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JUAN NUIRY
En los primeros días del mes
de noviembre de 1958 —hace 45 años— el Comandante en Jefe Fidel
Castro ordena la movilización de la Columna No. 1 José Martí,
levantando el campamento de La Plata, situado estratégicamente
dentro del macizo montañoso de la Sierra Maestra, lugar donde se
libró la primera acción victoriosa de la incipiente guerrilla en
enero de 1957, y en el cual radicó luego la Comandancia General del
Ejército Rebelde.
El Comandante en Jefe Fidel Castro durante su alocución a
través de Radio Rebelde, en Palma Soriano, el 1ro. de Enero de 1959.
A su lado, el capitán Jorge Enrique Mendoza uno de los locutores de
la voz de la Sierra Maestra.
Este importante desplazamiento
militar de la Columna No. 1, bajo la dirección personal de Fidel,
constituyó un hecho de significación histórica en la trayectoria del
Ejército Rebelde contra la dictadura batistiana. De todo aquel
recorrido, que hoy recuerdo, apoyado por notas que fueron tomadas en
esos momentos, por razones comprensibles, solo haremos el
señalamiento del lugar o alguna referencia necesaria, pues cada una
constituye, por su importancia, un lugar destacado de especial
estudio del paso de aquel importante contingente guerrillero por el
Campamento de Providencia, La Estrella, Macanacu, Las Minas de
Bueycito, San Pablo de Yao, Las Peñas... hasta llegar a las Cuevas
de Santa Bárbara, en las inmediaciones de Guisa.
Guisa me envuelve en un tropel
de recuerdos: la voladura del puente en el camino del Corojo, los
intensos y continuos bombardeos; las Mariana Grajales; los
incontables refuerzos enviados de La Granja de Bayamo; la tanqueta;
Braulio Coroneaux; su ametralladora ¡que la hacia cantar!... pero,
sobre todo, Fidel, su genio militar; su estrategia y su
ejemplo.
La Batalla de Guisa constituyó
una de las victorias más relevantes del Ejército Rebelde, tanto
desde el punto de vista militar como político. El enfrentamiento
contra un ejército superior numéricamente en hombres, artillería,
tanques y aviones, a las puertas de la segunda fortaleza de Oriente,
transcurre desde el 20 al 30 de noviembre. Luego de aquella
importante victoria no se detiene la marcha arrolladora y
utilizando, por primera vez, los camiones y yipis dejados
abandonados por el ejército batistiano, nos dirigimos a las Minas de
Charco Redondo, que se conver-tiría en especie de capital rebelde y
a menos de dos leguas de distancia, Fidel instalaría su puesto de
mando en un lugar llamado La Rinconada, donde tiene lugar el
encuentro del Comandante en Jefe con el Comandante Raúl Castro,
luego de la salida de este para crear el II Frente Oriental. Desde
este puesto de mando, se dirigió el posterior desarrollo de la
ofensiva arrolladora sobre Jiguaní, Santa Rita, Baire,
Contramaestre, (aunque se continuaba peleando en el edificio del
BANFAIC de Maffo), todas esas zonas liberadas por el Ejército
Rebelde a lo largo de la Carretera Central constituían territorio
libre de Cuba. Días después, Palma Soriano se rendía a las armas
rebeldes.
Solo faltaba avanzar sobre
Santiago de Cuba, cercado por un anillo, por el I, II y III Frentes.
El día 30 de diciembre junto al Comandante Fidel Castro, llevamos a
cabo un recorrido y al anochecer, en el Central Palma, el Jefe de la
Revolución partió para el Central América, cerca de Contramaestre,
donde hacía unos días había instalado la Comandancia
General.
Cumpliendo sus orientaciones,
continuamos hacia Palma Soriano. El 31 de diciembre, luego de un día
de duro bregar, decidimos junto a un grupo de compañeros, dormir en
un lugar llamado La Cuchilla, a la salida de Palma Soriano, en las
inmediaciones del río Cauto.
Al amanecer del día 1ro. de
enero, me despertó el teniente auditor Apeles Méndez comunicándome
que se había escuchado a través de algunas estaciones de radio, que
Batista había abandonado el país, y junto a un gran número de
noticias, se anunciaba una importante reunión, en el Campamento
Militar de Columbia, agregando que se había convocado a los
periodistas.
Al ponerme de pie, aún
soñoliento, sentí que todos en aquella casa hablaban al mismo
tiempo; alguien sugirió, por la cercanía del lugar, ir adonde se
encontraba el presidente provisional Manuel Urrutia para conocer si
tenía algunas noticias.
Sin pensarlo dos veces
manifesté... ¡Lo que hay que hacer es no perder un instante y partir
para el Central América donde está Fidel! Todos comparten ese
criterio. Monté en un yipi Toyota que traíamos desde Charco Redondo.
Al timón, el entonces teniente Roberto Paradela (¹), los capitanes
Felipe Guerra Matos y Omar Fernández (²), así como también se
incorporan las compañeras Acacia y Griselda Sánchez, hermanas de
Celia, y aquel yipi, más que correr, volaba para cortar la distancia
que nos separaba del Jefe de la Revolución.
Al llegar al batey del Central
América todo es agitación. Aparecen nuevas noticias. Se anuncia que
el general Cantillo asume la jefatura del ejército; un desconocido
magistrado del Tribunal Supremo, doctor Carlos M. Piedra, la
Presidencia de la República... y Batista había huido a Santo
Domingo.
Todos en el batey esperábamos
las instrucciones del Comandante en Jefe. De pronto sale de una de
las casas y desde el portal expresa en voz alta: Es una cobarde
traición... una traición... pretenden escamotearle el triunfo a la
Revolución.
Con pleno dominio de la
situación ordenó: Hay que atacar Santiago. Que Pedrito Miret saque
el tanque de Maffo y salga para Santiago. Que la tropa que está en
Palma y Contramaestre se sitúe en El Cobre. Que llamen a los
Comandantes de Santiago. Finalmente expresó: Que alguien se adelante
a Palma y llegue a la planta móvil de Radio Rebelde para que la
tengan dispuesta... Recuerdo aquel momento con emoción. Al terminar
de impartir estas instrucciones, Fidel se apoyó en una mesita y
tomando una pequeña libreta de notas comienza a escribir... tal vez
diez o quince minutos, no más. De este modo termina aquel documento
de importancia decisiva que con su gran visión política logra fijar
la verdadera posición de la Revolución en ese momento crucial,
Instrucciones a todos los Comandantes del Ejército Rebelde y al
pueblo. Sintetizo:
¡Revolución, SÍ; golpe
militar, NO!...
El pueblo y muy especialmente
los trabajadores de toda la República deben estar atentos a Radio
Rebelde, y prepararse urgentemente en todos los centros de trabajo
para la huelga general, para iniciarla apenas se reciba la orden, si
fuese necesario, para contrarrestar cualquier intento de golpe
contrarrevolucionario.
¡Más unidos y firmes que nunca
deben estar el pueblo y el Ejército Rebelde para no dejarse
arrebatar la victoria que ha costado tanta sangre!
Este documento lo leyó Fidel a
los compañeros reunidos en el batey del Central América firme y
vibrante tal como lo escucharía después el pueblo de
Cuba.
A todos se nos hizo un nudo en
la garganta. La inolvidable Celia Sánchez nos indicó a un grupo de
compañeros, entre los que recuerdo a los comandantes Paco Cabrera,
Calixto García, Luis Crespo, Aldo Santamaría y Luis Borges,
acercarnos hacia donde estaba el líder de la Revolución...
expresándonos: No se debe hacer alto al fuego. Vamos todos hacia
Palma. Ordenadamente salimos en una pequeña caravana encabezada por
el Comandante en Jefe desde el Central América por la Carretera
Central hacia Palma Soriano. Nos dirigimos directamente hacia Radio
Rebelde, donde se transmitiría la histórica alocución. A
continuación de esta, di a conocer el respaldo del estudiantado, de
pleno apoyo a las orientaciones transmitidas, en nombre de la
Federación Estudiantil Universitaria... Los estudiantes y el pueblo
más unidos que nunca al Ejército Rebelde hasta lograr la victoria
definitiva de la Revolución cubana... La Revolución no ha terminado.
El golpe de Estado es una traición a la Revolución.
Todo ocurre como una sucesión
de imágenes: Fidel se multiplica. El cerco del Ejército Rebelde se
estrecha aún más sobre Santiago. Pronto aparecen señales de
negociaciones. En un espectacular encuentro en las lomas del
Escandel, se confunden los uniformes verde olivo con los kakis
amarillos, oficiales del ejército de Batista que cubrían sus brazos
con el brazalete negro y rojo del 26 de Julio... y en medio de una
gran expectación, el coronel Rego Rubido rinde la plaza.
Aquel victorioso Ejército
Rebelde no tenía uniformidad en su raída vestimenta; los más
dispares sombreros cubrían sus cabezas. No existían ni entorchados
ni oropeles. Pero había algo que los identificaba: sus ideales y sus
barbas ¡eran los barbudos de Fidel! Traían sus armas bien apretadas
a sus manos. También distintas, pues la mayoría había sido
arrebatada al enemigo ¡ahora eran las armas del pueblo!... del
obrero, del campesino, del estudiante... Hombres y mujeres que,
rompiendo esquemas, habían ganado la guerra contra un poderoso
ejército profesional, equipado y asesorado por los Estados
Unidos.
Cuando comenzamos a bajar
aquellas lomas en larga fila, hacia Santiago de Cuba junto al líder
de la Revolución, se me agolpaban los recuerdos: los caídos... El
hacer realidad nuestras aspiraciones de lucha, el legado martiano,
sin dependencias ni ataduras... y al acercarnos, oscureciendo, a las
cien veces heroica tierra de los Maceo, cuna de las revoluciones y
del Moncada, veíamos renacer de entre la sombra una luz... era la
luz de la esperanza.
Entraba el Ejército Rebelde y
su Comandante en Jefe a la legendaria e indómita ciudad de Santiago
de Cuba. Allí, desde los balcones del Ayuntamiento, Fidel anunciaría
su marcha hacia La Habana. ¡Habíamos terminado una etapa... había
triunfado la Revolución... una verdadera Revolución! Era el 1ro. de
Enero de 1959.
(1) Coronel retirado de las
FAR.
(2) Este último,
recientemente llegado del IVFrente, de la Columna 32 José A.
Echeverría. (Granma) 1 de enero del 2004 |