmo. Pero la
marcha de nuestro pueblo no se detendrá jamás.
¡Viva el Año 50 de la Revolución!
¡Viva Cuba Libre!
¡Vivan Fidel y Raúl!
¡Con ellos, por la Patria y el Socialismo, seguiremos
luchando, todos unidos, hasta la Victoria Siempre! |