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El
presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular
enfoca uno de los temas que el enemigo desenfoca contra Cuba
Por LISET GARCÍA
Revista Bohemia
Marzo 2005
Dentro
de unos días Cuba estará de nuevo frente a las urnas. Una
buena parte de los ciudadanos acostumbrados a este ejercicio
y otros que al arribar a 16 años de edad harán uso de ese
derecho por primera vez, quizás no entiendan por qué la Isla
es blanco constante de acusaciones acerca de su sistema
político y las elecciones.
Tan
distorsionada anda la realidad de la Isla por el mundo, que
incluso se ha acuñado que ese es uno de los derechos que los
cubanos no disfrutan. La voz autorizada de Ricardo Alarcón
de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder
Popular, con quien se puede estar conversando durante varias
jornadas sobre democracia y sus diversos enfoques,
reflexiona, ahonda y amplia más acerca de tan llevado y
traído tema.
-En el
mundo de hoy, tan complejo y bajo una égida unipolar, ¿qué
podemos entender por democracia?
-En la actualidad a nivel mundial lo que se llama democracia,
en muchos casos, es un verdadero fraude. Los países que
ejercen la hegemonía, los que tienen el poder económico, los
principales beneficiarios de la globalización usan una
retórica que cada vez más es completamente hueca. Lo que
predomina es la ausencia de democracia.
"Los rasgos esenciales del neoliberalismo en cuanto a las
formas de dirigir la sociedad significan dejar al capital
actuar sin trabas, lo cual supone reducir el papel del
Estado, y su función reguladora. Es muy difícil entonces que
instituciones democráticas actúen, incluso las concebidas
como parte del sistema burgués capitalista, pues cada vez
están destinadas a desempeñar un papel menor. Y esta
situación se proyecta a escala internacional. Todos los días
aparecen informaciones que lo demuestran.
"En Estados Unidos hace muy poco se anunció, así como se
informa que va a llover, que por una de las mega fusiones
entre empresas habituales allí todos los días, más de mil
empleados habían sido despedidos. En ningún momento la
noticia menciona que hubo alguna consulta con los
trabajadores o los sindicatos. Todos los días se lee acerca
de decisiones que afectan profundamente a las personas y no
hay referencia de que éstas hayan participado en la toma de
esa decisión, ni siquiera que fueran informadas previamente.
"Se habla también de acuerdos de libre comercio entre países.
Ahora mismo se está hablando del Tratado de Libre Comercio
con Centroamérica. En esos países no se han realizado
consultas, ni se ha discutido el tema en los parlamentos. Lo
que sucederá es que cuando los gobernantes acepten el
acuerdo, por la presión estadounidense, lo aprobarán y se
convertirá en ley.
"A mediados de los 90 estuvo a punto de aprobarse lo que se
llamó el Acuerdo Multilateral de Inversiones. Algo bárbaro,
como una especie de ALCA mundial. Según el texto, conocido
después, se les daban todos los poderes a los inversionistas.
No había ninguna traba. Se podía hasta enjuiciar a los
gobiernos que tratasen de obstaculizar el libre flujo de los
capitales. Eso significaba que la democracia, como la
entendemos desde hace siglos, se ponía patas arriba. Esa
negociación se estaba produciendo en total secreto, hasta
que una ONG francesa dio con el contenido y lo publicó en
INTERNET. Empezaron entonces las protestas de los
parlamentarios de algunas partes del mundo y se opusieron.
"En Cuba todos recuerdan lo que fueron los parlamentos
obreros al inicio del período especial cuando la crisis era
más profunda. Lo que se hizo fue abrir el debate con la
gente acerca de todos los problemas que tenía la sociedad
cubana. Eso es lo que se supone sea la democracia. Y en el
mundo sucede exactamente al revés.
"Por
eso cada vez crece más el descreimiento de la gente por las
instituciones democráticas y los partidos políticos, unido a
las corrientes abstencionistas. La gente no participa porque
no cree, se da cuenta que tiene poco sentido.”
-¿Se
vislumbra alguna solución para esa crisis de la democracia a
nivel mundial?
"La solución es democratizar las relaciones internacionales,
y en el interior de los países rescatar los principios
democráticos básicos que se expresan en el ejercicio de la
autoridad por los pueblos. Las naciones tienen que tener
capacidad decisoria, no pueden ser sometidos a la voluntad
de una potencia extranjera."
-¿Pudiera
definir las diferencias esenciales entre la forma de elegir
en Cuba a los representantes del pueblo, con el resto de las,
digamos, más clásicas democracias representativas del mundo?
-Entre
esos países hay matices y diferencias. A mi juicio hay
varios problemas esenciales, por los cuales históricamente
ha sido criticada la democracia representativa. Una es
reducir el ejercicio democrático, la participación de la
gente, al acto electoral.
"Una
famosa frase de Rousseau refiriéndose al sistema
parlamentario más antiguo del mundo, el de los ingleses, lo
demuestra: Los ingleses –decía irónicamente-, se creen que
son hombres libres, pero lo son solo el día de las
elecciones cuando votan por sus representantes.
"Toda la propaganda electoral occidental y yanqui habla de
elecciones nada más. Eso para ellos ya es democracia. Sin
embargo, el concepto a lo largo de la historia no es solo la
formalidad del acto de votación, sino el ejercicio de la
autoridad, del gobierno por la gente misma directamente o a
través de sus representantes.
"Las elecciones en Irak, en Afganistán, ¿qué fueron? Un show
macabro. No importa que esos países estuvieran ocupados, que
hubiera tortura, sin contar el fraude y la mentira. Votaron
algunos, y ya por eso se consideraron democráticos.
"El segundo problema fue definido por Rousseau como una
farsa, una ficción. Se trata de la delegación de la
autoridad en alguien, lo cual es la esencia y por lo que se
le llama democracia representativa. El representante es el
que asume en nombre de los demás. Pero eso solo se podría
dar en condiciones de justicia social. Si no hay igualdad
entre los hombres, decía Rousseau, no puede haber
representatividad. El explotador no puede representar al
explotado. Por eso él creía que la democracia era una utopía.
Eso no lo descubrió el marxismo, es anterior a la Revolución
Francesa.
"Ya
en el siglo XX el austriaco Hans Kelsen, explicó cómo la
llamada "democracia representativa" moderna no es más que
una ficción. En ella el representante no está obligado a
actuar en nombre de sus representados, no puede ser su
vocero. Para eso hace falta hacer una revolución social.
Pasando del campo de la filosofía, al lenguaje común y
corriente, eso quiere decir que no puede haber democracia
con desempleo masivo, con la mayoría del pueblo en la
pobreza, con analfabetismo, con latifundio. Primero es la
justicia. Eso hicimos en Cuba. Cuando en 1976 comenzamos el
sistema de democracia representativa, antes habíamos
liquidado esos males porque se hicieron grandes
transformaciones en la sociedad.
"Pero
se logró más. Los vecinos son quienes proponen directamente
a los candidatos y eligen a quienes quieran y después
deciden con su voto quién será delegado. Los candidatos
surgen del pueblo mismo, el elegido tiene que responder ante
la gente y en cualquier momento también ese elegido puede
ser revocado. Además se trata de mantener la orientación
participativa directa de los electores, como tuvo lugar en
los parlamentos obreros, en la discusión del Llamamiento del
Congreso del Partido, como se hace en el proceso electoral,
donde de alguna manera casi toda la población está
involucrada: desde la confección de los registros de
votantes, o quien en las casas prepara a los niños para
custodiar las urnas o integra las mesas electorales, o fue
propuesto como candidato. Centenares de miles de electores
participan.
"En Estados Unidos, por ejemplo, hace poco una investigación
minuciosa denunció que miles de personas no sabían ni
siquiera dónde podían votar. En la retórica de ese país
aparecen como aspecto positivo los bajos porcentajes de
concurrencia a las urnas. Dicen que el voto es libre, y por
tanto utilizan la libertad de no votar. Ese es un
reconocimiento de la falsedad de esa sociedad, puesto que si
fuera verdaderamente democrática, la gente debiera sentirse
motivada libremente a participar en el gobierno.
"En Grecia ocurría exactamente lo contrario. Se reunían en
una plaza pública a tomar una decisión. Se sentían motivados
a hacerlo porque iban a discutir cuestiones que le
interesaban.
"En Cuba, la gente participa en la nominación, en la
rendición de cuenta, porque allí los vecinos examinan con el
delegado los problemas del barrio. Y claro, no es que sea
perfecto nuestro sistema, ni los delegados tienen una varita
mágica."
-También
suele medirse la democracia a partir de la elección
presidencialista o parlamentaria.
-En efecto. Pero los especialistas más serios siempre han
cuestionado que el sistema presidencialista sea el más
democrático. La clásica democracia es la inglesa, y ellos
jamás eligen al rey ni al primer ministro. Son los diputados
quienes eligen al jefe de gobierno. Para que el sistema
presidencialista sea realmente democrático debería permitir
que los electores elijan y deselijan. Todo el pueblo tendría
que votar de nuevo. Aparecen encuestas que dan el 90 por
ciento de no aceptación de un presidente, y hay que esperar
hasta que termine su mandato para que salga del poder,
porque no hay revocación.
"En el sistema parlamentario, como el de Cuba, eso sí es
posible. Además crea mecanismos que obligan al gobierno a
rendirles cuenta a los diputados. Al crear una relación
orgánica con los electores, se propicia que sean ellos
quienes gobiernen a través de sus representantes.
"Es decir, el que elige controla al elegido. En el sistema
presidencialista esa posibilidad se le suprime al elector,
al restringir su función al acto de votar solo un día por un
presidente.
"En cualquier comunidad en Cuba, la gente propone y elige a
los candidatos a delegados, quienes una vez electos integran
el gobierno municipal. Esos elegidos tienen que rendir
cuenta de sus funciones. Pero además el pueblo puede
revocarlos en cualquier momento. Hasta un 50 por ciento de
los integrantes de las asambleas provinciales del Poder
Popular y de la Asamblea Nacional tienen que ser delegados
de base.
"Y los presidentes de las provincias, de la Asamblea
Nacional y el jefe del Estado tienen que ser elegidos en el
seno de esos órganos, de entre sus miembros. Además, el
gabinete de gobierno es aprobado por esos delegados y
diputados en nombre del pueblo que los eligió, y a ellos
rinden cuenta de sus funciones.”
-La
participación de partidos en las elecciones ha estado
también en la diana de la discusión y los cuestionamientos.
-Ese
es otro problema de la democracia representativa actual: la
partidocracia. El partido decide quiénes son los candidatos.
La decisión no le pertenece a los representados, si no a una
institución. En Grecia no se le ocurría eso a nadie. Ni
siquiera a George Washington, quien en su mensaje de
despedida al pueblo norteamericano advirtió acerca de los
peligros de dividir el país en partidos. Él mismo había
llegado al poder sin pertenecer a ninguno.
"En Cuba, la bancarrota de la partidocracia se hizo total
con el golpe del 10 de marzo de 1952 cuando fueron
impotentes frente a Batista. Entonces, se perdió por
completo la credibilidad en aquellos partidos, que no tenían
capacidad alguna de convocatoria. Al triunfar la Revolución,
a partir de ese desprestigio institucional se instaura otra
idea de república, mucho más auténticamente democrática, con
un Partido que como el de Martí no interviene en las
elecciones, porque no persigue fines electorales. La
historia cubana es muy rica en ese sentido."
-Tomando
en cuenta esa historia electoral, desde la Asamblea de
Representantes de los patriotas del siglo XIX, ¿qué rasgos
de nuestro modelo actual de elecciones son heredados de las
formas que nos legaron aquellos cubanos?
-En cada etapa de las guerras, los mambises aprobaron
constituciones, eligieron cuerpos representativos, gobiernos,
adoptaron leyes, existió la República de Cuba en Armas, -que
abarcaba los espacios liberados-, tenía instituciones
democráticas y carecía de partidos electorales. Luego, en la
época de Martí contábamos con un Partido que tampoco era
electoral. Tenía la función de unir al movimiento patriótico,
pero no era responsable de elegir a los delegados que
integraban las Asambleas representativas y al gobierno que
actuaba en el territorio libre. Había hasta rendición de
cuenta.
"Ya
en ese tiempo Cuba hace uno de sus primeros aportes. En
ninguna parte del llamado mundo democrático se reconocían
derechos civiles y políticos a todas las personas. Por
supuesto, sin incluir a las mujeres que todavía en el siglo
XIX no eran consideradas ciudadanas. Pero incluso hasta los
ex esclavos tenían esos derechos, cuando en cualquier lugar
del mundo se exigían determinados requisitos de ingresos,
educación y edad con un sentido restrictivo. De modo que
quienes poseían derechos civiles eran gente acomodada y
blanca. La lucha desde entonces internacionalmente fue para
abrir esas posibilidades. Incluso en unos cuantos países hoy
esas siguen siendo demandas.
"En Cuba en 1868 había negros ocupando responsabilidades de
jefes del Ejército Libertador e integrantes del gobierno de
la República en Armas, un hecho insólito. En Estados Unidos,
un siglo después -en 1965- aprobaron una ley para
reconocerle a los negros el derecho a votar.
"El derecho de ser electores con que nacen hoy todos los
cubanos, y la inscripción universal, gratuita y automática
en los registros de votantes, data de la República en Armas.
Esas posibilidades se perdieron con la intervención yanqui,
que impuso la necesidad de determinado ingreso, nivel
educacional y edad para votar. Ello explica por qué votó
solo el siete por ciento de la población en aquellas
primeras elecciones de 1900. Construyeron una sociedad
elitista.
"En aquella República de los mambises, todos podían
participar. Lo prueba el hecho de que Ana Betancourt alzó su
voz en la Asamblea de Guáimaro para defender a las mujeres,
cuando aún las féminas estaban lejos de ser consideradas
iguales a los hombres.
"Siguiendo
ese ejemplo, ahora los delegados son elegidos por el pueblo
para que sigan ligados a él. El pueblo sigue participando de
diverso modo en el ejercicio del poder más allá del día de
las elecciones."
-Se acusa a Cuba de elegir un modelo democrático comparable
con los existentes en la antigua Unión Soviética y el resto
de las naciones de Europa Oriental. ¿En qué se diferencian?
-En
aquellos países los modelos de elección eran diferentes y
ninguno tenía que ver con el nuestro. Algunas de esas
naciones contaban con varios partidos, entre ellos el
comunista, que sí postulaban candidatos."
-La participación ciudadana y la sociedad civil cubana en el
sistema político del país ha sido blanco durante años de
parte de los ataques del enemigo contra la Isla. ¿Podría
explicar cuáles garantías y derechos fundamentales sustentan
esa participación?
-Parte
consustancial de nuestro sistema es garantizar cada vez una
mayor participación de la gente.
"Aquí
las decisiones fundamentales se discuten a nivel social.
Como norma, no hay una ley que no se discuta ampliamente con
los implicados. La Ley de Inversión Extranjera se discutió
con todos los trabajadores, al igual que la Tributaria. La
Ley de Cooperativas se discutió varias veces con los
campesinos. A esos cuerpos legales se les hicieron cambios a
partir de las propuestas que se hicieron.
"En Cuba la inmensa mayoría de los trabajadores están
organizados sindicalmente. Los sindicatos recogen
permanentemente las opiniones de sus afiliados.
"O sea, participan. Y no solo durante un proceso electoral
como el de ahora, en el que todas las organizaciones
sociales son las que arropan, apoyan y sustentan las
reuniones en el barrio para que los vecinos nominen a los
candidatos, y luego se realice la elección en muchos
colegios electorales donde trabajarán decenas de miles de
ciudadanos. Son además otras decenas de miles los candidatos
que son trabajadores, amas de casas, campesinos,
intelectuales, gente del pueblo. En la Asamblea Municipal
del Poder Popular, es la sociedad civil representada en sus
organizaciones la que propone la candidatura para presidente
y vicepresidente, de entre los delegados electos.
"Pero
también con todas las organizaciones se cuenta en el proceso
de discusión de las leyes.
"En las elecciones generales son estas organizaciones las
que discuten, analizan y proponen a los precandidatos a
delegados provinciales y diputados. Son también decenas de
miles los propuestos, que se convertirán en candidatos, si
lo tienen a bien los delegados de base reunidos en las
asambleas municipales.
"No es perfecto lo que tenemos, pero si se le compara con la
ficción de la democracia representativa burguesa, nuestro
modelo es un sol resplandeciente."
-En
1992 se introdujeron modificaciones a la Constitución de la
República y al sistema electoral, para posibilitar la
elección directa por los ciudadanos de los diputados a la
Asamblea Nacional del Poder Popular y los delegados a las
asambleas provinciales. ¿Podría comentar qué elementos
sustentaron aquella reforma?
-Conociendo
que toda obra humana es perfectible, que se puede y debe
ajustar y desarrollar para hacerla mejor, el objetivo
entonces fue precisamente fortalecer nuestro sistema
representativo. Entre otras cosas se modificó el sistema de
elección. Tengo la opinión de que el sistema que había antes
no era menos democrático.
"Nuestras
asambleas municipales son los órganos más democráticos que
conozco, pues todos sus miembros han surgido directamente
del pueblo, postulados por los electores y no por una
maquinaria. Y que esos delegados eligieran, en una elección
de segundo grado, a los delegados provinciales y diputados
por ese territorio, me parece perfectamente aceptable.
"La nueva forma significa un paso de avance. A partir de esa
fecha la Asamblea Municipal elige a su candidato y somete
esa candidatura al pueblo. De habernos detenido ahí seguía
siendo un sistema democrático. Así se eligen en algunos
países en elecciones muy indirectas algunas funciones del
Estado que nadie cuestiona. En general, los senados son
elegidos así. Sin contar que hay países donde los senadores
son designados e incluso hereditarios.
"Desde
1992, esa decisión de la Asamblea Municipal es aprobada por
los electores. O sea, hay un fortalecimiento del sistema y
de la representatividad. Recibir el aval del pueblo
directamente, sin dudas, es un fortalecimiento."
-¿En
qué otros aspectos habría que pensar si se quiere continuar
perfeccionando el sistema electoral cubano y de Poder
Popular?
-Siempre
hay un espacio para mejorar. Cuando se habla de la
participación, de la confección de la candidatura, de la
elección. Cada una de esas palabras se puede conjugar con
mayor o menor rigor, amor, sentido de dignidad y compromiso.
"Tenemos
que aspirar a que el proceso de postulación sea cada vez más
fundamentado, donde la gente exprese mejor su opinión de los
propuestos, para que a la hora de escoger entre un candidato
y otro se pueda discernir bien. En la medida en que el país
se haga más educado y culto se supone que esas decisiones
serán también de mayor nivel, lo cual se revertirá en que
los candidatos sean mejores. También repercutirá en que las
reuniones de rendición de cuenta puedan resultar menos
formales y sean un espacio donde se propicie la reflexión
colectiva y el análisis más culto y de fondo.
"La clave de todo está en la insatisfacción. En no
contentarnos con lo ya logrado y proponernos algo más. Los
programas de desarrollo social no tendrían sentido si
creyéramos que ya llegamos a la meta. Igual sucede con
nuestro sistema político. La conclusión a la que debemos
llegar es como la de quien se pregunta ¿para qué sirve el
horizonte si nunca se alcanza? Sirve para avanzar."
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