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Ricardo Alarcón de Quesada
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La Habana
“Si esto fuera una dictadura,sería muchísimo más
fácil,
mientras yo fuera el dictador”
George W. Bush
El Plan para la anexión de Cuba publicado por
Bush en mayo de 2004 incluyó, entre otras muchas
cosas, duras restricciones en materia de visitas,
remesas y envíos que afectan gravemente a las
familias cubanas. El Informe aprobado el 10 de julio
del año actual ratifica ese Plan y refuerza aun más
esas crueles prohibiciones.
Recordemos que conforme a su Plan los cubanos
residentes en Estados Unidos fueron despojados del
limitado derecho que entonces tenían para visitar,
sólo una vez al año, a sus familiares en Cuba. A
partir de aquella fecha tienen que solicitar y
obtener un permiso especial para poder hacerlo,
siempre y cuando entre una visita y la siguiente
hayan transcurrido por lo menos tres años. Por si
esto fuera poco Bush se arrogó la facultad de
redefinir el concepto de familia excluyendo a tíos,
sobrinos, primos y otros parientes. Como si poseyera
una autoridad divina decidió, -porque le dio la gana-,
que la familia sería reducida sólo a cónyuges y a
padres e hijos, y abuelos y nietos.
Los familiares -restringidos de ese modo-, para
colmo sólo podrían ser autorizados a encontrarse una
vez cada tres años y por un máximo de dos semanas.
Fueron eliminados completamente los llamados
permisos humanitarios con lo que han impedido viajar
a varios casos de personas que deseaban acompañar a
un enfermo grave o asistir al sepelio de la madre.
Todas esas medidas son discriminatorias y
claramente contrarias a la Constitución y la
legalidad norteamericana. Los cubanos y sus
descendientes radicados en Estados Unidos son
tratados como si fuesen personas inferiores a las
cuales se les impone limitaciones a sus derechos
individuales que no existen para ningún otro
segmento de la población de ese país.
No hay nada parecido para nadie más. No existe
ninguna otra disposición que regule los vínculos de
los demás habitantes de Norteamérica con los países
de donde emigraron ellos o sus ascendientes. Como se
sabe, salvo lo que queda de las poblaciones
aborígenes, todos los demás llegaron o, en el caso
de los esclavos africanos, fueron obligados a
hacerlo, de algún otro país.
La burocracia federal no se ocupa en lo absoluto
de cuantas veces alguien visita el país de sus
ancestros, o cuanto remesa a sus familiares, o que
cosa envía a quien. Los cubanos son obviamente
víctimas de una discriminación que sólo le es
impuesta a ellos con lo cual se les convierte en un
grupo especial fuera de la protección de la
Constitución y las leyes.
Cuando comenzaron a aplicar esas medidas en 2004
hubo incidentes en el aeropuerto de Miami. A duras
penas escapó entonces de la furia popular un
personajillo de la fauna batistiana promotora de la
inhumana política. Transcurrieron dos años en los
que no han faltado las protestas y tampoco el llanto,
el dolor y la rabia.
El archiconservador Bush, que se supone debe
promover por encima de todo la santidad de la
familia y sus valores, el demagogo que alguna vez
dijo “la familia es el lugar donde nuestra nación
encuentra la esperanza”, arremete con furia
hitleriana contra la familia cubana.
El Informe de este año se congratula por los
sufrimientos que ha causado. Con total desvergüenza
afirma, en la página 29, que “estas medidas han
sido exitosas y debemos continuar implementándolas”.
Pero no sólo eso. En la siguiente página anuncia
que a partir de ahora las aplicará con mayor rigor.
Para ello creará un grupo especial que unificará las
acciones de los diversos mecanismos represivos
norteamericanos. Pero además emite una directiva
para “dar curso a investigaciones criminales,
incluyendo acusaciones ante tribunales” para
posibles violaciones a sus arbitrarias restricciones
en materia de viajes a Cuba. Y agrega asimismo
nuevas prohibiciones en cuanto a los envíos de
remesas y a los servicios que puedan utilizar
quienes sean autorizados a visitar a sus familiares
en Cuba.
Hasta el 10 de julio los supuestos violadores
podían ser objeto de una multa. Desde ese día se
amenaza además con la cárcel a quienes sean acusados
de “involucrarse en organizar o facilitar
operaciones relacionadas con viajes no autorizados a
Cuba”.
Hace años el Tribunal Supremo reconoció que viajar a
Cuba era un derecho de los norteamericanos. Ahora
Bush, el pequeño, intenta convertirlo en una
actividad criminal especialmente concebida para
castigar a las familias cubanas. El dictadorzuelo,
entretanto, siempre que puede abandona el trabajo
para irse a retozar en Miami con su ilimitada
parentela.(La Jiribilla) 11-07-2006 |