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Ricardo Alarcón de Quesada
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La Habana
Hay algo en el Informe aprobado por Bush el 10 de
julio tan evidente y reiterativo que no han podido
pasarlo por alto ni los medios de comunicación más
obedientes al imperio: el empeño por fabricar,
dirigir y financiar dentro de Cuba a los grupos
mercenarios a su servicio.
Tras recordar, en la página 14, que esa era una de
las directrices principales del Plan Bush de mayo
del 2004 —"dar más apoyo directo del gobierno de
Estados Unidos a esos grupos dentro de la Isla"—, la
reafirma y hasta la califica, como "el sólido
cimiento" de las "medidas adicionales" para "apresurar
el fin" de la Revolución cubana.
Entre la página 19 y la 22 el Informe precisa que
este año y el próximo dedicarán 80 millones de
dólares a ese propósito y se explaya en detalles:
aclara una y otra vez que son recursos del Gobierno
norteamericano; que los entregará directamente a sus
destinatarios en Cuba; que no solo pagará a sus
mercenarios sino que además los entrenará y les
suministrará equipos y materiales; y por si fuera
poco lo anterior, menciona a algunos de sus
asalariados con nombres y apellidos.
Esto es lo que aparece en la porción del Informe que
han divulgado. No olvidemos lo más importante, que
es la parte secreta, cuya extensión y contenido
nadie conoce, la que incluye otras medidas que se
mantienen ocultas "por razones de seguridad nacional
y para su efectiva implementación". De ese programa
secreto lo único que se sabe es que Bush lo aprobó
el 10 de julio del 2006 en una reunión del Consejo
de Seguridad Nacional realizada en horas de la
mañana de ese día. Cualquiera está obligado a
suponer lo peor. Basta con recordar la abultada
historia de acciones encubiertas contra Cuba para
suponer que sus planes esconden más terrorismo,
sabotajes, asesinatos y operaciones militares en las
cuales, como prueba una experiencia de medio siglo,
piensan utilizar también a mercenarios.
La política norteamericana hacia Cuba ha sido
invariable desde Enero de 1959 hasta hoy. La
sustancia no ha cambiado. Siempre ha tenido un
rostro público, cargado de retórica mentirosa que
trata de ocultar la realidad, el sufrimiento y el
dolor que premeditadamente, con fría maldad, causa a
nuestro pueblo.
Con el tiempo, lenta y dificultosamente, los planes
secretos trascienden a la luz, al menos una parte
que aunque sea limitada y con ángulos que nunca son
revelados, permite comprender la naturaleza genocida
de esa política.
Hubo que esperar hasta 1991 para conocer documentos
oficiales en los que los gobernantes estadounidenses
reconocían que era eso, exactamente, un genocidio,
lo que desataron contra Cuba desde el triunfo de la
Revolución.
En un informe interno, fechado el 22 de junio de
1959, en el que analizaba la supresión de nuestra
cuota azucarera, una de las primeras medidas que
adoptaron, el Departamento de Estado reconocía cuál
era su propósito: "la industria azucarera sufriría
rápidamente una caída abrupta y causaría un
desempleo generalizado. Grandes cantidades de
personas quedarían sin trabajo y comenzarían a pasar
hambre".
Otro documento, del 6 de abril de 1960 y que lleva
la firma aprobatoria de su jefatura, reconoce que
"la mayoría de los cubanos apoyan a Castro... el
único modo previsible de restarle apoyo interno es a
través del desencanto y la insatisfacción que surjan
del malestar económico y las dificultades materiales...
hay que emplear rápidamente todos los medios
posibles para debilitar la vida económica de Cuba...
negarle dinero y suministros a Cuba para reducirle
sus recursos financieros y los salarios reales,
provocar el hambre y la desesperación y el
derrocamiento del Gobierno".
Desde entonces, sistemáticamente, con ensañamiento,
la guerra económica se ha extendido e intensificado.
Una medida tras otra, un Plan agregado al anterior,
hasta culminar con la Ley Helms-Burton, en 1996, que
establece que el bloqueo seguirá hasta que los
cubanos hayamos "devuelto" a quienes las reclaman
supuestas propiedades, incluyendo todas las
viviendas, y las tierras y hayamos perdido también
la independencia y soberanía nacionales.
El Plan anexionista del 2004 no hace otra cosa que
exponer, hasta el último detalle, cómo aplicarían
esa Ley poniendo énfasis en los desahucios y
desalojos, la privatización completa de la economía,
la eliminación de los sistemas de salud, educación y
seguridad social y en describir puntillosamente el "futuro"
régimen de ocupación yanki. El Informe de julio del
2006 ratifica ese Plan y le agrega algunas medidas
adicionales que he ido analizando para los lectores
de Granma.
Otra línea integra la política de Washington desde
el primer día: la creación de una quinta columna que
le sirva de instrumento. A su fabricación,
organización y dirección están dedicados muchos de
los documentos que fueron secretos, pero que ya son
de dominio público, donde aparece bastante
información sobre lo que en Washington llaman el
Programa Cuba.
En febrero de 1998 la CIA desclasificó un informe
redactado por el General Kirkpatrick, quien fuera
Inspector General de la Agencia. El propósito de ese
documento era evaluar dicho Programa. Kirkpatrick
precisa que el Programa Cuba fue iniciado en la
primavera de 1959 con el propósito de "fabricar una
oposición dentro de Cuba alimentada con asistencia
clandestina externa y organizar una oposición desde
el exterior que sirva de cobertura a las actividades
de la Agencia". Para el General norteamericano esa
era la "sustancia principal" de un Programa que no
ha dejado de existir desde entonces, algunos de
cuyos componentes —obviamente los que no son
secretos— pueden encontrarse en los sitios de
Internet y en otras publicaciones oficiales de
Estados Unidos.
Al proclamar su Plan anexionista en el 2004 y
referirse a sus esfuerzos para "fabricar" esa
llamada "oposición", Bush los calificó como "la
piedra angular de nuestra política para acelerar y
ponerle fin" a la Revolución. En el Informe de julio
del 2006 pisa el acelerador y ahora habla de "apresurar
o precipitar el fin".
Por una parte el "hambre y la desesperación" se las
quieren imponer a un pueblo entero, por la otra el
salario vergonzante y el apoyo material para un
puñado de traidores y algunos farsantes de otros
países que también son pagados por el presupuesto
norteamericano.
El Informe que acaban de divulgar en Washington es
en ese sentido, esencialmente, la continuación de la
misma política. Pero esta vez el cinismo desborda
cualquier límite. El cinismo y la indecencia.
Más recursos para sus agentes, ninguno para el
pueblo cubano ni para sus iglesias y sus
asociaciones fraternales; equipos para los traidores
que facilitan su labor genocida, pero no para los
hospitales que devuelven la vista, la salud y la
vida; apoyo material para los mercenarios, amenazas,
castigos y hasta la cárcel para quienes busquen el
reencuentro familiar.
Esos son los "sólidos cimientos" de la política
anticubana de Bush. Suponer que con tal política
pueda derrotar a los cubanos implica ser muy
ignorante, sea dicho con el respeto que merecen
otros ignorantes.
Los cimientos de la nación cubana sí son sólidos y
profundos. Sobre su base inconmovible los cubanos
hemos levantado una Patria que ningún mequetrefe,
por poderoso que crea ser, podrá destruir jamás.
Tiene raíces muy firmes que calan en lo hondo de la
hazaña de varias generaciones.
Nuestros cimientos, esos sí verdaderamente sólidos,
están allá en la heroica provincia de Granma donde
habremos de celebrar este miércoles el 26 de Julio.
Al hacerlo celebraremos también el 10 de Octubre, el
24 de Febrero y tantas otras fechas gloriosas que
jalonan la historia de un pueblo que ni se rinde ni
se vende.
Donde comenzó a andar la nación cubana y nació
nuestra Revolución, está y estará siempre Bayamo,
ahora más hermosa que nunca, la primera capital, que
los cubanos prefirieron reducir a cenizas antes que
entregarla al enemigo. Mientras alzaban la tea
incendiaria, nuestros abuelos proclamaban ayer, como
nosotros hoy y nuestros hijos y nietos mañana, la
consigna que sintetiza la vida de este pueblo:
Independencia o Muerte
(La Jiribilla) 10-07-2006 |