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En
Estados Unidos los Presidentes son electos con poco más del
20%, y en ocasiones, como en el año 2000, designados en
lugar de electos
JORGE
LEZCANO PÉREZ
Resulta útil al abordar el tema de los resultados de los
procesos electorales celebrados en nuestro país desde 1976
hacer una breve incursión en la historia lo cual nos
permitirá también establecer una obligada y necesaria
comparación.
Como sabemos el primero de enero de 1899, el general Jonh R.
Brooke tomó posesión del gobierno de Cuba en nombre de los
Estados Unidos, y aunque la intervención duró casi 4 años no
les llevaría mucho tiempo a los gobernantes norteamericanos
llegar a la conclusión de que les resultaría prácticamente
imposible anexar a Cuba a su territorio, por ello el 5 de
diciembre de 1899, el presidente Mackinley en su mensaje al
Congreso norteamericano expresó: "Cuba quedará ligada a
nosotros por vínculos de intimidad y fuerza".
Varias fueron las medidas que adoptaron para hacer realidad
ese objetivo, entre ellas, las que le garantizaban el
dominio de la economía de nuestro país. Pero solo citaré
aquellas que más se relacionan con lo que aquí analizamos, y
que contaron, incluso, con la complicidad y el auspicio de
connotadas figuras cubanas, me refiero a la disolución del
Partido Revolucionario Cubano, de la Asamblea de
Representantes y del Ejército Libertador. Al despojarse al
pueblo de estos poderosos instrumentos, imprescindibles para
hacer realidad los sueños de José Martí, el camino de la
neocolonia estaba abierto.
Con la poca credibilidad que ofrecen las medidas que adopta
un gobierno extranjero interventor, el gobernador militar
norteamericano ordena y organiza las primeras elecciones
municipales y presidenciales del país y la celebración de la
Asamblea Constituyente a la que se le impondría la Enmienda
Platt, para ser incorporada como un apéndice de la
Constitución.
Como había que garantizar que los resultados de estos
eventos favorecieran a los Estados Unidos, en el caso de las
elecciones municipales se dictó una ley electoral bien
restrictiva. Solamente podrían votar los cubanos mayores de
21 años, que supieran leer y escribir y que poseyeran bienes
muebles e inmuebles valorados en no menos de $250.00. Estas
restricciones eliminaron del derecho a votar a la inmensa
mayoría de los cubanos negros y a cientos de miles de
cubanos blancos pobres, además se excluyeron del ejercicio
del sufragio a las mujeres, cuya cifra de 359 423 no era
nada despreciable en tan reducida población.
Bajo estas restricciones en las elecciones municipales de 16
de junio de 1900, de una población de 1 572 797 habitantes,
únicamente pudieron registrarse, 150, 648 electores, de los
cuales sólo votaron 110, 816 o sea, el 7% de la población
del país. No es ocioso agregar las escandalosas presiones
que el interventor Wood aplicó para que resultaran electos
sus favoritos.
En las elecciones presidenciales a pesar de que fueron
ganadas por el candidato de los Estados Unidos, Tomás
Estrada Palma, norteamericano él mismo, como consecuencia de
que su opositor, el general Bartolomé Masó, retiró su
candidatura al negarle el Interventor norteamericano las
mínimas garantías de un proceso legal, solamente votaron 213
116 electores, un 63,4% de los 335 699 registrados.
Con estas tristes elecciones quedó inaugurado en Cuba el
sistema de democracia representativa y pluripartidista, a la
vez que se convirtieron en práctica sistemática de los
procesos electorales de la neocolonia cubana que duró hasta
el 1ro de enero de 1959.
Por lo distante de estos hechos y por la forma en que van
quedando en el olvido bien merece la pena unas pocas
pinceladas demostrativas de las grandes diferencias entre
las elecciones capitalistas y las de nuestra Revolución.
Bastaría señalar solamente, de los tantos hechos denigrantes
que recoge la historia de las elecciones celebradas durante
58 años de capitalismo en Cuba, que como parte de la
corrupción y el fraude que practicaban los politiqueros de
entonces era normal que los muertos votaran, se robaran las
urnas, se utilizara la llamada boleta viajera, que un
elector votara varias veces, se compraran los votos, que los
funcionarios y trabajadores públicos fueran obligados a
votar por el candidato de gobierno bajo amenaza del despido,
se asesinaran candidatos opositores, que los soldados y
policías impidieran que votaran electores de la oposición,
que las personas tuvieran que entregar sus cédulas de votar
para lograr el ingreso en el hospital de familiares enfermos,
entre muchas otras manifestaciones antidemocráticas y
espurias.
Para que la comparación pueda ser más completa y válida
debemos agregar algunos elementos sobre democracia, partidos
políticos y elecciones en América Latina.
Una encuesta realizada en 17 países en el año 2003 por el
Instituto Latinobarómetro registró que sólo el 11% de los
encuestados tienen confianza en los partidos políticos, el
42% estaría dispuesto a votar por un partido, el 27% confía
en el Congreso y el 28% en el gobierno; los que aprueban al
gobierno llegan nada más que al 24%. Los que respondieron
sentir satisfacción con la democracia fueron solamente el
28%. El 69% respondió que más que partidos políticos y
congresos lo que hace falta es un líder decidido que se
ponga a resolver los problemas. Y al 52% no le importaría
que un gobierno no democrático llegara al poder si pudiera
resolver los problemas económicos.
Si tomamos el resultado de las elecciones celebradas en el
continente Latinoamericano en los últimos 15 años tenemos
que el promedio de abstención fue de 25%, incluyendo países
que llegaron al 59,9% y 53,3%. Es significativo que en mucho
de estos países el voto es obligatorio.
Referido a los Estados Unidos citar solo dos ejemplos es
suficiente para mostrar la poca participación del pueblo en
las elecciones locales; en 1999, el Alcalde de la ciudad de
Dallas resultó electo con el voto del 5% de los electores
inscriptos, y el de San Antonio con el 7,5%. Respecto a las
elecciones presidenciales ya sabemos que los Presidentes son
electos con poco más del 20%, y en ocasiones, como en el año
2000, designados en lugar de electos.
Estos elocuentes resultados sobre la opinión que tienen los
pueblos latinoamericanos de gobiernos, partidos políticos y
democracia demuestran la profunda crisis en que se
encuentran las instituciones pilares de la democracia
representativa y la urgencia de encontrar una alternativa
para fundar un mundo nuevo, que Cuba ha demostrado es
posible.
Si comparamos nuestros procesos electorales con las
elecciones de 2000 y 2004 en Estados Unidos, que
escandalizaron al mundo por los fraudes cometidos y por los
miles de millones de dólares empleados, nos daremos cuenta
con extrema facilidad la gran diferencia que existe entre un
sistema democrático y un sistema no democrático.
Mientras la esencia del sistema norteamericano radica en
lograr que la mayoría del pueblo no vote, el cubano
garantiza que todo el que desee pueda hacerlo. De hecho en
los Estados Unidos los votantes en pocas ocasiones rebasan
el 50%, en Cuba siempre pasan del 95%. Mientras el sistema
electoral norteamericano dificulta de manera intencional la
inscripción en el registro electoral, para que solamente la
élite pueda hacerlo, el cubano se caracteriza por las
facilidades que ofrece, es gratis y se realiza de manera
automática, se nace con el derecho de que se le inscriba
cuando se arriba a los 16 años de edad.
Pero para entender mejor esas grandes diferencias es preciso
adentrarse en la esencia de los mecanismos y de las
motivaciones que llevan a los electores cubanos a votar.
Veamos primero el aspecto cuantitativo de los resultados:
AÑO.....................
ELECTORES REGISTRADOS.................... % QUE EJERCIERON
EL VOTO
1976 ... 5 655 837 ..........95,2
1979................ 6 001 890...........96,9
1981..... 6 272 189 ..........97,2
1984...... ... 6 494 488 ..........98,7
1986..... 6 865 344 ..... 97,7
1989... 7 240 039 ..........98,3
1992........ 7 762 958 ...... ..97,2
1995.... 7 772 583 ..........97,1
1997.... 7 952 599 ..........97,5
2000...... 8 069 599 ..........98,5
2003....... 8 313 770 ..........97,6
2007...... 8 231 365 ..... .96,8
Como observamos durante los 11 procesos electorales
celebrados el número de electores creció progresivamente
mientras que los votantes, como promedio, siempre estuvieron
por encima del 97%.
Si queremos hacer una comparación solamente con países del
Continente Americano podemos afirmar que ninguno de ellos
alcanza, o tan siquiera se acerca a estos resultados, y a
pesar de las cifras millonarias que se emplean y el gran
número de partidos políticos que participan siempre el
partido mayoritario y victorioso resulta el de la abstención.
Cuando analizamos cualitativamente los mecanismos y
motivaciones que hacen posible estos resultados con las
realidades existentes en los países de sistema de democracia
representativa las diferencias son abismales.
Para explicar esas diferencias señalaremos tan solo algunos
ejemplos que facilitan que todos los electores que deseen
ejercer su derecho al voto puedan hacerlo.
-
Inscripción universal, automática y gratuita de los
electores. El nombre del elector aparece en listado
público al cual tiene acceso fácil, con derecho de hacer
la reclamación que estime pertinente, ya sea sobre
inclusión o exclusión.
-
Las facilidades para ejercer el voto. Los colegios se
ubican próximos a la residencia de los electores, con un
número reducido de estos por colegio. Solamente se
requiere la presentación del carné de identidad o
documento de identidad de los institutos armados para
ejercer el sufragio y a las personas enfermas o muy
ancianas cuando lo solicitan se les hace llegar la
boleta para que puedan votar.
-
El contenido ético y cívico de las campañas electorales.
Los candidatos no pueden hacer campañas a su favor. La
biografía y foto de los candidatos se colocan en lugares
públicos en la misma área de residencia de los electores.
-
El hecho de que la postulación de los candidatos se
realice en las propias áreas de residencia de los
electores facilita que todos conozcan a quienes se
proponen.
-
La total transparencia de las elecciones y el control
popular que la población ejerce sobre ellas.
Las motivaciones que tiene el pueblo cubano para acudir a
las urnas son muchas, de ellas se destacan:
-
Todos los ciudadanos con capacidad legal para ello,
tienen derecho a intervenir en la dirección del Estado,
bien directamente o por intermedio de sus representantes.
-
El derecho de los electores a proponer, postular, elegir,
controlar, revocar y participar junto a sus
representantes en las principales decisiones que
competen a él o al Estado.
-
Que el voto no sea obligatorio, a la vez que igual y
secreto.
-
El que todos los cubanos mayores de 16 años de edad,
incluyendo los miembros de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias y de las demás instituciones armadas,
puedan elegir y ser electos.
-
Que el pueblo pueda participar en la revisión de las
urnas antes de la votación y en el conteo de los votos.
-
Saber que al ejercerse el derecho al voto se defiende la
soberanía e independencia de la Patria y se contribuye a
la unidad del pueblo para enfrentar los planes del
enemigo imperialista para derrotar a la Revolución.
-
Saber que el Delegado que se elige representará a los
electores en la Asamblea Municipal del Poder Popular,
Órgano Superior Local del Poder del Estado, y que
mediante él se sentirán ejerciendo gobierno.
El tiempo transcurrido desde 1974 –experiencia de la
provincia de Matanzas- y 1976 –primeras elecciones
nacionales- ha registrado un constante perfeccionamiento del
sistema político cubano y, por ende, del sistema electoral,
hasta convertirlo en un orgullo del pueblo y referente
excepcional para los países que luchan por un mundo mejor.
Este empeño de perfeccionamiento sistemático ha convertido
la circunscripción en la célula fundamental del sistema, al
Consejo Popular en el eslabón que faltaba para completar el
poder Estatal y ha extendido el voto popular para que los
electores elijan directamente a todos los cargos electivos y
revocables de los órganos del Poder Popular.
Treinta años de funcionamiento de los órganos del Poder
Popular han permitido a los cubanos hacer válido el
principio que define a la democracia como el poder del
pueblo, por el pueblo y para el pueblo,
Nuestro Héroe Nacional José Martí, cuyas enseñanzas han
estado presentes en todo lo que hemos hecho hasta aquí, nos
convoca a tener siempre presente que:
"Los elegidos que en esa consagración ven sin duda el premio
y deber mayores de su vida, llevarán su carga noble y
servirán a su tierra con cuanta humildad, y fervor cabe en
horas grandiosas en el alma humana".
"El gobierno es un encargo popular: lo da el pueblo, a su
satisfacción debe ejercerse; debe consultarse su voluntad,
según sus aspiraciones, oír su voz necesitada, no volver
nunca el poder recibido contra las confiadas manos que nos
lo dieron, y que son únicas dueñas suyas"
Interpretar correctamente estos pensamientos de Martí
significa postular y votar de manera conscientes; con pleno
conocimiento de a quiénes elegimos y por qué los elegimos y
que los órganos del Poder Popular representan el poder del
pueblo, ese que hace posible que estemos construyendo el
socialismo en nuestro país.
Granma
24-02-2008 |